9
Era increíble la velocidad con la que progresaba Inuyasha. En tan sólo un día, había conseguido incendiar la cola de un Shippo provocador.
Era de noche. Todos dormían excepto él. Se encontraban en el bosque, durmiendo al lado de una pequeña hoguera. El híbrido estaba subido a un árbol, no tenía sueño y se entretenía como podía. Llevaba ya media hora chasqueando los dedos. En cada chasquido, una lengüeta de fuego aparecía encima de sus dedos, y se desvanecía cuando él deshacía el gesto. Exactamente como un encendedor. Miró hacia abajo y vio que la fogata se estaba escapando de la protección de las piedras, hacia el saco de dormir de Kagome. Extendió la mano, se concentró y el fuego desapareció.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que la chica no estaba en el saco. Éste estaba vacío. Husmeó el aire, intentando detectar su olor. Lo encontró en la boca de un sendero. Saltó del árbol en el que estaba hacia otro, y fue saltando de roble en roble hasta encontrarla en unas aguas termales.
La ropa de la zafira se encontraba encima de una roca, y ella dentro del agua, con los ojos cerrados y la cabeza inclinada hacia atrás. Inuyasha sonrió y se acercó sin hacer ruido. Se quitó las dos partes de arriba, quedando con el pecho descubierto. Luego se inclinó sobre la cara de la chica (que miraba hacia arriba con los ojos cerrados) y la besó dulcemente en los labios. Al principio, Kagome se asustó, pero no tardó nada en reconocer al propietario de esa boca, de modo que le correspondió sin abrir los ojos, levantando los brazos para capturarle la cabeza y profundizar el beso.
Pero fue ella misma la que lo rompió. Se separó de él muy lentamente. Abrieron los ojos al mismo tiempo y sonrieron. Eran inimaginables las ganas que tenían de volver a estar solos. La hechicera dijo:
- Qué te trae por aquí, rubino?
Mientras lo preguntaba, Kagome levantó la cabeza y se giró para poder mirarle con más comodidad. Él respondió:
- Nada en especial, salvo la oportunidad de poder estar a solas con mi hembra recién marcada.
La chica se rió y lo besó. Inuyasha correspondió, metiendo una mano dentro del agua para agarrarla de la cintura y obligarla a alzarse, poniéndose él de rodillas sobre la tierra: ahora estaban en el mismo nivel.
- Y a ti?- preguntó el híbrido después de separarse- qué te trae a quitarte la ropa en medio de un bosque, pasada la medianoche, sabiendo que éste podría estar plagado de demonios?
- Me trae a que sé que uno de ellos, el más ardiente de todos, tiene sed de mí, igual que yo la tengo de él…- volvió a besarle. Esta vez, apasionadamente mientras le acariciaba el rostro. Luego le susurró al oído:
- … y sé que me seguirá.
Se separó bruscamente de él, expresamente para dejarle con las ganas. Se fue caminando por el agua hasta llegar al centro del baño termal. Se giró para mirarle y le dijo con un tono de voz sensual mientras sonreía de forma traviesa:
- Ven aquí, perrito- le ordenó guiñándole el ojo, sacudiendo la cabeza para que su pelo rizado por la humedad se moviera.
El aludido no se hizo esperar.
Aquella niña no tenía ni idea de cuánto tiempo llevaba corriendo. Sólo sabía que estaba cansada y que los demonios que la perseguían no tardarían en alcanzarla. Tropezó y cayó al suelo, provocando que su corta melena pelirroja se manchara de barro. Sus intensos ojos verdes centellearon de miedo cuando un niño vestido de blanco con una lanza se lanzó sobre ella, salpicando los arbustos de sangre.
El grupo de Inuyasha se detuvo en su avance y se apartó para dejar paso. Dos hombres caminaban por el estrecho camino de tierra cargando con algo…
Kagome y Sango chillaron y se taparon los ojos: lo que aquellos hombres llevaban era el cuerpo sin vida de una niña ensangrentada, con una herida mortal en el pecho. Miroku se acercó a los caminantes y preguntó:
- Señores… qué ha ocurrido?
Los dos le miraron y uno de ellos contestó:
- Ésta es la segunda víctima de la semana. Hace tres días, encontramos a otro muerto (un chico de no más de veinte años) casi en el mismo lugar que esta pobre chiquilla. Alguien se está dedicando a matar gente joven.
- Cómo saben que es la misma persona?- preguntó Inuyasha, frunciendo el ceño con curiosidad.
- Pues… veréis esta niña ha muerto por el corte de una especie de lanza. Se puede ver en la herida. El chico de la semana pasada tenía casi la misma especie de corte, por lo que deducimos que el asesino es el mismo. Ahora, si no les importa, tendríamos que seguir nuestro camino. Hay que llevar a esta pobre criatura a nuestra aldea para enterrarla como es debido.
- Por supuesto.
Los dos hombres continuaron su camino. El cuerpo de la niña derramaba gotas de sangre por el camino. Cuando desaparecieron de su vista, Inuyasha comentó con los puños apretados de rabia:
- Mira que llega a ser retorcido…
- Quién?- preguntó Kagome.
- Esta niña no sólo olía a sangre y a muerto. También olía a Hakudoshi.
- Hakudoshi?!- exclamaron Kagome y Sango a la vez.
- Pero por qué iba Hakudoshi querer matar a humanos inocentes?
- No tengo ni idea.
- Ni yo tampoco- una voz familiar les hizo girarse.
Nincada se encontraba allí, pero no iba solo: dos mujeres le acompañaban. La primera era rubia de ojos azules. La segunda tenía el pelo lacio y negro azulado, y le llegaba hasta las rodillas, recogido en una trenza. Por el color plateado de sus penetrantes ojos, Kagome dedujo que se trataba de la hermana de Nincada, la que controlaba la evaporación.
- Nincada!- exclamó Miroku- menuda sorpresa!
- Hola- respondió éste, queriendo ir al grano- os presento a Yukiko- la rubia les saludó con la cabeza y una sonrisa- y a Rikku, mi hermana.
- Es un placer conoceros- la otra mujer también sonrió y le echó una ojeada al grupo. Se detuvo en Kagome- supongo que tú debes de ser Kagome, la zafira prodigio.
- Sí, bueno…- la aludida se sonrojó levemente- se podría decir así.
- Zafira prodigio?- preguntaron Miroku, Sango y Shippo a la vez.
Rikku los ignoró. Siguió hablando, esta vez, dirigiéndose a Inuyasha mientras le miraba la frente fijamente:
- Y supongo que tú debes de ser Inuyasha, el rubino prodigio. También el kiuh de Kagome.
- Sí, lo soy.
- Pero por qué prodigio?- preguntó Shippo, impaciente.
Yukiko iba a contestar, pero las miradas significativas de Inuyasha, Kagome y Nincada la informaron de que el tema del amor en las relaciones de kiuh entre ellos dos, debía ser ocultado a los otros miembros del grupo. Dijo:
- Algún día lo sabrás, pequeño. Todo a su tiempo.
Kagome le dedicó una mirada de agradecimiento.
Ya era de noche. Todos estaban alrededor de una hoguera (hecha por Inuyasha), comiendo. Era Rikku la que hablaba:
- Si hemos venido hasta aquí, es porque debemos reunirnos con todos los hechiceros de esta región.
- Y eso?- preguntó Miroku.
- Una niña esmeralda fue asesinada ayer por la noche- contestó Nincada- y hace cuatro días, un chico ametista corrió la misma suerte. Además, tendría que haber otro zafiro entre nosotros en estos momentos, pero también lo mataron. Alguien se está dedicando a matar hechiceros de la naturaleza.
Los del grupo de Inuyasha ataron cabos. Hakudoshi no iba matando a humanos aleatoriamente: se dedicaba a exterminar hechiceros.
Pero… por qué?
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