Un buen desayuno.

Más allá de los bosques y ciudades de Francia, entre las sombras, criaturas y lagos.

Se encontraba un gran castillo: el más temido de toda francia, donde dentro llacía la familia real de los Vampiros, gobernados por el rey Fallacy y su hijo; el principe Jasper, además claro de la servidumbre del lugar.

¿Cómo es su día a día?
O bueno...
¿Su noche a noche?
...
Era hora del atardecer hora exacta en las que Jasper se levantaba, amaba ver los atardeceres tanto como desearía ver algún día un amanecer, abrió sus cortinas cuidando se de los ultimos rayos del sol dando pie a los colores morados, naranjas, rosas y negros dando aviso a la llegada de la noche, observando con gloria aquella hermosa paleta de colores, la cual decoraba el cielo.

Toc toc -Escucho en su puerta sabiendo de inmediato de quien era- ¿Está despierto mi señor? - pregunto su fiel sirviente: "suave".

-Estoy despierto, Suave -afirmo jasper-

-Me alegra, su desayuno está listo, el amo Fallacy lo espera en el comedor-

-Estare en un momento, Gracias Suave.

-No hay de que, mi señor. -dijo mientras se retiraba de la puerta de su señor"

Jasper sin más, se vistió con su típico traje y arreglo un poco, abriendo su habitación y volando en dirección al comedor.

-Buenas noches, hijo mío ¿Qué te he dicho de volar dentro del castillo? -Escucho la intimidante voz de su padre-

-Lo lamento padre- dijo dando una reverencia en modo de disculpa- no quería hacerte esperar.

Fallacy miro a su hijo- toma asiento Hijo mío.

Jasper se sentó cerca de su padre, a una distancia considerable, de inmediato las sirvientas trajeron sus desayunos sirviéndose, y desayunando.

Mientras desayunaban tenían pequeñas charlas sin importancia, solo pasando el rato, mirando a su padre sonreír un poco.

Era tan raro ver sonreír a Fallacy como ver una luna totalmente azul, Jasper siempre se ponía de muy buen humor cuando veia a su padre sonreírle, amaba vera su padre feliz.

Fallacy en un momento dado, sin ser conciente palmeo suavemente la cabeza de su hijo, levantándose del asiento para retirarse, no sin antes sonreírle a Jasper y despedirse del mismo.
Este solo se limita reír y emocionarse, haciéndolo saber a su padre con pequeños brincos de conejo, haciendo que su padre lo mire con cariño.
Fue un buen desayuno.

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