CAPÍTULO 12

A pesar del aire caliente que me golpea la espalda, siento frío.

Los aplausos resuenan en forma de vacío mientras mis manos se aferran con fuerza al cuenco de sopa caliente. Supongo que la temperatura debería afectarme, después de todo está hirviendo, pero no. Contengo la respiración en mi intento de desaparecer.

Una vez más.

Llevo los últimos diez minutos observando el mismo punto gris. ¿Debería haberlos empleado en algo distinto? Digamos, algo 'más social'...algo que vaya mas de acorde con mi brigada. Dejando de lado lo sarcástico del tema, sería un tanto agradable, conversar. Pero ¿con quién? Iwin ni siquiera aparece en mi mapeo mental aunque se encuentre de pie a menos de diez metros. Vuelvo a intentar alcanzar su mente, pero está completamente sellada. ¿Los de mi división? Ni si quiera los conozco y, además, ya están camuflados entre sus respectivas brigadas. Y a Leah no la he visto desde que se la llevaron al finalizar su prueba. Un mentor me dijo que estaba siendo asistida en enfermería pero que los demás letrados tenemos prohibido el acceso de no poseer lesiones o dolores de algún tipo. Pensé en simular alguna herida para ir a visitarla y corroborar que todo esté bien pero no existe la privacidad ni tiempo entre las actividades de este lugar para provocarme alguna. Al parecer mi dolor de cabeza no suena convincente teniendo en cuenta que fui el único que se lanzó a la plataforma en medio de su prueba...ya pregunté.

Vuelvo a repasar la lista y recuerdo a lo que ahora puedo llamar mi cuarta pero, ¿Ray, Enoch...? me odian. No sabría de que hablarles.

Me distraigo concentrando mi atención en el ambiente.

Puedo oír conversaciones de las mesas vecinas, incluso me atrevo a catalogar sus temas de conversación. Los Briefell cuentan hazañas, historias sobre sus propios rituales pero en el fondo solo se trata de competencia. En cambio los Remembrant comparten anécdotas y parecen conocerse muy bien entre ellos...quizá demasiado. Los Gythor, comparan las calorías de sus almuerzos mientras discuten estrategias y hasta observan las mesas contiguas más que a los suyos. Por ejemplo ahora.

Enoch parecía estarme observando hace bastante pero solo tuve una mirada compartida para confirmarlo. Se acerca intrépido. Oh-oh.

—¿¿Qué crees que hacías niño??— Me pregunta a pocos centímetros de mí y en un murmullo de esos que aprietan las mandíbulas.

—Yo no hice nada.— Respondo a regañadientes.

—No hablo de tu selección ni de la cuarta. Hablo de la tele-transportación, cuando reemplazaste mi lugar por el tuyo...mira, ni siquiera te pregunto cómo sino ¿por qué?

—¿Qué?— ¿Está enojado por eso? En serio, por mucho que trate, no los entiendo.—Había un sonámbulo justo detrás de ti, a punto de atacarte, solo te estaba salvando como tu hiciste conmigo.

—¡Ese no es tu rol, Asis!— Grita antes de darse cuenta que nos estábamos volviendo en el escenario del comedor. —Quédate con el tuyo.— Masculla antes de irse.

Me detengo en mis pensamientos para entender que Enoch me nombró por primera vez y por alguna extraña razón, por mas de que este puramente enfadado, se siente bien...como si fuese tomado en cuenta por vez primera. Que estúpido.

Noto mis manos mojadas por la sopa salpicada. Tomo la única servilleta para secármelas de muy mala gana.

—¡Oh vamos! ¡Ese miedoso de gafas no era siquiera Briefell! ¿Acaso no notaste la manera en la que se pilló encima antes de subir a la plataforma? ¿Y esa chiquilla de flequillo? ¡No hacia más que gritar llorando a su mamá! Estas selecciones parecen la broma del año...es como si nos hubiesen saboteado, os juro.

Ray se queja desde lejos y cuando levanto la mirada noto como el resto de los letrados se retiran. Está con Enoch y Iwin a varios metros pero el volumen de sus quejas logra cruzar el comedor.

—Llevo un año entero esperando para estar en una cuarta decente ¡¿y ahora resulta que tengo que pelear junto con un novato que ni siquiera lleva un ciclo completo de entrenamiento?!

—Tranquila Ray, pensaremos en algo.— Le dice Enoch.

—No es tan malo de todas formas.—comenta Iwin.

Enoch está de espaldas y Ray demasiado concentrada en su discurso como para advertirme pero Iwin que está de lado, si lo hace.

—Esto no va a quedar así, ¿oíste chusma?— agrega Ray.

Observo a Iwin, no se si esperando un mensaje telepático o al menos un gesto, algo que me haga sentir que él me entiende pero pronto me pongo de pie decidido a irme de allí.

Llego al área de entrenamiento y encuentro a unos veinte letrados ejercitando. Quizá quince. Camino directo a la piscina de líneas indivisorias al nivel del piso y me quito las botas. Ahogo mis pies pero el agua está muy fría. Los quito de un tirón y trato de relajar mi mente.

—Vamos Asis, tu puedes...el agua no está fría, está caliente.— Me murmuro convenciéndome a mí mismo. Quien dice, quizá vuelva a funcionar.

Sin abrir los ojos y lentamente, sumerjo los pies. Esta vez el agua hierve y mi cuerpo carraspea pero contengo los espasmos. Me concentro en la temperatura que deseo.

—Tu puedes Asis...¡créetelo!— Me repito mientras siento que el agua se enfría un poco para volverse cálidamente agradable.

Sonrío y festejo mi vuelvo mi mirada al frente. La doctora Agatha Kressler sonríe desde el otro lado de la piscina a un metro de distancia. Todavía no logro descifrarla pero no deja de ser otra persona en medio de una catarsis íntima. Me ubico en mi lugar disimulando la alegría.

—Elegiste un buen lugar para practicar tus proyecciones.— Me contesta.

—En realidad solo quería...

—¿Aislarte?— Me pregunta.

Lo acontecido en la selección de Leah me empuja a creerla digna de confiarle más que un vago saludo. Después de todo, Agatha Kressler fue la única de ellos que se acercó a ayudarle. Algo me dice que hablar con ella está bien y en el peor de los casos y aunque no lo fuera, estaré más cerca de ganarme su confianza y si hay algo que he aprendido en este corto tiempo es que eso, nunca está de más.

—Me odian. Me odian por algo que no hice...¡peor aún! Algo que no entiendo ni conozco.

—Nadie te odia, Asis. Disculpa, ¿puedo llamarte así?—interrumpe agachándose para estar al mismo nivel que el mío. Asiento.— Solo no te comprenden.

—Pero yo tampoco comprendo, ¿entiendes? ¡Nada!— suspiro.— Lo que pasó en el campo, eso de sentir que estaban conmigo y luego resulta que no, no lo sé... ¿Estaba solo, lo imaginé? Parezco loco, lo sé, pero no tengo idea que fue eso ni de donde salió y sin embargo creen que es mi culpa el que estemos en la misma cuarta, ¡Como si yo lo hubiese planeado!...Ni los conozco.

—No estás loco.

Mi respiración agitada se toma unos segundos para calmarse. Oír eso me serena, aunque no deje de ser una simple frase vacía de sentido.

—Entiendo que debe ser difícil para ti, asimilar todo esto, aceptar reglas. Ver cosas que en el fondo crees que no son reales, no saber bien de qué se trata esa realidad. Tratar de encontrar respuestas a preguntas obvias que nadie se preguntó, pareciera que a nadie le importa. Te faltan piezas....pero a veces tenemos que entender que preguntarnos tanto puede hacernos perder la razón. A veces lo difícil es aceptar que hay preguntas cuyas respuestas no encontraremos, no porque no existan sino porque tienen sus tiempos de revelación para que las piezas encastren.

Me incorporo. Tiene sentido.

—¿Entonces qué? ¿debería hacer lo que hacen todos y entrenar para combatir zombis?

—Quizá lo que deberías hacer es dejar las preguntas de lado y mientras tanto seguir las reglas. Quizá así encuentres las respuestas.

Puede ser...a no ser que ella tampoco quiera que entienda. No les conviene que entienda. Un pequeño silencio se forja, un silencio que juega con el agua y los letrados que entrenan allá, más lejos.

—Un Birefell tarda al menos cuatro semanas en aprender a controlar las temperaturas. Cuales son, experimentar los umbrales del dolor, el tacto...¿un híbrido? Solo sigue su instinto. Al menos eso dice el mito.— Kressler se pone de pie. —Ve a sumergirte en tu sueño, Asis. A ti y a tu cuarta se les vienen unos días agitados.— Agrega.

Asiento y después de sonreír a modo de saludo, abandona el área.

Aunque deteste aceptarlo, de alguna u otra forma tiene razón. No hay mucho que pueda hacer...necesito vivenciar más de esto para entenderlo y así encontrar el resto de las piezas.

Sumergir. Supongo que una zambullida no me hará mal antes de entregarme de nuevo a lo desconocido. Observo mis pies a través del agua cristalina y después de una gran bocanada ingreso todo mi cuerpo en la piscina.

Impuso mi cuerpo hacia abajo haciendo presión con las manos entre el agua. Casi puedo oír las burbujas salir de mi cuerpo para compensar el aire. Mis ojos cerrados obligan a mi mente a encontrar un espacio calmo pero un sonido como de alarma me obliga a abandonar aquel espacio de paz que parecía alcanzar al fin. Un montaje de imágenes casi epilépticas me terminan de impulsar a la superficie.

Tomo una gran bancada, agitado. Ninguna alarma. Hay menos letrados que antes pero el mismo sonido que decora un espacio de ejercicio sigue en pie, solo e incluso más calmo.

¿Qué mierda fue eso? Observo el agua a mi alrededor y comprendo que para responderme, debo volver a sumergirme. Esta respuesta corre por mi cuenta.

Ingreso al agua y me vuelvo a ahogar hasta tocar con mis pies, el embaldosado del fondo. Cuando mis plantas terminan de hacer presión, como si fuese a propósito, el sonido vuelve y las imágenes también.

Explosiones. Gente huyendo, corriendo, gritos. Desfallecimiento, muerte. Mujeres y hombres; llorando y gritando. Niños, solo uno...yo. Corremos, su mano adulta me guía. ¿Quién es? Sea quien sea, me está protegiendo hasta que un par de guantes blancos me arrancan de sus manos. El sueño terminó, Asis.

La alarma. Una chica ahogada en una cápsula cubierta de tubos. ¿La misma chica que ví en el área de hibernación? Bienvenido a Arcadia. Abre los ojos mientras se tiñen de negro. Es Leah.

Abro los ojos adentro del agua y recuerdo que ya no me queda más aire. Al llegar a la superficie me dejo caer boca arriba en el piso transparente.

Joder. Acabo de descubrir mi recuerdo madre. 

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