Capítulo 2b
Lugar desconocido
Narra Niara
¿Te he hecho esperar mucho?
A veces me cuesta encontrar las teteras.
Aquí tienes tu té, y en la bandeja están todas las pastas. Hay de chocolate, mantequilla y mermelada. Coge las que más te gusten.
¿Ya está todo en orden? ¡Perfecto! Solo dejame ajustarlo todo para ver donde nos habíamos quedado con estos tres encantadores animalitos.
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Patio de la escuela, tras la evacuación
Narra Niara
¡Muy bien! Veamos que tenemos por aquí...
¡Ahí están! Si, justo detrás de aquellos arboles.
La polluela amarilla parece que está llorando un poco... el zorrito rojo no está mirando mal a osito dorado, ciertamente, ¡eso es toda una novedad!
Por cierto, sientate a mi lado. Veras mejor todo lo que está pasando. Esta vez me quedare un rato más contigo.
Otra cosa, el incendio no lo cause yo. Yo solo hago cosas violentas para defenderme, nunca haría algo tan aleatorio.
¡Bueno! Sera mejor que me calle y empecemos de una vez en serio con esto.
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Narración normal
La escuela se encontraba medio devorada por las llamas y el fuego, había humo por todas partes. A lo lejos podían empezarse a escuchar las sirenas de los camiones de bomberos.
La mayoría de la gente había logrado salir, pero era muy difícil notar la ausencia de alguien entre aquel caos.
En una esquina del patio, algo separado de todo aquel caos, se encontraba un solitario y antiguo árbol. El cual, bajo su copa, daba cobijo a tres jóvenes, una muchacha rubia, un pelirrojo y otro joven rubio.
Chica había empezado a llorar al no haber logrado encontrar a Freddy entre toda aquella gente. En un primer momento de confusión también había buscado con desesperación a Bonnie, hasta que Foxy le dijo que el pelimorado se había ido un poco antes aquel día. Y, aunque se sentía aliviada al saber que al menos Bonnie estaría bien, la ausencia de Freddy entre aquella gente le hacia pensar que él aún se encontraba dentro de aquel edificio en llamas que antes era su escuela. Cuanto más lo pensaba, mayor era la cantidad de lágrimas que brotaban de sus ojos morados.
Golden, por otra parte, permanecía en estado de shock. El chico jamás había experimentado algo parecido a aquello y, a pesar de tener varios raspones en las piernas, los brazos y la cara, no era capaz de reaccionar. Además, a su confusión se sumaba el desconcierto de saber si su amigo de ojos azules estaba bien o no. El rubio no era capaz de procesar que a lo mejor uno de sus amigos, sus únicos amigos, podía estar gravemente herido... o algo peor.
Foxy, en cambio, tenía una lucha interna. Una parte de él quería ir de nuevo a la marabunta de gente y ver si su amigo se encontraba ahí; sin embargo, la otra se negaba a dejar solos a Chica y a Golden. Ya no era cuestión de que le gustara la rubia y el de ojos grises le hiciera la competencia, eso no le importaba. El pelirrojo se sentía incapaz de abandonar a sus amigos, porque, si, consideraba a Golden su amigo a pesar de todo, en aquel estado. Ambos rubios parecían incapaces de reaccionar, por lo que, finalmente, el ojiamarillo se había quedado con ellos. Aunque de vez en cuando diera un vistazo hacia la amalgama de gente, con la esperanza de ver a Freddy.
Entre ellos solo había un silencio roto por los gritos y las sirenas de los bomberos que acababan de llegar.
De pronto, un fuerte estruendo se escuchó por todo el lugar.
El ala oeste de la escuela, aquella en la que solían ensayar las bandas para el festival de primavera, se había hundido por completo. Los cimientos del edificio, debilitados por las llamas, habían cedido, haciendo aquella parte del edificio se viniera abajo.
Lo que le siguió fue peor. Al pánico y miedo se sumó una nube de polvo, cenizas y humo que, además de dificultar aún más el trabajo de los servicios de emergencias, hacia que fuera casi imposible respirar con libertad.
Foxy fue el primero, y ciertamente el único, en reaccionar. Tomó el brazo de Golden, mientras ayudaba a Chica a levantarse y la cogía de la mano.
El pelirrojo se llevó lo más lejos que pudo a sus compañeros, el descontrol y caos que había solo les haría estar peor.
En algún momento empezó a correr, arrastrando consigo a los otros dos, y no se detuvo hasta que llegaron a una calle apartada, a una cierta distancia de la escuela.
Golden había empezado a reaccionar, pero solo muy levemente. En su cabeza, las escenas vividas aquel día se repetían a cámara lenta.
Incapaz de soportar aquello, se apoyó en la pared y se dejó caer hasta quedar sentado en el suelo.
Lo único que se podía escuchar eran los sollozos de Chica, los cuales parecía que no iban a terminar pronto.
Foxy tiró suavemente de la mano de Chica, para sentarla en el suelo, cerca de Golden. El pelirrojo se sentó entre ambos rubios, si había que volver a salir corriendo, necesitaba poder tomarles de la mano y llevárselos.
Chica dejó caer su cabeza en uno de los hombros de Foxy, aún llorosa, mientras que Golden se había quedado ligeramente apoyado sobre el otro; el de ojos amarillos no rechazó el contacto de ninguno de sus dos amigos. Unos momentos más tarde, empezaron a caer gotas de agua dispersas, gotas que pasados unos minutos se transformaron en una intensa y fría lluvia; pero los adolescentes ni siquiera hicieron ademán de moverse.
Aquella escena parecía sacada de una película dramática: tres jóvenes, con la ropa sucia de hollín y cenizas, sentados en un sucio callejón, bajo una fuerte lluvia, sin moverse, quietos como estatuas vivientes.
Pasaron mucho tiempo bajo aquella lluvia, sin saber cuanto exactamente. Pero poco les importaba. En algún momento, el cansancio físico debido a la intensa carrera, sumado al cansancio emocional por los eventos ocurridos, hizo mella en ellos, quedándose profundamente dormidos.
La primera en dormirse fue Chica, seguida pocos minutos después por Golden. Foxy permaneció despierto un rato más, pero, finalmente, el agotamiento le ganó la batalla, cerró los ojos y cayó en un sueño profundo.
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Lugar desconocido
Ante los ojos de los tres jóvenes se hallaba un tétrico paisaje: el cielo de un color amarillento enfermizo contrastaba con las nubes negras con reflejos rojizos. Además, ante ellos se alzaba, imponente, un extraño monte cubierto de un bosque en el que las hojas de los arboles eran blancas como la nieve, mientras que la corteza era del mismo color que las nubes.
Un frío viento mecía las ramas de aquellos fantasmagóricos arboles, produciendo sonidos muy similares la palabras.
Los jóvenes vieron una sombra que salía apresuradamente de la espesura.
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Los tres chicos despertaron sobresaltados, con el corazón en la garganta.
Hacia rato que la lluvia se había detenido, dejando ver un hermoso cielo estrellado.
Tan solo una mirada entre ellos bastó para que Foxy, Golden y Chica se dieran cuenta de que habían soñado los mismo... y que habían visto lo mismo.
Aquella sombra que salía precipitadamente de aquel bosque... la habían reconocido.
Era Freddy.
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Palabras: 1196
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