Mamá (epílogo)
— ¡He llegado!— anunció y al instante se dejó caer en el taburete que estaba en la entrada para quitarse los zapatos.
Mientras lo hacía sintió unos rápidos pasos que se acercaban. De inmediato volteó y levantó sus brazos como si fuera un fantasma. Cuando la pequeña llegó hasta la entrada también hizo lo mismo.
— ¡Bu!— gritó enérgica. El rubio se lanzó a si mismo hacia atrás mientras soltaba un grito de agonía.
— Me has ganado esta vez, Hima— se lamentó fingiendo llorar. La peli negra rio victoriosa y saltaba de un lado a otro.
— ¡Yay!— seguía diciendo hasta que de pronto fue tomada por la cintura y siendo llevada de un lado a otro por su hermano mayor. Ambos reían eufóricos hasta que Bolt se agotó y la colocó nuevamente en el suelo.
— ¡Bienvenido de vuelta, oni-chan!— gritó.
Boruto soltó una carcajada mientras estrujaba el corto pelo de Hima.
— ¿Ahora es que te has acordado de responderme?— preguntó aún entre risas. Cuando se calmó, miró a todos lados buscando a una peli negra mucho más alta— ¿Y mamá?
Le pequeña lo observó confusa y tras unos segundos recordó donde su madre estaba.
— Compras para el cumpleaños de oni-chan.
— Ah... Cierto, me lo había dicho esta mañana— guardó silencio por unos segundos— ¿Quieres algo de comer?— preguntó y al instante la nena de ojos azules asintió varias veces.
Sonrió para luego tomar de la mano a su hermana y dirigirse a la cocina. Cuando llegó, abrió el armario y tomó dos porciones de ramen instantáneo. Se las pasó a Hima quien las sostuvo con cuidado. Luego de ello, buscó una taza donde colocó agua. Con precaución la colocó en la estufa y espero hasta que hirviera. Tras unos minutos el agua estaba lista. Se puso unos guantes de cocina rosas y dirigió su mirada hacia su hermana quien le pasó las dos porciones. Este vertió en cada frasco el agua caliente y esperaron unos minutos.
— ¿Tardará mucho? —preguntó Hima impaciente. Bolt negó justo en el momento en que el ramen estaba listo. Llevó de uno a uno los recipientes hacia la mesa y luego subió a su hermana en una de las sillas. Le pasó unos palillos para niños antes de tomar asiento. Cuando se aseguró de que todo estaba bien, abrió cada recipiente. Hima se encantó cuando vio aquel apetitoso plato. Estuvo a punto de tomar los palillos para darle un sorbo, cuando Boruto la detuvo. El chico juntó varias veces las manos haciendo que Hima recordara que debía hacer algo antes de comer.
— ¡Itadakimus!
Y tras decir aquello podían ya empezar a comer. La pequeña al momento de sentir aquel sabor sintió como sus papilas festejaban.
— Mi gista muchus el ramun— dijo con la boca llena.
— ¿Ah? Traga antes de hablar, Hima— le regaño molesto. Ella obedeció y cuando terminó de tragar volvió a decir.
—Me gusta mucho el ramen.
—Ah... Eso. A mi también me gusta mucho, igual a papá —sonrió al decirlo. La niña le devolvió el gesto y siguió comiendo.
— ¿Cuántos cumpleaños vas a tener, oni-chan?
El rubio la observó confuso sin comprender a qué se refería. Tras unos segundos comprendió y aquello le causó gracia.
— Cumpleaños no, Hima. Cuantos años voy a tener.
La mencionada asintió varias veces dando a entender que era a eso que se refería.
— Nueve... Oni-chan pronto tendrá nueve.
— Uh... ¿Y Hima cuantos tiene?
Sonrió mientras tomaba la mano de la pequeña. Con un poco de esfuerzo logró hacer que Hima sólo mostrara tres dedos. Se maravilló al ver su mano.
— Tres, Hima tiene tres años.
— ¿Mis años están cerca también?
—Si te refieres a tu cumple, no. Aún falta mucho.
La nena hizo un puchero decepcionada, también quería cumplir años junto a su hermano para que así se le fueran celebrado juntos. Mantuvieron silencio mientras seguían comiendo pues Boruto le había dicho que si seguían hablando el ramen se enfriaria. Cuando terminaron, cada uno tomó el recipiente y lo colocaron en la basura. Boruto miró a su hermana y luego miró el reloj.
—¿Hace cuanto mamá salió?
— Justo antes de que oni-chan llegara.
— Ya veo... — hizo una leve pausa — Hima... ¿Quieres acompañar a oni-chan a visitar a alguien?
La pequeña sin comprender muy bien a quien visitarían aceptó. Boruto sonrió en forma de aprobación y de inmediato fue a buscarle unos zapatos a su hermana al igual que un suéter pues el día estaba nublado. Le colocó el abrigo y luego los zapatos en la entrada y con cuidado salieron de la casa.
Como no estaba tan lejos decidieron caminar hasta allá. Las calles estaban llena de transeúntes por lo que Boruto sostuvo la mano de Himawari.
—¿A quién veremos?
El rubio guardó silencio y le indicó con el índice que debía esperar. Anduvieron hasta que ya no habían tantas personas. Hima confusa miraba hacia todas partes. No recuerda haber cruzado por aquel lugar o quizás si, pero como siempre andaba en el auto de su padre no prestaba atención al camino. Llegaron hasta un lugar muy grande. La Uzumaki pudo distinguir muchos pilares que estaban adornado con cruces y tuvo un poco de miedo por lo que se aferró a su hermano. De un momento a otro, Boruto se detuvo frente a uno de esos pilares. Hima lo observó a él y luego a la tumba que estaba frente a ella. Pudo distinguir una foto que había visto antes.
—Hay una en casa igual que esa foto— explicó mientras señalaba a la mujer que sonreía en la imagen.
— Esa mujer es la mami de oni-chan— dijo. Hima de inmediato arrugó la nariz enojada.
— Claro que no. Mami está comprando cosas para el cumpleaños.
— Oni-chan tiene dos mamis. Hinata... Y Shion.
— ¿Igual yo?
— No... Hima tiene solo a la mami que esta comprando cosas para el cumpleaños.
La pequeña aún no comprendía, pero si su hermano lo decía entonces era verdad.
— ¿Y por qué esta otra mami no va a casa?
— Porque ella está durmiendo.
— ¿Durmiendo? ¿Así como la bella durmiente?
—Si... Mami tiene 8 años siendo la bella durmiente —apretó la mano de su hermana para así reprimir algún sentimiento innecesario.
— ¿Por qué no viene un príncipe a rescatarla? ¡Si le dan un beso de seguro va a despertar!
Boruto guardó silencio. Amaba la inocencia de su hermana, y estaba seguro de que el mismo solía ser así, pero desde que tiene memoria ha tenido conocimiento de la muerte y de que por más que quieras que alguien regrese era imposible.
— Porque... Ese beso ya no funciona. Mamá tiene mucho tiempo durmiendo.
La pequeña guardó silencio un poco triste. Recordó que cuando Hinata le contó aquella historia, la bella durmiente también pasó muchos años durmiendo y la pudieron despertar, pero quizás esa princesa tenía algo diferente.
— Yo... También quisiera que ese beso funcionara— confesó mientras colocaba la mano que no sostenía a Hima en su rostro para así evitar que ella le viera llorar— pero... Aun así mami Hinata hace que me sienta mejor y también Hima. Ustedes dos... Hicieron que papá sonriera por fin y por eso estoy feliz y de seguro... De seguro que mamá... Está feliz en sus sueños y quizás ya no quiere que la despierten porque ya somos felices.
— Si, de seguro duerme más tranquila ahora— la pequeña quitó la mano del rostro de su hermano y le vio llorar. Sonrió tratando de llegar a la cabeza de Botl. Este lo notó por lo que se inclinó un poco. La peli negra acarició su rubio pelo de la misma forma en que él lo había hecho cada vez que se sentía triste. — Te quiero, oni-chan, igual papi, igual mami, igual mami Shion. Todos te queremos así que no debes de llorar.
El Uzumaki asintió mientras se limpiaba las lágrimas. Cuando lo hizo sonrió y Hima le devolvió el gesto. Ambos decidieron volver a casa, aquella casa que en un momento estuvo consumida por la tristeza, pero hace tiempo dejó de ser así.
Nunca más.
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