Dani.

Lena.

-Venga Lena, ahora abre el mío.-me guiña un ojo mi padre.

Trago saliva y agarro el gran paquete envuelto perfectamente en papel de regalo.
Espero que no sea nada que me explote en la cara y me mate, aunque dudo que haga alguna de sus hazañas delante de su nueva familia.

Deshago el papel desganada, y luego tengo que fingir una sonrisa de agradecimiento al ver toda la colección de los libros de After que le pedí a mi abuela hace poco.
Seguro que ha ido a su casa y le a intimidado hasta sacarle lo que me gustaba de verdad.

-Gracias.-digo a regañadientes.-Lucia, abre el mío.-le sonrío a la pequeña de la casa, que da un brinco del sofá y va hasta su regalo.

Blanca me guiña un ojo y yo le agradezco con una tímida sonrisa que me haya ayudado a elegir la muñeca que mas le gustaría a Lucia.

-¡Me encanta!-se tira a abrazarme.-¡Muchas gracias Lena!

-De nada, princesa.-le guiño un ojo.-Oye Blanca, voy a cambiarme y saldré a dar un paseo, si necesitas algo llámame.

Ella le quita importancia y subo a mi habitación, seguida por David.

-Me ha gustado mucho el regalo, de verdad.-sonríe apoyándose en mi puerta.-Esas zapatillas las llevaba queriendo mucho tiempo.

-A mi también me han gustado mucho esas botas.-río y señalo el precioso calzado, que le tiene que haber costado un ojo de la cara.-Pero no hacia falta, de verdad.

Se acerca a mi lentamente y me siento en el borde de la cama, acariciando suavemente la pulsera de mama que aun no me he quitado de la muñeca.

-¿Era de tu madre?-sonríe medianamente.

-Si.-se la enseño.-Tenia un gusto exquisito, siempre he querido ser como ella.

-A mi me gusta como eres.-se sienta a mi lado.-Cuando mi madre me dijo que vendrías a vivir con nosotros, me pensaba que serias la típica pija madrileña que tiene que estar siempre perfecta, pero cuando te vi entrar por la puerta, vi que eras mejor que todas esas niñas de papá.-pasa su brazo por mis hombros.-Me encanta como eres Lena, y a todo el mundo, no dejes que nadie pueda cambiarte.

Le abrazo muy fuerte durante unos segundos, a David le he cogido un cariño inmenso y ahora mismo no podría vivir sin el.

-He quedado con Jesus.-me separo y el ríe.-Será mejor que valla vistiéndome.

-A el también le encantas.-ríe saliendo por la puerta.

Elijo un conjunto abrigado y lo dejo sobre la cama, me quito el pijama y me meto a la ducha, y mientras estoy ahí me miro las muñecas.
Apenas quedan marcas de los arañazos.
Ni si quiera me acordaba, y eso me gusta.
Cuando salgo lo primero que hago es buscar mi neceser y sacar las cuchillas, ir hacia la papelera, y tirarlas.
No mas cortes.
Prometido.

No tardo mucho en arreglarme y salir en busca de Jesus, comiéndome la cabeza por si será malo el regalo o no.

Cuando llego al lugar donde hemos quedado, está allí, va guapo, pero se ve que ha estado llorando y que esta muy triste.
Decido no sacar el tema y intentar animarlo.
Pongo mis manos en sus ojos ya que no parece verme por lo distante que esta y logró darle un pequeño susto.

-¿Quién soy?-susurro.

-La chica mas guapa del mundo.

-Error.-río y le destapo los ojos.-Solo soy Lena.

-La chica mas guapa del mundo.-ríe y ruedo los ojos.-Tengo... tengo que llevarte a un sitio.

.....

Jesus.

Ella sonríe nerviosa.
Joder.
¿Porque tiene que ser tan bonita?

-¿A un sitio?-se muerde el labio.

Un nudo en la garganta no me deja hablar, ni siquiera moverme.
Pero lo hago.

-S-si..-intenso sonreír.-Creo.. creo que te gustara.

Suspiro y me odio a mi mismo por estar haciendo esto.

-Espera.-sonríe algo y se mete la mano al bolsillo de sus vaqueros ajustados.-Tengo algo para ti.

Me tiene una cajita pequeña y veo como se muerde el labio nerviosa.
Me ha confesado que nunca ha sabido a hacer regalos pero estoy seguro de que sea lo que sea me encantar por el echo de que me lo ha dado ella.

Cuando descubro una pequeña pulsera de plata con su inicial grabada, noto como se me rompe el corazón aun mas que antes.
De la impotencia me salen algunas lagrimas y al instante ya tengo a la niña de mis ojos abrazada a mi para consolarme.

-¿No te ha gustado?-me hace reír.

-No.-río entre susurros.-Me ha encantado.

Dejó varios besos en su pelo y la abrazo mas fuerte que nunca.

-¿Vamos?-sonríe y me da la mano.

Cierro los ojos unos segundos y suspiro.
¿Vamos?
¿Enserio quiero hacerlo?

-Te tengo que tapar los ojos.-las palabras salen de mi antes de que pueda pararme a pensar.

-Esta bien.-sonríe y se coloca delante de mi.-Pero hazlo ameno, eh.

-Tranquila.-susurro tapándole los ojos.

-Hoy estas muy raro.-apunta y busca mi mano hasta que yo se la doy.-No se, estas como nervioso.

-Lo sé.-susurro y cierro los ojos.-Venga, no esta muy lejos.

Andamos en silencio hasta mitad de un bosque y la paro justo delante de un árbol.

-Apóyate en el árbol, por favor.-le pido y raramente no pone quejas.

Justo cuando está apoyada, no puedo controlar las lagrimas y saco una cuerda de una mochila que había escondida en los matorrales.

-¿Que haces?-ríe ella.

-Ya... ya veras.-me tiembla la voz.

....

Lena.

Todo negro, eso es lo que veo.
¿Qué demonios está tramando?
Me estoy empezando a asustar.

De repente noto una cuerda en mi estomago y cuando intento apartarme ya es demasiado tarde.
Me ha atado al árbol como si fuera una presa de algo.

-¡Jesus!-protesto.-¿¡Que haces!?

De repente noto como la suave cinta de mis ojos desaparece.
Un Jesus, llorando, me mira dolorido, miro hacia su mano, tiene una pistola.
La pistola de mi padre.
¿Que va hacer?
Y de repente veo como todo cobra sentido en mi cabeza.
Porque mi padre se empeñaba tanto en que fuera con Jesus.
En los tapers de comida.
En su tono cariñoso al hablarme.
Todo.
Pero necesito escucharlo para por lo menos morir concienciada.

-Jesus..-susurro ya llorando.-¿Porqué?

Veo como se acerca a mi y apoya su frente contra la mía.

-Se que no es lo puto correcto, joder.-solloza.-Pero es la condición de tu padre para soltar a Dani.-traga saliva.-Lo siento, lo siento muchísimo Lena, yo.. te quiero, de verdad, pero...

Cierro los ojos con fuerza dejando escapar varias de mis lagrimas y muevo las manos de un lado para otro intentando sacarlas.

-Yo... podrías haber ido a la policía.-susurro.-Pero el daño ya esta echo, hazlo ya, mátame Jesus, pero prométeme una cosa.-sollozo.-Prométeme que encerraras al desgraciado de mi padre, por favor, prométeme que impedirás que haga mas de las suyas.-abro los ojos y chocan de lleno con los suyos.

-Te juro que nunca me he sentido tan sucio.-me quita varias lagrimas.-Por favor, no olvides que te quiero.

Y en ese momento consigo deshacer la cuerda, le doy un rodillazo en sus partes y echo a correr, dejándolo tirado en el suelo.

No se por donde voy, no me conozco esto, todo es bosque, y para ser Madrid es muy raro.
Miro atrás haber si me sigue, pero no hay ni rastro, y de repente, cuando me giro, choco de lleno con alguien.

-Hostias, lo siento.-se levanta y me tiende la mano.
Y cuando me fijo en el, el mundo se me derrumba.
Es completamente igual que él.
Pero es mas bajito, y algunas de sus facciones son un pelín distintas.
Trago saliva y lo miro a los ojos.

-Dani...-logro pronunciar entre susurros.

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