↳ 🍸 Capítulo IX ೃ࿔
Estaba admirando la ciudad mientras bebía de mi copa de champán, cuando sentí como alguien acariciaba mis hombros desde atrás, volteé encontrándome con la chica rubia.
—Hola guapo —habló acariciando mi mejilla—. ¿Por qué tan solo? ¿Tu novia la ciega ya se fue? —sonrió con aires de superioridad.
Su comentario hizo que me molestara, nadie se burlaba así de Mei.
—¿Mi novia la ciega? —hablé haciéndome el desentendido.
—Sí, la fenómeno, Mei Ling —sonrío con superioridad—. Podrá ser la "princesa de China", pero eso no le quita lo fenómeno.
—Mira muerta de hambre, te diré esto una sola vez —hablé acercándome a ella, de verdad que ya me había hecho enfadar—. Vuelves a hablar así de Mei y tu familia y tú terminarán como ratas en la calle —hablé mientras la señalaba—. Porque si yo quiero, con solo hacer una llamada puedo hacer que tu familia quede destruida ¿me entendiste?
—Sí... si entendí —me miró asustada—. Lo siento por haberme expresado así —se retiró y se alejó de mi vista.
Puse la copa de champán en una mesa y caminé de regreso al salón. Al entrar pude ver algunas parejas bailando al ritmo de la música lenta.
A veces de verdad me gustaría sentar cabeza con alguien, pero lastimosamente las mujeres siempre juegan en mi contra.
Suspiré pesadamente y comencé a buscar a Mei entre la gente, la encontré y para mi mala suerte aún estaba hablando con Jackson, me acerqué a ellos con una asombrosa idea en mente.
—Hola —sonreí sin mostrar mis dientes, y tomé delicadamente la mano de Mei haciendo que volteara hacia mi— ¿Te gustaría ir a bailar conmigo? —pregunté.
—¿Yo bailar? —pregunto Mei—. Min... no lo sé.
—No tienes de que preocuparte, yo te guiaré —hablé mientras acariciaba su mano—, venga vamos.
—Está bien —sonrío y la guíe hasta la pista de baile.
Puse mis manos en su cintura, ella puso las suyas en mis hombros y comenzamos a bailar. Podía sentir su respiración cerca de mi. me puse a analizar su rostro. Sus labios delgados, su perfecta nariz y por último sus ojos, que a pesar de tener una fina capa blanca cubriendo sus pupilas se podía apreciar el café de sus ojos que eran adornados por unas largas pestañas. Ella también olía al perfume de Chanel, simplemente embriagante.
—¿Te estás divirtiendo Min? —preguntó Mei.
—Sí, ¿tu no? —pregunte aún bailando con ella.
—Sí —habló asintiendo como niña pequeña—, tenía años de no divertirme así Min.
—Me alegro de que finalmente te diviertas Mei —sonreí.
Seguimos bailando por un rato, hasta que la mayoría de invitados ya se habían ido, entonces nos fuimos al balcón, y nos pusimos a hablar de diversas cosas sin sentido. Mei me abrazaba y se reía de cualquier cosa.
—¿En que momento te emborrachaste? —pregunté riendo.
—No estoy borracha, solo tengo sueño —suspiró —, bueno quizá si este un poquitín borracha.
—¿Quién te dio de beber? —pregunté tomándola por la cintura para que no se cayera.
—Yo pedí unas copas al mesero —sonrío victoriosa —. Yo solita lo hice.
—Está bien Mei, pero no vuelvas a tomar sin que yo esté contigo, ¿entendido?
—Entendido capitán —hizo un saludo militar y ambos nos pusimos a reír.
—Deberíamos ir a casa ¿no crees? —pregunté.
—Sí, vamos —asintió.
Aún tomados de la mano caminamos buscando a la madre de Mei, y cuando la encontramos nos despedimos de ella. Shui se quedaría un rato más a esperar que todos los invitados se fueran.
Cuando llegamos al auto, ayudé a Mei a subir al asiento de copiloto, y yo me subí rápidamente al otro lado. Encendí el auto y manejé hasta la casa, al llegar me di cuenta que Mei se había quedado dormida, así que me toco cargarla hasta su habitación.
Cuando ya estaba en su habitación la dejé en la cama y me di cuenta que aún llevaba el vestido; le quité el collar, los anillos y los aritos. Solté su cabello y también quite sus tacones. ¿Cómo demonios quitaría su vestido? La señora Xiang ya se había ido; BaoBei no me ayudaría, así que no tuve más remedio que despertar a Mei.
—Mei —la sacudí levemente—, despierta —la volví a sacudir.
—¿Qué pasa? —habló un poco somnolienta.
—Necesito que te cambies, no dormirás cómoda con el vestido.
—Ya voy —se levantó—. ¿Me podrías traer mi pijama? Están en el segundo cajón del armario.
Busqué la pijama y cuando ya la había encontrado la puse a un lado de ella.
—Listo ya puedes cambiarte —hablé un poco nervioso—. Te esperaré afuera para que te cambies.
—Gracias y no es necesario, me cambiaré en el baño—vi como se levantaba y caminaba tambaleándose un poco hacia el baño.
Luego de unos minutos Mei salió del baño y caminó directo hacia la cama acostándose.
—Min.
—¿Qué pasó? —pregunté mirándola.
—¿Te podrías quedar hasta que me duerma?
—Está bien —suspiré y me acosté al lado de ella, ambos habíamos quedado frente a frente.
Su respiración poco a poco se iba calmado, asi que quizá se estaba quedando dormida.
Como siempre yo solo la miraba y me aguantaba las ganas de besarla. Seguía metido en mis pensamientos hasta que su petición me sacó de mis pensamientos.
—Bésame —habló Mei aun con los ojos cerrados.
—¿Qué? —pregunté sorprendido.
—O lo haces tú o lo hago yo —no dude un segundo más y lo hice.
Atrapé sus labios con los míos en un cálido beso, sus labios eran suaves y encajaban perfectamente con los míos, definitivamente había descubierto una nueva droga. El beso se hacía más intenso pero me detuve antes de hacer algo indebido.
—¿Qué pasó? —preguntó Mei un poco agitada.
—Si vamos a hacer algo, quiero que estés consciente para disfrutarlo —deposité un beso en su mejilla y pegué nuestras frentes.
—¿Crees que mañana no recuerde nada?
—Esperemos que no, para que puedas volver a besarme —reímos, Mei me abrazó y se acomodó para dormir.
Mi corazón palpitaba rápido y sentí como mis mejillas ardían.
¿Me estaba enamorando de Mei?
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