XXVI (BIS BIS)
JAJAJJAJA LO SIENTO, PERO POR ALGÚN MOTIVO NO APARECIERON LAS TRES ÚLTIMAS HOJAS...
Dos minutos después, Alex volvía a entrar todo lleno de polvo y el pelo revuelto, dejando que Kevin lo anudara casi como al principio.
-En éste pueblo no andáis muy bien de cordura –Masculló con cierto resoplo, observando como Elisabeth se le acercaba toda sonriente-. ¡Mi consejo, es que te muerdas la lengua, pequeña víbora! –Soltó ofuscado y mirada llena de reproche.
-Oh, pobrecito –Soltó con tono de burla-. El poderoso Alex, se siente enfadado...
-¡Silvia, llévatela porque no me hago responsable, cuando me soltéis! –Exclamó con los nervios revolucionados.
-Por qué eres así conmigo –Siguió con tono de puchero-, con lo mucho que te quiero –Dijo lo último con cierto tono de confabulador.
-Seguro que me ponen al lado una enorme serpiente y a ti una pala en la mano, y soy yo el que acaba apaleado –Señalizó con sarcasmo.
Elisabeth solo supo echarse a reír de forma escandalizada.
-Mira que me haces pasar buenos momentos tontín –Confesó con mirada alegre-. Cuando el sol vuelva aparecer en el horizonte –empezó hablarle casi en un susurro, tras dar dos pasos y acercarse a su oído-, pensaras todo lo contrario de Silvia y de mí –Confesó sincera y risueña, para alzarse y darle un beso en el aire con la mano, dejando al hombre un tanto confuso-. ¡Hace falta agua, esta otra vez muy sucio!
-Al abrevadero otra vez no, por dios –Suplicó alzando los ojos al techo del granero.
Pero Silvia, se hallaba muy lejos de hacerle caso a los gritos de Alex.Ésta, aún se hallaba quieta en el mismo lugar con la mirada clavada en su madre.
-Os recuerdo que no estoy sorda –Dijo con cierto tono tosco, dirigiéndose también al agente Vigo-. Ciega, parece que sí –Rebufó cruzándose de brazos-. Pero sorda, ya os recalco que no –Dijo alzando una ceja en espera de una explicación.
-En verdad, hasta hace unos minutos –Comenzó la mujer su explicación con cierta voz nerviosa-. Era nuestro secreto –Soltó un profundo suspiro-. Aún, no teníamos pensado decir nada...
-Eso quiere decir, que estáis entonces juntos –Afirmó Silvia, mostrando una leve sonrisa.
-Supongo –Confesó mordiéndose el labio Margaret.
-¿Cómo qué supones? –Reprochó la chica.
-¡Eso! –Soltó divertido el agente Vigo.
-¡Hay hija! –Soltó algo alterada -, no creo que sea el momento de hablar, con toda la gente que hay esperando por entrar.
-¿Qué ocurre ahora? –Preguntó Elisabeth, apareciendo con sonrisa en el rostro y captando solo lo último dicho por Margaret.
-Aquí mi madre –Empezó a chivarse con tono risueño, aunque su madre le dedicara una mirada asesina-. Que por lo visto ha estado descargando su adrenalina acumulada en los últimos días o meses –Alzó una ceja riendo-. A base de buenos polvos con el agente Vigo –Rió-. Mientras su hija solo mordía el polvo del rancho. Ahora comprendo algunas cosas.
-Pero que calladito te lo tenías tía Margaret –Rió también la joven.
-¡Por favor! –Volteó los ojos con las mejillas sonrojadas-. Vigo, será mejor que vuelvas a...
-No seas borde mamá con los invitados en nuestra casa –Rió Silvia, impidiendo que el hombre se marchara, sabiendo que aquello exasperaría un poco más a la mujer-. Le apetece tomar algo fresquito, para ésta alocada y acalorada noche... Total, creo que ya tenemos cierta confianza... –Rió divertida-. Se acuesta con mi madre, a mí me ha esposado y creo, que acabará por desposar a mi madre –Dijo, logrando que el hombre riera junto con su prima, al tiempo que su madre agarraba al agente por el brazo y lo sacaba a empujones de allí.
Tanto Silvia y Elisabeth, seguían riéndose mientras su madre se llevaba arrastras al buen hombre.
-Bueno –Soltó un suspiro Silvia-. Creo que por fin podré ser la anfitriona de la noche, dando lugar al comienzo de la fiesta, ya que todo vuelve a estar como se planeó.
-¡OH! –Exclamó su prima mirando sus manos y rompiendo a reír-. Fíjate si estaba nervios a tu madre, que se lo ha llevado sin que el hombre pudiera llevarse las esposas.
-Lo sé –Le guiñó un ojo con aire picarón.
-Vaya, vaya... -Siseó por lo bajo-. Veo que tienes planes para ésas esposas...
-Míralo, como si estuviera realizando un estudio de campo para mi novela –Soltó traviesa, caminando hacia la puerta y guardando las esposas, en su bolsillo derecho trasero.
EJ
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