38. Elliot

Maratón 3/3



Llego a casa con el corazón en la boca.

Dejo mi mochila de cualquier manera en el sofá tras sacar el portátil de ella y voy a mi habitación. Enciendo el ordenador y busco "Shane Matthews" en Internet. Lo primero que me sale es la página de actores de XArtFilms, seguida de muchas páginas pörno. Presiono en el primer resultado, el de XArtFilms, y aparece la foto de Dean. Suspiro y bajo la pantalla del portátil, sin querer ver nada más.

No sé qué hacer.

No sé si debo decírselo a Harper, o al menos no sé si debo esperar para hacerlo. No sé si debería hablar con mis padres y con los de Harper antes de decir nada, tengo tantas preguntas y estoy tan enfadado.

No estoy enfadado porque mi padre fuera actor pörno. Precisamente ellos me enseñaron a respetar a todo el mundo, independientemente de su profesión. Todos hacemos las cosas por los motivos que sean, y a él seguramente le gustaba trabajar de eso. Estoy enfadado porque me han estado mintiendo durante más de dieciocho años, y no entiendo por qué me mintieron.

Suelto un gruñido de frustración y decido ir a ducharme para aclarar mis ideas. Me desnudo y me meto bajo el agua caliente, intentando ordenar mis pensamientos. Me ha venido todo tan de golpe que no sé cómo asimilarlo. Mi padre era actor pörno, mi madre trabajó de fotógrafa para una productora pörno, y mi suegro también era actor pörno. De hecho, según ellos Ken era el director de la "agencia de modelos", ¿significa eso que él dirigía la productora? Me siento tan idiota, tan engañado.

Salgo de la ducha todavía más hecho un lío que antes, y me pongo unos calzoncillos. Miro mi móvil y, ignorando los mensajes de mis amigos preguntándome si estoy bien, abro la conversación con Harper. Hace horas que no me dice nada, y no me siento con fuerzas para hablarle. Hoy ella presentaba un proyecto en clase y quiero preguntarle cómo le ha ido, pero la sola idea de hablar con ella sin contarle lo que he descubierto me haría sentir como si le estuviera mintiendo, y no quiero eso.

Así que recurro a la solución a los dilemas de toda la vida: irse a dormir.


— o —


—Elliot, ¿puedes atender tú a estas señoritas? —me pide Finn, uno de mis compañeros, y asiento con la cabeza.

Él se va al almacén y yo les pregunto a las chicas qué quieren beber. Me pongo a hacer sus bebidas pero paso de hacer la típica exhibición de cómo preparo el cóctel, hoy estoy demasiado distraído y se me podría caer algo. Les sirvo dos copas bien llenas, tal y como me han pedido, y tras pagar se van a una mesa.

Suspiro, cansado tanto física como mentalmente, y me pongo a limpiar la barra cuando una voz femenina me llama.

—Tú, Elliot, ¿se puede saber qué te pasa? —pregunta Caroline apoyándose en la barra que acabo de limpiar—. Teníamos un trabajo que terminar.

—Lo siento, cuando llegue a casa lo termino —contesto rápidamente, intentando evitar una conversación.

—Ya lo hemos acabado nosotros, da igual —dice—. ¿Está todo bien?

Supongo que, aunque parezca que le da todo igual, Caroline también se preocupa por sus amigos.

—Todo perfecto. —Fuerzo una sonrisa.

—Mientes tan mal. —Rueda los ojos— Haz algo útil y sírveme una birra, anda.

Asiento con la cabeza y voy a por una cerveza de la marca que le gusta a Caroline. Se la sirvo, diciéndole que no hace falta que la pague, y ella sonríe antes de levantarse y desaparecer entre la multitud que baila.

Una hora más tarde termino mi turno y cojo una botella de tequila de la nevera antes de salir de la barra. Dejo el dinero que cuesta en la caja y me doy una vuelta por el club para ver si encuentro a Caroline. No tengo ganas de hablar de lo que ha pasado, pero necesito algo de consejo femenino, y a Carol se la compra con alcohol.

No me cuesta mucho encontrarla. Está con una chica y dos chicos, en una de las mesas.

—Caroline, necesito tu ayuda —digo, parándome en frente de ella.

—¿Para qué? —pregunta, frunciendo el ceño.

Levanto la botella para que la vea.

—Tengo tequila.

—Con eso me sirve. —Se encoge de hombros y se levanta.

—Caro, ¿a dónde vas? —cuestiona uno de los chicos, muy corpulento.

—¿Y a ti qué te importa? —pregunta ella, dándole una mala mirada.

El chico se calla, mirándonos con odio y lo que parecen celos, y nos alejamos de esa zona para ir a un lugar más tranquilo. Hay una mesa bastante alejada donde la música no suena tan fuerte. Nos sentamos allí y abro la botella. Le doy un trago, sintiendo el alcohol quemar mi garganta, y se la paso a Caroline.

—Tú que eres una chica y entiendes de vuestros sentimientos... —empiezo, y ella levanta una ceja.

—No sé si en estos meses no te has dado cuenta, pero no soy muy de sentimientos —aclara, y asiento.

—Sí, joder, lo sé, pero necesito hablar con alguien y eres la única que hay por aquí —digo, frustrado.

—Bueno, está bien, puedo intentarlo. —Le da otro trago a la botella y me la pasa.

—Digamos que, en un caso hipotético...

—No empieces con mentiras, es obvio que es un caso real.

—Está bien. —Suspiro— He descubierto algo sobre la familia de mi novia... Sus padres la han estado engañando toda su vida, y no sé si decírselo. Le dolerá y lo pasará mal, ella adora a sus padres y no quiero romper la confianza que se tienen.

—¿Es una mentira muy bestia? En plan que es adoptada, o algo así.

—Bueno, es que es adoptada, pero ya lo sabe. —Río— No, no es una mentira horrible, simplemente mintieron con algo de su pasado.

—¿Lo hicieron para protegerla? —pregunta.

Me quedo pensando unos instantes. Sus padres, mis padres... ¿Nos mintieron para protegernos, o para protegerse a ellos? No sé si no querían que nosotros sintiéramos vergüenza, algo que no habría pasado, o si ellos mismos se avergonzaban de eso.

—No lo sé —contesto honestamente—. Estoy hecho un lío.

—El alcohol aclara las ideas. —Me pasa la botella, y la cojo.

No sé cuanto tiempo ha pasado, pero he bebido mucho. Caroline y yo hemos estado hablando un buen rato pero apenas recuerdo de qué, luego hemos ido a bailar. El chico con el que estaba Caroline antes la ha empezado a insultar y nos hemos ido a otro bar. Conseguimos unas cervezas, Carol me dice algo al oído, ríe, y lo último que recuerdo es llegar a mi apartamento con ella.

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