Capítulo 10
¿James?
— ¡Llama a una maldita ambulancia! —gritó Bob desesperado a Lindsey, quien acababa de entrar.
Ella salió corriendo mientras los dos amigos del tatuado tomaban una manta y lo cubrían, para después cargarlo y salir, esperando la estúpida ambulancia.
Cuando se desplomó en el suelo, su cabeza golpeó con tanto impacto que le provocó una herida en la cabeza...
Jamia intentó acercarse, con una mueca de miedo y lágrimas acompañándola; pero Matt la empujó.
— ¡Vete a la mierda! ¡Todo es tu culpa, maldita zorra!
Ya no quedaba nadie ahí, excepto ellos. Todos habían huido, como los cobardes que eran.
¿Y la ambulancia? Nadie sabía.
James apareció a lado de Bob, mirando a Frank. Los tres yacían afuera de la propiedad, sollozando...
— ¿¡Dónde está la ambulancia?! —gritó Matt al aire.
— ¡No hay tiempo ya! —respondió James—, ¡Ese es mi hermano! ¡Él nos llevará! —exclamó, señalando las luces de un vehículo que se aproximaba.
Una camioneta negra blindada daba la vuelta en la esquina más próxima; los faros del vehículo eran lo único que se lograba distinguir, acercándose cada vez más.
Ésta se estacionó, abriéndose la puerta trasera. Bob entró primero, acomodando a Frank en los asientos, para después acomodarse Matt, James y él. La camioneta arrancó a una gran velocidad. Era similar a una limusina: algo larga, dividiendo el asiento del piloto y copiloto del resto, dejando sólo una diminuta ventana para dividirse, lo que impedía que ellos supieran quién conducía.
Acompañándolos se encontraba un hombre con traje. Y James, al ver la confusión en los otros dos, les explicó:
— Trabaja con mi hermano.
Ellos asintieron, mirando la camioneta otra vez.
— Deberían avisarle a la madre de Frank... —propuso James.
— ¡Cierto! —agregó Matt—, ¿tú tienes su número, Bob?
El mencionado asintió, buscando su teléfono. Marcó el número y lo apegó a su oído, esperando.
— ¿Bueno? Sí, soy Bob. Llamaba para decirle que Frank sufrió un... Accidente, sí, y eh... Vamos para el hospital. Sí, del centro... Bien... Allá nos vemos. No, no, tranquila... Todo está bien.
Cuando finalizó la llamada, Matt lo miró incrédulo, frunciendo el ceño.
— Un "accidente"... —murmuró haciendo las comillas con sus dedos—, ¿en serio, Bob? ¿Llamas eso un accidente?
— ¿Qué? —reprendió el rubio—, ¿querías que le dijera que Frank pagaría una apuesta pero Jamia cambió las cosas e hizo que prácticamente media fiesta abusara de él? —respondió y sin esperar algo más, continuó—. No, gracias, yo no haré eso.
Voltearon otra vez hacia el tatuado. La sangre ya no salía en demasía de su cabeza, los moretones y sangre seca seguía ahí; pero al menos ahora sabían que no moriría desangrado. Aún no despertaba, su respiración era casi tan calmada como cuando alguien duerme... Pero él no dormía solamente.
Una vez llegaron al hospital, los tres adolescente bajaron de la camioneta, sin esperar a los demás pasajeros.
Un doctor cerca de la entrada de la clínica se acercó, llamó a los camilleros y se llevaron a Frank. Matt y Bob se quedaron ahí, mientras James salía en busca de su hermano.
Luego de una rápida llamada, volvió hacia adentro.
— Vamos a sentarnos. —Musitó James.
Se dirigieron hacia la sala de espera, quedándose ahí en silencio durante varios minutos...
— ¿Mikey?
Se escuchó no tan lejos. Los tres alzaron la mirada, encontrándose con cierto pelirrojo acercándose. Dos miradas de confusión, una mirada de temor...
— ¿Gerard? —Matt y Bob dijeron al unísono—. ¿James?
— ¿Qué hacen aquí? —preguntó el actor. Esos eran los amigos de Frank... — ¿¡Y Frank?! —Exclamó.
— Él está allí dentro... —susurró Matt.
El pelirrojo no respondió nada. Tenía dudas, muchas dudas. Simplemente se acercó más a su hermano, y se desplomó a su lado. ¿Qué demonios pasó con Frank?
¿Por qué estaba ahí? ¿Mikey y Frank se conocían? ¿Por qué le decían James a Mikey? ¿Qué era todo eso?
Comenzó a sollozar... No sabía qué más hacer.
— ¿Dónde está mi bebé? —unos tacones resonando se oían—, Frank, Frankie... ¿Dónde está?
— Allá adentro, señora. —dijo Bob.
— ¿Qué le pasó? —preguntó en medio de lágrimas—, y quiero saber la verdad —sentenció cuando vio la mueca en el rubio.
— Pues... —miró para todos lados viendo que incluso el actor había puesto toda su atención en su persona. Suspiró, soltando todo—, abusaron de él.
Las lágrimas en la señora Iero no se hicieron esperar. Cubriendo su rostro con ambas manos intentaba controlarse. ¿Pero cómo era eso posible?
No es sencillo hacerlo cuando sabes que a tu hijo lo violaron, que lo lastimaron sin piedad, sin razón alguna lo dañaron. ¿Cómo se supone que debes estar después de eso?
— Jamia hizo que abusaran de él. Lo golpearon, entraron a una habitación y luego hombres y mujeres abusaron de él... —murmuraba con odio, haciendo puño sus manos y aplicando más y más fuerza—, él gritaba, sollozaba... Y nosotros... nosotros no podíamos ayudarlo...
Lágrimas de odio, rabia y desesperación salían de él. Si tan sólo hubiera podido ayudarlo.
Las drogas en su sistema se lo habían impedido. Debió saber que esas estúpidas drogas desmayarían a todos, que los dejarían inconscientes durante tal atrocidad...
Gruñía con odio, odiándose a sí mismo una y otra vez. Frank lo necesitó, debió ayudarlo... ¿Dónde estaba él? ¿Dónde estabas, Bob?
— Hey... No es tu culpa...
Ni siquiera se dio cuenta cuando James se puso frente a él, ¿o debería decirle Mikey?
No tuvo oportunidad de reaccionar cuando ya tenía al menor rodeándolo fuerte, en un necesitado abrazo.
Se había puesto a cuidar a ese pequeño hombresito que le gustaba y olvidó a su amigo... Vaya mierda.
Matt se acercó al actor, sentándose a su lado izquierdo, pues en el derecho se encontraba la mamá de Frank.
— ¿Por qué no lo ayudaron, Matt? —sollozaba.
— Lo intentamos... Pero nos dieron drogas que... No sé, simplemente quedamos inconscientes por quién sabe cuánto tiempo...
Gerard no respondió, no sabía qué decir.
Lo único que quería era ver a Frank, decirle que lo quiere, admirarlo como el hermoso monumento que es...
¿Cómo podían abusar de él? Era la persona más adorable que existía...
— ¿Familiares de Frank Iero? —la voz mecánica de una enferma los hizo reaccionar—, él está estable, pueden pasar a verlo. Especialmente si aquí está un tal Gerard, recomendaría que pase primero... No deja de repetir el nombre desde que despertó.
Y sin notarlo... Una sonrisa se formaba en su rostro...
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