Capítulo 22. Hace tiempo...

Capítulo 22. Hace tiempo...

Cuando desperté, me hallé una vez más en la enfermería. Miré a mi alrededor, tapado por unas sábanas blancas, estaba algo desorientada, pero entonces recuerdo lo que pasó.

Mis mejillas se colorearon al recordar lo que hice... Estuve gritando como loca. Dios, qué vergüenza.

Froto mi rostro y aparto las sábanas de mi cuerpo. Mi piel se siente pegajosa, eso sólo me confirma que he sudado mientras dormía. Y mucho.

Me tambaleo cuando estoy de pie junto a la camilla. Camino lentamente para salir de la pequeña privacidad que me proporcionaban las sábanas blancas a mi alrededor.

Noto que es de noche, todo está apenas iluminado por la luz de la luna que se cuela por los ventanales. Camino entre las camillas vacías hacia la salida.

Escucho un resoplido. Me volteo hacia una de las ventanas y me quedo quieta mirándola.

Lo que parecía la sombra de un árbol va tomando forma hasta que veo a una arpía inclinada contra el cristal, mirándome.

Comienzo a procesar un plan para defenderme, pero ella nunca hace algún movimiento, sigue ahí, mirándome, nada más. Siquiera intenta romper el cristal.

- No puede entrar -la voz de tía Lily me exalta por unos momentos, ella cierra la puerta tras de sí y camina hacia mí.

Una vez a mi lado, me da un gran abrazo. Percibo colonia de hombre en ella, pero eso no parece relevante en este momento.

- ¿Por qué no puede entrar?

Escucha mi pregunta, pero decide llevarme a una camilla antes de responderla. No dejo de buscar sus ojos con la mirada, esperando una buena respuesta.

- Meredith aceptó traerte al colegio con una sola condición, que estuvieses a salvo -comienza a decir mientras rebusca en unos cajones junto a mi camilla-. James y ella discutieron mucho por eso, y él se empeñó en hacer de éste un colegio seguro. Alex e Isabel le ayudaron a resguardar el castillo con una capa mágica que le impide pasar a los monstruos.

Abro los ojos como platos, muy asombrada con todo lo que mis padres hacen por mi... Dios, eso sólo hace que me sienta más avergonzada con lo que le dije.

- ¿Me dirás que se les permitió colarse al colegio y...? -no termino mi pregunta al notar su expresión-. No lo hicieron con permiso de la directora, ¿Verdad?

- Lo importante es que funcionó.

- Vaya -exclamo mirando mis manos.

Tía Lily pone un liquido pegajoso en una enorme cuchara y me lo tiende.

- ¿Qué es eso? -inquiero con asco.

- Te has saltado la cena, y creo que también el almuerzo. Lo necesitas.

Aprieto los labios y niego con la cabeza. Eso se ve asqueroso. No voy a tomar algo que obviamente voy a vomitar, mejor ni intentarlo.

- Marlee querida, dije que debes beberlo -sonríe levemente, vuelvo a negar.

Su sonrisa se hace cada vez más grande, viéndose mucho más aterradora, pero yo sigo negando con la cabeza.

- ¡Que lo tomes, mierda! -grita y con un pie golpea el suelo.

- Señorita Potter.

Ambas nos volteamos hacia la directora Bruce, ella alza una ceja.

- Lilian Potter -especifica y retengo las ganas de sacarle la lengua a mi tía -. Esa no es la forma de tratar a un estudiante... Si así trata a su sobrina, no imaginaré cómo será con alguien que no sea de su familia.

Tía Lily traga saliva y me entrega la cuchara con el líquido asqueroso.

- Oh, señora... Directora, tan solo me he puesto algo nerviosa. No volverá a pasar.

Vaya, la directora ha intimidado al torbellino pelirrojo de mi tía.

La mujer asiente solemne y sus ojos se clavan directamente en los míos. Comienza a avanzar hacia mí, quedándose a una distancia tolerable.

- Marlee Potter, primer día y ya va a la enfermería... Y arma un revuelo.

- ¿Me escucharon los demás? -pregunto con un hilo de voz.

- Salió gritando que alguien moriría -su expresión se endurece -. Quisiera recalcar que estas competencias no son peligrosas, no son como el torneo de los tres magos. Es un juego educativo, resaltamos todo lo que hemos aprendido.

- Lo se, directora -le aseguro recordando que mi madre estuvo en un torneo de esos-. Fue... Sólo un ataque de pánico.

- Pues intente controlarse -está imponiendo toda su autoridad en su tono, puedo notarlo-. Y no puedo dejar sin más que haya salido gritando en medio de una cena de bienvenida...

- ¡Directora! -intervino tía Lily-. Si me permite, yo opino que no debería castigarla. No ha hecho algo malo... Sólo estaba deshidratada y con falta de sueño. Eso le afecto mucho.

Me quedó mirando a mi tía y luego veo de reojo a la directora mirándome, de inmediato asiento con total acuerdo.

- Iba a darle medicina para eso...

- ¿Y qué espera para tomarla?

Trago saliva. Esto será asqueroso.

Intentando casi no respirar, llevo la cuchara a mi boca y lo trago todo lo más rápido que puedo, evitando que se quede su asqueroso sabor en mi boca.

Hago una mueca. Sabe a... mocos, no es que yo sepa a que saben los mocos. Pero supongo.

- Bien, por esta vez no hay castigos -decreta y comienza a caminar hacia la salida-. Pero a la próxima no tendré consideración.

Se queda un momento quieta, su mirada va hacia la ventana. Palidecí al recordar a la arpía, pero luego pasó por mi mente el hecho de que los mortales no pueden ver a través de la niebla.

- Parece que viene una tormenta -comenta-. Voy a avisarle a Leeroy para que ayude a los de Salem a no empaparse.

Y al fin se va. Tía Lily y yo soltamos un suspiro a la vez.

- Mujer topo -murmura ella-. Amo que no vea ni mierdas sin sus anteojos.

- ¿Quién es Leeroy? -digo, ya que fue lo único que se me quedó en la cabeza.

- El celador... Merlin, Marly, lo es desde que entraste al colegio -suelta una risita-. Despistada.

- Nunca me había topado con el celador -admito-. No salgo en las noches.

- Eres lo contrario a tus padres. James solía...

Se queda en silencio al notar que era un tema delicado compararme con su hermano... Si él no es biológicamente mi padre.

Le resto importancia con una sonrisa- Está bien, tía, tampoco te agobies. Él no me enseñó tan bien a molestar en las noches, Nico se llevó todo sobre eso.

Asiente- Sí, lo vi apunto de salir del castillo...

- ¿Cómo?

- Estaba... Afuera... -su voz se apaga y su mirada vuela al techo-. No tenía que estar afuera.

- ¿Por qué? -le pregunto divertida por su expresión.

Dejo la cuchara a un lado y me acomodo a la par que ella se sienta junto a mí. Juega nerviosa con sus dedos.

- Dime, Marly, ¿Es malo reír con un hombre... casado?

Su pregunta me deja confusa. Me muevo hacia atrás.

- ¿Perdona? No entiendo...

Respira hondo y pasa las manos por su cabello, casi tirando de él.

- Hace años... No te diré cuantos. Conocí a un húngaro muy divertido -se mueve como una joven colegiala nerviosa -. Tuvimos... Algo. No se. Algo. Que duró... Poco. Pero fue mucho.

Ajá, digo mentalmente. Ya me interesaba por dónde iba la cosa.

- Después de un tiempo volví a verlo... Sólo una vez -hace una mueca de enojo-. Hablamos sobre cómo íbamos, él tenía novia y... ¡Ella se apareció de la nada! Yo ya estaba despidiéndome pero -traga saliva-, no me contuve, lo besé en los labios.

Okay... Le miro esperando que siga.

- Y ella apareció, nos vio, se puso como una furia. Él intentó calmarla diciendo que no era nada -sus labios tiemblan-. Y ella saca su varita, dice cosas raras en otro idioma y... Me lanzó una maldición.

- Oh, ya -murmuro comprendiendo todo.

- Por eso todos tienen accidentes cuando me acerco -me mira, sus ojos brillan con lágrimas-. Es horrible curar a alguien a quien tú has lastimado... Pero ese es mi día a día.
>Yo pude haber sido una gran medimaga, pude haber entrado al quirófano pero... No quiero que esta maldición mate a alguien ahí.

Me acerco a ella y la abrazo con torpeza, ella devuelve el gesto.

- Él vino, Marly, Dioses, he estado con tantos...

- Eso no era necesario decirme -balbuceo con algo de asco ante la idea.

- Pero sigue gustándome... ¡Y él aún está prohibido! Ahora aún más... Casado.

Culmina y se lanza de espaldas a la camilla, junto conmigo. Yo me aparto incómoda. Demasiado tiempo cerca de alguien, no es bueno.

- Tía... Te diría algo, pero tengo 15 años, sólo he tenido un novio en mi vida y... Sigue siendolo, creo -añado al final en tono indeciso.

Quien sabe, tal vez Jerome escuchó mis gritos y dijo "Madre mía, a esta loca no vuelvo a acercarme"

- Sigue siéndolo, ya lo creo -ella confirma con una sonrisa-. Adoro al chico... Quiere hacerse del tipo sin sentimientos y no le sale. La otra vez planeó ignorarme, pero le pudo su educación y terminó hablándome durante cinco minutos.

- ¿Contigo?... Pero, ¿De qué hablarían?

- De los mejores métodos anticonceptivos, claro.

- ¡Tía Lily! -abro los ojos como platos.

Ríe a carcajadas y yo tengo las mejillas rojas y ardiendo. Me alegra que se le haya pasado la depresión del amor prohibido, pero no me agrada que sea a costa de mí.

- Ya, ya -se limpia las lágrimas de risa y se levanta-. Debes dormir, mañana hay clases bien temprano.

- ¿Voy a mi cuarto? -hago el ademán de levantarme, ella mueve un dedo de un lado a otro.

- No, no -chasquea la lengua-. No vas a ir por ahí a éstas horas... Duerme bien.

***

Mis zapatos resuenan contra el suelo mientras corro al aula de Pociones. No creo que al profesor Papaccio le guste que llegue tarde después de haberme saltado clases ayer.

Patino al girar en una esquina, apenas doy dos pasos y choco contra alguien.

- ¡Ah! -me quejo tocando mi nariz, mis ojos se habían llenado de lágrimas por el dolor.

- ¡Golpeaste mi cabeza con tu nariz! -escucho a Bea quejarse-. Y dolió.

- Oh, no sabes cuanto lo siento, espero no haberte manchado con mi sangre -digo sarcástica y veo a todos fuera del aula de pociones-. ¿Y esto por qué?

Ella me mira con sus ojos azules rodeados de maquillaje oscuro- El profe no llega, es obvio.

Alzo las cejas, ¿El recto profesor Papaccio no ha llegado aún? ¿Es que este es un universo alterno donde Bea Graunt llega antes que el profesor?

Alguien me roza el brazo, volteo y noto que Jerome se ha posicionado junto a mí.

- ¿Qué tal? -inquiere en voz baja.

- Bien -respondo intentando sonar normal.

Es que gritar que alguien morirá y que yo lo mataré es muy normal.

- Ayer estabas... Alterada -piensa en sus palabras, buscando las que no comiencen una discusión.

- No voy a negar eso esta vez -mascullo cruzándome de brazos-... Fue momentáneo.

- ¿Eras tú la loca que gritaba fuera de comedor? -Bea me mira sorprendida.

- ¿Es que no reconoces la voz de tu amiga?

- Estaba ocupada...

- Lo note -resoplo y me giro intentando verme ofendida.

Choco con los ojos de Jerome. Me observa de una forma un tanto... penetrante. Como si así pudiese saber lo que pasó en realidad.

Paso mi peso a otra pierna, incómoda. Siquiera le había explicado todo lo que sucedió a tía Lily. No se si me crean, tal vez piensen que estoy loca de remate.

Tu padre es Zeus y tu abuelo es Poseidón. Me dice una voz en la cabeza, recordándome que eso es lo más loco que podrías ir diciendo por ahí.

Hola, soy Marlee Potter, hija de Zeus y nieta de Poseidón. Oh, además de ser parte diosa, también soy una bruja. Y según una carta rara, una futura asesina.

Culminando eso con una sonrisa comercial.

Un hombre aparece ante nosotros. Lleva una túnica color azul oscuro y el cabello castaño con rulos bien peinado. Me sorprende su enorme parecido con el profesor Papaccio, sólo que este es mucho más joven y sí sabe planchar su ropa y cepillarse los dientes.

Al fin pasamos a la clase. El hombre avanza hacia la pizarra a la par que una tiza comienza a escribir con letra cursiva y elegante.

Prof. Leonard Papaccio.

¿Qué? ¡El profesor Papaccio es viejo y sucio!

- Mi nombre es Leonard Papaccio, como ya notaran, soy el hijo de su anterior profesor -explica al voltearse, juega algo nervioso con su varita en manos-. A partir de ahora... Soy su profesor de pociones.

- Leonard Papasito más que un profe de pociones... Un stripper en las noches -escucho murmurar a Bea.

Me atraganto con mi propia saliva al intentar no reír. El profesor me mira ante eso. Cambio mi expresión intentando verme seria.

- Te odio -le digo a Bea cuando comenzamos el trabajo y ambas nos emparejamos-. No digas esas cosas en momentos de seriedad.

Una sonrisa traviesa surca sus labios.

- ¿Vas a decirme que no es un papasito? -echa un vistazo de reojo al profesor, que explicaba a unos compañero cómo no explotar el caldero... Cosa que casi hicieron hace un rato.

- Es el profesor -repongo.

Ella rueda los ojos exasperada- ¡Eso no significa nada!

- Claro que sí -revuelvo la poción como dictaba la receta-. No puedes decirle papasito al profesor... Tampoco sugerir que es un stripper.

- ¿Dónde está esa regla? Yo no la vi en "Las jodidas reglas del maldito imperio Hogwarts por America Bruce"

Miro a los lados esperando que nadie haya escuchado eso, le lanzo una mirada de advertencia a Beatrice.

- Es una regla moral que toda persona sabe -saco la cuchara y dejo que la poción siga en el fuego por un tiempo más-. Alumnos y profesores no se mezclan.

- ¿Y tú por qué sacas eso a relucir?

Alzo una ceja a su dirección- Te conozco, Graunt, y te recomiendo echar el ojo hacia otra dirección.

Ella resopla y se aleja... Hacia el profesor Papasito... Joder, Papaccio.

***

Por poco llego otra vez al borde de la locura cuando choqué con una niña de Salem y esta cayó al suelo. Le miré con los ojos muy abiertos mientras las palabras de la nota aparecían en mi cabeza.

Una de ellas morirá.

Pero la niña se levantó, sacudió su uniforme y me miro con una suave sonrisa antes de decirme.

- Tranquila, estoy bien. Ha sido un accidente.

Si yo te matara en un futuro, no dirías eso...

¡Pero qué diablos, Marlee! ¡No vas a matar a nadie!

Salgo de allí de forma acelerada, ignoro a Nico llamándome. Porque él nada más nos utiliza a Maddie y a mí cuando desea hacerse del gran hermano mayor ante las chicas.

Respiro hondo al final del pasillo, donde nadie me mira, y me dedico a soltar un poco los libros que apretaba con fuerza contra mi pecho, la sangre vuelve a circular en mis manos.

- No digas que no pasa nada cuando estas así.

Doy un respingo, Jerome se me acerca con el ceño fruncido.

- Van ya tres días, Marlee, desde que llegaron los otros chicos, apenas al verlos, te alejas de ellos como si fueran una paria -para a quince centímetros, se cruza de brazos-. ¿Qué pasó?

¡Que me he vuelto esquizofrénica en un par de días! No se qué diablos pasa. Estoy paranoica.

Trago saliva. Termino contándoselo, me siento mejor.

Se siente bien decirlo. Él siempre me haría decírselo todo, siempre me haría sentirme mejor luego.

Me abraza a la par que me dice.

- No vas a asesinar a nadie, Marlee. Tranquilízate. Debió ser una broma pesada de algún idiota.

Ahí vuelvo a inquietarme.

No es un broma, es real... Otra vez siento que me observan.

Se siente como si siguieran cada paso que doy, esperando a que haga todo lo que la nota decía.


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