Capítulo 3.
Personajes utilizados en esta historia no me pertenecen, los créditos son para sus respectivos creadores.
Él permanecía tranquilo, era un día soleado y brillante, las cigarras cantaban en el bosque cercano y el calor dejaba escurrir algunas gotas de sudor sobre su cara.
—Vaya, después de esto iré a preparar algo de comer. —se propuso con un tono alegre mientras continuaba apilando madera y retiró parte de a humedad de su rostro. —Aún tengo que ir al puerto por otro cargamento... —Murmuró después y sin querer, recordó lo que hace un día había ocurrido, recordó a esa persona . —Realmente era muy fuerte... —Balbuceó bastante intrigado aún por ella, quién sabe de dónde venía y por qué era de esa forma, tan ruda sea el estado en el que se encuentre, pero a su vez dejando notar una vaga expresión de tristeza.
Esos habían sudo sus pasamientos por los últimos días, era de pronto como si su mente se perdiese en ese rostro y en todo de ella que ha podido ver, no ha visto algo similar en toda su vida y negar que le intrigaba sería mentir, pero tal vez no necesitaba indagar demasiado ni darle más vueltas al asunto porque posiblemente el destino no tenía planeado dejarle en esta situación, pero probablemente tampoco librarle de ella, se dio una idea cuando escuchó una vez más esa voz allanar sus oídos.
—¡Oye! —Alguien de repente llamó y sacó de su trance al Joven, tal fue la sorpresa que los oscuros ojos del hombre se abrieron de par en par cuando encontró su figura y reconoció los hilos rubios que descendían a los lados de tan fino y bello rostro, con esa verde prenda extensa que se mecía con la brisa veraniega y entonces ese nombre nació una vez más.
—¿Tsunade? —murmuró y ella se acercó con un tono poco amigable, con pasos rígidos y su rostro que tampoco inspiraba confianza, y con ese carácter rudo que no deja de reflejarse en su rostro.
Todo aquello no hizo más que aumentar la sorpresa que había cautivado al joven hombre, pues era como si el destino actuase y ella estaba aquí una vez más.
—Es bueno volverle a ver. —él habló soltando un gesto cálido y amable. —¿Qué le trae por aquí? —decidió preguntar en un intento de borrar las dudas que mantenía respecto a la llegada de la mujer.
Ella no evitó mirar ligeramente al hombre, pues el torso descubierto del chico por un momento arrebató su atención, una imagen que dejaba ver un esculpido cuerpo, tallado posiblemente por horas y horas de entrenamiento.
—Perdón por aparecer así de repente —Ella respondió inclinándose amablemente y respetuosa. —Me han hablado de la ayuda que le proporcionaste a mi asistente hace una noche, lamento las molestias. —Inesperadamente parecía haberse enterado de lo que ocurrió, tal vez la dama que cargaba con el cerdo debió relatarle un poco y ya con solo saber su aspecto debió saber de quién se trataba.
—¡Oh eso! —dijo despreocupadamente y riendo. —No fue nada, aunque tienen suerte de que estuviera cerca. —Continuó explicando y aceptando el agradecimiento de la bella mujer, pero aún con eso parecía que las cosas no terminarían aquí.
—Aún tengo que preguntarte algo —Afirmó Tsunade y buscó entre su ropa algo más dejando al chico con una intriga evidente en su confuso rostro. —¿Dónde conseguiste esto? —preguntó después directamente, extendiendo un objeto bastante conocido, pues se trataba de ni más ni menos que la crema que hace poco le había regalado a Shizune.
—¿Te refieres a la crema medicinal? Pues lo hice yo —respondió nervioso por esa actitud. —¿Hay algún problema?. —Dijo después señalando al recipiente.
—No, no lo habría. —replicó la dama de la cabellera rubia. —Pero las orquídeas de fuego son muy escasas en estos tiempos —continuó respondiendo a las dudas del chico, cruzándose de brazos y señalando intimidantemente con su mirada. —Así que o de verdad tienes esas flores o simplemente eres un estafador, ¡Contesta!. —demandó mirándole sospechosamente tanto que el joven se vio obligado a retroceder por la presión que ella causó en él y eso fue un indicio de su mentira.
—No es lo que usted piensa! —Afirmó negando con sus manos.
—¡¿Entonces me dirás que no estafas a los pueblos pequeños con medicina falsa?! —continuó interrogando mientras avanzaba hacia el pelinegro.
—Por supuesto que no. —Contestó él con un poco de disgusto. —No he salido nunca de este pueblo y no estafo a la gente, ¡no soy un delincuente! —Explicó aún con ese tono. —Lo hice con orquídeas de verdad, mi abuelo me lo enseñó —continuó explicando y Tsunade simplemente arqueó una ceja ante esas declaraciones, a este punto, todo lo que le rodeaba parecía ser un completo misterio y seguramente había algo más que merecía la pena indagar.
—Entonces supongo que sabrás donde encontrar esas flores ¿verdad? —Continuó interrogando sus declaraciones tan solo con esa penetrante mirada que intimidaría a cualquiera.
—Bueno, podría decirse que sí, pero es complicado... —Intentó explicar.
—¿A qué te refieres con eso? —indagó ella no comprendiendo bien a lo que quería se referirse, pero él no parecía guardarse algo.
—Puedo enseñarle la ubicación si me promete que no se lo dirá a alguien más. —propuso él con un tono bastante más serio del que había mostrado, iba en serio y eso estaba claro solo bastó de un asentimiento y él le mostraría lo que quería.
Caminaron por un pequeño sendero que rodeaba las montañas, el calor del día, el silencio entre ambos y el ruido de la naturaleza era lo único que percibían y ella simplemente se limitó a seguirle, hasta que más allá encontraron una enorme fisura entre la roca de las colinas.
—Mi abuelo solía traerme aquí cuando era un niño —él relató cuando continuaron por el oscuro sitio. —Hay hongos comestibles y muchas plantas, el té a base de sus hojas es muy rico —explicó con algo de emoción mientras recogía las mismas sobre su canasto. Si se le miraba a la perspectiva de Shizune y sus relatos, este no parecería un tipo al cual una organización criminal teme, más parecía un campesino en su totalidad y no negaba que su gentileza y su forma de ser inspiraban algo de tranquilidad, era extraño.
Continuaron avanzando y durante todo el trayecto ella se mantuvo silenciosa, limitándose a ver al joven hombre y escucharle, y más adelante llegaron al final del trayecto, donde las paredes rocosas encerraban el camino y sobre ellos la luz penetraba sobre una grieta más derramándose sobre un pequeño claro.
—El abuelo decía que las orquídeas de fuego tienen su nombre porque solo pueden encontrarse en este país —La voz del pelinegro explicó mientras se acercó a una de las enormes rocas y observó los tallos que la cubrían, y de ellos pequeños brotes destellaban de un color blanco que en su mayoría eran cubiertos por un capullo. —Es la única planta que existe y sus flores solo pueden cosecharse una vez por año. — De repente, los ojos de Tsunade brillaron cuando detallaron los pétalos asomarse por entre las verdes hojas, en ese momento supo que toda palabra dicha por él era verdad.
—Un día antes del equinoccio de otoño... —Complementó a los relatos del chico y no evitó cautivarle a él también. —Sus propiedades medicinales son bastante buenas si se complementan con jutsus médicos. —Informó y suspiró luego mirando aburridamente al joven que le señalaba con esos oscuros y profundos ojos. —Sí que debes ser un idiota para regalar algo tan valioso a un desconocido —Increpó ella a las acciones poco razonables de ese hombre que simplemente rascó su cabellera mientras reía nerviosamente.
Descendieron de la montaña, el sol comenzaba a descender en el oeste, la calma y el silencio perduraron todo el recorrido hasta que al fin llegaron al punto de partida, todo había sido menos complicado de lo que se podría esperar y no parecía haber algo sospechoso, más bien recibió más de lo que se esperó, porque no todos los días se podría ver una flor bella que en estos tiempos es casi inexistente.
—Disculpe. —Ahora fue la voz del chico que le sacó de sus pensamientos. —Perdón si soy algo entrometido, ¿pero qué es lo que querría un viajera en un pueblo como este? —antes de que pudiera decir algo, él lanzó esa pregunta.
—SI hablas de mí, nada en realidad, solo busco ganar dinero. —contestó poco animada. —Pero tienes razón, no hay mucho que pueda hacer aquí. —Declaró ella levantando sus hombros.
—¿Quiere decir que pronto se irá? —cuestionó ante las palabras de la mujer que no respondió, tal vez porque simplemente no debería dar un dato a alguien después de todo continúa siendo un extraño.
—Bueno, supongo que ha sido todo —ignorándole exclamó la mujer. —Ya he ofrecido mi gratitud hacia ti por ayudar a Shizune, me marcho —declaró y sus pasos avanzaron hacia el camino que dirigía al pueblo, él se quedó estático observando a esa dama marcharse con esa postura rígida y segura, le recordó de la misma forma en que le vio alejarse bajo la gris precipitación de aquella mañana, pensó que si era la última vez que la vería, al menos estaría bien recordarlo de mejor manera.
—¡Espere! —Llamó él con fuerte Voz y ella se detuvo.—¿Le gustaría tomar algo de té? —Pudo sentirse un poco de timidez en esas palabras y tal vez ese sentimiento fue un poco correspondido y ella se volvió una vez más, señalándole con duda aún, pero al final dejó escapar una pequeña sonrisa.
Las aves graznaban en las copas de los árboles que teñidos por una luz naranja resaltaban la llegada del atardecer, la brisa en aquella montaña era fresca y el paisaje frente a sus ojos resultaba mucho más bello que la última vez que lo miró desde el patio de la pequeña residencia, con esa tranquilidad que inspiraba calma a su corazón al estar alejado de las calamidades que el mundo ninja otorga y del cual ha estado buscando alejarse gran parte de sus últimos años.
La figura del hombre se posó a un lado suyo y sobre la madera del pequeño balcón tomó asiento junto a la mujer que había invitado, no dijo nada y dejó que esa paz recorriese, porque hace mucho que en esa casa no ha habido alguien más a parte de él que contemple el atardecer, y así continuaron mientras el agua esperaba hervir en la cocina.
—Eres bastante fuerte, ¿por qué no te conviertes en un ninja? —Después de que el silencio se tornase un poco incómodo decidió cuestionar, teniendo presente las incógnitas sobre este misterioso chico. —No cualquiera podría vencer a tantos Ninjas —argumentó cuando el hombre no parecía respondería a su pregunta.
—Bueno, es bastante complicado. —dijo él. —Estamos en la frontera y en un pueblo pobre, no hay academias Ninja por aquí —terminó de explicar soltando una risita.
—¿Tampoco hay alguna en los pueblos aledaños? —ella continuó preguntando y él negó.
—Actualmente, el país solo se enfoca en Konoha, estos sitios son vandalizados, el comercio tampoco es muy bueno —continuó explicando y la rubia mujer comprendió lo que quería decir y luego el silencio volvió a Reinar.
—Dime muchacho, ¿Juegas al Póker? —repentinamente esa pregunta nació mientras ella llevó su mano al interior de su ropa y extrajo una baraja de cartas. —Es aburrido esperar. —comentó luego.
—No soy muy bueno. —Respondió él. —Todos esos números y las cartas son complicadas —excusó rascando su cabellera y la mujer simplemente gruñó con decepción. —Aunque, podemos jugar a algo más. —añadió inmediatamente llamando la atención de Tsunade y entró a la pequeña residencia con prisa, ella no evitó sentirse curiosa cuando el chico trajo un recipiente y lo puso en medio de la distancia que les separaba.
—A mi abuelo le gustaba jugar Chinchiro, es divertido —Dijo mientras extendió tres dados.
—Chinchiro ¿eh? —no evitando dibujar una sonrisa en su rostro cambió de actitud inmediatamente. —Es bastante popular por esta región, tienes razón, es divertido —Afirmó y cómodamente se puso frente al recipiente, no lo negaba, era bastante emocionante, como todo juego que requiere dados.—¿Quieres apostar algo? —Preguntó ella cuando arrojó los dados dentro del recipiente y él asintió.
—Aunque debería ser poco, además mi suerte en los juegos es bastante mala. —aún con su semblante risueño contestó y aquella idea de poder perder fue conocida para ella, porque ese mismo comentario podría aplicársele, usualmente su suerte es buena cuando algo malo va a ocurrir y últimamente todo parecía ser repetitivo.
Los dados chocaban en el cuenco, los resultados traían algo de angustia y alegría, al final no sabría decirse si ganaron o perdieron más de lo que tenían, no importó en ese entonces ni mucho menos en el transcurrir de esta historia, porque la primera apuesta que hicieron fácilmente podría ser olvidable como un recuerdo desechable, aunque no podría decirse lo mismo de las que estaban por venirse.
—Tu fuerza es destacable. —Después, cuando las apuestas cesaron y sus labios tocaban la cálida bebida continuó. —Con eso podrías ir a Konoha y enlistarte a un escuadrón, de esa forma dejarías este sitio — sugirió ella, teniendo en cuenta de la presión que logró generar y de las hazañas que Shizune le informó sería bastante llamativa esa idea, pero no para él.
—Sería difícil. Yo no poseo ninjutsu. —Confesó con un tono bajo, mirando su reflejo en el líquido caliente y llamó la atención de la mujer Rubia. —Las pruebas más fáciles de la academia son imposibles para mí, soy un cascarón vacío —explicó luego y tal declaración dio una respuesta que antes no fue respondida y comprendió por qué él habría de regalar algo tan valioso como la crema de orquídeas, porque posiblemente en sus manos solo sea un objeto que espera perecer sin ningún propósito.
—Qué ridiculez. —Le increpó la mujer. —He visto a shinobis que han destacado por no tener Ninjutsu. con esa habilidad no necesitas de eso. —Con tono fuerte afirmó lazando una mirada de molestia al chico que parecía aferrarse de una debilidad inexistente.
—La realidad, es un poco más complicada... —Musitó él mirando al frente. —Mi abuelo me dijo que ser un shinobi requería de una voluntad fuerte, no me siento capaz de cumplir con la voluntad de fuego que los ninjas de Konoha traen consigo —Explicó manteniendo una sonrisa presente, pero melancólica y luego giró a ver a Tsunade. —Usted seguramente es una ninja bastante hábil —con voz baja él dijo, sin separar su mirada de ella, el atardecer pintó de naranja la arboleda de los alrededores y dio directamente con el patio de la humilde morada, bañándoles con su cálida luz, y era como si la belleza de esa mujer no hiciese más que resaltar, su rostro por un instante se ocultó bajo ese rubio cabello y los ojos castaños le señalaron mínimamente buscando no responder a esa declaración.
—¿Cómo murió tu abuelo? —ella indagó mientras llevó la taza de té a su boca, intrigada por cómo a pesar de no ser un ninja estaba sumergido en el ambiente de los shinobis, en la melancolía y estragos que ellos acarrean.
—No estoy seguro, solo era un niño cuando ocurrió. Yo estaba aquí así que no lo sé, él solía tomar las misiones en este tipo de lugares y así estar cerca de mí, pero un día no regresó más.—Su sonrisa de pronto se apagó y con ese rostro triste acompañó una melancólica voz.
—Lo lamento... —Dijo ella al saber la razón detrás de los comentarios que antes ofreció.
—En ese entonces estaba a punto de terminar su servicio militar y luego viajaríamos, pero no se puede hacer mucho ahora, ese es el destino que le espera a los shinobis —continuó él. —Al abuelo solía gustarle jugar a las cartas y fumaba, creo que era bastante parecido a usted —comentó soltando una risita que fastidió un poco a la dama, pero ese gesto concluyó con un triste suspiro. —Sobre todo por esa tristeza que nunca desaparecía de su rostro.—ese comentario fue como una leve visión que él tenía de ella y dejo en evidente que podía notar todo aquello que intenta ocultar, estragos de amargos recuerdos que perduran incesantes en sus memorias.
Dejó la taza vacía en la madera del suelo e ignoró todo cuanto él especulaba sobre ella, pero tampoco demostrando mostrarse afectada por alguna vaga memoria, sus ojos no perdían su seriedad ni las facciones de su rostro cambiaban, realmente ella era extraña.
—¿Quiere jugar una vez más? —Pensando en que podría marcharse en cualquier momento empujó el recipiente y le invitó a apostar, y por primera vez en su vida el lo deseó también, quien sabe si le recordaba tiempos lejanos o de verdad lo había disfrutado, no importaba nada de eso.
—Está bien —fue la respuesta inmediata y el chico puso el dinero al frente, pero ella rechazó la acción. —Quiero una de las esculturas de tu abuelo. —aclaró y señaló allá en el interior donde muchas de esas figuras se encontraban. —Tú puedes pedir algo que creas tenga el mismo valor. —Explicó luego dejando un poco intrigado al chico, pues no quería perder ninguna de esas reliquias, pero... tal vez una de ellas, aunque inerte seguramente tendría mejor futuro que continuar empolvándose dentro de esas cuatro paredes.
—Puede tomar la que quiera. —Contestó con una voz un poco nerviosa.
—¿Qué pedirás entonces? —indagó ante la dificultad que él mostraba simplemente para decidirse, seguramente no tendría nada que guarde un valor igual, pero quería escucharle, porque el solo acceder dejaba ver que él quería algo de ella.
—Quiero que usted pelee contra mi — sin titubear respondió. Ella había evitado más de una vez responderle si era o no una kunoichi, pero lo que sí era seguro, es que era la persona más fuerte a la que se ha encontrado, lo sabía sin necesidad de haber sentido esa fuerza descargarse completamente sobre él.
—¿Podrías decirme por qué quieres que pelee contigo? —ante la inesperada declaración quiso salir de dudas, y como era de esperarse, no mostró sorpresa ni algún otro gesto.
—No puedo evitarlo, cuando veo a alguien fuerte quiero pelear con esa persona. —Con esa sonrisa aún presente respondió.
—Si de verdad esa es la razón; conviértete en un ninja, podrás hacerlo todos los días chico idiota —Comentó la mujer, pero aunque dijese algo no parecía se rehusaría, porque sus manos tomaron el trío de cubos que reposaban a un lado del cueco.
—¿De verdad sería así? —él preguntó feliz. —¿ellos serían realmente tan fuerte como usted? —indagó nuevamente y ella simplemente respondió con una sonrisa desafiante. Sin decir nada y sin separar sus ojos de ese chico lanzó los dados, para ella ganar o perder daba igual, pero para él ganar lo era todo.
Fin del capítulo 3.
Bueno shavos, aquí la tercera parte de esta extraña historia, si les ha gustado haganmelo saber con su voto y su comentario, planeo hacer lo menos largo posible y desarrollar los personajes lo mejor que pueda, así que nos vemos en el siguiente capítulo, Bye.
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