CAPÍTULO 14

El blanco comienza a tomar forma conocida. Luces laberínticas. Pasillos. El pasillo.

Una vez más, estoy en el área restringida. Pero esta vez no es la doctora Kressler, sino Hoffgärd. Y no está solo. Seiko Ishimoto está con él.

Están conversando pero no puedo oír nada más que un sonido de interferencia. Trago saliva y aguardo. Desde el otro lado de la columna, advierto como cada uno se dirige hacia un lado opuesto del pasillo. Vuelvo a respirar.

Espero un poco pero cruzo el pasillo siguiendo mis recuerdos forma de mapa. La puerta está cerrada con más ímpetu que antes: dos cerrojos se ubican en la parte inferior. Extrañado pero con más determinación que nunca y por vez tercera, vuelvo a atravesar la misma puerta como lo hice en mi selección.

Como la primera vez, encuentro el mismo mueble, la pantalla de holograma encendida, las carpetas de metal selladas y las pantallas cubiertas de cable. ¿Y el pasillo? Aquél por el cual caminé en mi selección, de donde salieron todos los sonámbulos...¿era real? Siguiendo una profunda necesidad y sed de saber, esta vez decido bordear el escritorio. Allí está: el mismo pasillo, tenuemente iluminado desde abajo. El destino final y ambos costados son igual de oscuros pero pronto dejan de serlo. A medida que lo atravieso, luces se encienden de par en par a ambos lados, revelando por primera vez una largan cantidad de cápsulas. Éstas varian su posición horizontal a posición vertical, como la primera vez que visitamos el área de hibernación.

Observo primero a mí izquierda pero la derecha me muestra lo mismo. Las pequeñas ventanas de las cápsulas se retraen por completo para formar huevos transparentes en vez de blancos. Flotan inundados en líquido, conectados con cientos de tubos en sus cabezas de manera individual, cada uno en una cápsula.

Sus pieles son blancas pero casi transparentes, dejan notar de manera voluminosa, las venas azules y rojas que corren por sus cuerpos. Los ojos negros, abiertos como platos, las bocas entreabiertas tragando un tubo de mayor grosor que el resto.

Observo la inscripción digital en una cápsula, en varias: OX—19.24.18.14.13, HX—21.0.11.3.0, NX—17.8.19.0, RX—14.3.4.11.11. Continúo caminando. CX—17.7.4.19.19, BX—7.0.20.10, UX—18.20.17.1.

Son decenas de ellos. Sonámbulos...o debería decir, letrados. Me lo niego una y otra vez mientras lo obvio me hace temer más y más, como si lo peor estuviese por acontecer. Llego a una cápsula que está vacía. EX—11.4.0.7

Toco la cápsula pero en vez de descansar y tenerme bronca por haber sido tan iluso, las imágenes de su selección se hacen presentes. Corren a la velocidad de la luz mientras escucho la misma voz masculina: Encuéntrame. Sigue los números. Confía en tu mente.

Me quedo un rato para obligarme a odiarme un poco más, incapaz de entender cómo los dejé llevársela. 'A la enfermería', me habían dicho. Maldita sea. Un impulso como eléctrico obliga a separarme de la cápsula y vuelvo en mí.

Observo el piso aún recuperando el aliento. El líquido volcado y esparcido desde la cápsula aún contiene sus huellas y las sigo con la mirada hasta una puerta abierta al fondo de donde se infunde una luz incandescente. Allí es donde desaparecen.

Me arrastro, corro hasta allí pero en vez de llegar a cualquier sitio me levanto con toda mi fuerza abriendo la compuerta de la cápsula.

Tomo una gran bocanada de aire para salirme del ahogo, físico y psicológico. Me siento recuperando el aliento. Iwin y Ray se acercan.

—¿Y? ¿qué has visto?— Iwin se arrodilla para estar a mi altura.

Leah...todos los demás, están...

¿Que dices, que ocurrió?

La respuesta de Iwin en el interior de mi mente, me toma desprevenido.

—¿Cuánto tiempo estuve dormido?— Digo en voz alta sin responderle lo otro, aún agarrándome la cabeza con pesar.

—Cinco minutos, quizá diez.— responde antes de observarme mejor.— Estás pálido fisgón, ¿Qué sucedió?

Asiento y me pongo de pie. Camino directo a la única puerta de la habitación con la intención de salirme de aquí.

—¡¿Qué crees que haces?!— objeta Ray.

Enoch se posiciona frente a la puerta con actitud guardiana. ¿Qué no estaba hibernando? Su figura voluptuosa pone en manifiesto mi pequeñez.

—¡Mierda!— grito tomándome la cabeza con ganas de patear algo.

Todos se relajan al ver que no me saldré del búnker.

—¿Estás bien?— me pregunta Iwin pero no me giro para observarlo. No puedo contarles ni dejar que me deduzcan...no me permitirían hacerlo. Me fuerzo por no ser permeable, bloqueando cualquier tipo de lectura intuitiva.

—¿Qué viste, híbrido?— me pregunta Ray un poco más cerca.

Inhalo y trago saliva.

—Tengo que salir de aquí.

—Tenemos que quedarnos aquí.— Dice Enoch.— ¿Qué no entendiste las reglas? No puedes, niño. Ni tú ni nadie.

—¡No hay tiempo!

Evito morderme la lengua en busca de apaciguar mi rabieta. Los tres me observan expectantes a la novedad que les acabo de lanzar.

—¿De que hablas?— Me pregunta Ray.

Ya dejaron en claro que no me dejarán salir sin más y sé que enfrentarme a Enoch solo me traería moretones. Solo queda convencerlos.

—¿Alguna vez les dijeron que pasa con los discontinuados?— Comienzo diciendo.— Los que infringen las reglas, los que pierden la selección...o a dónde van a parar las cuartas después de las pruebas.

Se crea un silencio tenso como de cristal, de esos casi imposibles de sostener con la mirada. Todas sus creencias prenden de un puto hilo.

—Los mentores...—Comienzo.— Ellos los transforman en salvajes...—hago un pausa y agrego— Los salvajes son letrados.

Un segundo de duda y miradas silenciosas, abunda y sobra.

—Ya te afectó el sueño.— conviene Enoch.

—Sabía que eras un fanático.— Dice Ray.

—¿Qué...?

—¿Te volviste loco? ¡Fue un sueño, Asis!— Dice Iwin adivinando lo que ví...o leyéndome.— Solo eso.

—¿Solo eso, verdad?— Le digo lastimosamente. Por lo que duró este pensamiento, juré que iban a creerme.

—Si, Asis ¡solo eso!

Asiento fingiendo derrota mientras Enoch se distiende para correrse de su posición. Ray y Iwin también se relajan a su manera.

—Tengo que confirmarlo.— Digo antes de abrir la pesada puerta.

—¡Asis, no!

Una vez abierta, los tres llegan a mi posición para advertir lo mismo. Nos quedamos petrificados, alertas.

El área está inundada, a casi cinco centímetros desde el piso. Las luces parpadean, y un sonido como de interferencia se escucha cuando la alarma frena. Ya a nadie le interesa detenerme, ni yo puedo reaccionar aún.

—¿Qué sucedió?— Pregunta Ray mientras se agacha para sentir el agua entre sus dedos.

—Parece un saqueo, una invasión...— Responde Enoch tocando las paredes rasguñadas.— Iwin, busca las armas. No es seguro.

Iwin asiente e ingresa al búnker.

Avanzo a la pared de en frente para tocar algo de todo lo roto, quizá tratando de encontrar un indicio. Un saqueo...¿A que se refieren? No parecen tan sorprendidos.

Un rugido animal me obliga a detenerme a mitad del cruce. Están a unos trece metros, dos cuerpos y un poco más atrás, la compuerta del fuerte destrozada. Ésta deja entrar un viento frío exponiendo por vez primera, la oscuridad de un afuera que por primera vez me es visible.

El cuerpo pequeño yace en manos del más grande, aunque ambos sean relativamente pequeños. Agudizo la mirada para tratar de comprender mi corazonada. Son dos niñas. Esta última tiene una figura que alcanzo a reconocer a medida que me acerco a ellas, lo que queda de un cabello encrespado que me es imposible no identificar.

—¿Leah?— le pregunto con algo de miedo.

Alza la cabeza y en sus ojos solo puedo divisar negrura pura, de esa que no me deja encontrar rastro alguno de la Leah que una vez conocí. Entonces al ver la sangre en sus dientes entiendo; no es un abrazo, es una cena.

—¿Quién te hizo esto?— Insisto mientras el terror se hace más presente pero no por lo que ella es, sino por los responsables de su transformación...de lo que son capaces. Quizá quede algo de ella, quizá recuerde.

Trago saliva mientras avanzo y sin quitarme la vista de encima, noto como sus garras se clavan en el cuerpo de la niña muerta. Lanza un aullido ahogado en pena y deja a la vista sus dientes afilados, cubiertos de carne y sangre.

Una bala, dos, tres, callan su rugido para siempre. Me doy la vuelta para encontrarme a Enoch con un arma en alto, aún en posición. Lo observo con grave inquietud.

Él, baja la mano sin sentimiento identificable en su rostro y se acerca en nuestra dirección, donde estamos yo y ellas. No comparte el mismo miedo.

—¿Maisie?

Es Iwin. Se acerca con rapidez mientras la distingue a la distancia. Vuelve a gritar su nombre, nos empuja del camino y toma el pequeño cuerpo en sus manos mientras lo abraza. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo mierda puede ser?

Iwin llora desconsoladamente. Ray le toca el hombro mientras Enoch lo observa con la misma seriedad de siempre pero puedo dar cuenta de la lástima y enojo en sus ojos y puños. Por primera vez, todos estamos enojados.

—¿Asis?— Pregunta Ray mientras me doy la vuelta para el otro lado del pasillo.

—Tengo que hacerlo.—Digo por última vez antes de lanzarme a correr.

—¡Joder, Asis, no!

Corro hasta el final del pasillo, atravieso otros. Todo está destruido. Las luces laberínticas también parpadean, y las que se abren paso en el piso, iluminan las zonas inundadas. La alarma también se escucha aquí pero no me detengo. Durante mi carrera no puedo evitar pensarlo, ¿Cómo puede ser que tanta tecnología no haya servido para prevenir todo esto? ¿Quiénes son los responsables? O ¿Dónde están todos?

Atravieso las áreas que había conocido en aquél primer recorrido, clases, habitaciones. Mi primer semana aquí y ya no queda nada. Quizá tengan razón y todo sea culpa mía. Al fin y al cabo estuve involucrado en todas las problemáticas habientes desde que desperté aquí. Por muy ajeno que lo sienta a mi frágil identidad, es la verdad.

Corro un pasillo más y entonces llego al Área Restringida. Encuentro la puerta y por primera vez la observo de manera real.

Me acerco aún recuperando el aliento y apoyo la mano cerrando los ojos, pensando ya en convocar mi energía psíquica para atravesarla pero no es necesario.

La puerta ya está abierta. Atravieso la entrada y en donde antes estaba el mueble, ahora encuentro la pequeña insignia del círculo cruzado. Me agacho, y la toco con la intención de agarrarla pero las luces del pasillo de atrás, se encienden una a una como si alguien estuviese caminando por él. Pronto toda la habitación se presta a ser observada. Camino por el pasillo aparentemente vacío para observar las cápsulas en sus respectivos lados. Todas ellas están abiertas y desocupadas pero las huellas de agua, esta vez son muchas más que solo un par. Todas ellas van en la misma dirección menos...

Sigo con la mirada ese par y como fin del recorrido, lo encuentro en posición fetal. Aúlla y camino hacia atrás como reacción inmediata. Se pone en cuatro y camina hacia mi, mostrando sus afilados dientes.

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