♦14♦ Se avecina tormenta
—¡Castiel! —Regresé a la realidad gracias al grito de mi rubio amigo, y por fin logré sacar de mi cabeza la imagen de sus ojos; que no paraban de rondar mi memoria desde hacía días.
—¡¿Qué?! —Volví a gritar, creyendo que Aksel estaría más lejos de lo que en realidad estaba. El chico se encontraba a mi lado, y con mi grito logre hacerle caer de la silla en la que se encontraba sentado.
—Solo quería saber si se te ocurría algo para hacer. Archer ya me ha negado más de diez veces, y Zoey a secuestrado a Alia... —Con solo mencionar su nombre el recuerdo de aquel día llegó a mi memoria. Sus ojos viajando por cada detalle del paisaje; y su risa cuando comenzamos a bailar...—. ¿Castiel, me escuchas?
—Sí, sí, sí... Solo recordé algo, nada importante. —Agité ambas manos intentando restarle importancia al asunto, y aunque sabía que Aksel no me creyó del todo decidí cambiar de tema—. Pero, no sé qué podrías hacer... Te diría que entretuvieras a las niñas pero comenzaron la escuela y hasta dentro de un par de horas no volverán.
—¿Por qué? Dioses, ¿por qué me queréis dejar así, aburrido y sin nada que hacer? —Reí tapando mi boca con la mano disimuladamente, mientras mi amigo interpretaba una obra trágica.
—Sobreactúas Aksel, deja que el tiempo pase y ya verás como algo viene a tu cabeza. Solo hay que esperar y ser paciente. —Sonreí y me levanté de la cama para observarlo todo desde el balcón.
Me cansé de estar tumbado.
-No "sobreactúo" Cas, es la verdad. Desde que perdí mi carro no me puedo desplazar; Zoey es la única que puede llegar al pueblo rápido gracias a su velocidad. —El chico hizo un puchero deforme mientras apoyaba su barbilla en la barandilla del balcón «Una pena que no pueda guardar esta imagen; espero no olvidarlo en mucho tiempo»—. Además, no eres el más indicado para hablar de esperar y ser paciente.
Obvié su último comentario porque se veía realmente mal, y cuando un recuerdo cruzó mi mente no dudé en comentárselo.
—Hace años te entretenías llamando a animales, eras el rey del bosque. ¿Recuerdas? —Sonreí al recuerdo de hace años, y Aksel me secundó mientras se levantaba más animado—. ¿Te irás?
—Voy a ver si logro animarme en el bosque. Hace tiempo que no voy a solas, y eso que siempre me sirvió para pensar. —Asentí a sus palabras, totalmente consciente del poder que tenía el bosque para tranquilizarle y de acuerdo a su escapada.
—Pero cuidado, recuerda que debemos estar más atentos que nunca. Las sombras volvieron a atacar y no es bueno que vayas solo. —Le aconsejé sin dirigirle la mirada, observando el horizonte y con la seguridad de que me estuviera escuchando.
—Lo haré, no te preocupes. —El chico sonrió pícaro y me golpeó el hombro antes de volver a hablar bastante más serio—. No sé cómo has cambiado tanto. Siempre fuiste el que se metía en más líos; ahora estas más serio, te preocupas más por todo.
—Será el paso del tiempo; no puedo evitar parecerme a mi dios. —Aksel asintió a mis palabras, y después de despedirse con un gesto de cabeza se tiró por el balcón; aterrizando en una gran masa de hojas y ramas con forma de almohadón.
Me despedí levemente y vi como el chico se alejaba poco a poco; para luego perderse de mi vista. Momento en el que decidí volver al interior de mi habitación.
[...]
Observé mi espada, manchada de una sustancia roja; ya seca y apenas visible, pero que para mí brillaba como el sol. Cogí el arma por la empuñadura de piedras negras y escarlatas, y la observé a la luz del mediodía. Los rayos dorados del sol hacían que el filo se viera más rojo de lo normal, y la pude contemplar como una auténtica "Lengua de fuego".
La envainé y dejé apoyada en uno de los muebles de mi habitación. Mi cabeza dolía horrores, así que decidí descansar un rato; creyendo que así el dolor mitigaría...
[...]
Me encontraba en una casa, oscura y lúgubre.
Lo único que proporcionaba luz a la estancia era una pequeña chimenea, en la que relucía una débil llama de un color rojo vivo. Observé mis manos, y las vi decoradas de miles de dibujos diferentes. Busqué con presteza algún cristal en el que ver mi reflejo; y como única opción encontré un balde lleno de agua.
Lo acerqué al fuego y pude comprobar por fin mi aspecto. Ojos anaranjados, rasgados y piel oscura por la suciedad. Mi pelo caía en trasquilones sobre mis hombros; y su color rojizo atraía la atención. «Si no me equivoco es Adrien, el cuarto mago...».
He tenido que estudiar a mis antecesores; para no cometer sus mismos errores y encontrar más ayuda en estos casos, cuando recreaba sus muertes. «Pero, se supone que él no fue el que murió...».
Un débil quejido se oyó desde la habitación contigua, y como si fuera por mi casa me dirigí hacia el sonido; para encontrarme con una pesarosa escena.
Una chica, de ojos tiniebla y cabellos violáceos yacía en una desgastada cama. Desde donde me encontraba podía ver la herida de muerte que surcaba su estómago; únicamente cubierta con un paño enrojecido por la sangre perdida.
Esta me llamó en un pequeño susurro y poco a poco me fui acercando hasta llegar a su lado, de manera que pude coger la mano que me tendía y oír lo que me decía.
—Adrien, no puedo más. —La chica intentaba no derramar lágrimas, pero aun intentándolo no pudo evitar que esas gotas saladas recorrieran sus mejillas—. Moriré, y sé que te llevaré conmigo.
—No es tu culpa. —Las palabras salían de mi boca aunque intentara evitarlas, y las lágrimas bañaban mis mejillas hasta caer por mi barbilla—. La culpa es de ellos, creen que porque seas la maga de Ytzal serás la oscuridad. Ellos te atacaron, tú no tienes culpa. —Tragué saliva asimilando lo que decía, e intentando descubrir el sentido de mis palabras—. Si perecemos, será por lo que hicieron; no pueden intentar escribir su propia leyenda.
Las lágrimas de ambos se unían y no podía dejar de pensar en la triste escena que estaba presenciando. De repente, una cortina salió volando dejándonos a la vista la luz de la luna, que brillaba con fuerza, sin perderse ni un segundo del emotivo hecho.
La chica, cuya identidad es todavía desconocida para mí, me cogió la mejilla; y acercó sus labios a los míos en sus últimos momentos. No podía no corresponderla, aunque quisiera, y nuestras bocas danzaron en una batalla relajada y tintada de melancolía.
Cuando paró ambos nos miramos a los ojos, y pude escuchar un leve suspiro de su parte antes de perder la consciencia. Quise acercarme a ella, pero un dolor en mi pecho me lo impidió.
Al principio creí que podría aguantarlo, pero este aumentaba a cada segundo; y ya se volvía insoportable. Sentía como si mi pecho ardiera, el corazón se me derritiera y mis pulmones respiraran fuego.
Supe segundos más tarde que lo único que se escuchaba en la habitación eran mis gritos de dolor y agonía, que de repente se detuvieron; dejándome verlo todo en negro.
(Fin del sueño)
Me levanté de un golpe de la cama. Sentía que todo ardía en contacto con mi piel; y las ansias de vomitar se adueñaban de mi estómago.
Salí rápidamente al balcón buscando aire para respirar. Todo era demasiado espeso y no me podía quitar la sensación de respirar alcohol puro.
Grité de dolor. Todo me ardía, sobre todo la zona del pecho, y no me atrevía a mirar en que estado me encontraba. «Estos sueños dejan rastro en la realidad, y a medida que tienes más la marca que dejan en tu mundo se vuelve más visible, y con ello más dolorosa».
Escuché el grito de alguien, y seguido de eso los pasos acelerados de más de una persona. Todos los sonidos se mezclaban en mi mente, y no sentía ni podía ver nada por culpa del dolor; que me obligaba a mantener el rostro contraído. Así estuve bastante tiempo, soportando la agonía que me producían las heridas.
De repente sentí como tomaban mi rostro, y alejaban mis manos de mi cara. El tacto de esa persona era frío y perfecto para menguar mi ardor. Poco a poco pude abrir los ojos, y me encontré con la mirada de Alia. La chica tenía los ojos cristalizados, y pequeñas lágrimas estaban a punto de escapar de ellos. Pude ver sus manos posadas en mi rostro, siendo ella la causante de mi recuperación.
Cuando me sentí con más fuerza pude ver a los demás que había en el balcón: Archer y Aksel estaban a mis lados, y Zoey aguantaba un cubo lleno de agua a la vez que Katy un montón de agua deforme a su lado, preparadas para lanzarlos.
—¿Qué ocurrió? —Mi voz sonaba ronca, y muy seca, por eso Zoey me acercó el cubo y me dejó beber algo del agua que contenía. Esta bajó calmando el ardor de mi garganta, y enfriando mi cuerpo desde dentro.
Alia parecía ser la que iba a responder, pues separó sus manos de mi rostro y respiró hondo—: Estabas gritando, mucho. Los primeros en verte fueron Archer y Aksel, intentaron llamarte pero no les contestabas; solo gritabas más fuerte.
»Minutos después llegó Katy, y aunque estuvo intentando ayudar también tú no parabas. Te encogiste en una esquina y tu piel se comenzó a encender; cada vez tomaba un color más rojo y hasta salió humo. Eras toda una hoguera humana... —La chica lo contaba todo en un tono bajo y aterrado, recreando en su mente las escenas que me iba contando.
»Luego llegamos Zoey y yo, e intenté sanarte. Lo que pasa es que tu piel ardía así que Katy congeló mis palmas y así pude aguantar un poco más; lo suficiente para que te hayas despertado. —Terminó de hablar y dirigió la mirada a sus palmas, que se encontraban rojas por las quemaduras. No pude evitar mirarla con preocupación, y ella me respondió con una sonrisa restándole importancia al asunto... «¡Pero claro que es importante! Tiene las palmas completamente quemadas, puede ocurrirle algo si no se cura».
Me levanté como pude, ante la mirada atónita de todos y miré a Archer serio—. Llévatela, cura sus palmas y si la herida va a peor avísame.
Archer asintió a mi orden y se llevó a Alia con ella, aunque la chica gritaba por que la dejara libre y al segundo se quejaba de dolor. Mientras miré a los demás serio, y les pedí que se fueran, cosa que conseguí casi al completo.
«Saben que cuando estoy así no quiero hablar, me alegré el día en el que dejaron de hacer preguntas». Escuché que cerraban la puerta de la habitación, y me senté en el suelo lentamente; intentando recordar lo ocurrido en el sueño.
—Vaya susto nos has pegado a todos. —Bufé al oír la voz de Aksel cerca de mí, y simplemente le hice un gesto con la mano para que se acercara. El chico asintió sonoramente y al segundo sentí como se dejaba caer a mi derecha.
—Aksel, debemos tener cuidado. Creemos que la oscuridad de la leyenda será el mago de Ytzal pero no es seguro... —Ni a mí me convencía lo que dije, mas no podía negar haberlo visto con mis propios ojos. «Bueno, los ojos eran de otro...».
—¿A qué te refieres? Eso que dijiste es lo más probable; recuerda que son los más empapados por la oscuridad, al igual que Alia es la más "iluminada". —Asentí sin restar veracidad a lo que había dicho, pero intentando añadir el pequeño dato recién descubierto.
—Pero no siempre será así; a veces el o la maga de Ytzal son buenos... Lo acabo de vivir; la acabo de ver morir hace un cuarto de hora. —Temblé levemente al recordar como el cuerpo de la chica caía lívido y sin vida, y cómo sus ojos me observaban, enamorados y melancólicos.
—Tendremos cuidado, no te preocupes. Ahora te toca descansar a ti. —Con esas palabras de Aksel comencé a cerrar mis ojos, para por fin poder descansar en paz.
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