A tu lado

Las tibias sábanas se enredan en mis piernas y el colchón se hunde bajo mi peso. No quiero abrir los ojos, peo el viento frío que se cola por la ventana inundando la habitación me hace despertar. Restriego mis ojos con el dorso de la mano, bostezando y dándome vuelta en la cama, cambiando mi posición a estar con el estómago pegado al lecho. Una brisa congelada me pasa por la espalda y mi piel se eriza y ahí recién me doy cuenta que lo único que me viste es la fina frazada. Me enderezo rápidamente, pasándome una mano por el cabello. Volteo y una media sonrisa tira de mis labios.

La silueta de Michael está moldeada a mi lado. La almohada aplastada. Nuestra ropa esparcida por el pis de la habitación, todavía con esa esencia de deseo y pasión volando por la atmósfera. Los recuerdos de la noche anterior se recrean en mi mente, tinéndome las mejillas de un rojo intenso. Rehago sus caricias, sintiendo como sus dedos trazan líneas imaginarias en cada parte de mí, tatuando su perfume y su presencia en mi anatomía...

Los ligeros pasos en la escalera me hacen reaccionar. Oculto una sonrisa traviesa y golpeo mi cuerpo contra la cama otra vez. Mi respiración está regulándose poco a poco cuando siento que la puerta se abre de par en par, y a continuación se cierra suavemente.

El Dolce & Gabbana penetra mis fosas nasales. Oigo como suelta una risita y se sienta en la cama. Su mano roza mi cadera desnuda, delinea el hueso de este y empieza a subir, contorneando la curva de mi cintura. Ruego para mis adentros que el sonido de mi corazón no se escuche demasiado fuerte, ya que es como si estuviera intentando salir de mi pecho. Su aliento choca contra mi oído, presionando sus labios en mi frente.

-Cariño, se que estás despierta.- me susurra al oído.

Una sonrisa pasa por mi boca y me volteo para tenerlo frente a frente. Aspiro el olor a jabón mezclado con el perfume que desprende de su remera sin mangas.

-Ve a darte una ducha- dice en un tono suave que me provoca escalofríos. -Por cierto, ¿te sientes bien?

Oh. Sé que a lo que se refiere. El rojo se adapta a mis mejillas y bajo la cabeza, levantando las cejas. Me paso una mno por el pelo y rozo mi nariz con la de él.

-Mejor que nunca.- le respondo.

Michael estampa un beso corto en mi boca y se levanta de la cama. Me guiña el ojo y sale, dejándome sola en la habitación para que me duche. Entro al baño y me topo con mi reflejo descubierto en el espejo. Me siento extremadamente diferente. Destellos bailan en mis pupilas, con el cabello desordenado, hasta me noto la piel más brillante. Me doy vuelta. Y por primera vez al verme al espejo, me sonrío. Dios, me siento bien. Nueva. Con ese pensamiento rodando por mi cabeza, me lavo el cabello, pasando el jabón por todas las partes que Michael tocó anoche, y aunque más frotara mi piel e hiciera un montón de espuma, el extracto de Michael seguía ahí.

El cabello me queda con un olor a frutas y mi figura bañada en un aceite natural de miel. Los bóxers de Michael me quedan algo sueltos, pero no tengo ropa interior limpia. De todas formas igual me coloco el mismo pantalón y sujetador. Saco calcetines y escondo mis pies en las zapatillas. Me visto con una remera de Mike que me tapa los muslos y me abrigo con mi chaqueta.

-¿Valen, puedo pasar?- pregunta al otro lado de la puerta.

-Sí.

El olor a tostadas, cereal con leche, té verde y galletas de chocolate hace que mi estómago reclame, haciéndome sonar las tripas. Celebro para mis adentros y cojo una galleta, devorándola al instante. Mike se ríe.

-Te ves hermosa.

El corazón se me encoje y me abalanzo a sus brazos. Mis pies se elevan en puntitas para poder alcanzar su estatura. Sus manos me rodean la cintura y me apegan más a él. Miro sus ojos dorados, los lunares dibujados en su piel, el cabello tirado hacia arriba. Me veo a mí misma en sus pupilas, mientras escucho como mi sangre empieza a correr más rápido por mis venas.

-Te...

Michale me interrumpe uniendo su boca con la mía, fundiéndonos en un apasionado beso. Es lento, y se pega más a mí para que nuestras narices se choquen. Arrastra su nariz por mi mejilla, mi mentón y mi cuello, enviando hormigueos por todo mi cuerpo.

-Hueles delicioso, Valu.- susurra contra mi oreja.

Que me diga esas cosas hace que mis piernas flaqueen. Tejo mis dedos en la porción de su pelo creciente en la nuca, tocando el inicio de su columna vertebral. Lentamente, mis manos se meten en el interior de su remera, palpando sus marcados omóplatos, rozando con mis pulgares cada tonificado músculo.

-¿Estás feliz?

Esa pregunta me hace levantar la cabeza. Me hundo en sus ojos, con las pupilas grandísimas y dilatadas, con ese brillo de ansiedad bañándose en su dorado iris. Inhalo con profundidad y me suelto, botando esa presión psicológica que me pesa en los hombros.

-A tu lado, sí.





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No hay mucha descripción, pq tengo que salir en un rato y tengo que dejarles los caps publicados, asi que tengo que escribir altoque!!


Las leo, trato de responder y amo.

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