CAPÍTULO 15
—No, ¡espera! Yo no hice nada, ey...¡no!— le digo en mi estúpido intento de comunicarme. ¡Mierda!
El sonámbulo salta y después de dos disparos, cae en el piso mientras su sangre negra, se dispersa. Al caer su cuerpo animal, puedo divisar la figura de Ray sosteniendo el arma.
—Eres testarudo.— Dice Ray mientras me ayuda a ponerme de pie.— Estás comenzando a des-desagradarme.
—¿Des-desagradarte?— Le pregunto casi irónico.
—Necesitarás esto.— Interrumpe Enoch alzando en alto una de las armas y una especie de cinturón con otros compartimentos.
—¿Por qué utilizar armas cuando pueden proyectar?— Pregunto.
—No podemos proyectar fuera del campo. Solo en el área de entrenamiento y cuando comienzan las pruebas.
—Entonces estas no son las pruebas...— Contesto siguiendo la idea en voz baja.
Enoch solo me observa en silencio y vuelve a prestarle atención al espacio, para ellos, nuevo. Tomo el arma en mis manos sin saber cómo utilizarla y me coloco el cinturón en donde se supone que debe ir.
—¿Que ostras es este lugar?— Dice Ray tocando las cápsulas.
—No lo sé, pero tenemos compañía.— Contesta Enoch observando su mapa que se despega en forma de holograma sobre su puño izquierdo. Me tomo un segundo para notar la cantidad de balas y demás armas que llevan ambos encastrados en sus cuerpos.
—¿Todo esto estaba en el búnker?— pregunto.
Más rugidos suenan desde lejos. Nos quedamos quietos.
—¡Corran!— Ordena Enoch.
Me quedo quieto mientras oigo como del otro lado, aquella que atravesé en mi sueño, sucumbe en rugidos. Están acercándose.
Ray me arranca del brazo para obligarme a correr y después de asimilar el estado de persecución, corremos.
Atravesamos aquel lugar donde estaba el mueble, el que al parecer solo vi desde mi mente y entonces recuerdo la insignia.
Amago a atravesar la puerta para salirme pero no puedo evitar volver. Lo observo brillando en el piso.
—¡Niño! ¿Qué haces?— Me grita Enoch.
Me agacho. Oigo a los sonámbulos precipitarse hacia mí, diez, veinte...treinta.
Me doy la vuelta y salgo de allí mientras Enoch y Ray disparan para largarse a correr conmigo. Atravesamos los pasillos mientras ambos eliminan a nuestros persecutores.
Enoch nos hace tomar un atajo y llama desde su rastreador, a uno de esos ascensores de plataforma que se crea de la nada. Desde allí podemos observar el resto de los pisos, destrozados. Ray entrecruza sus brazos en el pecho, triste. Gran parte de mí, entiende lo que había construido aquí y la pena que debe causarle el verlo todo destrozado pero la otra no entiende lo que es depositar tanta entrega en algo desconocido...y cruel.
Al frenar la plataforma, damos con en el pasillo, la puerta abierta, Iwin y Maise.
Su cuerpo lastimado ahora está cubierto por una manta gris. Iwin, o lo que queda de él, se pone de pie. Iba a decir algo estúpido cómo, puede que ella esté bien y esto sea solo una muñeca plantada por alguien pero al ver sus manos manchadas de sangre oscura que no se evapora en partículas de información, me obligo a cerrar el pico.
—¿Dónde estaban?— Nos pregunta. Su cara está cubierta de lágrimas secas pero ya no es la congoja lo que se lee, sino una gran furia.
—Con los sonámbulos.— Contesta Enoch.
—Alcancé a contar quince pero estoy segura de que hay más.— Agrega Ray.— Ya nos olieron, vienen directo para aquí.
—Tenemos cerca de un minuto.— Enoch se carga al hombro una mochila.
—¿Qué haremos?— Les pregunto.
—Primero, nos largamos de aquí, ya—Me responde sin dejar su ansiedad de lado— Ray, ¿Dices que las puertas aguantarán?
—Están averiadas, no aguantarán tanto impacto.— Contesta Ray tocando el marco de la puerta.— Tendremos que crear otro obstáculo desde adentro para ganarnos algo de tiempo.
—Fuego.— Contesto sacando de mi cinturón un cuadrado gris con un símbolo de fogata.
Enoch y Ray se observan. Enoch asiente. Iwin nos observa incrédulos.
—¡¿Están locos?!— Pregunta Iwin—¡Usen al monstruo!
Me estremezco al escuchar aquella palabra pero no es momento para discutir esto. Yo me encargaré de mantener a Leah humana y viva en mi memoria.
—Con un solo cuerpo no alcanzará para bloquear la entrada. Tienen que ser ambos.— Contesta Ray.
—¡No pueden incendiar a Maise! ¡No pueden!
—No hay otra opción, Iwin.
—¡¡Es mi hermana!!
—¡¡Está muerta!!—Grita Enoch provocando silencio.— Se fue.
Alaridos sonámbulos comienzan a sonar en eco. Están cerca.
—Tenemos que apurarnos.— Les recuerdo.
—Ray, dispárales mientras cierro las compuertas.— Conviene Enoch mientras salta hacia Iwin para sostenerlo mientras lucha por salirse. Ray saca de su cinturón kerosene, lo tira sobre la manta y me arranca los fósforos de la mano.
—¡¡No, no!! ¡No...!— Iwin llora, afligido.
Ray enciende un fósforo y lo lanza sobre Maisie. El fuego crece repentinamente en ella generando una ola de calor que me hace sentir una profunda tristeza.
Sin poder experimentar más aquel sentimiento y pudiendo observar a los sonámbulos por el rabillo del ojo nos salimos del marco de la puerta del fuerte.
Los disparos comienzan a sonar sin piedad pero no son de Ray. Iwin dispara invadido de resentimiento, mientras Ray, algo impactada, se suma a la cacería e Enoch cierra las compuertas.
De la pequeña Maisie ya no queda nada. Los sonámbulos llegan para quemarse vivos y algunos se oyen chocar contra las compuertas ya cerradas entre llanto desesperado. Iwin se aleja como reacción inminente y entre un grito de enojo e incomprensión, golpea la puerta con sus puños.
—Iwin, yo...—Me acerco a él intentando sacarlo de aquella oscuridad despedazante. Pude sentirla hace un rato y nada que haya vivido hasta ahora se compara con aquello.— Lo siento mucho.
—No tienes que decir nada.— Dice aún sin despegarse de la pared. Está más que enojado...
—Encontraremos la forma de solucionar esto.— Le digo aún sin saber de antemano que palabras saldrán de mi boca.—Ella no va a morir en vano, lo prometo.
Iwin se muerde la mandíbula y sin observarme, se aleja de la pared y de nosotros.
—No hagas promesas que no puedes cumplir.— Masculla.
Encuentro con la mirada a Enoch y Ray. Por extraño que parezca, verlos me tranquiliza enormemente. No sé que haría de ser solo él y yo. Aunque no hayamos compartido tanto, Ray simula un gesto de entendimiento, pero es demasiado gélido como para sentirse comprendido. Debe ser cosa de Briefells.
—Tenemos que movernos.— Dice Enoch observando su muñeca.
...y Gythors. No puedo dejar de sorprenderme por tal compatibilidad.
Por primera vez, reparo el afuera en el que nos encontramos. O al menos lo intento, la niebla fría lo bloquea casi todo. Solo se alcanza a distinguir construcciones destruidas dejos de nuestro derredor...todo menos este maldito laboratorio, está destruido. Vuelvo a llenarme lentamente de rabia, repasando todo lo que recordé hace un rato; todo lo que me falta decir. ¿Estarán listos para oír la verdad o me matarán por ello?
—No tiene sentido.— Concluyo mi hilo de pensamientos en algo que al parecer no fue silencio.
—¿El que nos hayan abandonado o el que los sonámbulos hayan logrado corromper las facilidades del fuerte?— pregunta Ray sarcástica mientras se hecha el arma al hombro.
—Despierto en un lugar, no tengo idea de quién soy.— Aprovecho mi atropello para tocar este tema. No va a existir otro momento como este.— Un día después me asignan una división que corresponde a una porción del cerebro a la que se supone que tengo mayor acceso que el resto...tengo un propósito. Ya en mi primer día me topo con al menos cien letrados pero ustedes tres son los únicos con los que interactúo...casi los únicos.—me corrijo al pensar en Leah. — Llega la selección de cuartas, un equipo que nos hacen creer que la casualidad o el destino unió, un equipo para combatir monstruos que ellos mismos convirtieron y ¡Zaz!...una misteriosa invasión nos obliga a abandonar el lugar aunque hay una posibilidad de que todo esto sea parte del numerito del año: las malditas pruebas de las brigadas.
—¿A que vas con todo esto?— Dice Ray interrumpiéndome con poca paciencia. Detesta darse cuenta de que todo por lo que luchó, no existe. No la culpo.
—¡No tiene sentido!
—Bienvenido a Arcadia hermano, nada tiene sentido.— Dice Enoch mientras comienza a andar.
—¿Por qué aceptan que los controlen así?— le pregunto obligándole a darse la vuelta.
—¡¿Tu crees que tenemos una puta elección?!— Me dice ya a pocos centímetros de mí y con la mirada llena de abandono.
—¿¡Y quién les dijo eso, eh!?...¿CHAOS?— pregunto en voz alta provocando que se quede quieto en su lugar, aún dándome la espalda.— ¿Les sigues creyendo a esos tipos?
—¿CHAOS?— pregunta Ray.— ¿De que hablas?
—Encontré algo en el área restringida.— Les digo mientras saco de mi bolsillo, la insignia circular que brillaba en el piso. Abro la palma de la mano dejándola expuesta para la deliberación de todos.— Había un escritorio con sobres y papeles. Todos tenían este mismo símbolo y si lo miras bien, es el símbolo del fuerte, las cuatro brigadas. en una de las patas de la equis tiene grabado CHAOS. El círculo cruzado...es su símbolo. El de los mentores.
Ray y Enoch toman la insignia entre sus dedos y escuchan con atención.
—Aquello a lo que más le temían, el motivo por el cual estaban encerrados...no es un mal que viene de más lejos...todo este tiempo estuvo adentro conviviendo con nosotros y no nos dimos cuenta.
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