20

Kouga se agarró el pelo con las manos para contenerse de lanzarse contra Inuyasha y golpearlo hasta saciarse. Acababan de explicarme muy brevemente el asunto del embarazo de Kagome. Dijo:

- Me estáis diciendo… que Kagome va a tener que volverse una mediodemonio para poder vivir y encima va a dar a luz a un híbrido lleno de pulgas?

- Qué has dicho?! Cómo has llamado a mi hijo?!- le gritó Kagome.

- Perdona, perdona, está bien! Es que es demasiada información…

- …para un cerebro tan pequeño, no?- continuó Inuyasha por él.

- Me estás llamando tonto?- le desafió el lobuno.

- En realidad, estaba pensando en la palabra idiota, pero viene a ser lo mismo.

- Tiempo muerto!- gritó Kagome, interponiéndose entre los dos para que la cosa no acabara en pelea física- ya hemos perdido bastante el tiempo hablando! Tenemos que encontrar a Naraku.

- Perdona, Kagome, pero es que aun no entiendo como… como puede ser que estés embarazada, es que es algo tan…

- Muy fácil. Todo empieza cuando papá pato conoce a mamá pata y juntos deciden…- le explicó Inuyasha, pronunciado muy lentamente cada una de las sílabas, como si le estuviera hablando a un discapacitado.

Sin embargo, fue interrumpido:

- Ya sé cómo funciona, chucho asqueroso!- le gritó Kouga. Inuyasha se lo estaba pasando en grande burlándose del, según él, "perdedor de la batalla por Kagome".

- Ya basta! Los dos!- se hartó Kagome, mientras los otros no podían evitar reírse por el comentario del mediodemonio al intentar explicar el ejemplo de los patos.

- Ha empezado él!- se quejó el lobuno.

- Me da igual quien haya empezado! Basta! Parecéis críos!

"No decías lo mismo ayer por la noche", resonó la voz de Inuyasha en la mente de la zafira.

- Por qué te sonrojas, Kagome?- le preguntó Yukiko, extrañada.

- Por nada, déjalo. Vamos- dijo la joven, roja hasta las raíces del pelo.

Empezaron a caminar otra vez, momento en el cual Kagome aprovechó para acercarse a su pareja y darle un codazo, a lo que él respondió con una risa divertida. Kouga le fulminó con la mirada. El demonio lobo se había comportado como un auténtico caballero, aunque no podía evitar sentirse terriblemente dolido. No sólo ese maldito Inuyasha había conseguido arrebatarle a su Kagome, sino que además… Sacudió la cabeza: no quería imaginarle dentro de ella, provocando el embarazo por el que estaba pasando la chica. Sorprendentemente para él, ésta se giró y le dijo, roja como un tomate:

- Se puede saber qué tipo de pensamientos son ésos, Kouga?

- Perdona, Kagome, yo… Un momento! Has dicho "pensamientos"?

- Ah, sí, no te lo hemos contado, verás… la gente que estamos aquí, menos Miroku y Sango, somos hechiceros.

- He..Hechiceros?

- Nincada, Yukiko, Rikku y yo somos zafiros- mientras hablaba, Kagome iba señalando a los aludidos con gestos de cabeza- eso significa que controlamos el agua. Observa…

La chica alzó la mano y se concentró. Acto seguido, en el interior de un charco de agua, empezaron a verse pequeños remolinos. Rikku se acercó e hizo que el agua empezara a arder. Kouga estaba flipando. Rikku se apartó para dejarle espacio a Yukiko, que hizo que la masa de líquido empezara a tomar formas acuáticas, como chorros que parecían serpientes encantadas y se alzaban del suelo. Para acabar, Nincada levantó la mano y las formas se congelaron, quedando perfectamente sólidas. Miraron a Kouga, que se encontraba boquiabierto:

- Es increíble…

- Hay más- dijo Kagome, girándose hacia los rubinos- Inuyasha, Thandra, Yodan, Gion, Yukith y Boiko son rubinos. Controlan el fuego. Cuando quieras, Inuyasha.

- Tengo que malgastar energía por ese lobo de pacotilla?- replicó, fastidiado. Sin embargo, el aludido no respondió: estaba demasiado ocupado intentando creerse lo que había visto.

- Venga- le instó su pareja.

Inuyasha suspiró con resignación y miró fijamente uno de los árboles del jardín. Le bastó con levantar una ceja para que la copa del árbol se encendiera brutalmente.

- Si crees que voy a alagarte, estás equivocado, chucho pulgoso-el rostro maravillado de Kouga era iluminado por bonitas llamas anaranjadas causadas por el mediodemonio.

- Y nosotros somos ametistas- dijo Sxin- controlamos el aire.

Nada más decir eso, una ráfaga de viento les acarició a todos con suavidad, sintiéndose reconfortados de golpe.

- Y no hay más?- preguntó el lobuno.

- Están también los esmeraldas-le informó Thandra- los hechiceros de la tierra, aunque se han quedado abajo, luchando contra los chilfos.

- Vaya…

- Bueno, seguimos?- preguntó Miroku.

De repente, una voz infantil resonó por los alrededores. Todos se pusieron en guardia. La voz se rió:

- No hará falta que os mováis. Total, vuestro viaje termina aquí.

- Esa voz…- dijo Sango.

- Desgraciado… estás aquí, no? Sal, Hakudoshi!- ordenó Inuyasha, desenvainando la espada.

Todos, sobretodo los ametistas, gruñeron por lo bajo, preparados para atacar. La voz de Hakudoshi se rió aun más cuando su propietario apareció del cielo, montado sobre el caballo diabólico Entei.

- Cuidado!- gritó Kouga.

Todos se apartaron a tiempo, antes que los duros cascos de Entei impactaran con fuerza sobre el suelo, aplastando las bonitas formas causadas anteriormente por los zafiros. Hakudoshi iba montado sobre el cuadrúpedo, con su habitual lanza y sonriendo con aires de superioridad:

- Prepárate para morir, Inuyasha. Tú y tus amiguitos.

- Maldito seas!

El mediodemonio se lanzó contra sus dos enemigos. A partir de allí, todo sucedió muy deprisa. La Colmillo Perforacero consiguió herir levemente al niño, que esquivó el ataque por los pelos, sin poder ocultar su sorpresa:

- Pero qué…?

Hakudoshi cayó al suelo. Antes de que ninguno del grupo le atacara, le gritó al caballo:

- Bestia estúpida! Por qué no has tendido la maldita barrera espiritual…?!- giró la mirada hacia sus enemigos- no os creáis que será tan fácil vencerme a pesar de estar en el suelo! Os recuerdo que soy inmortal!

- Una cosa es que seas inmortal- dijo Inuyasha- y la otra es que no te puedas desintegrarte.

Alzó una mano para reducirlo a cenizas con sus poderes ardientes y acabar con él, al fin, pero algo le agarró el brazo firmemente. Se giró. Era Sxin, que le pidió:

- Por favor, Inuyasha… podemos tener el honor de vengar nosotros mismos a nuestro joven compañero ametista?

El híbrido hizo una mueca, pero dijo:

- Está bien. Pero cuidado con lo que hacéis, no es fácil matarle.

- Yo creo que sí.

El líder ametista alzó una mano hacia Hakudoshi. En menos de cinco segundos, el cuerpo del niño empezó a volverse cada vez más transparente, como si se estuviera difuminando en el aire. La víctima sólo tuvo tiempo de preguntar:

- Pero qué…?- acto seguido, se desvaneció por completo. No quedó nada de él.

- Cómo lo has hecho?- preguntó Thandra, maravillada.

- Éste es mi poder aéreo. Esparcir las partículas de los seres vivos para hacer que desaparezcan, combinándose con el aire, aunque es muy difícil de dominar. No creo que baste con esto para eliminar a ese tal Naraku.

- Sea como sea, hay que seguir.

Thandra se giró para caminar hacia sus compañeros, pero al verles una cara extraña de miedo, preguntó:

- Chicos, qué pasa?

- Thandra… no te muevas…

- Qué?

- Mira detrás de ti…

Giró la cabeza con lentitud y se quedó paralizada: Entei la miraba fijamente, como si estuviera pensando en lanzarse contra ella.

- Preparaos para atacar, pero tened cuidado con Than…!- ordenó Sango, pero fue interrumpida por la rubina.

- Esperad! Esperad, he leído su mente… este caballo no quiere hacerme daño.

- Pero…

- Dejadle hacer.

La líder del fuego se giró completamente para quedarse mirando cara a cara a Entei, dándole la espalda a la vez a sus compañeros. El caballo empezó a avanzar lentamente hacia ella.

- Thandra, cuidado!- murmuró Kagome, empezando a taparse los ojos con las manos.

- Ssssh- la silenció la aludida. Alargó un brazo de forma demasiado brusca, asustando al animal y haciendo que retrocediera unos pasos.

Dejando la mano suspendida en el aire, Thandra respiró hondo y se quedó completamente quieta. Entei volvió a acercarse a ella, hasta tener el morro a menos de medio metro de la rubina. Ésta volvió a respirar hondo y apartó un poco la cabeza, sin poder evitar sentirse intimidada.

- Thandra…- susurró Yukiko, preocupada a más no poder.

El caballo rompió la distancia y husmeó a la mujer, quien sufrió un escalofrío. El animal inspiró hondo encima del cabello rojo de la hechicera. Segundos después, dio un respingo juguetón y le lamió la cara.

- Buen chico-dijo la chica con una sonrisa, acariciándole el morro con prudencia.

Todos suspiraron aliviados y se pusieron a aplaudir.

- Pero cómo has…?- empezó a preguntar Kagome.

- No os habéis fijado en sus patas?- dijo Thandra- las tiene en llamas. Este caballo es un demonio del fuego. Tiene lógica pensar que le gustan los hechiceros de fuego.

- Pero por qué tú?- preguntó Rikku.

- Seguramente es porque soy una mujer. Dicen que los caballos demoníacos son como los unicornios en el aspecto de que prefieren el tacto femenino. Y supongo que el hecho de que yo sea una mujer que encima es rubina, le encanta. Y si ha echado a su propietario de su lomo, significa que le gusto más yo que el niño ese.

- Sabes cuál es la naturaleza de Entei, no?- le preguntó Inuyasha.

- No, cuál?

- Cuando su propietario muere, busca otro para que lo monte, por instinto. Y viendo como le gustas, estoy convencido de que te ha elegido a ti.

- Tú crees? Entonces… puedo quedármelo?- en los ojos de Thandra se podía leer una enorme ilusión.

- Eso tienes que decidirlo tú- dijo Kouga.

- Entonces claro que quiero!- la rubina se abrazó al morro del caballo gigante, que cerró los ojos y gruñó, como si le gustara. Todos se rieron al ver a la líder del fuego tan ilusionada. Parecía un niño con zapatos nuevos.

- Vamos, anda- sugirió Kouga, impaciente por acabar con Naraku.

Corrieron un buen trozo, Thandra iba montada en Entei (habían intentado subir a alguien más encima del lomo del caballo, pero éste sólo había aceptado a la rubina). Al cabo de media hora, consiguieron llegar a la cima del turón, donde estaba la sala principal del castillo.

Allí había un gran patio, pero sin decorar. Estaba totalmente vacío, lo único que había era la tierra del suelo, cuatro hierbajos marchitados por el aura demoníaca, y los muros que marcaban el contorno de la estancia. Al fondo, había un pequeño santuario de madera, y delante de la puerta…

- Eliath?- preguntó Nincada, maravillado- pero si estabas muerto! Qué haces aquí?

Efectivamente, el aludido se giró y los miró fijamente. Era joven, no debería tener más de veinte años y era bastante atractivo: vestía una túnica de seda negra con una capa de igual color. Era tan rubio que su pelo parecía como si estuviese hecho de oro blanco (le llegaba hasta media espalda y lo llevaba suelto), y sus ojos eran azul oscuro como la noche.

- Cuánto tiempo sin vernos… Nincada, no es así?

Ante la sorpresa de todos, la voz que salió de la garganta del chico, no parecía suya… era la voz de Naraku! Sin darles tiempo a reaccionar, levantó la mano y un potente corriente marino surgió de la tierra, hacia ellos. Fue tan rápido que ninguno de ellos tuvo tiempo de ni siquiera moverse: el proyectil de agua acertó a Kagome, lanzándola hacia atrás y haciendo que chocara contra un muro.

- Una menos- dijo el atacante.

- KAGOME!-exclamó Inuyasha.

Mientras el mediodemonio intentaba contener su rabia para dirigirse corriendo hacia la zafira (seguido por Thandra), Yukiko le gritó a Eliath:

- Se puede saber a qué ha venido eso?! No sólo apareces aquí, como si nunca hubieras muerto, sino que además nos atacas! Qué pretendes, Eliath?!

- Eliath está muerto, zafira- pronunció el hombre.

- Cómo que…?- balbuceó Nincada- cómo que estás muerto? Estás aquí, delante de nosotros! Eliath, eres nuestro compañero!

- Era- contestó Eliath, con una sonrisa malévola.

- Qué estás diciendo?

- La verdad- interrumpió Kouga, con los puños apretados.

- Qué?!- exclamaron Yukiko y Nincada. Esta vez, también fue Rikku la que exclamó. La mujer estaba ausente. Había empalidecido al ver a su amado vivo de nuevo, y le costaba reaccionar.

Kouga siguió hablando:

- Este hombre no sólo tiene su voz, sino que además apesta a Naraku. Él ya no es Eliath, Nincada. Es Naraku. Ha sido poseído y no volverá a nacer nunca más. Lo único que veis de él es la apariencia, pero su persona es la de ese desgraciado.

- Poseído…? No puede ser…- dijo Yukiko, sin saber qué cara poner.

- Eliath es ahora vuestro enemigo-dijo Sango- NUESTRO enemigo.

- Maldito Naraku! Tú lo mataste!- Nincada y Yukiko se lanzaron contra él, pero salieron despedidos hacia atrás: el enemigo zafiro había tendido una barrera espiritual.

- Mierda!- exclamó Nincada.

- Qué pasa? Tenemos que volver a intentarlo, vamos!- exclamó Miroku.

- No vale la pena!- informó Yukiko- contra la barrera espiritual de un hechicero, nada pueden hacer las armas. El único ser que puede penetrar en ella es el kiuh del hechicero que la ha creado.

- Y quién era el kiuh de Eliath?- preguntó Yodan.

- Rikku.

Todos se mordieron el labioy miraron a la aludida, que había empalidecido.

- Aquí hay algo que no encaja…- dijo Miroku.

- El qué?- preguntó Nincada.

- Si están vinculados por lo del kiuh… y encima están enamorados… No deberían ser los dos zafiros prodigio?

- No. En el caso de Rikku, ella no es prodigio porque su kiuh es otra persona. En el caso de Eliath, no es prodigio porque se enamoró de Rikku después de adquirir su poder acuático. Entonces ya era tarde: su poder ya estaba decidido y se había limitado a los corrientes marinos…

La voz de Naraku, procedente de la garganta de Eliath, interrumpió la conversación:

- Basta de cháchara. Si no me atacáis vosotros, empezaré yo mismo. Pero antes…

El enemigo volvió a sonreír y se puso la mano en el bolsillo. Al sacarla de nuevo, un objeto místico brillaba en su palma…

- La joya!- gritaron todos. Pero era diferente. Esta vez, estaba… COMPLETA?!

- Gracias, Kouga. Tus fragmentos me fueron de perlas- dijo.

- Cómo?!- exclamo Miroku. Se giró hacia el lobuno y preguntó- le diste tus fragmentos?

- Claro que no!- contestó el demonio- al final consiguió quitármelos! Hakudoshi me atacó a traición una noche en la que estaba herido y no podía moverme!

- Eso quiere decir…- balbuceó Sango. No… no, por favor... antes, a Naraku sólo le faltaban tres fragmentos: los dos de Kouga, que ya los tenía, y… si la Joya ya estaba completa, significaba que…

- Maldito! Qué le has hecho a Kohaku?!- le gritó, alzando el Hiraikotsu para atacar.

- Kohaku? Reconozco que un día me fue de buena ayuda, pero… su fragmento lo era más. Sí, Sango. Tu hermano está muerto. Le quité el fragmento, y ahora la Joya está completa.

- DESGRACIADO!- entre lágrimas, la matademonios se lanzó contra él, cegada por la rabia, pero Miroku consiguió retenerla con los brazos. No conseguirían nada mientras la barrera espiritual siguiera tendida alrededor de su enemigo… pero tampoco podían obligar a Rikku a matarle…

Eliath (Naraku) empezó a atacarlos con sus corrientes de agua. Éstos lo único que podían hacer era esquivar, ya que no podían atacarle por culpa de la constante barrera espiritual.

Kagome no vio a venir el golpe. Se produjo en un minúsculo despiste de Inuyasha. El corriente marino le dio en todo el pecho, proyectándola contra un muro y haciendo que se quedara inconsciente por el golpe.

- KAGOME!- gritó el mediodemonio.

Corrió hacia ella, dejando a los otros atrás. Ni siquiera se daba cuenta de que Thandra le seguía. Kagome…

Al llegar a su lado, la acunó en sus brazos y le tomó el pulso con urgencia: su corazón empezaba a dejar de latir y la chica ya no respiraba.

- Kagome, por favor, despierta!- Inuyasha no se percató de que estaba llorando. Sólo le preocupaba que su amada despertara, sin importarle nada más.

- Inuyasha!- Thandra llegó a su lado.

- Qué hago, Thandra?! Ya no respira y casi no tiene pulso!

- Oh, no…- se lamentó la rubina.

- Thandra, di algo, ya!- le ordenó el híbrido a la desesperada.

- No sé qué decirte, Inuyasha, pero… se está muriendo. El golpe le debe haber causado una hemorragia interna.

- MALDITA SEA!- el chico golpeó el suelo con un puño. Luego se le encendió la bombilla- a no ser que…

Kouga se lanzó contra Eliath, dispuesto a dejar de perder el tiempo, pero tuvo que apartarse para esquivar la Herida del Viento, que pasó por delante suyo para impactar contra el enemigo. La barrera ni tembló, tal y como había dicho Yukiko, pero eso no afectó a Inuyasha, el atacante.

El mediodemonio se había alzado, dejando a Kagome en manos de Thandra. Cegado por la rabia, dijo:

- Naraku, desgraciado. No voy a descansar hasta verte muerto y tener la Joya en mis manos.

- Si no recuerdo mal… eso es lo que sueles decir cada vez que nos encontramos, amigo- se mofó Naraku/Eliath.

- No me rendiré mientras exista una posibilidad para Kagome. Y si tengo que morir para conseguir la esfera… estoy dispuesto a dar la vida.

- Que romántico!- ironizó su rival, carcajeándose.

- CÁLLATE!

Mientras veía como Inuyasha atacaba sin obtener resultado una vez tras otra, Rikku miró a Eliath. Ese no era su Eliath. Ese hombre por el que hubiera estado dispuesta a dar la vida, esa persona que la había amado durante tanto tiempo… estaba muerta y su cuerpo era manipulado como una marioneta. Estaba siendo ensuciado por ese desgraciado que le había arrebatado la vida a su amado. Se giró y miró a Sango. Ésta lloraba de forma desgarradora la pérdida de su hermano, abrazada por Miroku, que la apoyaba con la expresión seria y triste. Luego observó a Nincada y a Yukiko. El rostro de los zafiros expresaba dolor, dolor por ver a su antiguo compañero atacando a Inuyasha, su nuevo amigo y aliado. Y por último, miró a Kagome, que intentaba ser reanimada por una desesperada Thandra.

Eso no podía ser. Ella era la única que podía evitar la última desgracia: podía evitar que Kagome muriera. Agarró fuerte la empuñadura de su espada y empezó a caminar hacia su rival. No estaba segura de lo que hacía, pero ella había vivido la pérdida de su ser amado, y no deseaba ese terrible dolor a nadie más. E Inuyasha lo sufriría en todo su esplendor si ella no hacía nada por evitarlo.

- Rikku? Dónde vas, Rikku!

Su hermano intentó agarrarla por el hombro, pero ella se soltó con un movimiento brusco delhombro. Apretó el mango de su espada y al fin, llegó al lado de Eliath.

- Qué estás haciendo, estúpida?

Sin responder, y ante el horror de Naraku, atravesó la barrera espiritual como si ésta no existiera. Todos aguantaron la respiración, inmovilizados.

Rikku alargó la mano y empezó a acariciar el rostro de Eliath. Conservaba el mismo tacto, la misma suavidad… pero no la misma voz… no era él.

- Deja de ensuciarme con tu asquerosa mano, zafira!- le ordenó Naraku- crees que puedes matarme? No puedes! No serás capaz mientras tenga la apariencia de tu amado!

A partir de allí, todo pareció suceder muy despacio: Rikku gritó y hundió la hoja de su espada en el estómago del su enemigo.

- Qu…?- balbuceó la víctima, antes de caer de rodillas en medio de un charco de sangre.

- Perdóname… Eliath…- dijo Rikku con las lágrimas bajándole en cascada por sus mejillas.

Al instante, Naraku notó como su sangre empezaba a arderle… notó burbujas dentro de sus venas. Intentó liberar su espíritu para salir del cuerpo del zafiro pero no lo consiguió. No tenía tiempo. Gritó de dolor mientras su sangre se evaporaba a causa de los poderes de la mujer, que le miraba fijamente con pesar y llorando con desconsuelo. Su corazón dejó de latir porque ya no había sangre en su cuerpo. Se había evaporado toda, quemándole también por dentro por culpa de la temperatura. Pálido como un fantasma, Naraku/Eliath cayó al suelo, mojándose con la sangre del suelo… muerto.

Y junto a su cadáver, la completa Joya de las Cuatro Almas brillaba.

Inuyasha cogió la esfera que Rikku le lanzó desde su posición y corrió de nuevo al lado de Kagome. Se la encontró consciente, gracias a los insistentes esfuerzos de Thandra, pero estaba débil. Le costaba respirar, su cuerpo se convulsionaba de forma leve y olía fuertemente a sangre: la hemorragia interna era evidente. No quedaba mucho tiempo.

- Kagome! Kagome, puedes oírme?- mientras le preguntaba eso, la acunó en sus brazos con delicadeza.

Al mismo tiempo que los otros hacían piña alrededor de ellos, preocupados por la chica, ésta abrió los ojos con esfuerzo para mirar a Inuyasha.

- Inu…yasha…

- Kagome, escúchame!- alzó la Joya de las Cuatro Almas para enseñársela- tienes que desear ser mediodemonio ahora! Es el único modo de que sobrevivas!

- Tengo… miedo…

- Estoy aquí, Kagome- la abrazó, sin importarle la presencia de los otros- siempre lo he estado. - la besó con delicadeza y le puso la Joya en la mano, ayudándola a cerrar sus dedos alrededor de ella.

Antes de pedir su deseo, la adolescente miró a su amado a los ojos y dijo:

- Inuyasha… te quiero.

- Yo también te quiero, Kagome.

La chica cerró los ojos y pensó con todas sus fuerzas:

"Deseo convertirme en mediodemonio perro"

No pasó nada. Decidió volver a intentarlo, pero al cabo de pocos segundos notó que su corazón daba una estirada brusca, tan brusca como si el órgano se estuviera partiendo por la mitad. Notó también que sus músculos se tensaban como si estuviera sufriendo una potente rampa por todo el cuerpo. Gritó de dolor y luego… todo se volvió negro

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