Capítulo 2

—Eso está muy bien, Margot, pero necesito que sigas un ritmo constante y no desentones, ¿ves? Así, sin tocar tan fuerte—me dijo Bill, mi tutor de guitarra, mientras tocaba perfectamente un fragmento de My Sweet Lord.

—Bueno, creo que puedo hacerlo— respondí.—Pero en la próxima clase, ya sabes, estoy cansada, tomar clases con un "Don Perfecto" no es muy ligero, que digamos.—dije, esbozando una sonrisa burlona.
—Esta bien, todos necesitamos descansar, ya sabes, darle clases a una niña malcriada es algo agotador.— contestó con el mismo gesto que yo hice.
Así nos llevamos él y yo. Éramos unos completos estúpidos haciendo algo de provecho. No me llevaba muchos años, solo era 10 años mayor que yo, pero aun así lo quería como un hermano. El hermano que nunca tuve.
—Bien, te veo en el infierno la semana que viene.— y finalmente salí del recinto, y me dispuse a esperar a mi madre para que me recogiera.

Esperé una media hora hasta que el cielo comenzó a nublarse y a oscurecerse y luego caí en cuenta de que sería un milagro que mi progenitora recordará que tenía que recogerme, pues era viernes, y ella tenía fiesta en casa de algunas de sus fastidiosas amigas. Y mi padre estaba también en una de sus reuniones semanales con sus compañeros de trabajo, de las que nunca llegaba antes de las dos o tres de la madrugada, así que me resigne y comencé a caminar hacia mi casa, a la que, si caminaba a un paso considerable, podía llegar a eso de las 8:30 antes de que los "secuestradores" comenzaran a trabajar.

Conforme pasaban los minutos, la guitarra comenzaba a hacerse más pesada. Por eso aceleré el paso hacia mi hogar, mientras miraba a todos lados con temor de que algo me pasara. Mentira. No me importaba mucho lo que a mi me pasara, más bien temía que mi guitarra se dañara. Era la única posesión que me había costado trabajo conseguir. La había comprado yo. Con mis ahorros, ya que mis padres decían que sería una pérdida de tiempo tocar un instrumento tan estúpido, a su concierne, ya que ellos quieren que yo estudie comercio, leyes, o medicina. Pero yo en realidad quiero algo relacionado con la música, el arte, la literatura, o ya de perdida, psicología. La cual es la causa de que hayan aceptado concederme esta pieza, ya que hace año y medio, cuando aún estaba mal, a causa de las voces, que no me dejaban concentrarme, ellos me llevaron a visitar un psicólogo. Una, dos, tres sesiones, y cayó en la cuenta de que mis visitas no tenían caso, ya que mi problema se controlaría con un ejercicio o actividad de concentración, como tocar la guitarra. Y fue ahí, cuando, a duras penas, aceptaron que yo tuviese una guitarra, pero yo la pagué, claro. Y escogí una guitarra hermosa. Es simplemente negra, con bordes blancos, marca Fender, y el toque especial, la silueta blanca de los Beatles cruzando Abbey Road. La amo.

Llegue a la puerta de mi hogar, justo antes de que comenzara una llovizna, que unos minutos más tarde, se convertiría en una verdadera tormenta. Rápidamente subí los escalones hasta llegar a mi habitación, para dejar el instrumento en su lugar, y colocarme mi pijama. La que, por cierto, estaba ya muy holgada. No se si había adelgazado, lo que seguramente no pasó; o el uso la había convertido en algo así como una "sudadera de papá". Pero me gustaba. Combinaba con mi estilo despreocupado.

Deshice la cama, y me metí entre las cobijas. Ya estaba algo cansada. Pero, de repente, un rayo me hizo saltar del susto, y por consiguiente caí de la cama.

— Rayos.—murmuré casi inaudible-mente, mientras me levantaba del frío suelo. Una vez que estuve de pie, deduje que la noche sería muy larga, ya que los truenos no me dejarían dormir, y que el apagón no ayudaría de mucho, ya que yo le temía a la oscuridad. Así que me dispuse a salir del cuarto para ir al estudio de mi padre, el cual contenía un montón de vinilos y un tocadiscos. Había ocurrido un apagón, si, pero papá tenían una pila de energía de repuesto a la que podías conectar dos aparatos, y bueno, estaba en el estudio. Iba pasar la noche allí, no sin antes detenerme en la cocina a tomar algunos sándwiches.

Tomé mi móvil, encendí el modo linterna y bajé las escaleras lentamente. Me pareció sentir compañía, pero finalmente me dije a mi misma que era una tontería, puesto que yo siempre sentía eso. Así que le resté importancia y me dirigí a la cocina. Casi me caí del susto cuando vi el refrigerados abierto, claro, sin luz, pero abierto. Me dije a mi misma que debía de ser normal, que mi madre seguramente lo había dejado así, ya que era muy olvidadiza, pero aún así me sentí algo asustada. Me preparé cuatro sándwiches y me adentré al estudio. Cerré la puerta con seguro, para, en caso de que alguien hubiese entrado a robar, no pudiera hacerme daño. Pero, como dije hace rato, no me importa lo que a mi me pase, sino, a mi guitarra. Lo sé, yo y mis fantasías. Pero entonces caí en cuenta de algo...¡La guitarra! Por Dios, la olvidé. ¡Necesito subir por ella!

Abrí la puerta rápidamente, crucé la cocina, en la que me detuve unos segundos, para asegurarme de que el ruido que había escuchado, no fuera real. No estuve segura de eso, pero seguí mi camino. Corrí hasta subir las escaleras, y luego entré a mi habitación. Tomé la guitarra, sin funda, ya que la había dejado en donde Bill me daba las clases, y luego tomé una manta que jalé de la cama, para el frío. Si quería pasar la noche en el estudio, que era, literalmente, mi cuarto del pánico, necesitaba algo para cubrirme del frío. Caminé rápidamente por el pasillo, con la manta en una mano y la guitarra en la otra, llegué al final del pasillo, y me tropecé con la manta. Caí al suelo boca abajo, pero no caí por las escaleras, pero caí en cuenta de que la guitarra si lo había hecho. ¡Mi guitarra estaba a punto de estrellarse contra el piso!

—¡NO!—grité antes de cerrar los ojos, esperando escuchar el estruendoso sonido de mi posesión más preciada destrozarse luego de la caída. Pero, ¿sabes algo? Nunca escuché ese sonido. Extrañada por la ausencia de ruido, abrí los ojos lentamente, aún tirada en el suelo, y me llevé la grata, pero también escalofriante sorpresa, de que el instrumento se encontraba en perfectas condiciones recargada contra el muro que está al pie de la escalera.

Aún asustada, me levanté rápidamente, doblé la manta (estúpida manta), y bajé las escaleras, para luego tomar mi guitarra y caminar hasta el cuarto del pánico. Entré, recosté la guitarra en uno de los sillones, arrojé la manta hacia otro, y me dispuse a cerrar la puerta. Justo antes de que ésta se cerrara por completo, sentí una corriente de aire entrar y rozar mi costado. Sentí un escalofrío y cerré finalmente la puerta.

Me volví hacia el cuarto, recostando mi espalda contra la puerta, y suspiré aliviada. Me repetí a mí misma que era solo una de mis alucinaciones y me acerqué al estante que contenía los vinilos. Abbey Road, Let it be, Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, Rubber Soul, Revolver, The White Album. Si, este es mi favorito. Lo coloqué en el tocadiscos, y me senté en el sillón que había quedado libre. Comenzó a sonar Back In The U.S.S.R, aún estaba tranquila. Dear Prudence, mis piernas temblaban de frío, aunque estuviera cubierta por la dichosa manta. Glass Onion, siendo ésta una canción un poco perturbadora, me comencé a asustar, y más al notar que de los cuatro sándwiches que había preparado, solo restaban tres, y yo no había probado bocado desde que llegué a la casa. Ob-La-Di, Ob-La-Da, me calmé un poco por la tonada alegre de la melodía. Wild Honey Pie, el ambiente del estudio comenzaba a ponerse tenso para mí y, bueno, cualquiera que estuviera ahí. The Continuing Story of Bungalow Bill, en otros momentos me hubiese gustado escuchar ésta, ya que era de mis favoritas, pero ahora mismo, estaba literalmente, temblando. While My Guitar Gently Weeps, mis miedos se hicieron presentes al escuchar tal canción tan hermosa, pero misteriosa a la vez. Mis nervios estaban de punta, lo único que podía hacer era permanecer en silencio. Tomé mi guitarra y comencé a tocar el ritmo y base que había practicado con Bill la semana pasada. Conforme pasaban los segundos, mi voz se iba quebrando. No sabía qué pasaba. Still my guitar gently weeps, y depronto estaba llorando. La voz de George Harrison se había hecho presente. Me asusté más de lo que ya estaba. Había pasado del minuto 4:45. Se supone que ahí se acababa la canción. ¿Por qué sigue sonando? me acerqué al tocadiscos para revisar qué estaba pasando, y solo me llevé una desagradable sorpresa. El tocadiscos ni siquiera estaba conectado a la dichosa batería.






•Moon•
¿Qué les está pareciendo? Ya llegó el misterio :v

Les despide, Diana.

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