17 | explotar

XVII. EXPLODE

Desde que habían descubierto que Dobby trabajaba en las cocinas de Hogwarts, Allison había desistido en sus intentos de no pasarse por ahí. Había perdido el sentido el no hacerlo, de todas formas, porque podía pedirle la comida a Dobby, a quien sí que pagaban por trabajar.

El jueves por la tarde, Allison volvía de las cocinas después de haberse comido un trozo de pastel de chocolate mientras hablaba con Dobby. Le prometió que le haría un regalo por Navidad, pues Allison se acordó que tenía en casa un chaleco muy divertido que seguro le gustaría. Dobby se puso muy contento y le aseguró que la mañana de Navidad —que era el día siguiente— iría a su habitación para darle un regalo a ella también.

Al regresar a la Sala Común, Allison dio un rápido vistazo a su alrededor, localizando a George charlando en el medio de la sala con Fred y Lee. Los tres parecían diverse mucho, pues no paraban de reír ante las atentas miradas de muchos de los presentes. Allison, sin embargo, sintió un retorcijón en el estómago al ver a su novio.

Hacía ya cinco días que habían tenido aquella conversación que acabó de forma tan extraña, y no sabía cómo sentirse al respecto. George actuaba diferente, era más distante y, a pesar de que se encontraban en vacaciones, no estaba pasando tiempo con Allison. Ella estaba muy preocupada, pero cuando intentaba hablar con él parecía que le evitase. Así que le dejó en paz y esperó a que él se acercase y le aclarase lo que estaba pasando. Algo que claramente todavía no había sucedido.

Pero no sabía por qué George actuaba así. Desde luego, tenía que ser por aquella conversación, pero no sabía exactamente con qué. Tal vez no le había contado de la mejor manera que la habían invitado al baile, pero estaba emocionada y George no se enfadaría por esa tontería. Debía de ser otra cosa.

La mañana de Navidad amaneció con el susto de ver a Dobby en su habitación, a pesar de que él le había avisado. No se esperaba que la despertasen unos enormes ojos verdes tan próximos a ella.

—Dobby —saludó Allison, tratando de ralentizar su ritmo cardíaco—. Feliz Navidad.

—¡Dobby le desea a Allison Potter una feliz Navidad también, señorita! ¡Dobby tiene aquí su regalo!

Le tendió un pequeño paquete que ella abrió enseguida. Dentro había una corbata con herraduras, que Allison reconoció como la que llevaba puesta cuando le había visto en las cocinas.

—Dobby pensó que como Ron Weasley le regaló este jersey, ya no necesitaría la corbata. ¡Y por eso se la da a Allison Potter, señorita!

—Es muy bonita, Dobby —dijo Allison, sonriendo—. Muchas gracias. Toma el mío.

El elfo abrió con emoción el paquete, sacando un chaleco verde de él.

—Mira, pone «Elfo libre». ¡Se lo he grabado yo! Y, con el jersey, combina con los colores de Navidad —señaló ella, ya que eran rojo y verde.

—¡La señorita es muy generosa! Dobby sabía que tenía que serlo, la hermana de Harry Potter debía serlo. ¡Allison Potter es una gran persona, muy honrada!

Se puso con emoción el chaleco.

—Dobby debe marcharse al trabajo, hoy tiene mucho que hacer.

—Ten un buen día —se despidió Allison, antes de que él desapareciera por la puerta.

Se apresuró a despertar a sus tres compañeras, y cada una se puso a ver sus regalos. La señora Weasley le había mandado uno de sus famosos jerséis, que era rojo y tenía un pequeño dragón dorado. Seguramente habría escuchado sus numerosas charlas de aquel verano con Charlie sobre aquellas criaturas. Aunque le había dicho a Ron que su obsesión por ellos había menguado, era una completa mentira. Porque, en cuanto vio la miniatura del colacuerno húngaro que Harry le había regalado —era la del Torneo— se emocionó a sobremanera.

Se vistió con un suéter gris que Remus le había mandado y se ató la corbata que Dobby le había regalado, escondiéndola por dentro para al menos poder decir que la había usado.

Maddy le había mandado unos accesorios para el pelo, y estaba claro que se había escrito con Eliza para ponerse de acuerdo, porque la pequeña le había regalado una pulsera que conjuntaba a la perfección con un broche dorado. Que curiosamente también iban perfectos con sus zapatos y los detalles en ese color de su túnica de gala, que era turquesa en su mayor parte pero tenía bordados de color oro.

No podía esperar a que llegara la noche y poder usarlos. Con emoción abrió el siguiente regalo, el cual se trataba de un pequeño paquete con una nota que se cayó en cuanto lo abrió. Era una bufanda azul oscura, que tenía bordado «A. G.» en letra cursiva y pequeñita en una esquina.

Por ahora, la «G» significa George, pero si algún día te rompo el corazón puede pasar a ser Gwendolyn. Espero que no sea así, de todas formas, porque mi nombre es mucho más bonito.

Y sí, he sido yo quien lo ha bordado, pero nadie puede enterarse de eso. Es nuestro secreto.

Te quiere,

George

Allison sonrió de oreja a oreja. Eso era una buena señal, George le había hecho un regalo muy bonito y le había dicho que la quería en una nota. Hablaría con él antes del baile, arreglarían lo que fuera que le había sentado mal a George y lo pasarían genial.

Se puso la bufanda alrededor del cuello, aspirando el aroma. Olía como George, a fogaza y a jengibre. Su sonrisa no desapareció mientras bajaba a desayunar, pensando que todo iba a ir bien.

Harry, Ron y Hermione subieron pronto del desayuno, pero Allison se quedó un rato más, ya que quería pasar tiempo con Eliza. La pelinegra se había sentado con ellos en la mesa de Gryffindor, y le hablaba animadamente sobre todos los amigos nuevos que había hecho.

—Phoebe Ross es de mi curso, pero no está aquí porque no ha conseguido que nadie la invite al baile y ha vuelto a su casa. Así que, de las que quedan, Lisa Turpin es la que mejor me cae. Ella fue quien me presentó a Michael Corner y me ayudó a que me invitara al baile.

—Creo que no sé quién es Lisa —comentó Allison, volteando la espalda para observar bien la mesa de Ravenclaw.

—Es esa chica de pelo marrón oscuro, la que está hablando con Padma Patil. A ella sí la conoces, ¿no? Es la hermana gemela de tu compañera de cuarto. ¡Va a ir con Ron al baile! Qué cosas...

—Yo les emparejé —alardeó Allison.

Después de explicarle a Liz cómo había juntado a las gemelas Patil con Harry y Ron, ambas salieron al vestíbulo para dirigirse a sus respectivas Salas Comunes.

De camino a la de Gryffindor, Allison se encontró al profesor Moody, cojeando con su pata de palo. Iba a intentar evitarle a toda costa, fingiendo que no le había visto, pero él le habló.

—Bonita corbata, Potter.

La sangre se le congeló al escuchar aquellas tres palabras, y bajó su mirada. Pero confirmó sus temores al no ver la corbata que, por supuesto, estaba por debajo del suéter. La cual no habría podido ver de no haber sido por su ojo mágico.

Se empezó a agobiar y sintió una presión en el pecho muy parecida a aquella noche de los Mundiales de Quidditch, cuando los mortífagos sembraron el caos. Pero esta vez no se echó al suelo, aunque sí que notaba cómo respiraba con dificultad.

Aun así, no fue capaz de reaccionar. Era como estar viendo a su boggart de nuevo, Moody se había convertido en el hombre de la gabardina que la observaba por completo. Se sentía expuesta, sus brazos temblaban ligeramente y no se movía. Él sabía lo que le provocaba, lo sabía de sobras, y era repugnante. La sonrisa que le dedicó antes de marcharse lo era.

Allison tardó unos minutos en ser capaz de mover los pies, pues no dejaban de reproducirse horribles imágenes de Moody en un callejón y ella siendo pequeña, encontrándose con él. Pero esta vez, Remus no llegaba a tiempo.

Corrió por el pasillo cuando sus piernas fueron capaces de reaccionar. Todas las sensaciones que tenía eran tan parecidas a cuando vio conjurar la Marca Tenebrosa... No quería quedarse en medio del corredor y echarse a llorar, quería gritar y dejar de sentirse tan impotente, y quería que pasara ya.

El retrato de la Señora Gorda se abrió cuando Allison entró a la Sala Común, con las manos temblorosas y la cabeza dándole tumbos. No se sentía bien, parecía a punto de explotar en cualquier momento.

—¿Qué te pasa? —le preguntó Hermione cuando Allison llegó junto a sus tres amigos.

—Ese... maldito... ojo...

—Le das demasiada importancia a eso —opinó Ron, algo despistado mientras jugaba con Hermione al ajedrez mágico.

Iba a gritarle, totalmente indignada, que no tenía ni idea de lo que estaba diciendo. Y lo habría hecho de no ser porque Harry se le adelantó.

—Cállate. Si no sabes lo que pasa, no hables, Ron.

Eso no era lo que Allison necesitaba.

—No necesito que me protejas —dijo ella entre dientes.

La impotencia dentro de ella estaba creciendo por segundos.

—Solo te estaba defendiendo —protestó Harry, incrédulo ante su reacción.

—Pues no necesito que lo hagas. Puedo cuidarme yo sola, y puedo luchar yo sola, porque no soy una estúpida cría.

—Perdón por intentar defenderte porque sé la razón por la cual estás así —dijo Harry con ironía.

—Cierra la boca. ¡No tienes ni idea!

No iba por buen camino.

—Claro que lo sé, lo que no entiendo es por qué la tomas conmigo.

Allison dio un pisotón al suelo, y varios alumnos se giraron hacia ellos, atraídos por el jaleo.

—Porque no quiero tu estúpida ayuda, puedo valerme yo sola muy bien. Aunque pienses que estoy indefensa o algo —arremetió ella.

Le traía al cuerno todo en esos momentos, no le importaba que Harry hubiese querido ayudarla. Necesitaba descargar su ira y el hecho de que su hermano hubiera salido en su defensa sin que se lo pidiera solo lo hizo peor. En ese instante, a Allison no le importaba que casi todas las personas de la sala se hubiesen vuelto a observarles. George entre ellas.

—Yo no pienso eso —protestó Harry, también muy cabreado.

—Oye, calmaos un poco —intervino Ron, sin entender a qué venían todos los gritos.

—Tú no te metas —siseó Harry—, que también has hecho lo tuyo.

—¿Qué tengo que ver yo en vuestra tonta pelea?

La gente les dedicaba furtivas miradas, como si pensaran que no les estaban viendo hacerlo. La disimulación no era el fuerte de los alumnos de Hogwarts.

—¡Todo! Allison está estresada porque le cansa mucho ponerle los cuernos a tu hermano contigo, Ron.

La boca de Allison se abrió de la sorpresa y la indignación de que Harry hubiera soltado algo así. Ron se puso en pie, dispuesto a enfrentarse a Harry, y George no tardó en acercarse a ellos.

—¿Qué broma es esta, Harry?

—Que te lo cuente Allison, venga. Si tan dispuesta está a enfadarse con todo el mundo, al menos que se enfrente a lo que hace mal.

—¡Eres un cerdo! —le gritó Allison a Harry.

—¡Pues tú eres una p...!

Allison ya se había lanzado sobre él antes de que Harry hubiese podido terminar la frase. Pero George fue más rápido y la sujetó por la cintura, alejándola de Harry antes de que ella pudiese pegarle por lo que había estado a punto de decir.

—No me toques.

La aprensión en su voz había salido sin darse cuenta, pero lo que menos necesitaba en esos momentos era que alguien la agarrase como George lo había hecho. No había sido culpa de George, no sabía qué estaba pasando, pero Allison tenía muy recientes todas las imágenes.

Se alejó del barullo que acababa de montar, de toda la gente que se había aglomerado a su alrededor y de unos confundidos y probablemente enfadados Harry y George. Subió a su habitación y, en cuanto dio un fuerte portazo, se dio cuenta de lo que acababa de hacer.

¿Por qué se había comportado así?

No había estado bien pagarla con Harry cuando él había tratado de ayudarla. Pero ¡él acababa de gritar frente a todo Gryffindor que había engañado a George! Y eso no era verdad. Ni siquiera se acercaba a la verdad. Para colmo, había dejado a George con un palmo de narices, zafándose de él cuando quería saber qué ocurría.

Odió mucho a Moody en esos momentos porque si no se hubiese encontrado con él y se le hubiera ocurrido hacer aquel comentario, nada de eso habría pasado. Pero también se odiaba a ella misma porque no entendía qué le había pasado. Habría sido más fácil si se hubiera encogido sobre sí misma en medio del pasillo, en lugar de enfrentarse a todo aquel que levantaba la voz.

No recordaba haberse enfadado tanto con Harry, a pesar de haber tenido múltiples riñas con los años. Ni siquiera durante el mes de noviembre se habían llegado a gritar, simplemente dejaron de hablarse. Ahora Allison sabía la razón por la cual Harry había estado tan raro desde Halloween, por qué les miraba a Ron y a ella como si acabaran de cometer un crimen.

Y lo había seguido pensando después de que hicieran las paces con él, ¿por qué? Allison y Ron lo habían hecho mal con el tema del Cáliz de Fuego, lo había reconocido y sabía que había desconfiado de él. Harry estaba haciendo lo mismo.

Al final los dos habían explotado. El día de Navidad, a tan solo horas del baile.

* * *

Durante toda la comida, Allison estuvo con Hermione, Ginny y Eliza, quienes trataban de entender lo que había pasado y aconsejarle. Se encontraban en una esquina de la mesa de Gryffindor, lo más alejadas de Harry y de George posible.

—Discúlpate con Harry, ya te funcionó antes —recomendó Lizzy con algo de resentimiento en la voz.

—Pero él también me ha dicho cosas muy feas —se defendió Allison.

—Allison, si dejas que tu orgullo gane otra vez, vivirás peleada con él toda tu vida —intervino Hermione—. Lo habéis hecho mal los dos, pero si ninguno está dispuesto a dar su brazo a torcer, me temo que no vais a conseguir nada.

Allison soltó un gruñido y dejó caer su cabeza en sus manos, ocultando su rostro.

—Esto es muy frustrante, deberían ponerle filtros a las personas para que no soltaran las cosas sin pensar.

—La gente tiene filtros, la que no los tienes eres tú —dijo Ginny, apoyando una mano en su espalda a modo de consuelo.

—Pues no es nada justo. Ahora Harry me odiará por el resto de su vida, pero él también se ha pasado tres pueblos.

Hermione consultó la hora en su reloj.

—Cuando acabes de comer, ven al aula que está al lado de la biblioteca, Allison. Se me ha ocurrido algo.

Y salió del Gran Comedor sin añadir nada más, mientras Allison se preguntaba si alguna vez Hermione le contaría sus planes antes de desaparecer sin dar explicaciones.

Así que Allison se dio prisa por acabar de comer, y llegó pronto a aquel aula, que para su sorpresa se encontraba abierta. Aunque lo entendió al ver que dentro había dos personas.

—¡Estupendo! —exclamó Hermione, con una sonrisa, y dio una palmada al aire—. Los dos pensáis que ha sido vuestra culpa, así que arreglad las cosas, por favor. No puedo soportar que estéis otro mes enfadados.

Allison miró con recelo a su hermano, quien estaba de brazos cruzados y se veía cabreado. Hermione se despidió de ellos y cerró la puerta, confiando en que dejarían de lado sus diferencias.

Ambos se sostuvieron la mirada por varios segundos, como si se retaran por ver quién hablaría primero. Harry estaba sentado sobre una mesa, y se puso en pie con la intención de largarse de ahí. Pero no se fue, solo se quedó de pie frente a la puerta, con la mano en el picaporte.

—¿No vas a impedir que me vaya? —le preguntó a su hermana, sin darse la vuelta.

—¿No vas a disculparte por estar a punto de llamarme puta? ¿O por pensar que le he puesto los cuernos a George con Ron?

—Oh, vamos. Os oí.

—¿Oír el qué? —dijo Allison con exasperación.

—«Llevamos un mes haciéndolo juntos» —repitió Harry, imitando la voz de su hermana con un poco agradable tono agudo—. «¡Que no te oiga mi hermano decir eso!» —añadió, usando ahora una voz más grave, y al fin encaró a su hermana.

—Eres un imbécil, ni siquiera sé cuándo he dicho yo eso.

—¡El otro día, en MI habitación! ¡Cuando estabais los dos solos!

Tras pensarlo unos segundos, Allison cayó en qué conversación era la que Harry estaba diciendo.

—¡Venga ya, no estábamos hablando de eso! Llevamos haciendo un trabajo de Adivinación todo el mes, idiota, no estábamos haciendo otra cosa.

—¿Y cómo explicas que George no se pudiera enterar de algo, eh? —replicó Harry, a la defensiva.

—Tal vez porque Ron no se estaba refiriendo a George, ¿o es que no piensas que tiene cinco hermanos? Le había dicho que mi obsesión por los dragones se estaba calmando. Hablaba de Charlie.

Harry se quedó en silencio, desconfiando todavía de que le estuviera contando la verdad.

—Bueno, aun así lleváis dos meses muy juntitos y abrazados. Y a Ron no le gusta tanto aprecio, así que no sé por qué debería estar cómodo ante tantos abrazos. No lo dejas en paz. Incluso habéis estado juntos en la misma cama.

La cara de Allison empezó a ponerse roja otra vez, no quería tener que volver a enfadarse.

—Es mi mejor amigo, no hay nada de malo en que lo abrace. Si le molestase, me lo diría. ¿Has terminado ya de soltar tonterías? Porque te puedo asegurar que entre Ron y yo no hay nada más que amistad. Y si no lo crees no es mi maldito problema, pero podrías no haberlo gritado enfrente de todos, cuando George estaba ahí.

—¡Tú empezaste a gritarme sin ninguna razón! —rebatió Harry—. Estaba ayudándote porque sé lo mucho que te preocupa el ojo de Moody, porque sé lo que te pasó y estaba mostrando empatía. ¡Y tú has empezado a chillarme y a mandarme a la mierda!

—¡Lo siento, vale! Estaba muy alterada porque Moody lo ha vuelto a hacer, ha vuelto a mirar, y no puedo. No puedo con eso, Harry, y me he puesto histérica.

Los dos se quedaron en silencio. Allison notaba un nudo en la garganta, y temía que lágrimas de frustración comenzaran a salir de sus ojos, no iba a dejarse llorar frente a Harry en aquella situación. Él la observaba con cautela y con un aire pensativo, los labios fruncidos y respirando de forma pausada.

—No debería haberte dicho eso —dijo Harry al final, en voz muy baja.

—Yo tampoco debería haberte gritado —accedió Allison, hablando en el mismo tono.

—Da igual.

—Es que... parece como si no dejase de cagarla en todo. Como si no tuviera el control. Me costaba respirar y pensar con coherencia y, no sé, pero no estaba bien —dijo Allison, avanzando unos pasos hacia la pared y sentándose en el suelo, con la espalda apoyada en ella.

—¿Ha sido como en los Mundiales? —preguntó preocupado Harry—. Deberías decírselo a Maddy.

—No ha sido lo mismo. Al principio pensaba que sí pero... solo era distinto, no lo sé. No quiero preocuparla por esto.

—Allison, es Maddy. Siempre va a cuidar de nosotros, y no le gustará que se lo ocultes. Seguro que puede ayudarte.

Ella no contestó, solo se encogió un poco sobre sí misma, pegando las rodillas a su pecho.

—¿Podemos hacer las paces? —dijo Harry—. Hemos pasado un mes enfadados, no quiero seguir así.

—Supongo que sí que estamos en paz.

Harry se sentó a su lado, con las piernas extendidas y moviendo los pies de un lado a otro. Suspiró y miró a Allison.

—¿Vamos a seguir peleándonos todo el tiempo?

—Si seguimos desconfiando del otro, sí —repuso Allison.

—No quería pensar así de ti y de Ron —murmuró Harry—. Pero pasabais tanto tiempo juntos, y... mucha gente lo creía.

—Ya, ese artículo de Skeeter no ayudó nada. Pero supongo que nosotros nos enfadamos antes contigo, así que... ¿ojo por ojo?

Harry asintió con una mueca que pretendía ser una sonrisa, y Allison apoyó la cabeza en el hombro de su hermano.

—Tengo que hablar con George.

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