CAPÍTULO 17
Caminamos las tres horas siguientes. Ni un rastro de naturaleza, solo cemento, luz y polvo. De a momentos siento aquella ya típica inquietud que me lleva a querer desplegar mi lista de preguntas, sobre todo cuando pasamos por semejantes construcciones. La inquietud se desintegra al ver sus semblantes. Los tres están claramente afectados. Todavía no conozco sus historias. Supongo que habrá algún momento ideal para escucharlas.
Caminamos un poco más. Todo prevalece en ruinas. Hospitales, edificios, estaciones de servicio...ahora no parece haber nada más que neón, semáforos rotos y escombros. La niebla comenzó a disiparse un poco apenas comenzó a oscurecer, pero la que queda difumina las luces creando un paisaje de lo más nostálgico.
—Parece ser que a estos tipos les gusta el control.— Dice Enoch mirando para arriba en una de las esquinas.
Es una cámara de vigilancia, destruida.
—Todo parece exterminado pero sin embargo las luces funcionan. Todo está iluminado—Comento.
—Necesitaban luz para controlar la ciudad, a la gente.
—¿Quienes?— pregunto.— ¿Te refieres a CHAOS...?
Iwin entrecierra los ojos y vuelve su mirada al frente.
—La oscuridad puede esconder secretos. La luz siempre será lo último en desaparecer.— Dice mientras camino a la par. Ray está con Enoch un par de metros más adelante.
No existe el momento ideal.
—¿Qué fue lo que pasó, Iwin?
—Dime una cosa fisgón— se apresura a responder.— Cualquiera de nosotros daría lo que fuera por volver a ser como tú, inocente. Una vez que conozcas esta parte de la historia, te atormentará y más siendo como eres tu, así de justiciero...pues te diré algo: no sabes lo suficiente como para decirle a eso que tu conoces 'verdad' y nunca lo sabrás. No existe la justicia. Así que insisto...¿Realmente quieres saber?
No justificó mi personalidad con mi brigada. ¿Qué de ella será real? Me tomo un segundo.
—No quiero vivir en una mentira.
Iwin sonríe.
—Supongo que era cuestión de tiempo... después de todo te perdiste las clases de historia.
Asiento, casi sonriendo. Iwin le dedica una corta mirada al cielo oscuro y la devuelve al frente.
—Hace años, existían los países. Las culturas, las escuelas, hospitales, parques, tiendas, familias. Lugares de ocio, lugares de trabajo. Los padres salían a trabajar, los niños iban a la escuela, los jóvenes a la universidad para luego trabajar y tener más niños. Todos los humanos parecían aceptarlo, pues así vivieron por más de veinte siglos...claro, con un par de interrupciones. Las guerras mundiales siempre fueron declaradas por dos o más gobiernos en conflicto. Los que antes eran tus aliados en el comercio, hoy eran tus enemigos mortales...todo se basó siempre en conveniencia. Habría paz siempre y cuando les convenga que así sea.
—¿A quienes?
—A los ricos, a los dueños de corporaciones, a los gobiernos. Cada país con su servicio militar, formaba y entrenaba ejércitos para después mandarlos a pelear en el campo de batalla. Las guerras mundiales siempre sirvieron como pretexto del conflicto en la naturaleza del hombre, pero en realidad siempre fueron un negocio. La primera guerra mundial fue la menos sofisticada, la más sangrienta. Los soldados peleaban en trincheras, cuerpo a cuerpo en los campos de batalla. Con el tiempo, los avances tecnológicos permitieron hacer esto de manera más simple: bombas, aviones, submarinos, torpedos, campos de concentración. Así sucedió la segunda guerra mundial que esta vez no era solo entre un par de países del primer mundo sino en casi todo el globo. Se creía que después de tantas muertes, esto no volvería a suceder pero luego vino la tercera guerra mundial. Y ya no se trataba de gobiernos contra gobiernos ni de conflictos económicos ni de raza...sino clases sociales. Antes se enviaban a la guerra a los mayores de edad pero en esta ya no había que enviar a nadie a un campo de batalla. El campo de batalla eran las mismas ciudades. Se secuestraron a todos los niños menores de dieciocho, todos los que con un poco de entrenamiento se convertían en sus armas y para el resto se largaban bombas: enfermedades. Lo que quedaba de las masas respondían en protestas y las fuerzas armadas se levantaban en represión. A los líderes de su oposición los asesinaban en las plazas utilizándolos como mensajeros. No había medios de comunicación, comida ni seguridad...ya no quedaba nada. Fue la más dolorosa y lenta de todas. La tercera guerra mundial fue una depuración.
—No lo entiendo...¿Por qué les enseñarían algo que ellos mismos causaron?— Comienzo a preguntar después de imaginar cada frase de la historia. Me giro hacia la derecha buscando a Iwin con la mirada pero lo encuentro un par de metros atrás, sufriendo un shock.
—¡Iwin!— Grito mientras corro a su encuentro.
Iwin se aprieta la cabeza mientras grita del dolor. Enoch y Ray llegan corriendo.
—¡¿Qué sucedió?!— Pregunta Ray.
—Nada, estábamos hablando y de repente...— Comienzo a explicar.
—Muévete— me dice Enoch mientras le toca la cabeza con ambas manos.
—¡De que hablaban!— Grita ella.
—¡Me estaba contando de la depuración!— Le respondo mientras Iwin inhala con fuerza, abriendo los ojos como platos. Enoch se separa de su cuerpo en medio de un sacudón. Iwin comienza a recuperar el aliento.
Enoch se aleja de nosotros y mientras su cuerpo tiembla, trata de aguantar el dolor. Sea lo que sea, tiene que ver con esto de ser médium. Iwin tose.
—Ni se te ocurra volver a preguntar, hablar o nombrarlo otra vez, ¿me oíste?— Me dice Ray observándome con la mirada llena de furia y tristeza.
Enoch suspira y tose. Ray lo ayuda a ponerse de pie mientras noto una de las cámaras de vigilancia rotas, apuntando justo hacia nosotros.
—Quizá nunca pensaron que éramos capaces de unir las piezas.— responde Iwin boca arriba, cansado pero aún con una media sonrisa llena de resentimiento.— ¿Verdad fisgón?
Me sacuden en el lóbulo los gritos, la desesperación, la agonía. Recopilo imágenes de mi recuerdo madre, casi sin intención.
Como Ray me ordenó, no volví a preguntar nada. Me basta con solo transitar la cuidad despedazada para comprender lo que pasó, aquello que resulta ser innombrable. ¿Dolor de cabeza tortuoso justo cuando se está hablando de la depuración? Y a juzgar por la reacción de Ray, es algo común o al menos ha pasado anteriormente. Si hay algo que la escena de Iwin dejó algo en claro es que no tiene nada que ver con el dolor del recuerdo. No es casualidad, aunque lo que más miedo me da, es ¿cómo saben de que estamos hablando?
Enoch me hace señas y deduzco que ya puedo entrar.
Hace un rato ingresamos en el epicentro de la capital, la zona que alguna vez fue la más poblada y apreciando el panorama, la más afectada. Después de surcar vigas y rodear automóviles destruidos, decidimos dirigirnos hacia una construcción que aún se mantenía de pie para descansar y encontrar algo para comer. Dicen que se trata de un centro comercial. Como el nombre lo especifica, un lugar de compra-venta.
Estar realizando una caminata nocturna sería imposible de no tener estos trajes, más la neblina... Digamos que el resplandor que expulsan los diseños entre el negro, funcionan como linterna.
Ingreso último. El agua me llega hasta la pantorrilla. La luz de neón entre azul y rosado me deja ver el movimiento que se genera en nuestro derredor.
—¿Qué mierda...?— pregunto mientras sacudo los pies, algo asustado.
—Tranquilo Leaden, son solo peces.— Dice Ray.— No te harán daño.
Noto que las enormes columnas están rotas. Uno ambos escenarios, el agua derramada con los pequeños nadadores...acuarios. El centro comercial tenía columnas de acuario.
Vuelvo a mirarme las botas. ¿Hace cuánto que están viviendo aquí? ¿Con qué se alimentan? Depuración completa pero los peces están a salvo...No tiene sentido.
—Se comen unos a otros.— Responde Iwin en una mueca, rozándome el brazo para adelantarse.
—Está bien...podemos subir.— Dice Enoch mientras señala con la cabeza, una de las escaleras, que al parecer, antes eran mecánicas.
Tras saltear los escalones, aún tengo la mirada absorta en la infraestructura de este lugar....o al menos lo que queda de ella. Avanzamos por el segundo piso. Hay maniquíes desnudos y tiendas que, además de destruidas, están vacías. Los tres salen disparados hacia locales distintos.
—¿Que es todo esto?— Pregunto pasando entre mis manos, algo de ropa colgada.
—Creí que Iwin ya te había dado una lectura un tanto completa...— Responde Ray mientras me tira una pieza en la cara. La tomo entre mis manos, es una chaqueta.
—'Y así comenzaron los saqueos'— Grita Iwin desde el local de enfrente mientras hojea un libro.
Ray se termina de poner un abrigo.
—Ahí tienes.— Me responde mientras sale del local.— ¿Qué encontraste?
—Un cortaplumas.— Le dice Enoch.
Me doy la vuelta, aún con el abrigo en mano. Ray se para en puntas de pie para alcanzar a darle un beso a Enoch en la mejilla. Él le sonríe y le devuelve el gesto.
—Vamos.— Dice mientras se pone el abrigo que Ray le alcanzó.
—Sal de tu madriguera, chusma— Le advierte Ray a Iwin, tirándole el abrigo que ahora yace sobre su libro bloqueándole la vista.
Me calzo el mío mientras Iwin me observa entrecerrando los ojos y sonríe casi con ironía.
—Se suponía que tú eras el líder fisgón.
Proseguimos hasta el fondo del segundo piso.
A medida que pasamos por los distintos locales imagino los sonidos, las conversaciones de las personas que paseaban por aquí. Amigos, familias...¿Cuáles eran sus preocupaciones?
A mi izquierda, un cartel despedazado señala 'juguetería'.
La luz de neón amarilla bordea el cristal del espacio. El único sonido audible es el de la luz que lleva mucho tiempo encendida, como de interferencia. Observo los juguetes exhibidos, que por cierto son más que en cualquier otra tienda en este lugar. ¿Quién necesita juguetes en épocas de supervivencia?
Hago ademán de irme pero noto huellas mojadas que ingresan en la juguetería...uno, dos, tres pares...
—Oigan, nosotros no estuvimos aquí antes...¿verdad?
Enoch me interrumpe al final de la frase para presionar su mano contra mi boca seguido por un gesto de silencio. Ray e Iwin están en posición de sigilo y ataque frente al local que está cruzando el pasillo; Ella me fulmina con poca paciencia.
Hay ruido y de allí proviene.
Asiento para que Enoch despegue su mano de mi boca. Recupero el aliento pero no saco mi arma, a diferencia de los otros tres.
Avanzo de lado con Iwin, con Enoch y Ray a la retaguardia. La luz aquí adentro es azul, blanca. Las heladeras están vacías, las góndolas de comida casi aniquiladas. Quedan cosas sueltas, tiradas y artículos de limpieza, utensilios...todo lo que no sirve.
Enoch llega al final del pasillo y asiente descansando su cuerpo en una góndola. Los sonidos ahora son más cercanos y se oyen con más claridad. Metal, manos, choques.
No estamos solos.
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