9
Se encontraba sentado, sus brazos funcionaban de apoyo sobre el marco de la gran ventana que se encontraba en frente suyo.
Tenía la mirada perdida y observaba el cielo fascinado.
Sus memorias cobraban vida propia y se presentaban ante su mente como una pelicula vieja y gastada que no paraba de reproducirse una y otra vez.
Las agresiones recibidas a lo largo de su vida cobraban consciencia, y le torturaban en silencio.
Bajo la protección de aquella nueva casa, Sammy volvía a perderse en sus pensamientos.
Los días siempre habían sido una perdida de tiempo para él, en realidad, el tiempo siempre había sido algo innecesario y sin sentido. Pasar tantos momentos encerrado en aquella casa a la que deseó llamar hogar no le habían ayudado mucho.
Sus ideales habían sido destruidos con facilidad, la confianza y amabilidad fueron esfumándose a lo largo del tiempo, el pequeño niño ya había perdido la fe y capacidad de amar.
¿De qué servía confiar? Si luego le defraudarían
¿Para qué ser bueno? Total, nadie le recompensaría por ello.
¿Por qué ayudar a otros si nadie le ayudaba a él?
Su cuerpo pequeño en alguna etapa de su vida estuvo repleta de pequeños ardores y dolores, marcas que nunca se irían, su piel clara y pálida estaba repleta de cicatrices de guerra. Una guerra que duró quince años y que luego de mucho tiempo había logrado vencer.
Pero para Sammy no había ganado nada.
Sammy creía que todo estaba mal.
Él seguía sufriendo en silencio. Desde el día del incidente, cuando su vida se vio afectada abruptamente, provocando por poco su esperada muerte. Sammy sentía que algo estaba mal.
Él no paraba de contar los días que faltaban para volver a su casa, volver a ver a su madre y de poder recuperar su vieja y gastada rutina. Volver a encerrarce en su cuarto sabiendo bien que de todas formas ella lo encontraría, volver a ver por la ventana el paisaje que le brindaba el exterior, regresar a aquellos momentos en los que caminaba en silencio por la calle para llegar a la escuela pública que su madre se había visto obligada a llevarle.
Y aunque toda su rutina no era muy agradable, Sammy despertaba cada día creyendo que todo había vuelto a la normalidad. Que ya no habría dolores de cabeza para él, que no había gente nueva a la cual conocer.
Que todo estaba bien. O al menos así veía su pasado.
Sus ojos fueron cerrándose lentamente y desprevenidamente quedó dormido sobre la ventana. Aunque luego de una pesadilla decidió ir a la cama. De todas formas él ya estaba acostumbrado a dormir en espacios incómodos.
Mientras todavía el peliazul dormía sobre la ventana, en la habitación de al lado Eric acababa de acostarse, tenía los ojos rojos de pasarse toda la noche jugando en su pc y estaba agotado.
Pero aquel cansancio no fue suficiente como para hacerle olvidar lo que sabía que se avecinaba al despertar.
Apenas iba un día y ya creía que estaba perdido.
El castaño no quería encariñarse con aquel nuevo individio en su familia. Deseaba que todo hubiera sido sólo una mala pesadilla y que al despertar todo fuera normal, un día de vacaciones normal y corriente.
El sueño triunfó y Eric cayó dormido.
Ambos adolescentes dormían.
Pero ninguno se sentía bien.
——
Era un día de primavera, los rayos del sol chocaban contra el piso y calentaba todo a su paso, llenándolo de luz. Aquella luz que Eric tanto odiaba, sobretodo si chocaba contra su rostro mientras dormía.
Eran apenas las nueve de la mañana cuando su madre entró a su cuarto para abrir la persiana de su ventana y despertar de una forma poco agradable al pobre Eric.
Él solo se encargó de quejarse para dar media vuelta e intentar seguir durmiendo. Ines tuvo que sacarlo a la fuerza... De esa forma que solo las madres son capaces de hacer.
Por otro lado, en el cuarto vecino, Sammy se encontraba sentado en "su" cama, mirando a la pared blanca, sin pensar en nada.
Sus orbes carmesí resaltaban de sobremanera y fulminaban cada espacio de la vacía habitación.
No sabía que se suponía que debía hacer, si quedarse ahí y esperar a que lo llamen, o salir por cuenta propia. No sabía si era bueno salir o estar encerrado todo el día. No tenía claro que era peor.
Decidió esperar sin pensar nada.
Solo observar, a la vez que escuchaba los gritos de histeria que Eric soltaba enojado. Sammy contuvo sus ganas de llorar del nerviosismo. Por alguna razón, los gritos y peleas lograban incomodarle y molestarle a tal punto de llorar de la impotencia y ansiedad.
Tomó aire por la boca repetidas veces y luego de un rato logró calmarse.
Cerró sus ojos con fuerza y se abrazó a sí mismo.
La puerta de su cuarto sonó y él sólo de mantuvo atento.
La perilla se abrió y una mujer de cabellos castaños entró al sitio.
—Cariño, ¿quieres venir a desayunar todos juntos?— Tenía un tono amable y bondadoso, algo a lo que el menor no estaba acostumbrado, esa fue la razón por la que, aún nervioso por el escándalo que Eric había hecho al despertar, accedió asintiendo con la cabeza tímidamente. Le daba miedo ir y hacer alguna cosa mal, que le retaran y terminaran castigándole, temía a que le hirieran como otros ya lo habían hecho.— Entonces cambiate y ven, te estaremos esperando.
Ines cerró la puerta y una vez del otro lado suspiró preocupada. Haría todo por ayudar al niño.
Llena de determinación fue hasta la cocina donde encontró a su hijo tirado en la mesa como si hubiera intentado aguantar el sueño, fallando estrepitosamente.
Tocó su hombro y lo sacudió levemente.
—Vamos, que no es tan temprano.
Solo obtuvo un pequeño movimiento como respuesta.
Ella intentó ignorar eso y fue hasta el refrigerador para buscar algo con que hacer el desayuno.
—¿Eric, me harías el enorme favor de no dormirte y ayudarme?
Como respuesta su hijo se levantó de la silla y la miró con cara de cansancio.
Estaba por retarle por no haber dormido sabiendo que seguramente había pasado la noche en vela a causa de sus jueguitos y aquella endemoniada cajita del mal, como ella solía llamar a su computadora, pero el ambiente se vio cortado a la mitad cuando lograron visualizar en la puerta de la cocina/comedor al pequeño de cabellos azules.
—¡Sammy! Ven, sientate, dime, ¿Qué quieres desayunar?— Ines acababa de llevar toda su atención al menor y eso enojaba a Eric.
El pequeño no contestó, la miró algo extrañado.
—Deja mamá, haz cualquier cosa y ya.— Dijo Eric con su paciencia perdida, estaba además de molesto, irritado. No podía creer que aquella cosa tuviera más atención que él. — A propósito, ¿Cuándo iras a trabajar?.
Quería saber cuánto tiempo de libertad tenía hasta que tuviera que hacerse responsable del menor, además de que quería llamar la atención de su madre, aunque eso último nunca lo admitiría.
Ines lo miró incrédula, y mientras abría un cajón de la cocina sacando una caja de té y otra de café, se dignó a contestar.
—No sé cariño.— Eric bufó por la respuesta y la forma en la que lo había llamado—, seguramente cuando me llamen, sabes como son allí en el hospital... ¡Están más desorganizados que tú! — Comentó riendo levemente.
El castaño se contuvo en contestar y sólo hizo mala cara.
Había logrado su objetivo, al parecer su madre no volvía a hablarle a Sammy, el cual observaba sentado en la silla en la cual se encontraba Eric hacía unos momentos.
No pudo sentir culpa por estar a la defensiva con el menor, pero Eric era Eric, y él no quería perder el poder del hermanito menor, el más consentido y aprovechado.
El de cabellos azules miraba la escena con nostalgia, no paraba de pensar en la actitud de la madre del chico, de como lo trataba, de lo mucho que hubiera deseado por que su madre hubiera sido así.
Bajó la mirada volviendo a perderse en sus pensamientos, como usualmente siempre le pasaba, o como estaba acostumbrado a hacer habitualmente desde antes del incidente.
Pero toda idea en su mente se desvaneció cuando la mayor de la casa le dejó una taza en frente suyo.
No estaba acostumbrado a comer mucho, solía terminar alimentándose de las sobras que dejaba su mamá, y en el orfanato la comida era espantosa.
Sammy miró al té con leche que había delante suyo y luego observó dudoso a las demás personas de la sala.
Eric tenía un tazón repleto de cereales con leche e Ines tomaba un café.
—¿Qué miras? No te daré de mis cereales. — Sentenció el mayor al verlo observándole, su mamá le dirigió una mirada amenazante y este se tensó. — ¡Mentira! Eh... ¿Quieres...?
Sammy volvió a bajar su visión hasta su desayuno, realmente no se acostumbraría.
Tomó la taza y sorbió un poco del liquido.
Sin darse cuenta había cerrado sus ojos disfrutando apenas de una paz interior que solo llegaba a sentir pocas veces.
Comenzaba a darse una idea de las personas que le rodeaban.
Y eso le parecía bueno.
Aunque para él seguía siendo todo una simple imaginación de su mente. Sammy seguía obsesionado con que en cualquier momento despertaría nuevamente en su vieja casa, junto con sus escasas y viejas cosas.
Luego del desayuno Ines se quedó con él, ya que el cobarde de Eric había escapado diciendo que desde hacía unas semanas habían planeado reunirse sus amigos.
Una vil mentira: apenas pudo llamó a Marcus para pedirle quedarse en su casa hasta tarde.
Lo que nadie sabía es que, mientras Ines intentaba pasar tiempo con Sammy dándole materiales para dibujar y entretenerse un rato, la llamaron del hospital.
Aunque quiso negarse de ir, sabía perfectamente que no podía.
Eric se encontraba sentado en el piso jugando a la play con Marcus mientras Seam leía un libro, observándolos brevemente a cada rato, cuando una llamada cortó la casi victoria del pelirrojo.
El castaño riendo por lo bajo al haber evitado su muerte en el juego, atendió a su celular.
Escuchó a su madre mientras, poco a poco su seño se fruncía más.
—Okay— dijo con desgano colgando la llamada y mirando a sus dos amigos con una cara de enojo y cansancio juntos.— Debo cuidar al parásito de mi "hermanito"— se quejó haciendo comillas con los dedos y un perceptible puchero falso.— llamaron a mamá del hospital...
Seam captó la suplica de Eric al instante.
—Si quieres... Te acompañam...— el teñido no pudo terminar de hablar cuando el ojiazul le interrumpió enérgicamente.
—¡Sí!
—Espera tío, yo no voy, suficiente tengo con mi hermana... — Marcus se negó riendo por lo bajo, era imposible tomarle algo en serio.— Vale, no, pero... No prometo que el crío no termine muerto, intoxicado o algo así.
—Mejor, así lo matas cuanto antes.— Rió Eric bromeando, aunque esto provocó un codazo de parte de Seam junto con su mirada asesina.
Un rato después Eric veía como su madre se iba a toda velocidad por la carretera dejándolo a cargo del parásito.
Suspiró con pesar y se dignó en afrontar sus problemas.
Sammy se encontraba sentado en la mesa de la cocina/comedor, dibujaba sobre ella con unos lapices y en una hoja que seguramente Ines le había dado para entretenerle un poco.
Eric quiso ver lo que dibujaba, pero fue detenido por Seam que miraba al menor nervioso.
—Sabes que soy malo en e...— Por segunda vez en el día fue interrumpido.
—¡Hola chaval! ¿Qué dibujas ahí? ¿Puedo ver? — Marcus acababa de hacer lo que Seam no se animaba.
El peliazul miró al mayor asustado, claro, pensó Eric, ¿Quién no se asusta con tremendo gigante de dos metros?
Sabía que debía presentarle a sus amigos primero, que tal vez haría daño que Sammy tuviera contacto con extraños aparte de él y su madre, pero por alguna razón le daba bastante noséqué el hasta dirigirle la palabra, el día anterior ya había hecho demasiado lío su bocota, además de que su orgullo no quería siquiera pensar en ser bueno con el parásito.
Eric calló perdido en sus pensamientos sin percatarse de que el pelirrojo se acercaba más al menor.
—Mi nombre es Marcus.— Continuó hablando al notar que el contrario no respondía.
Sammy, que había vuelto a perder su mirada en su dibujo, cerró sus ojos con fuerza.
—¡Hey! ¡¿Puedo dibujar contigo?!— el pelirrojo volvía a ser nuevamente tan extrovertido como siempre.
Estaba por arrebatarle un lápiz a Sammy cuando Seam lo detuvo. Un gran y merecido golpe en la cabeza hizo que frenara.
—¡Dejalo en paz que le asustas! ¡Perdona a este tonto por favor!
El peliazul miró a ambos amigos de Eric y luego al susodicho, el cual reaccionó devolviéndole la mirada.
Sammy no entendía las disculpas del teñido, ni la actitud del pelirrojo, no entendía por qué querían dibujar con él, ni por qué le pegaban a Marcus siendo él quien merecía una golpiza.
Eso le causó una gran ansiedad, la cual le hizo temblar levemente y mirar a la única persona que, aunque era escasamente, conocía.
Su mirada fue de suplica, y aunque Eric era demasiado idiota, pudo advertir que estaban incomodando al menor.
En realidad, el único inconsciente del problema era Marcus que se sobaba la cabeza mirando con una pequeña y torpe sonrisa a Seam, el cual inmediatamente, luedo de captar la mirada del de ojos carmesí, tomo de la camisa del mayor alejándolo del menor.
Sammy escondió su cara con sus manos y se inclinó apoyándose en la mesa.
—Emm... Eric... Si quieres nos vamos...— Se podía notar a Seam errepentido y triste, lo que menos quería era molestar, y eso mismo había hecho.
—Por q... ¡Auch! —Exclamó cuando Seam lo tironeó fuertemente hasta la puerta.— ¡Sueltame!
—¡Esperen...!— Eric reaccionaba como siempre, tarde.
Seam, humillado y fuera de lugar, siguió ejerciendo fuerza al pelirrojo para sacarlo de la casa junto con él.
—Lo sentimos mucho Eric— Se lamentó. —, y adiós Sammy, perdón de veras.— y así, sin más la puerta se abrió y cerró dejando a Eric embobado.
Sammy estaba aturdido y descolocado. Lenta y torpemente tomó sus cosas e intentó levantarse e ir a su cuarto, no quería estar a solas con su "hermano".
¿Por qué?
Él se sentía amenazado, tal vez le daba miedo la actitud de este, y aunque sabía que no le haría daño y que lo había intentado ayudar cuando lloró el día anterior, no estaba dispuesto a compartir tiempo a solas con él.
Por otro lado, el castaño necesitaba hacerle entender al menor que sus amigos no habían querido molestarle, y por alguna razón se sentía culpable, aunque no había pasado nada grave, sentía que debía disculparse, y también, que luego debía llamar a sus amigos retándoles por haberlo abandonado por aquella estupidez.
Cuando vio que el menor se levantaba y caminaba lentamente hacía la puerta que daba a su cuarto intentó detenerlo.
Pero las palabras se quedaron atascadas en su boca y el orgullo le gritaba que lo dejara así.
Intentó volver a hablar, pero cuando lo iba a hacer su cerebro lo traicionó, igual que la vez en la que conoció al peliazul por primera vez.
—¿Puedo ver el dibujo?
Si bien no quería decir eso, se sintió bastante tonto por preguntar tal cosa: a él no le importaba ni lo más mínimo eso.
Sammy se giró mirándole y por alguna razón del destino optó por acercarse y mostrarle la hoja.
Su dibujo era bastante extraño, comenzando por las líneas y su trazo, siendo este abrupto y sin cuidado, parecía que se hubiera desquitado con el pobre lápiz. Por otro lado, se podía ver que había dibujado una puerta, se notaba porque había un pomo en aquel raro rectángulo, y se veía una mano asomarse detrás de esta. Una mano negra y ahí era donde más se veía la presión que había ejercido sobre el lápiz, dejando marcado un pequeño agujero en la hoja.
Eric miró en silencio tomando entre las manos el peculiar dibujo.
Sus ojos se fijaron en los de Sammy, que miraban al suelo mientras jugaba con sus manos y temblaba levemente.
—Es como el dibujo de un niño de once...
El de orbes carmesí estremeció y con rapidez tomó la hoja que sostenía el mayor y sin previo aviso se fue hasta la puerta de su cuarto, como si las palabras del castaño lo hubieran enojado o asombrado.
Antes de cerrar con decisión la puerta, miró al desconcertado Eric que había quedado estático, y habló.
—Tengo diez.— Su tono fue decidido y con una clara obviedad.
Eric se estremeció y miró la ya cerrada puerta.
Algo dentro de él deseaba saber qué había sucedido con el de cabellos peculiares.
——
Se encontraba de nuevo entre aquella oscuridad que le hacía estremecer y entumecía sus sentidos.
Podía escuchar, levemente pequeños gritos sin sentido, conversaciones con palabras que no lograba captar ni llegar a procesar, su cerebro intentaba entender lo que ocurría al rededor, pero su visión se encontraba anulada por completo.
Poco a poco el sentido del tacto se hizo presente de una forma poco agradable, pequeñas puntadas se localizaban en su vientre, como si miles de alfileres se clavaran justo ahí, podía sentir su cabeza arder y el frío envolverle.
Y para su desesperación no podía moverse. Se mantenía quieto, consumiéndose en su dolor, escuchando voces que cada vez se hacían más chillonas y voluptuosas.
Su garanta ardía y quería gritar, pero los sonidos no salían.
Su cara estaba húmeda y sus ojos se encontaban ciegos y cansados de buscar un rayo de luz en la oscuridad.
De repente pudo sentir una gran punzada en su pecho, la cual era tan dolorosa que le hacía querer quebrar en llanto y morir del dolor.
Logró reconocer una voz que sonaba fuerte y diferente a las demás.
Lograba entender lo que decía.
Y también reconocer el dueño de esta.
Sin aviso todo se tornó blanco, cegandolo nuevamente y al acostumbrarse a la luz, soltó el grito que había retenido su garganta al ver ese rostro macabro con aquella sonrisa tan siniestra y psicópata.
Despertó a media noche con la respiración agitada y la voz entrecortada. De repente la puerta de su habitación se abrió dejando ver a un exaltado y asustado muchacho de cabellos castaños, ojos claros y una mirada de total preocupación.
***
Ya sé, tardé millones de millones de años luz en actualizar...
Lo lamento ;-;
Pero me sentía obligada de escribir, y lo que menos quiero es eso. Por eso decidí que escribiría cuando quisiera y estuviera inspirada.
No es un capricho, es que quiero darles a mis lectores, ustedes, lo mejor de mí, y no un escrito forzado.
Disculpen de todas formas.
Dejando eso de lado, tengo dos noticias:
Voy a cambiar la portada por una nueva que me gusta más...
Y cambiaré la clasificación de la historia a "No ficción" o "suspenso/misterio". ¿Ustedes qué dicen? ¿A cuál de las dos?
Gracias por todo, y quisiera saber qué les pareció este capítulo... A decir verdad, soy bastante mala a la hora de escribir las conversaciones xD
Pero quisiera recalcar que este cap tiene tres mil palabras, tres medios de lo que sería un capítulo normal, en compensación de la tardanza.
(En multimedia dibujo random)
Gracias a todos y que tengan una bonita noche...
Los saluda
DFAbril❄
(Pd.: siguen queriendo el especial 1K? Haganmelo saber ;--;)
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