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Una semana.
Una endemoniada semana.
Y entonces, él vendría. El niñato estaría aquí, viviendo en el mismo techo que el mío.
Lo odiaba. Odiaba infinitamente a aquel estúpido parásito, detestaba mi vida, no toleraba que un crío viniera aquí, y se metiera en mi vida, en mi hogar, que desordenada MI comodidad.
Sólo una semana de libertad. Y adiós tranquilidad.
Me encontraba en casa, recién había llegado del último día de clase y me encontraba totalmente empapado en serpentina y papelitos de colores, sin olvidar la espuma, claro.
Estaba alegre, al fin terminaba ese infierno, y ya no tendría que volver. Las vacaciones eran el único momento del año en el que disfrutaba plenamente de la vida.
Y así sería, ya no había obstáculos entre mi computador y yo, ya no habría nadie que se interpusiese en mi camino a él, ya sabía todos los juegos que descargaría, continuaría o abandonaría.
No habría límites. Sólo mi PC y yo.
Así como estaba, empapado de vómito de unicornio en papelitos, me fui directo a mi habitación, y prendí mi computadora.
Hoy no estaría mamá, ella trabajaba, eso me dejaba solo. Sonreí al recordarlo.
Tomé el mouse, y cuando me disponía a entrar a mi sesión, una llamada de mi móvil me sacó de quicio.
—¿Qué mamá? — Pregunté al ver el nombre de la persona que llamaba.
— Hijo, necesito un favor, porfiis...— Me dijo alargando la "i'
—¿Qué?— Cuestioné impaciente, ¿Ahora qué quería?
—Mira Eric, ya sabes que Sammy vendrá en unos seis días, ¿no? — asentí con la cabeza, esperando a que continuara, luego recordé que no podia verme... Me sentí realmente idiota.
—S-sí.
—Pues, antes de la guarda necesito, o más bien, servicios sociales necesita que todos los integrantes de la familia tengan por lo menos contacto con el menor y que la psicóloga de este nos diga algunas cosas...— Terminó de informarme y en unos segundos ya estaba ordenándome cosas.— Así que te quiero en el hospital en menos de una hora. ¿Okay?
¿Ir YO al hospital a ver al estúpido niñato?¿¡What!?
—O-okey.
Miré mi PC con pena, como cuando dejas plantada a la chica que te gusta porque tu mamá no te deja ir a la cita.
—Más tarde será. — Le dije, como el retrasado que soy.
Iba a cambiarme e ir, hasta que el picazón del confeti se hizo presente.
Corrí hasta el baño, intentando bañarme lo más rápido posible.
Una vez limpio, y cambiado salí de casa a una velocidad sobrehumana, y no era de la emoción de ver al puberto, sino, más bien, de que mamá no me matara al llegar tarde.
Tomé el primer colectivo que vi y me senté atrás de todo, mi lugar predilecto.
Ese viaje fue uno de los más duros, y no solo por el hecho de que iría a ver al futuro parásito de casa, también lo fue por la gente que había. Nunca falta el bebé que por alguna razón de la naturaleza se le da por cagarse justo cuando tiene que entrar al colectivo, ni los típicos amigos que se creen cool por poner su música villera al dope, lo más alto posible mientras estan en el jodido transporte, y no olvidemos la anciana que pide lugar y la que te habla de TODA su vida, esas dos también son bravas.
Para desconcierto mío, estuvo todo ese tipo de personas, haciendo que mi humor y paciencia llegaran a un punto que no sabes qué es mejor, o tirarte de la ventanilla del cole e impactar contra el suelo, o tirarte de la ventanilla del cole e impactar contra el suelo.
Un dilema que no podría resolver.
Mis nervios iban a mil, quería salir de aquel transporte y llegar lo más rápido posible al hospital, y ver si de alguna forma podía matar al niñato... ¿Cómo se llamaba...? ¿Sa... Samee? Algo así era...
Daba igual su nombre, tenía que llegar antes de que mi mamá se enojara.
Cuando AL FIN pude bajar del cole, salí corriendo como si me estuvieran robando, eso me dio gracia, porque cualquier persona normal hubiera pensado que estaba escapando de un ladrón. Pero no. Estaba intentando no ser asesinado por mi madre.
Llegué al hospital para darme cuenta que había tardado cuarenta minutos, y sonreí exhausto, hacía años que no corría tanto.
Entré a la sala de espera y fui directo con una enfermera para preguntar por el nombre de mi madre. La mujer al escucharlo, puso cara rara se fijó en una computadora y me informó.
—La enfermera Ines se encuentra en pediatría, sala 6.
Agradecí y fui hasta allí intentando no perderme.
Apenas puse un pie en pediatría la vi, sentada en una sillas, con la mirada perdida.
Fui directo hasta ella, y la saludé.
—H-hola mamá.
Levantó su cabeza y al verme me sonrió.
—Creí que no vendrías...— Se atrevió a decirme, a lo que yo contesté.
—¿Y permitir que luego me mataras por no hacerlo? ¿Estás loca? — Le sonreí intentando no preocuparla.— ¿Nerviosa?
—La última vez que lo vi fue cuando se fue del hospital hace unos tres meses.— al segundo entendí que se refería al parásito.
—Pues, tranquila, todo saldrá bien.
Ella me miró frustrada.
—¿Y si no quiere que lo adopte? ¿Y si todo esto fue por nada?— dejó caer unas lágrimas que yo sequé con mis manos.
—Mamá,no pasará eso.— dicho esto la abracé y ella correspondió el gesto.
Cuando se calmó, me senté junto a mi madre y esperamos.
La sala estaba medianamente vacía, solo había tres personas más, una enfermera y una pareja que esperaban al lado de una puerta azul.
De repente una mujer vestida de colores vivos llegó a nosotros y nos habló.
—¿Familia Taylor? Soy Sara la psicóloga. Antes de que tomen contacto con él, quisiera hablarles sobre su estado.
Los dos nos paramos y fuimos guiados hasta un consultorio por la mujer.
—Tomen asiento.— dicho esto, me senté en una silla que se encontraba en frente de un escritorio, junto con otra en la cual se sentó mi madre.
— Bien, tengo presente que está decidida a adoptar al niño, pero antes de eso, quisiera informarle su estado psicológico. Como sabe, Sam ha sufrido de maltrato infantil toda su vida, tanto físico, como emocional, contando el desamparo moral y material.
»Este tipo de cosas traen como consecuencia varios trastornos, en este poco tiempo puedo decir con seguridad que el menor entre todas las consecuencias posibles, se notó baja sociabilización, incapacidad al desarrollar aprecio, problemas del sueño e hiperactividad.—Mamá y yo quedamos en silencio. El sermón de la señora sonaba a una total advertencia, como si el parásito fuera alguna clase de bestia o monstruo.—
Pero, sobre todo — Continuó hablando la psicóloga.— Es realmente importante aclarar que Sam se niega a crecer, literalmente sigue queriendo creer o intenta hacerse creer que no ha crecido, y sigue siendo un "niño", por lo tanto, no demuestra tener 15. Es muy común en este tipo de casos, a lo que voy es que adoptar a Sammy sería como adoptar a un niño de 10 con problemas al sociabilizar.— Observé a mamá, ella miraba a "Sara" atenta y resignada. — Así que si, al saber todo esto, ya no desea tomar la adopción del menor, se lo entiende y no se encuentra obligada a seguir con esto.
Apenas dejó de hablar, un silencio se apoderó de la sala. Sentí el áurea negro que solo yo podía ver sobre mi mamá.
—Mire señorita Thonsom,— Ella tomó ese tono tan aspero y duro que hasta a mí me heló la piel. Se paró de su asiento y miró con pena a la mujer.— Si usted cree que voy a renunciar a todo esto solo por lo que me ha dicho, está realmente equivocada. Yo no quiero la adopción porque sí, ni por capricho. Ese niño tiene algo, algo que despertó en mí la necesidad de cuidarlo, como lo hace una madre de verdad, como yo lo hice con mis dos hijos, y ningún impedimento va a lograr que me tiré para atrás. No voy a bajar los brazos por un simple problema. No voy a permitir que ese niño siga sufriendo como yo sé que lo hace. No voy a permitir que nadie más lo dañe, como ya lo hicieron. Y no me importa lo que diga, voy a hacer hasta lo imposible para proteger a esa criatura.
Quedé en shock, nunca la había visto tan decidida, tan segura, tan genial.
La psicóloga solo asintió con la cabeza y nos dirigió a otra sala.
Antes de abrir la puerta, habló.
—Antes de pasar... Sería conveniente que venga usted, ya que ya la conoce.— Dijo dirigiéndose a mi madre.
Ella aceptó y entraron, dejándome solo. Ahí, inquieto, expectante.
Maldito niño, hasta para verlo lo tenía que esperar. ¿Quién se creía? ¿la deidad del mundo?
Esperé resignado.
Tanto, que el tiempo se volvió tosco y nulo.
En unos segundos, minutos u horas conocería al parásito, al niñato, a quién sin siquiera verlo había carcomido todos mis pensamientos unos cinco meses, a quien temía y a la vez odiaba. Mi peor enemigo, quien robaría mi sitio de hermano mayor, el estúpido niño de quince años.
Golpeé el piso con el pié de pura frustración. Estaba realmente nervioso.
Luego de largo rato de espera la puerta se abrió dejando ver a mi mamá, ella sonreía.
—Ven, no hay problema en que pases, intenta presentarte
Al segundo pude apreciar con total claridad la habitación, color verce pastel. En una silla a espaldas mías se encontraba él. Este giró lentamente su cabeza hacia atrás, con temor, para ver quien entraba a la sala, o sea, a mí.
Sus ojos color carmesí expresaron temor y yo lo único que fui capás de decir fue lo más estúpido que había dicho en años.
—H-hola... Me llamo Eric y... me gusta el cereal.
***
Holo!! Abajo las armas, no me maten :v
Antes de que se vayan, les dejo lo prometido:
Nuestro pequeño Sammy ♥
Y eso es todo!
Gracias por leer y apoyar la historia. n.n
Sin más que decir, se despide...
Miss conejo mad 🐰
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