After All

„🍋"-Semi Lemon-...

John Laurens se consideraba enfermo.

No porque se sintiera mal de salud, era un asunto más bien...sentimental. Pues había descubierto que era homosexual.

Podrían pensar que eso no tiene nada de malo, que cada quien es libre de amar a quien guste y que nadie más tiene el derecho de interferir en ello. Son decisiones ajenas después de todo, a quien no le guste, simplemente ignorelos y ya está. Pero en esos tiempos, todo era distinto.

Fueron las constantes críticas de la sociedad, los malos comentarios hechos por distinas personas y la falta de pensamiento lo que ocasionó que el sentir hacia alguien de tu mismo sexo se tomase como un terrible pecado y una repugnante actitud, siendo visto como un terrible crimen en contra de la humanidad. Condenando a cualquiera que tuviera esos sentimientos hacia sus iguales de sexos a ser castrados o, en el peor de los casos, ser enviados a los brazos la muerte. Ya fueras niño u adolescente.

Por eso mismo era que el rubio se consideraba de aquella forma. Una persona tan repugnante como él no merecía vivir por tener ese tipo de sentimientos y, por ello había decidido terminar con su vida. Ademas por la mala relacion con su padre. Sin embargo, por más que lo intentara, siempre había algo que frustraba sus planes.

La primera de esas veces fue su forzado matrimonio. Cuando conoció a su esposa Martha, hija de uno de los socios de su padre. Al inicio, él no le había tomado mucha importancia a aquella mujer, era una más y ya, pero su padre comenzó a notar su poco interés por las mujeres, sin embargo el no descubría sus verdaderos intereses...

«Jack está demasiado comprometido con sus estudios para estar pensando en alguna de las señoritas que yo podría estar sonando en su oreja, por una corona; por qué guiar al pobre perro, al que la naturaleza irresistiblemente le plagará con toda probabilidad prontamente» Escuchó recitar a su padre hacia uno de sus colegas una vez. Y con ello Laurens temió un poco por que su padre descubriese sus sentimientos, por lo que no tardó en tener un amorío con Martha, quien al poco tiempo resultaría embarazada por aquel encuentro. Siendo John obligado a casarse con ella para mantener su honor y para la legitibilidad de su hijo u hija.

«La compasión me obligó a casarme» Escribió a uno de sus tíos antes de su boda.

La segunda vez que se vio obligado a dejar sus ideas suicidas de lado fue cuando la guerra inició y tuvo que enlistarse en el ejército para servir a su país y a su general, George Washington. Él tampoco tenía una buena relación con el pero le brindaba el respeto que se merecía, parecia no ser un hombre malo. Pero tenía su parte perversa según John, pues Washington tenía esclavos y eso era retorcido para el rubio, ya que estaba en contra de la esclavitud. Pero dejemos ese tema de lado.

La tercera razón por la cual decidió omitir su muerte tiene nombre y hasta apellido. Alexander Hamilton. Su compañero de campaña por ordenes de Washington.

Aquel hombre de cabellera rojiza y ojos violetas con mil pecas en su rostro que, por alguna razón, le robaba el aliento y hacía que aquellos retorcidos intereses en su ser crecieran. Descubriendo después que su sentir era correspondido. Procediendo después a expresarse de una forma algo cariñosa hacia el menor, preocupándose demasiado por su bienestar y cuidando que sus compañeros de batalla no lo mirasen con malos ojos. Se cuidaban mutuamente y se contaban sus problemas y algunos secretos abiertamente, averiguando que tenían varias cosas en común.

...Y después, que el rostro no era el único lugar donde el caribeño tenía pecas.

El primer encuentro íntimo que se dio entre ambos hombres fue algo sorprendente para ambos, pues no habían hecho algo similar con otros hombres anteriormente, en lo tanto aquel fogoso momento fue inexperto pero para nada decepcionante.

Ambos de habían despojado completamente de sus ropas aquella madrugada, sus labios se juntaban de una forma torpe pero desesperada al mismo tiempo. Las manos del caribeño acariciaban el pecho del mayor y después descendían hasta su levemente marcado abdomen, dando suaves caricias sobre este también. John separó sus labios de los del pelirrojo para comenzar a descender sus besos hacia su mandíbula y después hacia su cuello, dando algunas lamidas de vez en cuando. Alexander giró su cabeza en una dirección opuesta para brindarle más espacio al rubio.

Pasaron algunos minutos de aquella forma, besándose y acariciándose hasta que se sintieron ansiosos de más, por lo que prosiguieron a llegar más allá.

-Jack...Jack- Jadeo el caribeño al momento en que fue embestido por el mayor. Este se quedó quieto al ver la mueca de dolor en el rostro ajeno, pero siguió moviéndose cuando su contrario meneó sus caderas poco después.

Las desnudas piernas del pelirrojo se enredaron en las caderas de John mientras era embestido, él no había pensado que sería el pasivo, sin embargo no estaba para nada molesto por ello. Solo pensaba en lo bien que se sentía el tener ese tipo de contacto con el mayor, mirándolo fijamente en sus azules ojos mientras se movía dentro de él, provocándole mil sensaciones en su interior.

-J-jack... T-te amo Jack- Dijo entre suspiros, recibiendo como respuesta un beso para nada inocente.

A los pocos minutos las embestidas se hicieron más fuertes, provocando que el menor arquease la espalda y comenzara a gemir alto, teniendo que tapar su boca con una mano para acallar los indecorosos sonidos que dejaba salir, pues si no guardaba el silencio suficiente podría alarmar a sus compañeros de guerra.

John tomó de las caderas a Alexander, atrayéndolas hacia el en cada fuerte embestida que dejaba a ambos sin aliento. Intentaba concentrarse solo en el placer y no en el pelirrojo, resistiendo el impulso de responder que también lo amaba.

No contaron cuanto tiempo fue, pero culminaron su fogoso encuentro con éxito al cabo de un rato. Llegando el rubio al orgasmo dentro del menor, y este sobre su propio abdomen. Procediendo a no decir nada más y solo disponiéndose a dormir.

Después de eso Laurens solo se sintió más "enfermo" y buscó olvidarse de Alexander, resultando en varios intentos fallidos, pues siempre terminaba cayendo por él y cediendo ante sus impulsos de pasar otra fogosa noche junto a el. Por parte de Hamilton, también estaba consciente de que lo que hacían estaba mal. Había realizado sodomía y eso era algo imperdonable por parte de la sociedad. Aunque no se sentía realmente culpable, pues mientras no dijeran nada fuera de lugar o fueran demasiado obvios ellos estaban libres de toda condena. En lo tanto, solo disfrutaría de esos momentos íntimos junto al rubio.

Sus encuentros continuaron a lo largo del desarrollo de la guerra, aunque se volvían menos recurrentes ya que su batallón pasaba por dificultades y a veces eran mandados por su general hacia otros lugares lejanos. Como la vez en la que Laurens tuvo que partir a Carolina del sur para combatir un batallón enemigo. La noche anterior a su partida tuvo otro encuentro con Alexander, pues pasaría al menos un mes fuera y sus encuentros se suspenderían hasta entonces. Pero no imaginó que sería la última vez que sentiría el cuerpo de Hamilton.

En Carolina del Sur, Laurens fue herido de gravedad por el batallón contrario, una bala disparada en su dirección que se impactó cerca de su abdomen, callendo al suelo casi sin fuerzas debido a la sangre que perdía. Sus ojos pesaban y su respiración se alentaba cada vez más, por más que intentara respirar normalmente, no podía hacerlo.

Hace tanto tiempo había deseado morir y ahora que se le cumpliría no quería hacerlo. Quería vivir, quería ver a su hija y a Martha, quería ver a Alexander. A quien en esos momentos aceptaba amar. No quería partir sin decírselo.

Pero entonces, su visión se oscureció.


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Laurens despertó en una carpa, los rayos del sol apenas penetraban la tela de la carpa, dando paso a una breve iluminación en el lugar.

El rubio se sentó en su lugar, solo para sentir una corta y fuerte punzada cerca de su abdomen provocando que bajase la mirada hacia este, notando como este estaba vendado y con algunas ya secas manchas de sangre encima. John no lo entendía, ¿No debería haber muerto? ¿Cuanto tiempo pasó? Y lo más importante ¿Donde estaba?. En esos momentos de pensar notó como la figura de su general se asomaba en la entrada de la carpa. Washington sonrió al verlo despierto y se le acercó.

-Hijo, que alegría verte despierto- Dijo cruzando ambos brazos detrás de su espalda, Laurens arqueó una ceja.

-Uh,me alegra estarlo, señor. Pero...¿Que fue lo que pasó?- Preguntó poniendo una mano en su abdomen ante la incomodidad y dolor que le provocaba estar en aquella posición, por lo que decidió volver a recostarse. Washington contestó.

-Estuviste a punto de morir en Carolina del Sur, Laurens- Respondió -Para cuando estuviste allá, todo ya había terminado, pero al parecer no pudimos informarlo a tiempo y fue cuando te dispararon- Señaló su abdomen al decir aquello -Nuestra lucha terminó, Laurens, ganamos- Finalizó aún sonriente ante la mirada perpleja del rubio, a quien después se encargó de entregar algunas cartas
-Mientras peleabas y te recuperabas llegó esto, te dejo para que lo revises y reposes, nos vemos hijo- Y con eso dicho Washington salió de la carpa, dejando a Laurens solo nuevamente.

John tomó las cartas y comenzó a abrirlas y leerlas, notando al final de cada una que eran de Alexander. Estas eran acerca de bromas sobre casarse y otras hablaban sobre que lo extrañaba y deseaba verlo pronto, esto solo hacía que el corazón del rubio diera un vuelco y su pulso se acelerase de tan solo pensar volver a verlo. Aquella sensación se intensificó al leer la última parte de la penúltima carta.

"Siempre tuyo...
A. Ham."

Laurens se levantó de golpe importándole poco que aún no sanaba por completo de su herida y esta dolía. Al demonio con su herida, al demonio su "enfermedad", al demonio con morir. Debía partir inmediatamente y buscar a Alexander...no, su Alexander.

No miró bien al momento de levantarse y su mano golpeó con la mesita al lado de donde reposaba, provocando que soltara un quejido y mirase molesto a la mesita, como si con eso el dolor de su mano despareciera mágicamente pero en ese momento un sobre calló al suelo, al parecer este estaba sobre la mesa y el repentino impacto la había hecho caer. Laurens tomó el sobre y lo inspeccionó, notando que se trataba de otra carta dirigida hacia el por lo que la abrió y comenzó a leerla.

"John Laurens, está usted cordialmente invitado a la unión matrimonial de Elizabeth Schuyler y-

Su corazón dejó de latir y el aire se le escapó.

No. No era posible.

...Alexander Hamilton"

Todos los momentos junto a Alexander pasaron frente a sus ojos como si de una película se tratase, el momento en que lo conoció y la primera vez que lo tuvo debajo suyo en aquellos actos pasionales. Y en esas palabras que el caribeño le había dicho.

"Te amo, Jack...''

John rió con amargura y arrugo el papel en su mano mientras pequeñas lágrimas comenzaban a salir de sus ojos.

Nunca lo amó después de todo.

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Ni siquiera yo sé que es lo que escribí.

-UnaPinkyFanAzBv.

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