Falan
Maxwell descansaba en uno de los muchos callejones del área más productiva de Saint Andrews reposando su cuerpo en la pared imponente y poderosa de uno de los edificios, Oso Polar había visto a un pequeño de rasgos hindúes tirado cerca de las vías por lo que lo había dejado explorar el lugar un poco y ladrarle cuando viera algo, la verdad sabía por experiencia lo eternas e imposibles que eran las callejuelas de la ciudad y el buen sentido de orientación del perro.
Por fin el imponente malamute de Alaska llegó a por él jalando con diversión inocente al tembloroso y tímido niño que veía todo con pavor, o eso hasta que lo vio a él sosteniendo en manos a una paloma de alas idénticas a las suyas.
- ¡W-wow! U-un án-gel -todavía se hallaba aturdido, sus brazos eran realmente delgados pero se veía que era de alimentación estable y nutritiva, seguramente sus padres lo amaron mucho... lo amaban mucho.
Dio un pequeño paso hacia adelante y le extendió una de sus alas, seguramente tocarlas lo calmaría. El pequeño al principio se negó avergonzado pero finalmente sintió una de sus suaves y esponjosas plumas y no dudó antes de lanzarse sobre ellas.
- Pequeño, sé que estás muy confundido en este momento pero no tengas miedo, yo soy un ángel enviado directo desde arriba para asegurarme de que vayas a tu juzgado en una pieza ¿estás bien ahí? -lo cargó con su ala con mucha dificultad hacia su hombro con una expresión de dolor mezclada con un intento de sonrisa y el moreno de cabellos casi imperceptibles asintió encorvado acomodándose un poco más alrededor de su cabeza-. Entonces aquí vamos
Él y su familia nunca fueron de ir a misa cada domingo o rezar a los santos, más sin embargo, tampoco eran ateos, o al menos eso le dijo Falan. Sus padres por mucho tiempo investigaron muchas religiones buscando a cual acentuarse pero al darse cuenta de las muchas similitudes que había con cada una en cuestión de fechas y sucesos llegaron a la conclusión de que todas contaban la misma historia cada una a su modo y decidieron simplemente centrarse en ser buenas personas en todo momento y ayudar al prójimo. Una reflexión muy bonita a decir verdad.
Llegaron al fin hacia el perfecto cielo nuboso y el ángel se inclinó con cuidado para que Falan bajara sin dificultad, y el pequeño vio su alrededor maravillado.
- ¡Vaya, parece como el Olimpo! -gritó emocionado.
- Jaja, no me lo había pensado -murmuró el pelirrojo concordando mientras observaba la edificación ante sus ojos. Si, era como un Olimpo de nubes.
- Aunque también luce como un templo budista... -murmuró analíticamente.
- No sé como luce un templo budista -confesó Maxwell encogiéndose de hombros, no sabía si era muy buena idea hablar de eso ahí.
- Sin embargo creo yo es más acertado deducir es una especie de Iglesia o edificio cristiano promedio ¿verdad? -preguntó el moreno con una sonrisa muy adorable, rayos, quería pellizcarle sus mejillas sonrosadas, sin dudas era un chiquillo listo, igual que Benjamin... Mierda, ahora se sentía culpable.
Y además, ahora que lo pensaba, respecto a las religiones... Dios no había hecho acto de presencia en ningún momento ¿qué le aseguraba que se trataba de Jesucristo y no de Buda? ¿o de algún dios del Olimpo? ¿o incluso una deidad maya? Los ángeles sin duda eran del cristianismo pero, como había mencionado Falan, perfectamente podía tratarse de cualquier otra creación de religiones externas o... Vaya, no creía que sus pensamientos podrían sonar tan ateos, quizás era mejor que cambiara de tema, aunque era humano, era normal dudar.
Oh, cierto, ya no era humano.
Volvió en sí muy tarde pues el pequeño hindú ya se había ido sin oportunidad de despedirlo y con más preguntas que respuestas, ¿debía preguntarle a Otto? Tal vez no, ya lo había molestado lo suficiente por hoy, el pobre hombre ya debía estar harto de él.
- Ah, Maxwell, hasta que se me hace y nos traes un nuevo niño, muy comunicativo por cierto -exclamó el rey de Roma a sus espaldas. Bueno, aparentemente se le haría.
- Ah, Otto, sí, mi perro lo halló por unas callejuelas poco transitadas y lo logramos tranquilizar justo a tiempo, no vio nada, o eso espero -dijo el pelirrojo sobando su propia nuca-. De hecho, quería preguntarte algo, es un poco tonto, ya sé pero ¿Dios es como lo pinta La Biblia? -el afroamericano hizo una mueca algo confundido-. ¡E-es decir! No es mi intención ofender con mis suposiciones tontas pero ¿si lo es? Yo nunca fui muy creyente, creo, pero supongo que es un ser muy poderoso y, generoso y, cualquier otra cualidad que lo ponga en donde está.
- Oh Max, pero si tu deberías saber mejor que nadie que nada es como lo pintan, todo sufre deformaciones cada una más fuerte que la anterior dependiendo de la cultura, y su palabra ha pasado por billones de bocas ¿en serio supones que la versión final de todo ello es perfecta como Nuestro Señor? Nada es exacto en este mundo, ni en ninguno otro -dijo el hombre con expresión comprensiva, y vaya que su respuesta fue muy... satisfactoria.
- ¿Entonces Dios no es h-
- Espero haber respondido tu pregunta -y el pequeño hombre se retiró casi dando saltitos graciosos cual mariposa de nube en nube, mierda, al parecer la homofobia del Creador Definitivo continuaría siendo un misterio.
Genial, eso le daba adrenalina.
...
Un sueño, genial, hacía meses que no soñaba algo.
Ni dormía.
Ni comía.
Estaba muerto.
Pero en fin, estaba soñando.
Era él, con barba y ropa limpia y abrigadora, flotando a la deriva sobre un tempano de hielo. ¡Estupendo, ni en sus sueños paraba de tener frío! Examinó su propio cuerpo, sus dedos eran grandes y regordetes, sus uñas realmente cortas, era gordo, su piel de un chocolate muy oscuro, chaparro (aunque tampoco tanto como Otto), su ropa de esquimal y su barba negra y grasosa con largas y tristes canas ¿en serio era él realmente? Se levantó del tempano tambaleante, había una aldea sobre el hielo a la distancia, o eso creía, entre la neblina solo podían verse muchísimas luces amarillas, grandes y pequeñas, como farolas, pero sonaba mas bello estrellas.
Vio a su alrededor, había mas témpanos a la distancia, posiblemente con gente en ellos, pero una vez más era imposible saberlo.
Era inútil gritar, era inútil pedir ayuda, era inútil luchar por ver tierra, todos ahí lo sabían, porque la vida seguiría circulando, el tiempo seguiría corriendo, y La Tierra girando. Pronto los pocos seres que los extrañaran y tampoco podían hacer nada por ellos los olvidarían.
Igual que él.
___
Nunca anoto mensajes en el fondo y si lo hago esta vez es porque la homofobia es algo serio y debe ser tratado de esa forma, y quiero aclarar con cursivas y negritas que el comentario de Maxwell no planea ofender a nadie ya sea cristiano, homosexual, budista, helenista o musulmán ni mucho menos, para nada, es solo un chiste, y no he recibido ninguna queja de ello porque, nadie me lee, pero esto es por si acaso. Todo este capítulo en sí podría ofender pero simplemente fue escrito en base a todas esas dudas que cualquiera se planteó alguna vez en lo que respecta a su lugar en el mundo y como somos minúsculas y miserables partículas de mierda comparadas con el espacio infinito e incierto del cual jamás sabremos con exactitud porque nuestro tiempo en este mundo es tan escaso como el tiempo que seremos recordados y alv él no te ama...
De hecho la canción que deje en el capítulo anterior habla de ello, por si quieren oírla, amo con mi alma a su autor y todas sus otras obras. Bye.
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