Capitulo 12.
-¿Te duele?-dice el medico, poniendo la ultima venda.
-Un poco.-admito, levantándome.-¿Estamos en Madrid?
-Si, y es muy tarde.-anuncia.-Son las tres de la mañana, has estado dos horas inconsciente.
-¿Puedo irme, no?-suspiro.
-A tu habitación.-me sonríe.-Tu padre esta fuera.
Voy hasta la puerta y le sonrío a mi padre, lo abrazo muy fuerte.
-Lo has conseguido.-me sonríe.-Esa es mi chica.
-¿Y los gemelos?-me atrevo a preguntar, mientras comenzamos a andar.
-Los he mandado a casa, mañana vendrán de nuevo.-anuncia.-Estaban muy preocupados.
Sonrío un poco.
-No deberían, soy de hierro.
Mi padre suelta una carcajada mientras abre la puerta de mi habitación.
-Buenas noches, bicho.-me da un beso en la frente.
.....
Vuelvo a darle otro puñetazo al saco de boxeo que tengo delante.
La trenza que llevo golpea contra mi espalda con cada movimiento y el elástico uniforme negro de espía se contrae varias veces.
Estoy sola en la sala.
Es pronto.
Pero necesito reponerme, sentirme fuerte.
Los cortes ya no me duelen, y parece que van cicatrizando.
Y el ojo morado lo he tapado con un poco de maquillaje.
Doy fuertes golpes al saco mientras las lagrimas recorren mis mejillas.
No puedo controlarlas debido a los pensamientos que recorren mi cabeza.
No quiero tener la conversación con los gemelos que tengo que tener.
En que pensaba al prometerles que seguiríamos en contacto.
Estaba cegada, cegada por el amor.
Soy una espía, eso significa que nadie sabe de mi existencia, porque soy tan sumamente idiota, porqué.
Las puertas se abren y aparecen los gemelos.
Mierda.
Jesus enseguida viene a abrazarme, y de lo sigo, quitándome las lagrimas.
-Pareces de hierro.-me abraza Dani.-De casi matas al saco.
Sonrío medianamente mientras los miro.
-¿Porque has llorado?-susurra Jesus, acariciando mis mejillas.
Me encojo de hombros mientras les incido un sofa que hay, negro, de cuero.
-¿Como lo lleváis?-me atrevo a preguntar.
-Muy bien.-sonríe Dani.-Después de todo tampoco estuvo tan mal.
-Me alegro.-susurro.
-Estaba pensando...-se rasca la nuca Jesus.-Si mañana paso a buscarte y damos una vuelta o...
-Jesus.-lo paro.-No puedo.
-¿No puedes qué?-me mira.
Las lagrimas amenazan de nuevo por salir e intento reprimirlas.
-No puedo cumplir la promesa que os hice.-susurro.-No podemos seguir en contacto, lo mejor es que os olvidéis de mi.
Los dos me miran sorprendidos.
-No puedes pedirnos que nos olvidemos de ti cuando tu has sido la razón por la que estamos bien.-contesta Dani.
-¿Porqué?-es lo único que sale de la boca de Jesus.
-Soy una espía, Jesus.-susurro.-Vivo aquí, nunca salgo de aquí, no puedo, solo cuando me envían a misiones, este es mi sitio.-suspiro.-Y fuera, en el escenario, en las firmas, con vuestras fans, ese es el vuestro.
-Entonces, los te quiero no sirven de nada.-me mira, con los ojos rojos.
Y tengo que hacerlo.
Se que le va a doler, se que va a sufrir.
Y yo también.
Pero es lo correcto.
Vivimos en dos mundos completamente diferentes.
-A los espías nos enseñan a mentir.-digo, seria.
Dani me mira con cara de tristeza.
Se que el sabe que lo que acabo de decir no va enserio, que los te quiero que les he dicho son verdaderos, pero no dice nada.
El sabe tan bien como yo que lo que tengo con su hermano es imposible de llevar.
-Entonces..-susurra Jesus levantándose.-No me quieres.
-No.-digo seria.
Noto como el corazón se me parte en pedazos tan pequeños que será imposible recomponerlo.
Y veo el dolor en los ojos de Jesus.
En los de Dani.
-Lo siento.-es lo único que puedo decir antes de derrumbarme y ponerme a llorar.
Los gemelos me observan, mientras andan hasta la puerta.
-Te quiero.-susurro, mientras ahogo la cabeza entre mis piernas y comienzo a llorar.
No puedo creer que se haya acabado.
Porque no me podéis preguntar como, ni porque, porque no lo se, pero me he enamorado de Jesus.
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