Capitulo 2.
Ya han pasado varias horas desde que estoy aquí metida.
Tengo que conseguir que me lleven junto a los gemelos y tengo hambre.
Me incorporo con ayuda de la pared y voy hasta la puerta.
Comienzo a darle patadas para llamar la atención del secuestrador.
Después de unas diez mil y pico patadas se abre la puerta de golpe.
-¿Quieres parar con las pataditas?-dice de mala leche.
Me quita el pañuelo de la boca y me mira.
-¿Que te pasa, Eh!?
-T-tengo hambre.-susurro.-¿Y no tienes a nadie mas secuestrado? Me aburro.-digo del tirón.
El hombre comienza a reír y me agarra de las muñecas atadas, tirando de mi hasta la cocina.
Me sienta en la silla y me mira.
-¿No vas a gritar?-se extraña mientras saca algo de la nevera.
-Para que, no sirve de nada.-escupo, borde.
-Anda, come.-me pone un plato de macarrones delante.
-¿Como?-levanto una ceja.-¿con los pies?
El hombre comienza a reír y viene hacia mi.
-Si va a ser hasta divertido tenerte aquí.-me desata.-Como intentes escaparte te mato.
-¿No es para eso para lo que me tienes aquí?-vacilo, llevándome un macarrón a la boca.
-No.-niega.-De momento no.
-Y bueno.-dejo el plato de macarrones.-¿Tienes aquí a alguien mas o tengo que pasarme la vida aburrida?
El hombre vuelve a atar mis manos y tira de mi.
-Perdone, pero se andar.
No me hace caso y después de abrir tres puertas donde habían candados me empuja hasta un cuarto oscuro y desaparece.
No se ve absolutamente nada.
Pero es un sitio cálido, y parece que hay muebles.
-Joder.-me quejo, en un susurro.
-¿Quién eres?-susurra una voz masculina.
Abro mucho los ojos y miro a todos lados.
-Me llamo Amanda.-susurro.-¿Y tu?
-Yo soy Jesus.- me toca los brazos y comienza a desatarme.-Y mi hermano Dani está allí durmiendo, se ha pasado los dos días que llevamos aquí sin dormir.
Sonrío victoriosa aunque nadie lo pueda ver.
Primer paso.
Encontrarlos.
-Gracias.-muevo las muñecas.
-De nada.-susurra, con la voz temblorosa.
Comienzo a andar por la habitación hasta topar con la luz, y la enciendo.
Y es cierto lo que pensaba, estamos en una habitación, de dos camas, y allí están esos dos gemelos que me parecen tan sumamente irresistibles.
Dani está durmiendo con la cabeza hundida en las sabanas y Jesus sentado en la otra cama, con lagrimas en los ojos, mirando el suelo.
Y si, se me parte el alma.
Me acerco hasta el y le doy un abrazo muy fuerte, y el me lo sigue con ganas.
-Tranquilo.-susurro.-¿Estas bien? Estas tiritando.
-Me gustaría decirte que es de frío.-susurra.-Pero estoy cagado.
Sonrío tristemente mientras le acaricio la mejilla.
Deposito un suave beso sobre ella y me separo de Jesus.
-No os va a hacer nada.-intento animarle.-Os voy a sacar de aquí sanos y salvos.
Jesus me mira con una cierta expresión de sorpresa.
-¿Tu?-se acerca a mi.-¿Quién eres?
-Mañana te lo explico todo.-me levanto de la cama.-Que es hora de dormir.
-¿Tu no tienes miedo?-susurra.
-Me entrenaron para no tenerlo.-susurro, mientras comienzo a andar.
Jesus se queda mirándome mientras voy hasta unos almohadones que hay en el suelo.
-¿No irás a dormir ahí, no?-susurra.-Ven a la cama.-señala.-No muerdo.
Sonrío y voy hasta el.
Me tumbo y el se tumba a mi lado.
Mirándonos quedando a pocos centímetros.
-Tu madre me ha dicho que os acordéis de que lo mejor esta por venir.-susurro, antes de quedar dormida por el cansancio acumulado.
Y se que Jesus se estará ahora mismo rayando la cabeza.
Quien soy.
Como es que he hablado con su madre.
Tantas cosas..
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