Capítulo 5. Casi muero... otra vez.

Capítulo 5. Casi muero... Otra vez.

No sé quién debía estar nervioso, si papá o yo, o mamá incluso.

Papá no sabía cómo vestirse.

- ¿De traje? ¿Sería demasiado? -se pasó las manos por el pelo-. Creo que sería demasiado... Pero, ¿Y si su padre va de traje y yo parezco un campesino a su lado?

- Nadie va de traje a un juego de Quidditch, mi amor -mamá arrugó la nariz-. Oh, mejor no me preguntes a mi, la verdad es que yo no se ni la punta de esos temas.

-Eso explica porqué vas vestida como Lady GaGa, ya sabes, como hace veinte años -comenté señalándola.

Bajó la vista a su extravagante vestido color azul eléctrico, soltó una risa nerviosa.

- Entonces debería ir a cambiarme.

Corrió a su habitación y oí cómo cerraba de portazo. Luego se escuchó que lanzaba ropa a todas partes. Papá hizo una mueca.

-Luego yo tendré que arreglar eso... Aún me pregunto cómo me casé con ella... Y cómo sigo casado.

Cuando notó mi cara de "Oh Merlín, ¿Te arrepientes? No puede ser" sonrió.

-Bromeo, querida, no me arrepiento de nada.

-Oh -suspiro-. Casi infarto. Aunque, de todas formas han pasado por mucho como para separarse ahora.

Una sombra oscureció su rostro mientras se quedaba mirando un punto más allá de la puerta.

-Sí -dijo en voz baja-. Ha sido mucho.

Luego sacudió su cabeza y volvió a sonreírme como siempre.

- ¿No temes que vayamos a avergonzarte?

Bufé e hice un ademán quitándole importancia.

-Si lo temiera, no iría ni a la esquina con ustedes, estoy acostumbrada.

-Ajá... ¿Y si no le agradamos a sus padres?

Solté un quejido -. Papá, eso está atacando a mi tranquilidad y confianza.

Alzó ambas manos con expresión culpable-. Lo lamento, mejor dejo de hablar sobre eso y... ¡Mi maldita ropa! -frunce el ceño y se voltea saliendo de la sala-. ¡No tengo algo digno que ponerme!

Solté una risotada notando que él era peor que yo.

Pasé mi vista a mis jeans azules, mis ballerinas negras y mi camiseta blanca junto con la chaqueta de tela de jeans... No era... Uh, un momento.

¡Esto es totalmente inaceptable! ¡Voy vestida como... Como una persona vestida de forma inaceptable!

Chillé antes de ir casi volando a mi habitación.

Hice un huracán con toda la ropa antes de terminar igual que antes. Porque todo lo demás o era demasiado o era muy poco y... Al diablo, me estaba poniendo nerviosa para nada.

Al bajar, papá se arreglaba la ropa, mamá alisaba su cabello una y otra vez, Maddie se balanceaba por sobre sus pies y Nico tenía cara de niño que había sido regañado.

- ¿Ya? -inquiri sin mirar mucho a Maddie para que no me de por "¡Ella se ve mejor que yo!"

Y se veía mejor, no sólo porque no le salió un grano en la barbilla, o porque su cabello estaba trenzado por sobre su hombro y no alocado en una coleta, sino porque ella no sudaba como cerda.

Jodida niñata, ahora la odio... Jodidos nervios, te odio por hacerme odiar a mi hermanita.

¡Pero qué diablos! Te odio síndrome pre-mestrual arruina citas con suegros.

Ninguno dejó de mover las manos nerviosos hasta que llegamos al lugar. La casa-mansión- de los Collingwood.

Ya, voy a vomitar en esas preciosas flores que adornan el caminito hasta las puerta. Ésto es un claro golpe a mi confianza, además de gritar en todas partes

¡Somos una familia muy elegante y sofisticada!

Miré a mamá, quien hacía ojos bizcos para mirar su nariz y preguntando si había algo allí, papá estaba inclinado y correteando a mi alrededor repitiendo ¡Mi reloj! ¡He perdido mi maldito reloj!

Maddie miraba el lugar embobada con las flores, Nico murmuró algo que me obligó a darle una colleja.

- ¡Ni se te ocurra orinar en las plantas! -advertí con cierta histeria.

La puerta, para mi jodida suerte, se abrió en el momento en que hacía una llave rodeando el cuello de Nico con un brazo e intentaba ahorcarlo.

Alcé la cabeza y observé estática al hombre ante mi.

¿Pero qué diablos...?

Esa belleza debería ser un delito, ese hombre debe ir a Azcaban, es demasiado bello para ser real.

Su cabello era dorado, hablo enserio, demasiado dorado, sus ojos eran plateados, ese tipo era una joya, la más cara del mundo. Su piel parecía marfil.

Mil dólares, mil libras, agh, todos los galeones que tenga, si yo no fuese menor de edad pagaría lo que fuera para estar a dos metros de él.

Y ese pensamiento se disipó justo en el instante en que noté que era mi suegro. Entonces la bilis subió y casi vomito por mis impuros pensamientos.

Se veía tan... Magnífico que todos nos quedamos mirándolo con la boca abierta, mamá entonces bufó y se cruzó de brazos, luego murmuró.

-Tampoco es para tanto... Yo soy más hermosa, pero por favor.

Quise darle un codazo, pero en su lugar solté a Nico y me acomodé la ropa torpemente.

-Uh, ¿Señor Collingwood?

-Sí -paseó la vista por cada uno de nosotros y dijo-. ¿Son los Potter? -asentí, una sonrisa estiró sus finos labios-. Me lo supuse, Jerome no se equivocaba cuando dijo que eran poco normales.

No sabía si ofenderme por lo que mi estúpido novio dijo, o sorprenderme y aliviarme por el hecho de que el señor Collingwood nos sonreía amable y no había signos de querer hacerme un exorcismo o pedir una orden de alejamiento.

-Por favor, pasen.

Casi empujando (Okay, si empujé todos) me adentré al lugar.

El dulce olor ahí dentro me dio una paz inmediata, ya no desee subir las escaleras de dos en dos para matar a Jerome con algún tipo de cosa puntiaguda.

- ¿Jeff? -una mujer menuda apareció en el lugar, tenía los rasgos delicados, su cabello era castaño y tenía los ojos azules. Esos ojos contactaron con los míos durante unos largos segundos.

Bien, ¿Qué hacer en una situación así? Ya sabes, cuando una mujer que posiblemente sea tu suegra se te queda mirando (tal vez) hasta tu alma.

Paso 1. No ser Marly Potter. Paso 2. Definitivamente no ser Marly Potter.

Intentaba no parpadear, y fue inútil, porque lo hice y pasó algo que nunca antes había sucedido sólo por mis parpadeos.

La mujer chilló y yo salté para atrás alzando ridículamente los brazos como solía ver en la tv, al más pobre estilo ninja poco parecido a Jackie Chan.

- ¡Qué linda eres!

Eso bastó para que yo sonriera sacando un poco de pecho y moviendo mi cabello hacia atrás.

Oh, pero si esa adorable mujer no va a atacarme, tan sólo vino para recordarme alguna que otra cosa.

Cuando menos lo esperaba, sus delgaduchos brazos me rodeaban la cintura. Me estaba abrazando, sin siquiera dudar. Yo me sentí un tanto incómoda por la irrupción a mi espacio personal, pero igual le devolví el abrazo.

-Mi nombre es Grecia -se presentó mientras besaba mis mejillas, tenía un leve acento francés-. Soy la mamá de Jerome.

-Madrastra -corrigió la voz de Jerome llenando el lugar.

Apareció vestido de la forma más informal que podía, pantalones de vestir y una camisa que aparentaba ser vieja, pero voy a ser sincera, nunca he visto a Jerome con algo viejo y no elegante.

Era un niño rico, mi niño rico, y ya no hablaré sobre eso porque siento cierto calor en mi pecho y comienzo a decir tonterías. ¿Mi lado amoroso podría ser? A mi me gusta llamarlo cursi.

-Jerome -advirtió su padre y desperté de mi ensueño baboso.

Él lo ignoró y atravesó la habitación hasta quedar junto a mi, su brazo me rozaba mientras de dirigía a mi familia con una media sonrisa.

-Me alegro de verlos, por favor, pasen a la sala.

Mientras ellos soltaban saludos y eran arrastrados a la sala por sus padres, Jerome tomó mi mano y me arrastró hacia el sentido contrario.

En cuanto estuvimos en la otra habitación, aproveché para darle un manotazo en la cabeza.

Él jadeo y me miró sorprendido mientras soltaba mi muñeca.

- ¿A qué viene eso?

Subí ambas manos y ateste golpes a toda parte de su cuerpo que podía.

- ¡Idiota! ¿Por qué no me pediste a mi que invitara a mi familia en vez de ir a armar un numerito a mi casa? ¡¿Y por qué diablos le dijiste a tu padre que éramos una familia poco normal?! -respiré hondo y él tomó mis manos, deteniéndolas a ambos lados para evitar que lo golpeen otra vez-. Oh, eres malo. Lo hiciste todo para molestarme.

- ¿Ya? -alzó una ceja. Asentí gruñendo-. Maldición, sí que te crees el centro del universo, Marlee, ¿Por qué todo lo que hago siempre es por ti?

-Siempre es así

Rodó los ojos y masculló-. Acaparadora.

-Estúpido -escupí moviendo la cara para apartar mi cabello.

- Irritante.

- Egocéntrico.

-Tú también lo eres -sonrió.

- Pero me ganas.

-Gracias -su rostro se inclinó al mío y besó mi mejilla, estuve tan sorprendida por ello que me quedé quieta-. Al fin aceptas que te gano en algo.

- Hmmm -dije arqueando la espalda para alejarme de él.

- Y respondiendo a tus preguntas en orden. Yo quise invitar a tu familia yendo directo a tu casa, porque quería conocerlos y... porque la verdad te extrañaba y quería ir a verte -se removió entre incómodo y avergonzado, evitando mi mirada por un momento.

Abrí los ojos como platos. Ha dicho... ¿Que me extrañaba? Wow, ¿Cuántas capas de orgullo habrá lanzado para decirlo? Siquiera yo soy capaz de admitir que también lo extrañé.

Permanecí en silencio mientras me hablaba.

-Le dije a mi padre lo que pensaba -se encogió de hombros-. Y debes admitir que es así, ustedes no son normales.

Suspiro y ladeo la cabeza-. Al menos dime que piensas eso en el buen sentido.

Sonríe y sus pulgares trazan circulos en la cara interna de mis muñecas, aún me sostenía, pero ya no hace falta imponer fuerza porque de repente no deseo golpearlo.

-Es lo único que pienso en el buen sentido de ti, Marly.

Y ahora si quiero golpearlo. Y lo hice, golpeé su abdomen.

- ¿Entonces piensas que soy tonta en el mal sentido? Porque siempre repites que soy una tonta.

-Agh -gruñe-. Arruinas los malditos momentos.

Mis mejillas se encendieron. Quise disculparme... Pero al diablo, no lo haré.

En su lugar, haré algo mejor.

Lo tomé del cuello y lo estire hacia mi hasta que logré juntar mis labios con los suyos.

Tomó un segundo para que me devuelva el beso, soltando mis manos para ponerlas en mi espalda y yo sostenga sus brazos. Sonrió. Y yo igual.

- Si mi padre entrara por esa puerta ahora... -comencé a decir mientas recostaba mi frente en su hombro.

Entonces papá realmente apareció de la nada, saltando como un verdadero ninja. Solté un gritito ahogado y empujé a Jerome.

- ¡Papá! -protesté y mientras él se preparaba para golpear a un Jerome que ni de lejos parecía asustado, chillé a mi única salvación -. ¡Mamá!

Mamá apareció en la puerta, tenía una taza de té en las manos.

- ¿Qué pasó?

Gemí teatralmente y señale a papá. Ella lo miró por unos cortos segundos.

- ¿No ibas al baño? -preguntó y papá sólo entonces apartó la vista de Jerome.

-Me perdí...

-Te perdiste varios metros, Sirius -entrecerró los ojos-. Vamos, te muestro donde realmente queda.

-Pero...

- ¿Qué te dije? -una espeluznante sonrisa apareció en su rostro-. Recuerdo que habíamos hablado, Jamie...

-Eres desesperante -gruñó y salió del lugar arrastrando los pies.

Aunque, antes de salir, estando tras mamá, volteó y señaló sus ojos, luego a Jerome, moviendo los labios dijo "Te estoy vigilando"

-Gracias -le dije a mamá y ella sonrió.

-A la orden -su sonrisa se borró y me sorprendió verla atravesar el lugar hasta quedar ante Jerome, era rápida y demasiado silenciosa -. Pero... Guarda las manitas por ahora, querido niño Collingwood, porque algunos no nos sentimos preparados para ellas.

No podía ver su cara, pero por su tono estaba segura que sonreía y lo observaba con los ojos llenos de amenazas.

Jerome alzó las cejas, miró mi rostro sonrojado y luego a mi mamá de vuelta-. Okay, señora Potter.

-Adorable. Gracias. Ahora podemos irnos.

No pude soportar la risa por mucho tiempo, Jerome me lanzó una mirada irritada.

-Fue tu culpa -dijo lo suficientemente alto para que sólo yo lo escuche.

Estábamos caminando hacia el lugar donde sería el juego, el padre de Jerome y el mío iban a la cabeza charlando, Maddie estaba con mamá y la señora "Grecia".

Nico, para mi repentina suerte, estaba a unos metros de distancia, aunque eso ni le detenía a la hora de lanzarle miradas molestas a Jerome.

- ¿Mi culpa? ¿Yo qué hice?

- Me tentaste, malvada, fuiste tú la que me besó.

Una sonrisa estiró mis labios-. Fuiste tú el que subió las manos.

Resopla fingiendo molestia-. No lo habría hecho si tú no te acercabas.

-Autocontrol, querido, necesitas autocontrol.

-Lo tengo -dice entre dientes-, la mayor parte del tiempo, entonces te apareces y jodes mi maldito autocontrol.

Sonreí complacida ante eso y seguí caminando, con las manos juntas atrás y casi saltando.

No era normal que Jerome suelte palabrotas, y cuando lo hacía, siempre era a causa mía. Adoro tener el poder de sacarlo de sus casillas y que olvide sus modales, es como si lo corrompiera en cierta forma.

Sofoqué una risa. Soy una rebelde, oh claro, y mi madre no está loca.

Llegamos rápidamente a nuestros lugares, los cuales eran geniales, si se me permite decir, no estabamos muy arriba, pero era el lugar perfecto para ver el partido.

Caminé varios pasos, directo hacia donde parecía estar un lugar sin paredes ni protección, sólo la libre caída hasta el pasto del campo. Estaba hipnotizada con las nubes, algo me decía que había viento, necesitaba sentir ese viento en mis mejillas, o en algún otro lugar de mi cuerpo.

Mis dedos contactaron con algo parecido a vidrio, más estaba segura de que eso no era.

- Un campo de fuerza -oí decir a alguien a mi lado, era Jeff, el padre de Jerome-. Para evitar accidentes.

-Por supuesto -murmuré intentando ocultar mi desilusión.

Pero claro, es que mi plan de saltar a quien sabe cuantos metros fue frustrado, una pena.

Oí un suspiro tembloroso y gire mi cabeza para toparme con mi madre.

Su perfil era bellísimo, diablos, nunca me cansaré de resaltar la belleza de mi madre, sus pestañas eran largas y arqueadas, sus pómulos envidiables y sus labios rellenos. Era digna de esculpir. Salvo por esa fea cicatriz que surcaba su mejilla, ahora noto que ella jamás me ha dicho cómo se la hizo, pero yo supungo que fue en una misión, porque ella es auror...

Se veía nerviosa, observaba la vista del campo balanceándose sobre sus pies y retorciendo sus dedos.

-Mamá -le llamé y sus ojos verde agua se fijaron en mi-. ¿Estás bien?

Pasó un momento muy largo antes de que responda, bajando los brazos-. Estoy perfectamente, mi amor.

Otra vez sentía que me mentía, oh horrible sentimiento, nada peor que una madre mintiendo a su hija.

Asentí y volví a observar el cielo embobada.

-Tanta altura -la oí decir, ella no se fijaba siquiera en las bellas nubes allá arriba, sus ojos estaban fijos en el piso-. Caer sería terrible.

-El final de la caída sería terrible, el trayecto sería emocionante -dije.

Me miró de reojo y susurró-. Hay diferentes tipos de emocionante trayecto, el genial y el desesperante.

Iba a abrir la boca para decir algo más, pero comenzaron a chillar que el juego ya comenzaba, entonces mamá se alejó con rapidez, yo la imité, sólo que terminé al otro lado de la habitación, junto a Jerome.

Mientras los demás gritaban y movían sus brazos de arriba a abajo, de izquierda a derecha y... Bueno, en todas direcciones, intentando (sin éxito alguno) que los jugadores se muevan como deseaban, Jerome permanecía sentado, observando atento, pacífico y para nada frustrado cuando se anotaron puntos en contra de Irlanda.

Me sorprendía y desesperaba su silencio y quietud, yo no paraba de mover las manos o los pies, riendo por cualquier estupidez o soltando burlas hacia mi hermano. Luego de un intento fallido, ya no había intentado entablar una conversación con Jerome, ya que me ignoró y eso... Dañó un poco mi orgullo.

-Marly -dijo luego de un rato.

Oh, al fin habla el bastardo.

- ¿Qué? -dejé de mirar mi pierna que subía y bajaba sin parar, noté que él la estaba mirando.

- ¿Podrías dejar de hacer eso?

- Ummm, ¿Te molesta?

-Un poco, sí.

-Ah, pues... No.

Sonreí mientras seguía moviendo mi pierna como una posesa, la mirada azul grisácea de Jerome se topó con la mía.

-Marly -dijo en advertencia.

-No -formulé moviendo los labios.

Él rodó los ojos y posó una mano en mi rodilla, descargas eléctricas surcaron esa zona -. He dicho, estate quieta.

Dejé de moverla, mi piel hormigueaba bajo el jean, tal vez sea por el toque de Jerome, pero jamás voy a admitirselo en voz alta.

-Exacto -murmuró y su pulgar acarició mi rodilla.

Abrí los ojos como platos y luego subí la mirada para toparme con unos furiosos Nico y papá.

Ellos avazaron, tal vez dispuestos a descuartizar la mano de Jerome, pero un horrible estruendo los detuvo.

Un rayo había caído, justo en medio del campo, el pasto estaba negro, quemado, guau.

¿En qué momento se formó la lluvia?

Era impresionante ver que el partido seguía aún. No temían a esa enorme nube que estaba sobre el lugar.

Y en cierta forma, yo tampoco.

Un movimiento más allá captó mi atención, entrecerre los ojos, no, no fue la snitch ni nada por el estilo

Tal vez un, umm, ¿murciélago gigante?

Un murciélago gigante que iba en picado hacia nosotros, oye, creo que son más que uno.

- Mierda -alguien maldijo y hubo mucho movimiento a mi alrededor.

Mamá estaba al frente, con la boca apretada en una fina línea, papá estaba junto a ella, intentado preguntar qué sucedía.

Iba a gritarles que eran unos idiotas, que cómo no veían a esas cosas, pero entonces noté, que tal vez nadie más lo había visto, porque todos estaban jodidamente tranquilos menos mamá y yo. Nico seguía mirando a Jerome con ganas de estrangularlo, él sólo observaba su mano en mi pierna, Maddie estaba apunto de cerrar los ojos y dormir, los otros estaban concentrados en el juego.

Y un murciélago gigante chocó contra el campo de fuerza, una risa histérica se me escapó al verlo rebotar y regresar hacia atrás chocando con los otros.

Mamá desvió la vista hacia mi, asustada.

Y el caos sucedió.

Uno de esos atravesó el campo y se estrelló contra unas sillas donde mis padres habían estado anteriormente.

Y lo siguieron los demás.

Mis piernas temblaron cuando me levanté de golpe en medio del griterío, la sangre galopaba en mis venas y podía oír los rápidos latidos de mi corazón.

No eran murciélagos gigantes, no se qué diablos eran, pero se volvieron directo hacia mi.

-Ella es -sisearon y avanzaron mientras mi espalda chocaba contra el mini bar que estaba allí.

- ¿Estará bien que nos la comamos? -preguntó uno de ellos y mi estómago se encogió.

Abrí los ojos horrorizada.

-Él va a agradecernos, le vamos a adelantar un poco la profecía, luego sólo le quedaran tres, y el tres es de suerte.

Pegué un vergonzoso grito cuando una de ellas (ahora lo pillo, por su voz, que tal vez eran ellas) saltó sobre mi, me lancé hacia la izquierda y sentí el viento azotarme el rostro.

Ya no habia campo de protección alguno.

Entré en pánico mientras retrocedía para no ser devorada por un grupo de cosas extrañas y locas, entonces mi palma ya no sintió el suelo firme y flaquee.

Maldita sea, voy a morir estrellada contra el campo de quidditch, en el final del mundial, qué honor.

Unas manos tomaron mis piernas mientras la mitad de mi cuerpo caía y yo quedaba de cabeza, mis ojos miraron hacia abajo, grité como desquiciada mientras la lluvia me empapaba por completo.

Eran como agujas, esas malditas gotas de agua caían sobre mi como miles de agujas.

Esas manos que me sostenían me ayudaron a volver a levantarme, el rostro de Jerome quedo a un centímetro del mío, se veía aliviado, confundido y enfadado. Gran combinación de sentimientos.

Dijo algo que no razone y me ayudó a ponerme en pie lejos de la corniza.

Y lo que vi volvió a causarme un grito.

Mamá peleaba. Mi maldita madre peleaba como Xena*, ¿De dónde diablos sacó esa jodida y hermosa espada? Daba estocadas y evadía a esos jodidos demonios con gracia y furia, en cuanto ese brillante metal extraño atravesaba a esas alimañas, éstas se convertían en polvo.

Jerome me cargó en su hombro y me sacó del lugar, oí que papá le gritaba a Nico y a Maddie que vayan con nosotros.

Luego mi vista sólo estaba puesta en el jodido trasero de mi novio, y no me quejaría...

¡Si tan sólo mis padres no estuviesen con una docena de mierdas y con la posibilidad de caer cien metros!

- ¡Mamá! -grité como una niñata mientras lanzaba patadas para que Jerome me soltara-. ¡Papá! ¡Maldita sea, bájame ya!

Y la palma de Jerome se movió, rápida y sin miedo, azotó mi trasero, no dolió, pero hijo de puta, que me molestó, porque me cerró la boca.

-Te odio.

-Ya calmate.

Llegamos a un punto donde ya no estaba la gente que anteriormente nos acompañaba en la habitación, que había salido corriendo chillando despavoridas. Jerome al fin me bajó.

Y yo impacté mi mano contra su mejilla.

-Supongo que me lo merezco -sonrió mientras se frotaba la zona adolorida.

Nico y Maddie estaban ahí también, mi hermano tal vez vio lo que pasó, porque se veía con todas las intenciones de golpear a Jerome, y no como yo lo había hecho.

-Oh joder -gruñi pasando las manos por mi cabello mojado-. Casi me matan... Otra vez.

Curioso, Jerome prestó atención -. ¿Perdón?

-Perdonado -sonreí de lado antes de intentar taclearlo para ir con mis padres-. ¡Ah! ¡deja, inepto! Debo ayudarlos.

- ¿Cómo lo harás, Marly? -inquirió tomandome por los hombros.

Respiré hondo, intentando calmarme... La verdad no sabía cómo, pero algo surgiría sobre la marcha.

Seguí intentando ir a por mis padres, pero fue imposible, el bastardo era como un muro de contención, por más que casi teníamos la misma altura, yo al parecer seguía siendo menos fuerte, porque no lo movía siquiera un centímetro.

Le di un último golpe antes de caer de rodillas, agotada, suspiré cerrando los ojos.

Mi momento para calmarme fue muy corto, porque al abrir los ojos, no me tope con Jerome o Maddie, o Nico, sino con una de esas cosas dirigiéndose directo hacia mi, con sus garras abiertas y una mirada de hambre.

Me desmayé, no se si por el susto, o porque esa cosa impactó contra mi, o tal vez no, la verdad es que no se muy bien lo que sucedió.

Sólo sé que me desmayé.

Hola.

Umm, pues... Xena: ya saben, de Xena, la princesa guerrerra, ow, recuerdo mi infancia. Ella también estaba ligada a los dioses griegos xD

¡Cap largo! Wiii, costó un riñón ahq xD espero les haya gustado estas 3848 palabras ah

Hasta pronto

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