19
Inuyasha miró la fortaleza que se levantaba quinientos metros delante de él: el castillo de Naraku. Respiró profundamente y acarició el mango de su espada. Estaba preparado. Se giró y contempló el ejército de hechiceros armados, que también estaban listos y esperando a que él diera la orden de ataque. Volvió a respirar hondo y empezó a decir en voz alta:
- Una vez existieron una niña y un joven que tendrían que estar aquí reunidos con nosotros. Pero están muertos. Y la culpa de eso la tiene ese desgraciado que nos está esperando, allí, sentado en su saloncito tan pancho porque, a pesar de saber que estamos aquí, está seguro de que caeremos en sus sucias trampas antes de alcanzarle. Pero está equivocado o no?!
- Sí!- exclamaron todos.
- No os oigo!
- SÍ!- gritó todo el ejército, alzando sus armas.
- Ese maldito desgraciado que se hace llamar Naraku- hizo una mueca- se está dedicando a cazarnos, como si los hechiceros no fuésemos más que una manada de bueyes! Debemos consentirlo?!
- NOOO!
- Qué haremos?!
- MATAR!
- Porque vamos a entrar allí y vamos a demostrarle a ese puñado de ratas de lo que somos capaces y que no se puede jugar con nosotros!
- SÍ!
Thandra se adelantó y se puso al lado de Inuyasha, diciendo en el mismo tono de voz:
- Y vamos a enseñarle a ese desgraciado lo que significan el compañerismo, la amistad y el amor para nosotros!
- Todos somos uno!- exclamó Sxin, adelantándose también.
- Somos una familia a pesar de ser diferentes!- exclamó Sai, poniéndose al lado de los que habían hablado anteriormente.
- SÍ!
- Porque somos invencibles si estamos juntos!- exclamó Nincada- zafiros!
Los aludidos alzaron las armas y gritaron:
- SÍ!
- Rubinos!- exclamó Thandra.
- SÍ!- respondieron los hechiceros del fuego.
- Ametistas!- exclamó Sxin.
- SÍ!- gritaron los hechiceros del aire.
- Esmeraldas!- concluyó Sai. Los hechiceros de la tierra alzaron las armas y gritaron igual que los anteriores.
Inuyasha desenvainó a Colmillo Perforacero y la alzó por encima de su cabeza, girándose otra vez hacia el castillo. Todos los otros siguieron su ejemplo con sus katanas, lanzas, arcos… aunque la mayoría alzaron las manos para empezar a concentrar sus poderes. Antes de dar la orden de ataque, el mediodemonio miró a Kagome, que se encontraba detrás de él y le sonrió para darle ánimos. Ella respondió de la misma forma, formando con los labios la silenciosa palabra: "Adelante".
El joven cogió aire y gritó:
- A POR ELLOOOS!- anunció, echando a correr.
Los primeros que le siguieron fueron Kagome, Sango y Miroku. Detrás de ellos, el resto del ejército levantó las armas de nuevo y dieron el último grito de guerra, corriendo tras ellos con Thandra, Sxin, Nincada y Sai delante. Kagura atacó por el aire.
Nada más echar a correr, Inuyasha lanzó la herida del viento en llamas hacia el castillo y Kagome le acompañó lanzando una de sus flechas purificadoras y heladas, que se combinó con el ataque de la Colmillo Perforacero, consiguiendo derribar el muro de la muralla.
Nada más entrar dentro del recinto, una serie de chillidos estridentes les hicieron gritar y taparse las orejas, sobre todo a Inuyasha. A unos pocos metros, se encontraban unas grandes y amplias escaleras por las que bajaban unos extraños seres. Eran transparentes, llevaban unas lanzas translúcidas y terriblemente afiladas por los dos lados y parecían estar hechos de… hielo?
- No!- todos los zafiros menos Kagome empalidecieron- no puede ser!- exclamó Nincada.
- Qué pasa?- preguntó Sango.
- Esos seres se llaman chilfos, son seres que sólo pueden ser creados por zafiros! Qué hacen aquí?
- No lo sé, pero no podemos quedarnos aquí parados!- exclamó Thandra.
La mujer alzó la mano y proyectó una gran bola de fuego que impactó contra todos los chilfos. Éstos se derritieron. Pero antes de que pudieran pronunciar una sola palabra para celebrar la victoria, aparecieron más por una de las dos esquinas de la escalera. Y no sólo eso, sino que además, los chilfos derrotados volvieron a renacer de los charcos provocados por su anterior derretimiento.
- A los chilfos no se les puede derrotar con fuego!- informó Yukiko en voz alta- se les tiene que partir en trozos!
Nada más decir eso, todos se lanzaron contra los seres con las armas, haciendo uso de las lanzas y las espadas. Inuyasha lanzó una ráfaga de lanzas vajra, que partió en trozos a la mitad de los enemigos. Pero no servía de nada. Aparecían más y más desde arriba de las escaleras.
- Así no acabaremos nunca!- se quejó el mediodemonio mientras partía un chilfo en dos.
- Inuyasha!- le llamó Sai- los esmeraldas nos quedaremos aquí para enfrentarnos a ellos! Vosotros seguid!
- Estás seguro, Sai?- le preguntó Thandra, atravesando uno de los seres de hielo con su lanza.
- Completamente! Seguid, vamos!
Inuyasha dio la orden y todos, menos los hechiceros de la tierra, tendieron sus barreras espirituales y pasaron a través del grupo de chilfos, repeliéndolos sin hacer esfuerzo. Rubinos, zafiros, ametistas, Miroku, Sango y Kagura corrieron un buen trecho en silencio. La maestra del viento dijo:
- Es por aquí! La estancia de Naraku es…Ah!- un gemido ahogado hizo que parara de hablar.
- Kagura?- Kagome se detuvo y la miró, preocupada.
Todos se pararon y retrocedieron hasta la demonio, que había caído de rodillas al suelo.
- Kagura, qué pasa?- le preguntó Sango.
Como respuesta, Kagura vomitó un buen torrente de sangre y empezó a retorcerse por el suelo, llevándose las manos al corazón como si le estuviera dando un ataque.
- Kagura, no!- exclamó Kagome con lágrimas en los ojos.
- Escu…chadme…-pronunció la moribunda con voz débil- Naraku… mi corazón… me ha castigado… por la traición… hemos llegado tarde…
- Pero tiene que haber algún modo de salvarte!- exclamó Yukiko, con la mirada húmeda.
- Oíd… id con cuidado… sed prudentes… ese cobarde…- volvió a vomitar sangre- puede atacaros a… traición… en cualquier… momento.
El cuerpo de la mujer dejó de temblar.
- Kagura, por favor, resiste!- le pidió Kagome, llorando desesperadamente.
- Habéis sido… los únicos… en tratarme… como una igual… a pesar… de todo lo que… os he… hecho…nunca lo olvidaré… Gracias.
Dicho eso, la maestra del viento murió. Kagome se dejó caer de rodillas junto al cuerpo de la que antes fue su amiga, derramando lágrimas por el suelo. Inuyasha se arrodilló también y abrazó a la zafira por detrás para consolarla. Ella apoyó su cabeza en el hombro del mediodemonio y se agarró a los brazos que la rodeaban, profundizando el llanto. Miroku dijo, muy serio:
- Antes de seguir, dediquémosle un minuto de silencio a nuestra compañera fallecida.
Todos bajaron la mirada y se quedaron en silencio, mientras el bonzo rezaba mentalmente por Kagura. Kagome intentó contener el llanto. Inuyasha seguía abrazándola, también en silencio.
Al cabo de sesenta segundos, la ayudó a levantarse para seguir caminando. La chica ya no lloraba: lo único que se podía leer en su expresión era rabia. Una furia intensa que cubría a la tristeza.
Corrieron por el castillo y se encontraron con más chilfos, aunque esa vez, no aparecieron más en cuanto acabaron con ellos. Continuaron caminando, hasta llegar a una especie de jardín zen. Era todo demasiado tranquilo… De repente, algo se movió entre las sombras y un ogro salió de la oscuridad, blandiendo una gran hacha, dispuesto a atacarles.
- Dejádmelo a mí- pidió Sango.
El monstruo atacó a la matademonios con su arma, pero ésta lo esquivó con facilidad, provocando que la hoja del hacha cayera sobre Kagome, que fue salvada por los pelos: Inuyasha la cogió en brazos y la alejó del monstruo cuando…
- Aparta de mi camino, chucho asqueroso!- ordenó una voz conocida.
- Kouga?- preguntó Kagome, sorprendida.
Efectivamente, el demonio lobo saltó sobre el ogro y lo mató de un solo zarpazo con las Goraishi, sus garras místicas. El cadáver del monstruo cayó con estrépito al suelo, delante del aturdimiento de los zafiros, los rubinos y los ametistas.
- Qué diablos haces aquí, lobo de pacotilla?- le preguntó Inuyasha bruscamente, como siempre.
- He venido a vengar a mis compañeros. Me sorprende que hayas llegado hasta aquí- dijo Kouga- aunque ya lo dicen: mala hierba nunca muere.
- Que te zurzan!
- Que te zurzan a ti!
Mientras se peleaban verbalmente, los acompañantes del mediodemonio los miraban aturdidos.
- Y ya puedes soltar a mi Kagome, bestia!- le ordenó el lobuno al rubino, que aún tenía a la joven en sus brazos.
- Oh, oh…- dijeron Sango y Miroku a la vez, temiendo lo peor.
- No tengo por qué soltar a mi chica porque lo diga un desgraciado como tú!
Kouga se quedó sin habla y empalideció. Luego, respiró hondo y se puso a reír:
- Alguna mentira más, chucho?
- Es verdad, Kouga- dijo Kagome, mirando a Inuyasha para que la soltara.
- Qu- qué?- preguntó el demonio, serio otra vez- cómo que…? Me estás engañando con ese saco de pulgas…?
- No te estoy engañando porque nunca ha habido nada entre nosotros. Ya te he dicho más de una vez que no siento nada por ti, pero nunca me has hecho caso- a pesar de la seguridad de sus palabras, se notaba que a Kagome le dolía ver así de infeliz al lobuno.
Éste no dijo nada. Sólo balbuceó unas palabras sin sentido, intentando defenderse diciendo algo, cualquier cosa. Apretó los puños con rabia y bajó la mirada.
- Kouga, yo… lo siento, pero…- dijo la chica.
- Estás segura de que eso es lo que quieres?- le preguntó el aludido, mirándola fijamente a los ojos.
- Sí. Siempre lo he querido así.
- No podrías darme… ni aunque fuera una oportunidad?
- Oh, por favor!- exclamó Inuyasha con una mueca de asco. Una mirada significativa de Thandra le hizo comprender que en una situación tan delicada, lo que debía hacer era callarse.
- Soy feliz así, Kouga- aseguró Kagome.
El demonio respiró hondo y dijo:
- Está bien. Haz lo que quieras. Espero que el chucho pulgoso no se haya pasado poniéndote la zarpa encima…
Todos los presentes se rieron, pero intentaron contenerse.
- Qué pasa?- preguntó Kouga.
- Ahora que mencionas el tema… estoy embarazada, Kouga- le dijo tímidamente la chica, cerrando los ojos para esperar la catástrofe, que no tardó en llegar:
- CÓMO?!- gritó un enfurecido demonio lobo
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