.Capítulo 27.
- ¿por qué no se rinden de una maldita vez? -. Dylan los veía a cada uno de ellos, si no lo dejaban pensar con propiedad entonces tendrá que tomar medidas drásticas. No mas huir, no mas compasión. Está harto, hará lo que sea necesario para enviarlos de vuelta a su patética línea temporal -, ¡estaba tan cerca de completar mi trabajo hasta que ustedes, malditas ratas, llegaron a molestar!
Esquivaban sus ataques cual cucarachas, si él no fuera rápido también estaría muerto por los constantes disparos de John.
Intentó usar los poderes de Deceit pero sus enemigos parecían darse cuenta cuando los va a usar, lograban cubrirse la nariz y boca justo a tiempo, y en caso de que uno caiga no es suficiente, necesita que caigan todos.
Estaba tan cerca de hacer mierda a Roman, lo sentía en su sangre, un solo corte de su guadaña y está acabado. Esa éxtasis suya, al igual que su sonrisa y felicidad, desapareció al ver al hombre que ahora protegía al príncipe detrás suyo.
- ¿Emile? -. La fusión le guiñó un ojo -, ¡lo único que me faltaba!, ¡¿no pueden encargarse de esto solos?!
Alejándose rápidamente de Emile se dió cuenta de que sus chances de ganar bajaron más que antes. No sólo está Deceit aquí, sino también Emile. Lo bueno de todo esto es que con una sola cortada cómo si fueran papel puede enviarlos a todos a dónde pertenecen, menos a Remus, a ese sujeto tendrá que cortarlo varias veces.
- sólo queremos el reloj, Dylan, nada más que eso -. Emile sostuvo del brazo al detective, éste lo miró entre lágrimas, seguía insistiendo en que Dylan no es malo y que con una charla normal y corriente pueden hacerlo cambiar de opinión. Posiblemente no está equivocado, uno nunca sabe, el problema es que Dylan parece demostrarles lo contrario a lo que Patton tanto exclama
- ¿y qué van a hacer con él cuando lo tengan? -. El desquiciado preguntó, sonriéndole impaciente a la fusión delante suyo -, ¿lo usarán ustedes, lo romperán, lo guardarán?, ¿acaso saben lo poderoso que el maldito reloj es?
Nadie respondió, eso le basta y le sobra a Dylan, estaba claro que querían algo que ni ellos mismos sabían que era, lo llaman irresponsable y que no ve las consecuencias cuando ellos son iguales.
- sé lo que ese reloj puede hacer, Dylan -. John rompió el silencio -. Te he visto usarlo. Ví lo que ese artefacto le provocó a mi línea temporal. No puedo permitirte que le hagas lo mismo a este mundo y te salgas con la tuya
- ustedes no tienen idea de lo que yo iba a hacer si "me salía con la mía", no me conocen -. Apretó su guadaña con fuerza, la ira le consumía cada sentido, eso es malo sabiendo lo que es capaz de hacer o ser cuando se encuentra en ese estado -, ¡así que dejen de verme cómo el villano!
Emile no esperó, menos Roman y Virgil, que las usuales cadenas doradas típicas de Dylan salieran del suelo y los agarren de los tobillos, al caer los tres sobre el suave césped sus muñecas y cuellos fueron encadenadas por igual.
- ¡Deceit, ayúdame! -. Remus saltó a los brazos del de baja estatura, el pequeño hombre se dispuso a correr, él y Remus gritando despavoridos al toparse con las cadenas intentando aferrarse a sus tobillos
John y Remy intentaron por igual usar la pésima e infantil estrategia de Deceit pero no les sirvió mucho, John fue el primero en caer y Remy, viendo la oportunidad frente a sus ojos de golpear a Dylan, justo al segundo una cadena salió del suelo y agarró su cuello, impidiéndole moverse o liberarse.
- ¡no soy un perro para que me encadenes! -. Remy ladró, intentando romper con su hacha la cadena o darle en las piernas al de fedora
- creo que es mi oportunidad de acabar con todo ustedes de una vez por todas -. Remy estaba sudando, parece que su enojo pasó a miedo al ver la sonrisa siniestra de Dylan, sus ojos parecían brillar de maldad mientras lo miraba con desprecio -, saluda al Rey Thomas de mi parte, Remy
Remus, siendo el rarito que es, escaló un árbol cual chimpancé y luego se llevó consigo al mago, ambos viendo entre las ramas las cadenas desaparecer en el fondo de la tierra.
- eso estuvo cerca, ¿cierto, Remus? -. Cuando quiso mirar a su compañero no pensaba que estuviera tan cerca, sus narices chocaron, sus labios casi rozándose, el primero en sonrojarse y apartarse fue Deceit -. Lo siento, no esperaba...¿qué esperaba en realidad?, ya no sé lo que digo...
Remus rió, obvio no de Deceit, jamás haría eso. Se reía de la incómoda situación. Ni él sabía qué esperaba, no entendía nada en realidad, ¿qué demonios está pasando?.
Siguió sus instintos, lo cual no es bueno si eres Remus, agarró a Deceit del rostro y le dió un pequeño beso en los labios luego de reírse un momento y pensarlo dos veces.
- ¿qué fue eso? -. Deceit es adorable, verlo sonrojado y nervioso es nuevo, sus manos agarraron las muñecas de Remus desesperadamente y sus ojos intentaron enfocarse en otra cosa
- ¡un beso, tonto! -. Lo besó nuevamente, no una, no dos, cuatro veces en los labios -, ¡eso significa que le gustas a Remus!
- ¿por qué hablas en tercera persona, Remus?
No sabemos quién es más adorable, si Deceit sonrojado dejándose besar o Remus el empalagoso. Ambos. Ambos son adorables, ¿cierto?.
Los demás juraban escuchar la risa de Remus en uno de los árboles, Roman intentaba no pensar en algo incómodo mientras Virgil creía saber lo que estaba sucediendo, sus preguntas fueron verificadas sólo con ver el rostro alegre de Emile. Ay, no, que asco.
Dylan estaba tan enfocado en su idea de torturar a Remy que no notó la brillante luz emanar unos segundos de uno de los árboles, eso sí, cuando su entorno se volvió completamente oscuro y escuchó a Emile celebrar supo que algo feo se aproximaba.
Se dió la vuelta, los árboles ya no estaban, eran ellos solamente en un espacio que no emanaba nada más que peligro para Dylan.
- oh, Dylan, que bueno verte -. Apareció un trono de la nada, sobre éste un hombre de lentes oscuros que traía ropas negras y el cabello teñido de rubio con solamente un mechón de blanco. Dylan no sabe quién es, aún así, verlo le daba incomodidad
- ¿quién demonios eres tú?
- silencio -. Lo detuvo levantando la mano, Dylan cubrió su boca con su mano derecha sin él quererlo, su expresión confusa hizo sonreír al desconocido -, ahora que te veo mejor tu vestuario es un asco, ¿camisa amarilla con jeans marrones?, ¿quién se viste así y no es asesinado?, ¿usas una fedora en el siglo veintiuno?
Un escalofrío recorrió el cuerpo del de lentes oscuros, acomodó mejor su bufanda gris antes de cruzarse de piernas, mirando sus relucientes zapatos negros detenidamente.
- ¿por qué no vienes con papi? -. Palmeó su regazo, Dylan no podía controlar sus piernas ni sus manos, casi asustado se vió caminando desesperado, necesitado, en dirección al sujeto
El desconocido sonrió, apoyando su pie contra el abdomen de Dylan para detenerlo. Dylan juraba que cuando se libere de esto lo hará trizas, demonios, disfrutará cada momento de eso.
- el primero puesto al tipo más necesitado es para... -. Sacó un trofeo de detrás suyo, Dylan no entendía que sucedía -. Es para mí. El trofeo es para mí. El segundo puesto es para ti, Dylan
Le entregó el trofeo, el de fedora lo tomó, no quería hacerlo, su cuerpo se movía solo.
- ¿¡quién mierda eres?! -. Se vió saludando al público que antes no estaba ahí, luces brillantes por todos lados que casi lo dejaban ciego, unas cuantas rosas y ropa interior femenina le dieron en la cara
- soy un crítico, Dylan -. Bajó un poco sus lentes, Dylan entró en pánico, su ojo derecho es verde y el izquierdo marrón. Eso significa una cosa...
Se dispuso a mirar al público, sudando, sonriendo forzosamente, los aplausos y las luces lo mareaban, en especial la mirada del supuesto crítico a su derecha.
- pero muchos me llaman Anton
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