El inicio de algo nuevo

Laura y Valentina Sanders estaban por abordar el avión a su viaje a París para celebrar su entrada en la Universidad, habían estado preparando su ingreso y por fin lo habían conseguido. Así que sus padres les regalaron un viaje y como era una ciudad que les gustaba, la habían elegido.

—Por fin lo conseguimos—soltó Laura

—Sí, el inicio de una increíble historia hermana—comentó Valentina

—Crees que conoceremos a un guapo francés—preguntó Laura

—Puede ser pero no es algo que me preocupe—afirmó Valentina

—Lo que si es seguro que disfrutaremos este viaje antes de entrar en la Universidad—expuso Laura

—Eso no lo dudes—aseguró Valentina

Por los altavoces anunciaron que ya podían abordar los pasajeros del vuelo con destino París. Era el suyo, así que pusieron rumbo a la puerta de embarque. Después de pasar todos los controles subieron al avión y tomaron sus asientos.

Durante el vuelo se dedicaron a revisar el hotel en el que se alojarían y lo que visitarían durante los días que estarían allí. Habían decido reservar una habitación doble para no subir mucho los gastos ya que todo eso había sido pagado por sus padres, eran inseparables y no les importaba compartir habitación.

Nada más registrarse en el hotel, dejaron sus maletas para aprovechar al máximo el viaje. Primero irían a visitar el arco del triunfo, por supuesto sacarían muchas fotos para tener de recuerdo, se pasaron el día viendo diversos lugares de interés turístico. Por la noche salieron por ahí a tomar algo.

Hacía ya varios días desde que estaban en París y no sólo habían ido a ver sitios, sino que también habían aprovechado a ir de compras, no sabían si volverían y tenían algo de dinero ahorrado. Después de visitar varias tiendas fueron a tomar café, iban cargadas con bolsas y hacía un día soleado. Habían comprado diversas prendas, desde pantalones ajustados, camisetas holgadas y ropa de ese estilo, además de algún que otro complemento.

Salían de la cafetería cuando un chico joven, de más o menos su misma edad se choco con Valentina, lo que provoco que le tirara el café encima, esa la puso de mal humor porque la camiseta que llevaba era su favorita, se la había hecho su hermana mayor en un campamento de verano y ella le había hecho una pulsera con las iniciales de las dos. Ambas hermanas era inseparables, lo hacían todo juntas, se protegían la una a la otra. Generalmente la menor de las Sanders era bastante tranquila pero cuando hacía falta sabía sacar carácter para hacerse valer.

—Lo siento hermosa, iba distraído—explicó el joven

—Mira por dónde vas idiota. Vamos Lau—soltó Valentina

Laura asintió, era alegre, sincera y muy tranquila, se parecía a su hermana pero también sabía sacar carácter, aunque ella a veces solía pasarse de carácter y ambas hermanas regresaron al hotel. Habían hablado de ir a la piscina, ahora Valentina tenía que cambiarse la camiseta porque culpa de aquel joven de la cafetería.

—Está buena el agua—expuso Valentina con los pies en el agua

—Sí, la verdad que si—afirmo Laura también con los pies en el agua

—Hola preciosas—dijo un guapo francés en tono coqueto

—Es un alago pero ni lo intentes—escupió Valentina un poco cortante

El joven francés se fue y se puso a coquetear con otras chicas, las hermanas siguieron a lo suyo sin darle importancia a lo que acababa de pasar.

—Era guapo el chico, eso sí pero menudo imbécil—dijo Laura

—Sin duda que si hermana—aseguró Valentina

—¿Qué me dices del chico de la cafetería? —pregunto Laura

—Ese sí que es un idiota—respondió Valentina

—Pero no me negarás que es guapo—

—Cierto que si, mentiría si dijera que no, sin embargo es un idiota—

—Bueno en eso tienes razón, aunque sus ojos son hermosos—

—A pesar de ser guapo eso no lo es todo, la belleza desaparece. Lo que importa es como eres como persona—

En eso ambas hermanas estaban de acuerdo, aunque el chico fuera guapo, su actitud lo echaba todo a perder, ahí no había discusión alguna. Después de una rato disfrutando en la piscina subieron al hotel para ducharse y ya era algo noche, así que tocaba descansar.

A la mañana siguiente se vistieron, Valentina con un pantalón, camiseta de tirantes y sandalias con cuña rojas y Laura con shorts, camiseta de manga corta que tenía el dibujo de un dragón rojo y sandalias de cuña negras. Bajaron a desayunar y después fueron a ver la Torre Eifell para por la tarde ir a ver el Museo del Luvre. Al salir se acercaron dos mujer de su misma edad, por su aspecto se veía a la legua que eran estadounidenses. La rubia les pregunto por si sabían ir al arco del triunfo, recién acababan de llegar y estaban bastante perdidas, como no se centraban por las calles e indicaciones optaron por llevarlas porque ellas lo habían visitado el día que llegaron, durante el camino estuvieron hablando y ambas les cayeron bien. Al igual que ellas pronto entrarían en la universidad, solo que en su caso, las dos amigas habían estado ahorrando para el viaje.

Luego de eso Valentina y Laura regresaron al hotel, ya era tarde y esa noche se quedarían en la habitación tranquilas. Estaban por entrar cuando de cerca vieron a un joven castaño de ojos azules, repararon en que era el mismo que le había tirado aquel día el café a Valentina.

—Vaya mira tú por dónde—exclamo Laura

—Te conozco y ni se te ocurra—replicó Valentina

—Vamos no te parece que...—expuso Laura

Laura se acerco al chico y le sonrió, a lo que él devolvió mostrando su blanca dentadura.

—Quería disculparme por lo de ayer. Mi hermana no debió hablarte así, es que le manchaste su camiseta favorita—explicó Laura

—Tranquila, no pasa nada. Me lo merecía, iba distraído y le tiré mi café—aclaró el joven

—De acuerdo y cómo te llamas—pregunto Laura

—Mejor será que vuelvas con tu hermana, no se la ve muy contenta—respondió el joven

Laura se despidió y regreso con su hermana quien se veía molesta, no tenía intención de estar cerca de ese idiota. Después subieron a la habitación, el resto del día, Valentina ni le dirigió la palabra a su hermana.

Al día siguiente Laura se vistió y bajo a desayunar, su hermana ya no estaba, se encontraba tomando el sol en la piscina. Ambas tenían una buena figura y atraían la atención de los chicos pero ellas simplemente los ignoraban.

—Hermana—

—Sí, que quieres—

—Hablar, solo eso—

—Bien—sonrió Valentina

—Perdón por lo del chico. Nada más quería disculparme con él y él se disculpo por tirarte el café—dijo Laura

—Me alegra eso pero ese chico me sigue pareciendo un idiota—dijo Valentina

—Tenía un aire seductor, desde luego es un casanova—

—Ni lo dudes—

—Odio estar peleada contigo—añadió Laura

—Y yo, hermanas siempre—expuso Valentina

Ambas hermanas se abrazaron, se amaban y por más que peleasen siempre terminaban arreglándolo, por algo era inseparables.

Como no tenían ganas de salir por ahí subieron a la habitación y estuvieron viendo las fotos que habían tomado durante su estancia allí. Luego hicieron una llamada a sus padres.

—Hola mamá—

—Hola hijas—saludo sus madre desde el otro lado de la línea

—¿Qué tal por ahí?—pregunto Laura

—Bien, la casa se hace pequeña sin vosotras—explico su madre

—Así estará cuando nos vayamos a la universidad—comentó Valentina

—Lo sabemos pero estamos orgullosas de las dos—sonrío su madre—Y que tal por ahí?—

—Genial, hemos visto ya muchas cosas y si hemos sacado muchas fotos para enseñaros cuando volvamos—

—Vuestro padre os manda besos, cuidaos mis niñas—

—Si mamá. Besos también a papá—

Después bajaron otro rato a la piscina, Valentina se metió para darse un baño, el agua estaba cálida y hacía un día soleado. Por la noche vieron una película tranquilas, mientras comían palomitas, era una comedia musical.

Durante el resto del viaje se dedicaron a visitar la Catedral de Notre Dame, el Palacio de Versalles y los Campos Elíseos. Después de dos semanas volvieron para preparar sus cosas, ya que pronto irían a la universidad.

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