Capítulo 23
—¡Mar, baja a desayunar, por fin, John aprendió a hacer tostadas!—fue el grito que me hizo despertar de un pesado sueño.
—¿Entiendes la magnitud de la celebración?—decía un alegre George entreabriendo mi puerta, mientras yo me tallaba los ojos en un intento de despertarme del todo—, ¡Es John! ¡Aprendió a hacer tostadas!
—¿Esto es en serio?—dije, seguido de una risa, al tiempo que me levantaba y me colocaba las pantuflas para bajar.
—No sé tú, pero yo llevo esperando este momento 58 años—y se fue por donde entró, hacia dónde lo seguí.
Al bajar por las escaleras me encontré con una escena desastrosa, pero, a la vez, divertida. Se trataba de la cocina de mi casa llena de migajas de pan tostado y mermelada embarrada en la barra y el suelo y, claro; un John, con las manos pegajosas, sosteniendo un plato que contenía una tostada de mermelada.
—¿Gusta un delicioso platillo, madame?—dijo, seguido de un gesto de reverencia mientras colocaba el plato sobre el desayunado.
—Claro, claro—dije entre risas mientras me sentaba, lo que George imitó.
—Bien, ahora come, no me pase la mañana tratando de hacerlo para que se quede allí.
—¿Has estado aquí mucho tiempo?—cuestioné mientras le daba una mordida a la tostada.
—Algunas horas, si—respondió mientras nos acompañaba.
—¿No sabes dónde están mis padres?
—Entraron a tu habitación a decir que saldrían a algún viaje de trabajo, que regresaban ya entrada la noche. Que te alistaras para ir a la escuela mañana—dijo George.
—¿Cómo es que no escuché?
—Dímelo tú, asentiste cuando te dijeron eso y volviste a tu estado vegetativo—río.
—Rayos, es cierto—reí—, no quiero ir a la escuela, no tengo a nadie ahí.
—Bien, pero nos tendrás a nosotros, estaremos contigo todo el tiempo—dijo John con una sonrisa que me contagió.
—Lo se, lo sé, gracias, chicos.
Y así pasó toda la mañana, en pláticas sin mucho sentido y limpiar el desastre de John. Parecía que el sol pedía a gritos ser contemplado; era un domingo bastante soleado, caluroso.
Al pasar el medio día decidimos que sería una buena idea ir al parque, al mismo lugar, a que John lo conociera, ya que, hasta ese entonces, el único que había ido había sido George.
—Esto es...fantástico—fueron sus palabras al ver por primera vez mi refugio.
—Yo ya lo conocía—dijo George con un aire de superioridad.
—Wow, wow, tranquilo, viejo—alegó John—, ¿acaso es tuya? No, ¿verdad?, así que no me digas nada—dijo en burla.
—¡Lennon, que no digas nada!—regañó a su compañero con la cara sonrojada.
—Linnin, qui ni digis nidi.
—Oigan, ¡ya! No vinimos a pelear, vinimos a pasar el día—reprendí mientras me sentaba en el árbol.
—Bueno, ya, tienes razón, Mar—dijo George mientras se sentaba a mi lado. A los pocos segundos, John hizo lo mismo. Y ahí nos encontrábamos; tres desorientados mirando hacia la nada.
Cantamos algunas canciones de The Beatles, como Something, All you need is love e In my life; así como algunas de ellos como solistas, All things must pass, Imagine y The light that has lighted the world. Disfruté mucho esa tarde, esa deseada y necesitada tarde, llena de calma y con amor transmitiéndose por el aire. Sintiéndome perteneciente a algún lugar, por primera vez en mucho tiempo.
Ahí nos quedamos hasta que a George le dio hambre y tuvimos que pasar por 5 burritos a la plaza que estaba a una cuadra del parque. Como ya habré mencionado, las personas siempre me ven raro cuando llevo demasiada comida y me ven como una adolescente flacucha.
Al verse entrado el anochecer, por eso de las 7:00 de la tarde, abandoné mi lugar en la sala, en medio de los chicos, por ir a preparar mi uniforme y mi mochila. Tal vez no me gusta la escuela, pero de que soy responsable, soy responsable.
—¿Acaso eres una nerd?—escuché que preguntó John, desde la sala, al tiempo que le daba los últimos mordiscos a su burrito. Si, fue uno para mí, uno para John, y tres para George.
—Podré ser una marginal, pero no una nerd. No hables tonterías, John—dije entre risas mientras cerraba la mochila y me dirigía, de nuevo, a mirar la televisión con los chicos.
—No la molestes, John, por lo menos ella no ha sido expulsada, como otros—dijo George enfatizando la última palabra.
—Hey, hey. No me expulsaron, me invitaron a estudiar en el colegio de arte, porque sabían que mi intelecto era superior al promedio—reprendió el, anteriormente, mencionado.
—Si, claro, como no, señor "Este chico no llegará ni a cajero" Lennon.
—Tranquilo, Hari, ya sabes que todos esos profesores son unos idiotas—dijo y me miró—. Margot, no les hagas caso a los maestros, solo sirven para decirte cosas que no sirven para nada y reprenderte porque tu cabello está despeinado.
Lo último que dijo me causó risa, no porque fuera cierto, sino porque me di cuenta de que uno de los aspectos que siempre le asigné a la identidad de John Lennon, es cierto. Y así, entonces, sentí que lo conocía, si quiera, un poco. Y que lo sigo conociendo. Los sigo conociendo a los dos.
A la hora de irse a la cama, subí mi mochila y mi uniforme a mi habitación, preparé la cama y me acosté. Estaba revisando mi móvil cuando George y John entraron y se sentaron en las esquinas de la cama.
—¿Qué pasa, nerviosa?—dijo John mientras esbozaba una linda sonrisa que me transmitía confianza.
—No...quiero decir, no mucho, debe de haber un lado bueno que haya olvidado de asistir a clases.
—Ah, eso es...optimismo, creo—George río nerviosamente—, pero, bien, ahora duerme, al rato vendremos, ya sabes.
—Suerte, Margot—dijo John antes de levantarse de la cama y salir de la habitación.
—Suerte, Mar—el Beatle que quedaba se acercó a mí y se inclinó para besar mi frente tiernamente—, te quiero—y se fue.
Mientras iba cayendo en el sueño, iba deseando que esto nunca acabara. Y unos instantes antes de caer rendida, vi una sombra que parecía colarse por mis sueños.
La misma que había visto la otra vez en el portal.
•Moon•
¡Hola! ¿Cómo están? Perdón por la tardanza, ahr, pero es que–inserte aquí una buena excusa– y por eso :v
Pero trataré de actualizar mas seguido, se acercan las vacaciones 7u7
Les quería contar que me siento Margot, parece que predije el futuro, mi madre me apuntó a clases de natación sin preguntarme y pues bueh:,v
Soy Margot, pero sin George, que sad.
Bien, ahora me despido, actualizaré pronto.
Los quiere, Diana.
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