12
Volvía a ser de noche. Todos los hechiceros habían acampado delante de las Rocas del Sol. Al día siguiente, al alba, formarían el poderoso ejército que, guiado por el prodigioso olfato de Inuyasha, se dirigiría al castillo de Naraku.
Cuando Inuyasha, Kagome, Yukiko, Rikku y Nincada llegaron otra vez con Miroku, Sango y Shippo, les explicaron la conferencia mientras cenaban rodeando una hoguera.
Ahora era casi medianoche. Rikku había ido a dar una vuelta para estar sola, como siempre. Yukiko y Sango hablaban animadamente, igual que Miroku y Nincada. Shippo lamía una piruleta, intentando entender la conversación entre los dos hombres.
Kagome se encontraba andando por el bosque, buscando a Inuyasha. Lo encontró en un prado abierto, practicando con Colmillo Perforacero.
- Hacía tiempo que no te veía practicar con la espada, rubino- le dijo a modo de saludo.
- Hola, Kagome, yo también te quiero- ironizó mientras lanzaba la herida del viento, que impactó en una roca.
La chica se rió mientras aplaudía al ver como la roca era rota en mil pedazos. El mediodemonio se acercó a ella y la besó sin que se lo esperara. Ésta le correspondió, rodeándole el cuello con los brazos. Al separarse, Inuyasha sonrió y se alejó un poco de ella, volviendo a concentrarse en la katana.
- Qué te estás dedicando a hacer, aparte de destrozar cosas?- Kagome bostezó y se sentó encima de un tronco caído.
- Nada, simplemente probaba… mira.
El híbrido se concentró durante unos instantes y volvió a lanzar la herida del viento. Esta vez no fue como siempre: grandes llamaradas acompañaron a los destellos afilados y amarillos, dejando rastros de ceniza en los grandes surcos que habían quedado marcados en el suelo, como las garras de un demonio.
- Uau!- exclamó Kagome, aplaudiendo de nuevo- has combinado tus poderes de fuego con la herida del viento! Qué pasada!
El mediodemonio envainó la espada, sin poder evitar acariciar el mango de ésta al hacerlo: después de Kagome, Colmillo Perforacero era como una persona importantísima para él. Se dirigió hacia la chica y se sentó a su lado, encima del tronco. Ella se acomodó en su pecho y él la abrazó.
-Tú también deberías probarlo- le propuso a la zafira.
- El qué?
- Intentar combinar tus poderes acuáticos con tus flechas.
- Por ejemplo?
- No sé… podrías lanzar una flecha purificadora que a la vez pudiera congelar.
- Es una buena idea.
- Aunque eso es algo que puedes hacer en otra ocasión- el híbrido empezó a besarle el cuello mientras le acariciaba las piernas.
-Inuyasha, estamos en medio de un bosque con cuarenta personas que podrían oírnos.
- Y?
- Pues que encima, la gran mayoría de ellas pueden oírnos el pensamiento.
- Y?
- Te apetece dar un espectáculo a medianoche?- Kagome no pudo evitar soltar una risita, ladeando el cuello para facilitar el acceso de los besos sobre éste.
- No es que me apetezca dar el espectáculo pero… lo que sí me apetece es liberar lo que llevo reprimiéndome más de una semana.
- Pobre perrito…- ironizó ella, acariciándole las orejas con mimo.
- Si tanta lástima te da, compadécete de él… zafira kiuh.
Al cabo de media hora aproximadamente, Kagome apartó el flequillo plateado de su pareja para mirar el senhal rubino con curiosidad. Así, abrazados, tumbados en el suelo y cubiertos sólo con el haori rojo de Inuyasha, se encontraban bien, relajados después de mostrarse el uno al otro el amor que sentían, bajo el manto de estrellas.
- Qué miras, zafira?- susurró el mediodemonio, estrechando el abrazo con ternura.
- Tu senhal ya no es igual que antes- le informó ella, también en un susurro- ha perdido un poco su forma habitual.
- Lo mismo digo del tuyo- el chico aprovechó la excusa para llenar de dulces besos la clavícula de la chica donde se encontraba la estrella.
- Quieto!- le ordenó ella con una risita. Se giró bocarriba y él se apoyó sobre un codo, cruzando el brazo libre por el vientre de Kagome.
Estuvieron unos minutos así, quietos, disfrutando de la cercanía sin decirse nada. Ella había cerrado los ojos, acariciando con el dedo índice de una mano el antebrazo que el híbrido tenía cruzado sobre su cuerpo, hasta quedarse dormida. Inuyasha simplemente la miraba, sin perder la ternura de su expresión. Con el paso del rato, él también fue cediendo al sueño. Empezó a bajar su cabeza para acomodarla en el hueco del cuello de la chica y acurrucarse en ella, quien lo recibió con un suspiro, entre sueños, acabando de rodearle con los brazos inconscientemente.
Una gran ráfaga de viento les despertó al día siguiente en el mismo sitio en el que se habían dormido. Se incorporaron de golpe. Inuyasha, al oler la presencia de alguien cerca de ellos, se apresuró a asegurarse de que el cuerpo desnudo de Kagome estaba bien cubierto con su haori (y obviamente, también el suyo, xd). Ella se abrazó a su pecho, asustada, y el mediodemonio la envolvió con brazos protectores.
Una demonio conocida salió de dentro del torbellino que ella misma había provocado al aterrizar desde el cielo. Kagome dijo, sorprendida:
- Kagura?
La esbirro de Naraku les miró con sus ojos rojos y se guardó la pluma que le había servido para volar entre el pelo de su moño, camuflándola como si fuera un simple adorno.
- Lamento interrumpir en un momento como este, pero me gustaría hablar con vosotros sobre un tema vital para mí- dijo con su voz calmada y femenina, pero a la vez diabólica.
- Y no podrías haber venido en otro momento, maldita bruja?- replicó Inuyasha de forma tajante y brusca.
- Yo también me alegro de verte, Inuyasha- dijo ella con la expresión fría de siempre.
- Lástima, porque yo no.
- Veo que no has cambiado en absoluto. Sigues tan engreído y maleducado como siempre.
- Te han hecho una pregunta, Kagura- Kagome cortó la discusión con valentía, pero a la vez abrazó más fuerte a Inuyasha, queriendo sentirse aun más protegida de lo que estaba- vienes de parte de Naraku?
- No exactamente. He venido a pactar.
- A pactar?! Qué, si se puede saber?- preguntó el híbrido a la defensiva. Un mensaje telepático de la joven humana le informó de que debía callarse para dejar hablar a Kagura.
- Tengo entendido que habéis formado un ejército de hechiceros para acabar con Naraku.
Un silencio por parte de la pareja le hizo entender que no estaban dispuestos a revelarle nada, de modo que continuó:
- Me alié con Seshomaru para que me ayudara a recuperar mi corazón…
- Y qué le ofreciste?- interrumpió Inuyasha, mofándose de ella con malicia- que yo sepa, los fragmentos de la joya no le interesan. Le ofreciste tus servicios como "geisha en el turno de noche"?
- Cierra el pico, asqueroso mediodemonio!- le ordenó la mujer con rabia, cerrando los puños.
Kagome abrió la boca como una imbécil, totalmente sorprendida, diciendo:
- No me digas, Kagura, que Seshomaru y tú…
- Y a vosotros qué os importa!
-Eso es un sí?- Inuyasha se lo estaba pasando bomba riéndose de Kagura.
- Claro que no!
- Pues tus pensamientos no parecen estar de acuerdo con lo que dices- la acusó Kagome, que había perdido todo el miedo debido a lo divertido de la situación.
Al oír lo que había dicho su chica, el híbrido profundizó las risas y hundió su rostro en el hombro de la zafira, para poder respirar mejor con el cambio de posición, sin poder reprimir las carcajadas:
- Alcanzaste el clímax, Kagura?- le preguntó, mojando el pelo de Kagome con las lágrimas que se le escapaban de la risa.
- CÁLLATE!- la mujer levantó el vano para atacarles.
La joven se encogió, asustada por la amenaza. Pero Inuyasha desenterró su rostro de la cabellera negra de ella para decir:
- Anda, Kagura, atácanos. Pero entonces con quien pactarás? Te estoy tomando el pelo, imbécil!
La mujer detuvo el movimiento en seco. Resopló con fastidio y cerró el vano. Ignorando a Inuyasha, que había reanudado las carcajadas, le preguntó a Kagome:
- Puedes leer el pensamiento?
La chica movió un poco la cabeza para permitir que el mediodemonio volviera a apoyarse en su hombro, con su reír imposible de calmar. Se mordió el labio durante unos instantes para contenerse (la risa de su chico empezaba a contagiársele) y respondió:
- Tanto Inuyasha como yo podemos leer el pensamiento, hacernos invisibles, usar la telepatía y crear barreras espirituales. Además, somos hechiceros. Él tiene el poder del fuego y yo el poder del agua.
- Y eso desde cuándo? – preguntó la demonio.
- Hará poco más de un mes.
- En fin…- Inuyasha, respirando hondo para calmarse, se apartó ligeramente de Kagome para poder hablar cara a cara con Kagura- en qué consiste ese pacto?- se había reído tanto que era incapaz de mostrar mala leche de nuevo.
- Como decía antes de que me interrumpierais, Seshomaru me ayudó a recuperar mi corazón- hizo una pausa para fulminar con la mirada al híbrido, al que se le había escapado una risita- sin embargo, Naraku está creando otro corazón mío. Cuando lo haya terminado, lo transformará para que se convierta en mi nuevo corazón, de modo que el que recuperamos Seshomaru y yo pasará a ser un órgano sin propietario. Y estoy segura de que cuando mi vida vuelva a estar en manos de ese desgraciado, me matará por mi traición. Allí es donde entráis vosotros: me uniré a vuestro ejército y os ayudaré, pero a cambio, tendréis que ayudarme a salvar la vida.
- Te recuerdo que para salvarte la vida, hay que matar a Naraku igualmente- dijo Kagome- y acabar con él ha sido nuestra intención desde el principio-cruzó una mirada con Inuyasha para entablar una corta conversación telepática y añadió- Está bien, puedes venir.
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