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El fin de semana ha sido todo un martirio para la Hyuga. Desde que recibió la carta de desalojo ha intentado sin éxito encontrar una forma de conseguir el dinero para pagar las deudas. Comprende que el dueño del lugar ha esperado demasiado, y le agradece su paciencia, pero ya no ha podido seguir perdonandole la paga de su habitación.

Ha visitado cuantos bancos ha podido, pero no hay uno que le quisiera a ayudar, pues es una cantidad muy alta, además de que su historial de pago no es muy bueno. Todas las puertas están cerradas para ella. Su primo Neji y Ten ten se han enterado de la situación, pero tampoco ellos han podido ayudarla.

— Nos gustaría ayudarte, Hinata, pero... mi tío nos ha restringido las tarjetas de crédito. Parece que se ha enterado de lo que te ha pasado y no quiere que recibas dinero de él al menos que aceptes volver a casa...

— No te preocupes Neji nii-san, buscaré la forma de solucionar todo esto— dicho esto colgó. Solo le quedaba suspirar, tratar de aliviar ese dolor, esa angustia que sentía en esos momentos. Se puso de pie y tomó en sus manos una pequeña fotografía donde se encuentra su madre y ella de pequeña. Sonrío al verla.

— Mamá... ¿cómo resolveré todo esto?


El lunes había llegado. Los niños de la clase de la maestra Hinata no asistieron hoy, sino que fueron sus padres. La directora el día anterior les había informado de una reunión de emergencia y solicitó su presencia ese lunes. Todos los padres asistieron, incluso Naruto quien no confiaba mucho en la situación. Se encontraban sentados en los lugares de sus hijos esperando impacientes por saber de que se trataba todo esto. Los murmuros cesaron cuando vieron entrar a la directora.

— Les agradezco que pudieran asistir y pido disculpas por no avisar antes, pero las reuniones de emergencias se llaman asi por esa razón, porque son improvistas. El motivo de esta reunión es para informarles que sus hijos a partir de mañana, contarán con una nueva maestra.

Todos se miraron unos a los otros sin poderselo creer. Para el rubio fue una noticia muy fuerte.

— La razón es confidencial, solo sabemos que la señorita Hyuga no puede seguir impartiendo clases, debido a que tiene problemas y necesita cambiar de vida. Ustedes mejor que nadie saben del sueldo injustificado que reciben los maestros y al menos que tengan otro trabajo, el dinero que reciben no les favorece mucho. Es muy dificil contarles esto a los niños. Ellos le han tomado mucho cariño a la maestra, al igual que nosotros, así que esperamos que busquen una manera que no les afecte cuando se lo mencionen.

Murmuros, era lo único que se podía escuchar. Naruto estaba enojado, apretaba sus puños por la ira. Está seguro que la están juzgando, la juzgan sin saber la razón. El tampoco la sabe, pero no le da derecho a estar hablando a su espalda. Sin pensarlo se levanta de pronto sorprendiendo a los demas padres quienes guardaron silencio.

— ¿Me podría decir donde ella se encuentra?

La rubia de ojos cafe lo observa en silencio por un momento.

— No tenemos esa información, señor Uzumaki. Ha llamado ayer por la mañana informándome de su renuncia y explicando por qué lo haría, pero no me ha dicho hacía donde se dirige, lo siento... se que ella le había ayudado mucho a Boruto y a usted y me encantaría decirle, pero no se.

Miente. Eso es lo que piensa Naruto. A ella no le encantaría eso. Si fuera así hubiera hecho lo posible para ayudarla, pero ¿que ha hecho? simplemente la sustituyó, como lo hacen todos, le cerraron una oportunidad y el no se quedará ahí quieto mientras que esa dulce mujer se encuentra sufriendo. Aunque sea a la fuerza, se ha decidido abrir su corazón y hacer que se deje ayudar como ella lo ayudó a él.


Luego de varias disculpas y la promesa de que pagará lo que debe, Hinata sale de aquel lugar que hace varios días era su hogar. Tal vez no era el lugar mas cómodo y mas hermoso, pero era suyo y se sentía orgullosa de poder tenerlo, pero ahora será de otro, otra persona que está segura de que le pagará cuando se debe de hacer y que no le causará problemas a ese pobre señor. Sin tener una idea de qué hará y de cómo, empieza a caminar por el mundo, un mundo en donde si no generas lo suficiente no eres nadie, un mundo que solo existe para aquellos que tienen riqueza y fama. 

Deambula sin un sentido, no sabe hacia donde ir y le asusta. Le asusta que tal vez esa noche no tenga una cama donde dormir, sino que tenga que conformarse con una banca en un parque. Le asusta que mañana no tenga dinero para comer y tenga que pasar hambre. Le asusta que no pueda tener un lugar donde ducharse y sentirse fresca... le asusta el mundo oscuro por el que está caminando.

Mientras va vagando por alguna razón pasa por su cabeza. Tal vez no la conoce lo suficiente para pedirle ese gran favor, tal vez está abusando de su hospitalidad, pero ella es la única persona que le pasa por su cabeza, además de que tiene su número. Rápidamente se sienta en un banco. Busca con desesperación la tarjeta temiendo de que la halla dejado perder, pero la encuentra. Toma su teléfono y marca con nerviosismo. Suena una vez, suena dos veces. Hinata teme que no lo tome, pero al final se descuelga del otro lado.

— ¿Si? ¿quien me habla?

— K-karin.

 — ¿H-hinata? ¿qué pasa?— la voz se escucha asustada.

— Lamento volver a molestarte, pero... necesito que me ayudes.

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