♦10♦ Confiando en tu compañero

Narra Alía

Archer me llevó a su habitación, donde tenía vendas y demás cosas para la torcedura.

-Esto va a dolerte un poco, coge la toalla y muerde -El chico me paso una pequeña toalla enrollada y cuando la mordí un ataque de arcadas llegó a mi boca. No me dio tiempo a quejarme pues justo después el pie empezó a dolerme como si me quemara.

-¡Ag! -era lo único que podía decir por culpa de la toalla.

Cuando Archer dejó mi pie ya en su sitio lo untó con algo para que no se inflamara «O eso dijo Archer para que dejara de quejarme» y me lo vendó antes de colocarlo sobre un cojín en alto.

Por fin pude sacar la toalla de mi boca. Seguro que si no la uso me habría roto algunos dientes, o me habría cargado el brazo de Archer con mis uñas- ¡Parecía un perro! -Archer comenzó a reirse de mí, y yo como una persona muy madura, crucé mis brazos y aparté la mirada de él visiblemente indignada y con los cachetes inflados.

-Eh, Alía, no te enojes. Sabes que eres mi favorita. -Me giré con una sonrisa en el rostro y me tiré encima del chico.

Archer comenzó a hacerme cosquillas por todas partes, y estuvimos un rato riendo como locos hasta que por fin pude hablar ya un poco más calmada- Eres un dulce, me van a entrar celos cuando tengas novia. Esto sólo lo puedes hacer conmigo -El chico comenzó a reir falsamente «Lo sé porque antes si reía de verdad» y evitó mi mirada.

-Espera, tu no has tenido novia -Las mejillas de Archer se colorearon y una sonrisa maligna se formó en mi rostro.

-Ya verás que te encuentro una novia, con lo mono y bueno que eres seguro que ninguna se resiste -El chico me miró suplicante y me agarró ambas muñecas- ¿Qué pasa Archer?

-Jura que no le vas a contar a nadie lo que voy a decir. Te lo digo a ti porque te he cogido mucha confianza y sé que no lo dirás -Yo asentí varias veces con la cabeza, y Archer tragó saliva antes de hablar «Me estoy asustando, que me quiere decir que es tan importante»- Yo... a mi me gustan... los chicos -Lo último lo dijo en un susurro, y mirando hacia abajo con un gran rubor.

-Wow -El chico me miró apenado, pensando que le diría algo malo- pensé que me dirías algo más secreto...

Archer me miró perplejo y yo sólo le sonreí de vuelta- Ya sabias que soy... ya sabes -negué con la cabeza y Archer parecía cada vez más confuso.

-No lo sabía, siquiera me lo imaginaba, pero no es nada malo. Cada uno tiene sus gustos y no vas a dejar de ser nuestro amigo porque te gusten los chicos -Archer estaba eufórico y me lanzó por los aires para luego atraparme en un arrebato de alegría.

-Eres la mejor, enserio -El chico me dejó en el suelo, pero al apoyar el pie este me empezó a doler. Archer vio mi cara y me dejó tumbada en su cama- Venga duerme, no podrás llegar a tu habitación sin hacerte daño.

-Pero ¿Y tú? -Me siento fatal porque no duerma en su cama por mi culpa.

-Dormiré en mi sillón, y no, no me harás cambiar de opinión -decidí no intentarlo más, y le deseé buenas noches cuando el chico apagó la vela que alumbraba la habitación.

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No podía dormir, giraba una y otra vez en la cama, pero mi cuerpo no quería descansar.

Me levanté algo cansada, y miré donde me encontraba. Paredes azul cielo, muebles grises y blancos y cama de sábanas azul y gris. No, esta no es mi habitación. «Será otro sueño».

Deseché ese pensamiento al recordar la noche anterior, Archer me había traído a curar mi pie, y no podía andar. Sin hacer caso a mi mente castigándome por lo que iba a hacer posé un pie en el frío suelo.

Un golpe de frío surcó mi cuerpo cuando puse mi otro pie en el suelo, pero no había dolor. Se ve que ya se curó la torcedura.

Decidí bajar a la cocina, pues mi estómago rugía y no había cenado. Así que, sin despertar a Archer y de puntillas recorrí toda la habitación hasta la puerta.

Pasé por delante de la puerta de Zoey «Lo sabía porque tenía escrito su nombre en letras amarillas y varios rayos surcaban la puerta», y avancé más veloz hacia la cocina, por si alguien me veía «Lo que era casi imposible porque parecían ser las cinco de la mañana».

Dejé de pensar en ello cuando escuché un ruido dentro de la cocina. Al momento me acerqué a un lado de la puerta entreabierta, e intenté ver el interior de la cocina sin ser descubierta.

Dentro una sombra negra viajaba de la alacena a los sacos, y de estos a las cajas de debajo de la isla central.

Hice aparecer una daga en mi mano, y entré pegando una patada a la puerta. Esta se abrió con fuerza y apunté al sujeto de negro con la daga. Este se levantó lentamente del suelo, y hasta que no ví su cara no sabía a quien apuntaba con mi arma.

-¡Castiel! ¡Que haces aquí! He estado a punto de lanzarte la daga -solté un suspiro e hice desaparecer la daga entre humo blanco «No estoy bien con Castiel, pero tampoco lo quiero asesinar».

-Oh Alía, lo siento. Buscaba algo dulce de comer, no puedo dormir. -Cuando estuve más cerca del chico comprobé las ojeras que empezaban a marcarse bajo sus preciosos ojos esmeralda «¿Qué acabo de pensar? Deja eso Alía y concéntrate en no poner caras raras». Hice caso a mi cabeza y miré a Castiel, que tenía uan cara confusa en el rostro.

-Están en esa alacena. -Me acerqué a paso lento a la alacena que tenía la cestita de Zoey, y la encontré al fondo. Tuve que ponerme de puntillas pero conseguí rozar la cestita hasta acercarla y cogerla- Aquí tienes. - Le pasé la cestita a Castiel, y el la cogió con una gran sonrisa.

-Gracias Alía. Quería decirte que... -Lo detuve con la mano antes de que continuara.

-Castiel esto no significa que te perdone. No tenías derecho de ver eso, y lo peor es que ni siquiera lo viste bien -Castiel asintió lentamente, y se podía ver el arrepentimiento reflejado en sus ojos.

-Ya, Aksel me contó. Lo siento, de verdad, es que Katy me dijo que saliera de la habitación y me mantuvo fuera señalándoos. Además de que se quedó más que yo -«¡Katy también lo vio! ¡Y se quedó más que Cas! Eso significa que ella lo sabía».

-Ella lo sabía, sabía que no quería a Aksel porque se quedó más tiempo. Pero aun así hizo que no vio lo último. -Cas abrió los ojos como platos, y se dio cuenta de que tenía razón- ¿Pero porqué lo hace? No le e hecho nada malo.

-Seguramente son celos, de que tu te lleves mejor con nosotros con sólo tres días aquí. O porque tienes más poder que ella y formarás una parte importante de la leyenda -asentí a lo que el chico decía, pues estaba de acuerdo, aunque me dolía que no quisiera hacer las paces.

-Bueno, te dejaré comer los bombones pero si te los acabas Zoey irá a por ti con todas -El chico asintió algo aterrado por la imagen de Zoey enfadada, y me giré para salir.

-Y tú, porqué estas despierta -Me paré a mitad de camino y contesté sin girar la cabeza- Tampoco podía dormir.

-Si quieres te puedo dar una vuelta en Inferno. Pretendía hacerlo ahora e Inferno te quiere ver -iba a negarme pero Cas dejó la cestita en la alacena y me cogió cual saco de patatas.

-No me has dejado responder -grité susurrando mientras golpeaba la espalda de Cas «Por muchas patadas que dé él es más fuerte».

-Como Inferno sepa que pude invitarte a volar y no viniste no podré ver tus ojos otra vez, así que decidí que era un sí -negué con una pequeña sonrisa en el rostro y dejé que el chico me cargara «Espera, dijo que no podría ver mis ojos. ¿Porqué mis ojos? ¿Acaso le gustan mis ojos? Va, que más da».

El chico me llevó hasta el descampado donde vi a Inferno, me bajó y se quedó mirando al horizonte, donde se podía ver el cielo plagado de nubes y el amanecer.

Al minuto el cielo plagado de nubes ya no era tan bonito, y el sol ya estaba bastante alto. Conclusión: comencé a impacientarme.

-Ejem, Cas ¿Vas a llamar ya a Inferno? -El chico me miró, negó con la cabeza extrañado y con cara de asco, y después de verme extrañada me habló.

-Estoy hablando con Inferno, por la mente -«Entonces si le hablo por la oreja Inferno oirá».

-¡Hola Inferno! -grité en el oído de Cas. El chico pegó un salto del susto, y luego tapó sus oídos.

-¿¡Qué haces Alía!? Me quieres dejar sordo, porque lo has conseguido. -Me acerqué avergonzada a Cas, e intenté tocarlo pero se alejó. Eso hizo que mi corazó se rompiera en añicos «Porque me importa tanto de repente su opinion».

Cas me vio, y supo que me había hecho daño ese gesto, por lo que se acercó a mi y me abrazó.

-¡Lo siento! ¡No quería hacerte sentir mal, pero creo que me has dejado sordo temporalmente! -El chico no paraba de gritar, y le hice callar con la mano.

-¡Estas gritando, espera! -Cas se ruborizó un poco cuando supo que gritaba, y bajó la cabeza avergonzado.

Acerqué mi mano por su oreja izquierda «En la que grité» y usé mis poderes. Pasé la mano por la zona, y noté como se tensaba al roce, pero no le hice caso y separé mi mano.

-¿Ya? -Cas asintió mirando al suelo, no se a que venía eso pero tampoco le presté atención, pues un gran reptil negro y rojo con alas la había cogido toda.

-¡Inferno! -El dragón levantó la cabeza a mi grito, y corrí hacia él.

-Hola Alía, me alegra volver a verte. Vas a venir -asentí rápidamente al dragón, y tiré de Cas, que se había quedado parado mirándolo, para montar ya.

-Es temprano pero como no puedo dormir decidí venir a visitarte -Cas se acercó a Inferno, y en un segundo subió a su espalda.

-Vamos Alía, no te quedes ahí -El chico tenía su brazo extendido, como la primera vez que me invitó a montar en Inferno. Sólo que esta vez si pude cogerla. Cas tiró de mi hacia arriba y me senté detrás de él- Agárrate fuerte. Sino te caerás.

Asentí pues ya estaba agarrada y no me salían palabras. El chico palmeó el cuello del dragón y este cogió carrerilla para luego comenzar a batir la alas y alzar el vuelo...

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