Capítulo 3b

Lago Espejo, Wonderland
Narra Freddy

-¡¡NIARA!! ¡¡NIARA!!- Grite el nombre de aquella chica con todas mis fuerzas, sin embargo nadie me respondio.
Fred permanecía extrañamente callado, atontado aún por lo que acababa de ocurrir.
Decidí acercarme al lago, que, aún con la lluvia, parecía un brillante y liso espejo. Necesitaba saber si tenía alguna quemadura grave a causa del fuego.

Antes de que pudiera acercarme al agua, alguien me tomó del brazo, impidiendome andar.

-¿¡Per... pero qué!?- No podía creer la imagen que se encontraba ante mí: la persona que sostenía mi brazo... era Fred. Tenía su propio cuerpo, por eso no lo oía dentro de mi cabeza. Mi mente tardó varios segundos en procesar la información.

-Yo tampoco entiendo como pudo pasar esto. Creeme, estoy tan confundido como tú.- Fred se acercó y se sentó en un roca que había a mi derecha. -Esto no parece tener sentido. Aunque imagino que ahora estaras contento, ¿verdad?-

-¿Eh?- Me sentí algo confuso por sus palabras. -¿A qué te refieres?-

Fred me miró fijamente durante casi un minuto, para luego echarse a reir sonoramente.

-¿¡Qué te hace tanta gracia!?- Exclamé algo molesto.

Él negó lentamente con la cabeza. -Hace apenas unas horas decías que me querias fuera de tu vida. Y ahora que somos independientes, actuas como si nada.-

Medité un momento las palabras de Fred. Tenía razón, eramos independientes, pero... ¿por qué no me sentía feliz? ¿Por qué me sentía incompleto?

Me senté al lado de Fred, el cual se había quedado callado y no parecía tener intenciones de entablar una conversación. Al final lo único que hicimos fue contemplar los surcos que hacían las gotas de lluvia al impactar sobre la superficie del lago. Podía escuchar con total claridad el sonido del agua al caer, el sonido de la lluvia que nos empapaba.

Pasado el rato, la lluvia por fin cesó, dejando tras de sí el olor a tierra húmeda. Fred y yo permaneciamos callados.
El silencio empezo a tornarse amenazante y una sensación de inquietud cubrió el lago como una pesada niebla.

-¿Te has dado cuenta?- Fred rompió, finalemente, aquel pesado silencio. -No se escuchan los pajaros.-

Cerré mis ojos para poder prestar más atención a lo que mis oidos recivían.
No se oía ningún ruido, ni siquiera el del viento al rozar la hojas de los árboles.

-Tienes razón, todo esto es muy extraño.-

Fred se levantó y me tendió la mano. -Será mejor que nos empecemos a mover... este lugar me está poniendo de los nervios.-
Tomé su mano y él dió un pequeño tirón para ponerme en pie.

-¿Tienes alguna idea de hacia donde ir?- Pregunté, sacudiendo la tierra de mi ropa. Él simplemente negó con la cabeza.

Suspiré con cierta pesadez, no era buena idea empezar a andar sin tener un destino claro. Podríamos perdernos, bueno, más de lo que ya estabamos. No era una idea alentadora.

-Deberiamos buscar un sitio alto. Así sería más fácil hacernos una idea de donde estamos.- Fred solo hizo un gesto de afirmación, dandome a entender de que mi idea le parecía bien.

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Lugar desconocido
Narra Niara

Al menos los ositos han sido más rápidos que el conejito a la hora de ponerse en marcha, eso hace mi trabajo algo menos pesado.

Umm... no creo que sea buena idea que se dirijan hacia el cañón azul, es una idea pesima. Me parece que nada mas llegar nuestros dos ositos ya se toparan con la cara más oscura y peligrosa de mi mundo. Meh, no hay nada que hace...

¡Espera un momento! ¿Mis orejas han oido bien? ¿Me has preguntado si yo puedo hacer algo?

...

Tienes que estar bromeando. ¿Aún no te has dado cuenta de cual es mi papel en esta historia? No tengo poder para saltarme el guión establecido; es más, ¡mi trabajo es hacer que cumplan el guión!

...

Creo que puedo hacer una cosilla, pero no creo que ayude al los ositos (o al conejito) a corto plazo.

...

¿Qué es? Jijiji, es una sorpresa. No seas impaciente y continua observando, aunque lo que viene ahora es algo fuerte.
Yo tengo que ir a preparlo todo.
¡Disfruta del espectáculo! Claro, si puedes.

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Cañón Azul
Narra Fred

No podía creer lo que veían mis ojos. ¿¡Qué clase de lugar era aquel!?
Había restos desmembrados de lo que parecían ser animales, no quería ni plantearme que algunos fueran humanos, amontonados en pequeños montculos que se extendían hasta el final de aquel cañón. La temperatura había bajado considerablemente, hacía muchisimo frío.
Las paredes estaban recubiertas de una gruesa capa de hielo, en la cual se podían ver atrapados espantosos monstruos: un pez abisal con piernas del tamaño de un caballo, una especie de yeti gigante, un buho que estaba... ¡con los órganos arrancados!

Entre los montones se podían ver como algunos miembro de los animales estaban cosidos a partes que no les correspondían o se encontraban unidos a maquinas de extraña apariencia.

Cerca de nosotros había lo que parecía ser un ¿dodo? Digo parecía porque el animal estaba totalmente irreconocible: un enorme engranaje manchado de sangre salía por su espalda, atravesandola completamente; sus patas, habían sido amputadas y sustituidas por unas mecanicas toscamente unidas a los muñones; no tenía ojos, en su lugar había solo unos pequeños espejos ensangrentados. Era como ver el experimento de un doctor chiflado.

Freddy no había resistido aquella grotesca visión, aunque no sé como lo estaba haciendo yo.
El pobre se encontraba vomitando entre unos arbustos, totalmente demacrado.
Sin duda, el encanto y belleza que habiamos llegado a pensar que tendría este lugar ha sido sustituido por otra visión, mucho menos idílica.
¿¡A dónde demonios nos ha traido esa loca!?

Caminé un poco más, adentrandome en aquel horrible lugar. Me arrepiento profundamente de haberlo hecho.
En el suelo, a pocos pasos de mí, se encontraba el cadaver de lo que, alguna vez, fue un ser humano, una niña, creo yo: los ojos tenían cosidos encima unos botones de color verde, mientras que su boca también estaba cosida en forma de una sonrisa forzada eterna; su cabello había sido arrancado, y sustituido por lana de color amarillo cosida sobre el cuero cabelludo; sus brazos y piernas habían sido amputados y sustituidos por los de una muñeca de porcelana articulada. Era demasiado evidente que aquello lo habían hecho cuando ella estaba viva, pues se podía ver la sangre seca en la zona de los muñones, la boca y los ojos, mientras que la parte de la lana que se unía a su cabeza estaba teñida de rojo.

Aquello me llevo al limite y no lo resistí. Vomité. Podía sentir como mis ojos lloraban y mi garganta ardía. Lo que acababa de ver me perseguiría hasta el final de mis días.

Aún respirando con dificultad, busqué a Freddy. Estaba escondído tras un árbol, en posición fetal.

-Fred...- Me llamó con un hilo de voz. -Tenemos que salir de aquí.-

-Parece que el camino más rápido es a través de ese infierno helado.- Respondí yo, sentandome a su lado. -¿Estas seguro de que podrás aguantarlo?-

Él lo meditó unos segundos. Finalmente asintió. Después, ambos nos levantamos y nos dirigimos de vuelta hacia la entrada del cañón.
Justo antes de entrar, Freddy me tomó la mano. Cuando yo le miré, solo me dió una sonrisa. Le sonreí de vuelta.

Ambos miramos hacia delante y, tras respirar profundamente, nos adentramos en aquel cementerio helado.

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Palabras: 1232

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