LUNA 19

Narrador omnisciente:

Muchas cosas, recuerdos y memorias comenzaban a presentarse a medida en que los días y las semanas pasaban, desde que Morro había regresado jamas volvió a estar tranquila.
La fría y blanca nieve comenzaba a acumularse entre las montañas, el gran puente colgante y la pequeña aldea que estaba entre este invierno eterno, sus dedos se congelaron al haber escalado con sus manos desnudas todo este tiempo, deseaba mas que nadie verlo de nuevo, corría a mas de prisa dejando a los chicos atrás, hábilmente saltaba de aquí para aya sin detenerse, entre los gritos de la compañera de Morro llego hasta el final.
Su respiración comenzaba a entre cortarse por la emoción, por el frío y por el nerviosismo que ahora la inundaba. Y en abrir y cerrar los ojos, ya estaba frente a el y a solas.

— Respira, o te desmayaras. — dijo Morro mirando a la joven con pequeña una sonrisa —. Aquí nadie nos interrumpirá, mis siervos y tus amigos estan peleando aya afuera mientras hablamos aquí.

La castaña se enderezó y quito la bufanda verde oscuro de al rededor de su boca y cuello, revelando su serio rostro, Morro sonrió un poco mas, ella no había cambiado casi en nada.
El lugar donde estaban era llamado el reino entre las nubes y donde encontrarían la espada del santuario, ahora el templo mayor sería el escenario perfecto para esta conversación.

— Después de semanas por fin puedo hablar contigo. — dijo ella —. Creó que no conté con que regresarías algún día, era imposible después de tu muerte.

— No pude despedirme de ti de manera correcta, después supe que habías sido casi asesinada por el otro caudillo y no pude ayudarte — respondió a través del cuerpo de Lloyd —. Ahora que he regresado me e llevado muchas decepciones y mucho dolor, _________ sabrás que tengo una misión que cumplir.

— Quiero que regreses a Lloyd. — le interrumpió —. Si la haces, yo me iré contigo.

Dijo muy segura, _________ tenía por objetivo salvar la vida de Lloyd, no solo Morro tenia la misión de destruir Ninjago por orden de su ama, si no que ella también tenía la misión de salvar este mismo, muchas cosas dependían de ella y con el pasar de las semanas se había echó de muchas cargas, y ya estaba cansada de esta situación.

— No puedo hacer eso. — dijo con  sinceridad llevándose una mano a su pecho —. Este chico es un recipiente muy fuerte, el ninja verde debe quedarse aquí conmigo hasta que yo tenga un cuerpo físico, con su poder yo se que es posible. Confió en ti mas que en en nadie, se que te iras conmigo, y comprendo porque quieres salvar con desesperación a este niño.

— ¿Ya lo sabes entonces?. — preguntó preocupada

— Se que con el tiempo uno se olvida de los que ama. — dijo con suspiro de pesadez teniendo ahora entre sus dedos el nenúfar de plata —. Fue tan duró asimilar que ya te habías comprometido con el y que probablemente ya me habías olvidado.

— Eso no es verdad. — dijo ella —. Jamas te deje de pensar ni un instante. Dos años después de tu partida conocí a Lloyd, el elegido, y tenía mucho parentesco a ti que no pude evitar verte reflejado en el, por eso no puedo permitir que el siga sufriendo, Lloyd debe venir conmigo.

— ¿Me estas dando a entender que el es tu prioridad por sobre todos no?. — La castaña asintió con algo de duda —. Comprendo claramente ahora lo que esta sucediendo, este chico no deja de pensarte todo el tiempo, siempre fuiste una mujer encantadora. Tal vez por eso aun te amo con todo mi ser.

— ¿Cuanto tiempo necesitas?. — preguntó

— Tal vez dos semanas mas. — respondió —. La suprema aun no esta lista, y hay un usuario casi con un poder similar al mio.

— Entiendo. — dijo cabizbaja mirando el suelo

Para Morro verla tan triste, distraída, cansada y débil no le agrado en lo mas minino, sabía que en cuanto soltara el cuerpo de Lloyd este iría tras ella, probablemente ahora el estorbaba, ya no era de ese mundo, había muerto y había perdido a la persona mas importante en su vida, entonces ¿por qué atormentarla?, por qué no dejarla vivir en paz junto al elegido, la amaba y no era capaz de hacer tal cosa, no podía y no tenía la fuerza.

— ¿Tu .... Aun me amas?. — preguntó

Los ciervos de Morro y los ninjas aun continuaban pelando afuera, entre miles de pergaminos llenos de destinos se habían perdido en el tiempo, aquel monje era el traidor quien se había aliado a Morro a cambio de que dejara pasar a la castaña para que pudieran hablar, ese monje sabía que Morro iba a ganar y que probablemente ni siquiera aquella mujer podría detenerlo, si el pelinegro continuaba alimentándose del otro joven, sería un digno rival para Wu o para la misma ________.

El tiempo se les había acabado, ya no tendrían tiempo para hablar entre los dos por el momento, por lo que el mayor se acercó a la castaña con rapidez y la abrazo con solo brazo mientras que con el otro sostenía la espada del santuario, en aquel reflejo de la hoja de la espada no vio ningún movimiento enemigo futuro por parte de ella.

— Probablemente ya sepa tu respuesta. — dijo mirando la puerta detrás de _________; estaban queriendo abrirla —. Pero te prometo que en nuestro próximo encuentro lo dejare ir, solo necesito que esperes.

Se sintió débil en cuento tuvo contacto con ella, Lloyd tenía una gran fuerza, era como si quisiera salir de la jaula en el momento en el que la toco, era peligroso también entonces mantenerse cerca, podría liberarse y Morro tendría problemas.
Cuando todos lograron abrir la puerta, se encontraron con Morro sostenido el cuerpo de _________ en ese abrazo, ella no les veía porque estaba de espaldas, Morro les dedicó una retorcida y sombría sonrisa, sabía todos los movimiento siguientes gracias a la espada, por lo que no tendrían ninguna ventaja por sobre el.

— Son unos estúpidos si creen que van a ganarme, son como unos humanos comunes queriendo ser héroes — y ahí estaba de nuevo ese gélido ambiente, esa aura aterradora con la que todos se quedaron perplejos.

Gaizka ya estaba por atacarlo, hasta que se dio cuenta de ese ligero gesto de tristeza que mostró Morro al momento de separarse de la castaña, nadie aparte de el lo había notado y eso se le hizo bastante extraño viniendo de un enemigo tan fuerte como el, había algo mas en todo esto entonces.
Había sido difícil librarse de ese monstruo en esa habitación oscura como para dejarlo ir, y en cuanto la soltó Gaizka se abalanza contra el sin pensar muy bien las cosas, pero no pudo acertar ningún golpe por mas rápido que fuera, con una sonrisa miro a sus enemigo y les lanzó la espada, después la recuperaría no tenía ninguna prisa, y se lanzó desde la ventana al vacío donde las nubes lo cubrieron por completo.

— ¿Te hizo algo?. — preguntó Kai

— ¿Estas bien?. — preguntó Zane

— Si. — dijo después de unos segundos —. El no me hizo nada, solamente hablamos, quería sobornarlo para que nos diera a Lloyd, pero tal parece que no funcionó.

— Morro a salido del reino de las nubes, varios de sus seguidores lo estaban esperando afuera. — dijo Gaizka guardando su espada y tomando la del santuario —. No creo que lo alcancemos en este punto.

— Regresemos entonces al navío antes de que regrese, no quiero perder mas ventaja. — dijo Cole molesto lanzando el cuerpo atado de manos y pies del monje traidor al suelo, poco a poco podía sostener las cosas sin atravesarlas por su condición —. De no ser por ese chico de aya fuera nos hubieran comido aya adentro.

Gaizka le miro con seriedad, se acercó hasta el monje y se agachó a su altura en la alfombra roja que estaba sobre el suelo, sus brillantes ojos grises reflejaban mucha molestia por haber pasado esa vergüenza, ellos habían confiado en ese inútil y este les traicionó para ayudar a Morro con la excusa de que este último iba a ganar, que los destinos que estaban escritos se les habían ido de las manos desde que el espectro escapo y que nadie sabia a ciencia cierta que iba a pasar, nadie sabia quien iba morir.

—¿Qué vamos a hacer contigo?. — preguntó Gaizka mirando a los ojos del hombre —. Te mataría ya mismo, lastima que no podemos hacer eso y no quiero meter a mi equipo en mas problemas.

— Yo se quien eres tu .... — susurro el monje aterrado —. El discípulo del gran tirano, yo se que tu eres un esclavo de la oscuridad eterna, no se quien este más hundido en esa oscuridad si tu o Morro.

— Ah si, que coincidencia no. — Gaizka sonrió clavando la espada en el suelo, cerca de la mejilla del monje asustándolo —. Ya se que voy a hacer contigo.

Y así Gaizka cargo sobre su hombre al tipo, y lo lanzo donde tenían al monstruo encerrado que hace una hora estaba por comérselos, y para demostrar que no era igual a Morro le quito todas ataduras para que, si se ponía listo, pudiera escapar por donde quisiera, era para darle el susto de su vida e incluso la puerta no habían dejado tan atrancada.

— Alguien tenía que poner a ese imbécil en su lugar. — dijo Jay entre risas mirando como el tipo corría despavorido por toda la habitación llena de juguetes.

Se despidieron del niño que les ayudo y salieron del reino cuanto antes para ya no causar problemas, todos se dirigieron al navío en unas cuantas horas mas y antes de entrar, una mano se poso en el hombro de la castaña, quien se volvió para mirar quien había sido.

— ¿Qué te ocurre?. — preguntó ella

— Debo hablar contigo de algo. — dijo el mirando a los demás para que continuarán —. Hablemos en la cubierta.

— Si claro.

Ambos caminaron alejándose de los demás hasta la cubierta, donde seguramente en unos días tendrían que estar en el salón de Te de Wu.
La ultima pista ya estaba siendo descifrada por Misako y el mismo Gaizka, pero no hablarían de las pistas si no de cierto enemigo, Gaizka no era un tonto, era casi tan inteligente como Zane y era un gran analítico en el campo de batalla, fue tan evidente lo que había presenciado pero para estar seguro debía preguntar.

— Creo saber que es lo que me vas a preguntar. — dijo mirando el cielo azul y despejado —. Solamente tu te habrás dado cuenta.

— Tu misma dijiste que tu y Wu conocían a ese chico desde que era un niño. — Gaizka se cruzó de brazos analizando sus propias palabras —. Pero nos ocultas una parte de la historia, yo necesitó saber por qué siempre el trata de acercate a ti sin importar que este en medio de la batalla.

— No les oculte una parte de la historia. — Dijo en tono ido —. Probablemente sea solo la mitad.

— ¿Entonces?. 

— Hace veinte años, yo estuve casada con el. — confesó —. Y creó que hay más cosas que debes saber.

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