Capítulo 2

Capítulo 2

Vivo sola, salí de mi casa a los 16 años, la relación con mi familia no era la mejor-en especial con mamá-para evitar más problemas decidí irme a vivir por mi cuenta. Eso no significaba que dejara de visitar a mis hermanos.

Llegue a las 10:00 a.m., mi hermana-que seguía de mí-se encontraba en casa, lo que me puso nerviosa al oír su voz al otro lado de la puerta.

-Ada.-la puerta se abrió lentamente, al parecer le costaba creer que estuviera parada ahí.-Hola ¿puedo pasar?-me respondió haciéndose a un lado, al irme sin avisar, mi hermana me dejo de hablar por el enojo que tenía hacia a mí, pensaba que ya se le había pasado, después recordé que se trataba de una chica bastante rencorosa cuando le haces daño. No la culpo.

-Creí que estabas en la escuela.-por lo regular visitaba a mis hermanos pequeños cuando estaban solos.

-No tuve clases.-dijo secamente, señaló el sofá para que me sentará.-Giovanni, Cris, Aldo llego Ada.-aviso Belinda, el simple hecho de que dijera mi nombre me alivio. Somos 5 hijos, Giovanni tenía seis años, Cristina nueve, Aldo trece, Belinda diecisiete y yo que soy la mayor diecinueve, mi madre se casó con un maldito borracho que se mató al enterarse de que iba a tener a su quinto hijo, ella cayó en una fuerte depresión y una histeria tremenda.

-¡Adita!-Gio fue el primero en abrazarme.- Te extrañe.

-Y yo a ti pequeño.-miré a los demás.- ¿Cómo han estado?

-Bien gracias.-contesto Cristina.

-Están bien grandes.-abracé a cada uno.- ¿Quieren ir al parque?

-Ada, nunca te dije que los sacarías.-sentenció Belinda.- Queremos hablar contigo, sobre las visitas.

-Oh vale.-presiones mis labios en una línea recta. Ya sabía de qué se trataría la plática.- ¿Ellos tendrán que escuchar?

-Si.-se paró enfrente de mi con sus brazos cruzados sobre su pecho, de modo que intimidaba.- Ya no podrás venir a verlos.-abrí los ojos por la sorpresa, a pesar de que ya lo sospechaba, oír esas palabras fueron un balde de agua fría.

-¿Por qué?-interrogaron los niños, Aldo y Belinda intercambiaron miradas, estaban los dos de acuerdo.

-Mamá lo pidió, al parecer una vecina le informo que una chica entraba y salía de su casa con los niños, al enterarse amenazó con demandarte, así que si no quieres eso, dejarás de venir.-condiciono Aldo.- Además, dice que eres un mal ejemplo para nosotros y concuerdo con ella.

"Un mal ejemplo..."

-Dejo dinero suficiente al verlos, si ese es el problema pueden aumentar la cantidad y se las daré con gusto.-ofrecí.

-Crees que podrás comprarnos o qué.-alzó la voz Aldo.- ¡Tú piensas que dándonos dinero somos felices!

-Solo quiero apoyarlos en los gastos, esa no es mi intención.-me defendí.

-No Ada, esto no es así, nos dejaste por un año. Ahora apareces como si no hubiera pasado nada, das dinero y te vas sin más, eso no es una hermana.-replicó Belinda.

-Lo hice porque necesitaban tiempo de afrontarlo.-respiro hondo.- Cuando me fui ustedes me miraban con un odio profundo que trate de comprender.

-Eso no justifica nada, ¡nos dejaste solos con ella!-grito Belinda, los más peques cubrían sus oídos. De pronto la bilis subió a mi garganta.

- Ella... ¿les pega aún?-interrogue, al ver a mis hermanos escondiéndose debajo de la mesa, un miedo corrió por mi espalda, hacían eso cuando mamá llegaba y nos golpeaba a los grandes mientras los más pequeños veían.

-No.-contesto Aldo.- La única ventaja que tuvimos de tu partida fue esa, cuando le gritaste que todos alguna vez la dejaríamos sola, paro los golpes.

Me acerque a mis hermanos, acaricie su cabeza para que se tranquilizaran.

-Oigan, vayan con esto.-saque unas burbujas.- Salgan al patio los veo allá.- sus ojos brillaban de la emoción tomaron el frasco y se fueron al patio trasero.

-Me alegro de que no los golpeé más.-confesé.

-Nunca nos puso la mano encima, no después de que tú te ofrecieras por todos.-arrastro las palabras Aldo.

-Cuando me fui, pensé lo peor.-volteé a verlos.- Creí que los golpearía hasta cansarse.

-No pasó nada de eso.-suspiro Belinda.- Solo se encerró en su cuarto y bebió alcohol. Ya está mejor.

-Todos estamos mejor.-se relajó mi hermano.- ¿Cómo diablos no puede afectarte nada? No tienes corazón.

-Tal vez.-a pesar de sus palabras mi semblante no cambio, había aprendido a no mostrar mis sentimientos. Aun así estaba destrozada por dentro, al saber que no volvería a verlos.-Debo irme, no se preocupen, no volveré a menos que ustedes me lo pidan. No pediré perdón, sé que no lo merezco.

-Gracias, es lo último que haremos.-advirtió Belinda.- Ya conoces la salida.

-Ni siquiera me dejarás despedirme de ellos.-miré por el ventanal. Cristina atrapaba una burbuja, Aldo se comía una.

-Les diré que tenías prisa.-justifico Aldo.- Ahora vete antes de que mamá llegue, asentí con la cabeza, ambos me acompañaron hasta la puerta, cuidando que no volteará y viera a los chiquitos.

-En verdad, no vuelvas.-recalcó Aldo.

-Descuida, entendí el mensaje.-salí de la casa, caminaba despacio.- Y por cierto Aldo, el que no tiene corazón, son otros.-ambos quedaron callados.

Seguí mi paso con un dolor en pecho.

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