¡Larga vida a Sus Majestades!
Los días pasaron inquietantemente rápido, o al menos, eso es lo que le pareció a Hermione, perdida en sus pensamientos mientras miraba al techo, tumbada en su cama.
Puesto que ya estaban los Weasley, Draco y su madre, y los dos hermanos dragones, Harry decidió tentar a la suerte en un pequeño detalle que trajo una ligera sonrisa a Hermione.
- Vamos, Sirius. Es una buena chica y seguro que te gustara ¡Lo juro! - Exclamó Harry, mirando a su padrino como un cervatillo bebé.
Sirius, por su parte, solo se estaba burlando de su ahijado, pero este parecía no darse cuenta. Sirius sabia bien lo que Harry quería, y estaba de acuerdo, pero eso no significaba que podía dejarlo pasar sin burlarse apropiadamente.
- No lo se...ya estamos un poco apretados en esta casa ¿No crees? - Hermione negó con la cabeza ante las palabras del moreno. Desde su lugar en las escaleras podía observar perfectamente la conversación entre Sirius y Harry, pero no estaba segura de si la habían notado todavía.
- ¿Por favor...? - Harry le dio su mejor mirada de cervatillo bebé y una sonrisa inocente. Con un suspiró, Sirius decidió que había tenido suficiente.
- Esta bien, envíale una lechuza con una invitación, es una invitada de honor a la coronación de todos modos ¿Cierto?
Harry asintió, sus ojos iluminándose como si le hubieran entregado el mayor de los tesoros. Se movió y corrió escaleras arriba, sin siquiera notar a su amiga. Entonces Sirius la miró y le guiñó un ojo en complicidad y compartieron una ligera risa. Ambos sabían que en menos de dos días, una nueva cabellera rubia merodearía por los pasillos de la antigua casa de los Black.
Estaba tan metida en sus pensamientos que se sobresalto cuando alguien tocó a la puerta.
¿Cuanto tiempo había estado perdida en su propia mente? ¿Unos minutos? ¿Horas?
Volvieron a tocar, y una voz suave, dulce y soñadora se hizo notar fuera de la habitación.
- ¿Hermione?
- ¡Entra! - Dijo Hermione, sonriendole a la chica que asomó la cabeza por la puerta y le devolvió la sonrisa antes de entrar y cerrar la puerta detrás de ella – Ven aquí, cuéntame ¿Ya te has instalado?
Hermione se movió, haciéndole un espacio a Luna para que pudiera tumbarse a su lado.
- Si – Dijo Luna, acomodándose – Esta casa puede parecer un poco espeluznante pero es muy interesante en el fondo. Y Ginny y yo podremos tener fiestas de pijamas, estas invitada siempre que quieras, por supuesto.
- Gracias, Luna. Lo tendré presente – Hermione se rió con ligereza, agradecida del sentimiento de calma que Luna parecía poder emitir y contagiar a todos.
Con la llegada de la chica rubia Hermione le cedió su lugar en la habitación que antes había compartido con Ginny y, en cambio, se había mudado a otra habitación, un poco más pequeña pero acogedora. Realmente apreciaba la privacidad que esto le proporcionó.
- Pareces estresada – Comentó Luna - ¿Es por lo de la coronación?
Hermione suspiró y asintió, se sorprendió cuando se encontró explicándole todo lo que le preocupaba a la niña a su lado. No se conocían demasiado, pero realmente necesitaba alguien con quien hablar, y Luna, de alguna manera, parecía saber eso.
- Todos parecen tan...emocionados – Murmuró Hermione – No es que yo no lo esté, es solo que...que... - Cerró los ojos en concentración, tratando de encontrar la palabra correcta para describir el sentimiento.
- ¿Se siente obligado? - Ofreció Luna, mirando a su amiga mientras esta asentía.
- Es como...como si todos trataran de obligarme a sentirme contenta y emocionada por esto, como si no tuviera derecho o motivos para no querer esto. "¡Vas a ser una Heredera!" "¡Una Princesa que tendrá todo lo que quiera cuando quiera!" "¡Cuando seas reina podrás hacer lo que quieras, que envidia!" "¡Serás famosa y rica!" "¡Una vida de cuento de hadas! ¿Que más puedes pedir?" ¡Pues lo siento, nunca quise nada de esto! ¡Y lo siento por no encajar en tu estúpido estereotipo de niña convirtiéndose en Princesa! ¡Yo solo quiero una vida normal con las personas que quiero y me quieren! ¡Yo solo...yo...solo quiero...! - No pudo terminar, a medida que hablaba algo dentro de ella comenzó a resquebrajarse y las lagrimas que empañaban sus ojos comenzaron a caer por sus mejillas.
Durante días, aguantando a los ancianos del Consejo, a todos que no paraban de decirle lo contenta y emocionada que debía de estar ¡Como si ellos supieran algo de lo que ella sentía! Días de tener a todo el mundo encima, con preparativos y protocolos ¡Ni que fuera una maldita boda! Y con el día de la coronación al lado ¡Faltaba literalmente menos de un día! ¡Maldita sea, era mañana! ¡Mañana! ¿Como iba a hacer esto? De hecho, no creía que fuera capaz de hacerlo, pero no tenia muchas opciones en el asunto.
- Al principio...al principio de todo, cuando descubrí la verdad sobre mi familia biológica, me hacia gracia ¿Sabes? Incluso me emocionaba un poco – Hipó mientras se secaba inútilmente las lagrimas de los ojos, que serían remplazadas por nuevas lagrimas al instante – Por que vamos ¿Que niño no a soñado con ser un príncipe o princesa en algún momento de su vida? ¿O ser Rey y tener todo lo que quisieras? Pero...pero mientras la teoría es divertida, pasarlo a la practica...eso es aterrador. Hasta hace unos días era algo que estaba sobre mi cabeza pero ahora...ahora que es justamente mañana, es...es...
- Real, ahora es una realidad – Dijo Luna, suavemente, tirando de Hermione a un muy necesitado abrazo mientras la joven Heredera sollozaba.
- Lo peor es que me siento mal... - Sollozó.
Luna sabía perfectamente que no hablaba de un malestar físico, y tampoco presionó para que le diera más detalles, en cambio, solo acarició el pelo enredado de su amiga, peinándolo con los dedos y permitiendo que se aferrara a ella, escondiendo su rostro en su pecho en un intento de consolarla de la mejor manera posible.
- Me siento fatal – Se corrigió a si misma – Porque...porque...¿Y si tienen razón? ¿Y si debería sentirme feliz y agradecida por ser literalmente de la realeza? ¿Cuantas personas matarían por tener lo que yo tengo? ¿Soy mala persona por no saber apreciar esto? ¿Y si no puedo hacer esto, Luna? ¿Y si lo fastidio todo? ¿Y si...?
- Vale, ya basta con los "¿Y si...?" Porque eso no te llevara a ningún lado, y desde luego no te hará ningún bien – Interrumpió Luna – No deberías de sentirte de ninguna manera que no sea la que tú misma quieras sentir, o lo que sientas y punto, las emociones no son tan fáciles de manipular como parecen, menos cuando quieres hacerlo para ti mismo. De todos modos solo tú tienes derecho a decidir que sentir, si sientes que esto es estresante y agobiante es porque para ti lo es, otra persona puede estar contenta y emocionada porque no eres tú, es una persona diferente en una situación diferente – Explicó suavemente.
Hermione asintió lentamente, comenzando a calmarse a medida que las palabras de Luna iban adhiriéndose en su cabeza.
- No puedo entender exactamente por la ansiedad y estrés que estas pasando en este momento, pero si puedo empatizar lo suficiente para saber que lo estas pasando mal, y por lo tanto, ofrecer todo el apoyo, consuelo y cariño que puedas necesitar – Luna la movió ligeramente, lo suficiente para poder mirarla a los ojos y le sonrió - Incluso si solo quieres un abrazo, alguien que te escuche o te aconseje, pasar el rato o planear alguna aventura. Lo que sea, solo tienes que llamar y estaré contigo lo antes posible, al igual que Harry y Draco, y tu hermano, claro.
Hermione miró a Luna como hipnotizada. Si bien era cierto que no conocía a la chica rubia tan bien como conocía a Harry y Draco, no podía negar que el simple hecho que ella hiciera feliz a Harry ya era motivo más que suficiente para que le cayera bien.
De hecho, había querido hablar con Harry y Draco sobre esto...bueno, más con Draco, pero la verdad es que no había tenido ni fuerzas ni valor para hacerlo.
Irónico ¿Verdad?
La lógica y el sentido común te diría que si pasa algo que comienza a superarte lo mejor sería hablar de ello con alguien de confianza, pero realmente no encontraba fuerzas para ello, los "¿Y si...?" Eran demasiado fuertes cuando pensaba hablar con Draco. Pensamientos de que podría juzgarla o pensar que no era lo suficiente fuerte para ello. Era estúpido, lo sabía. Draco nunca la juzgaría, y sabía que la apoyaría sin importar nada, pero aún así, estaba demasiado asustada para hacer nada.
Harry y Draco, por su parte, siendo conscientes de como esto comenzaba a hacer mella en Hermione, habían buscado una manera de ayudarla, pero no querían incomodarla o hacerla sentir mal, mucho menos presionarla, por lo que no forzaron una conversación muy necesaria. Conversación que estaba teniendo ahora mismo con Luna, y eso le dio una nueva perspectiva.
- Tienes razón – Le dijo, mirándola sorprendida y sentándose lentamente – Tienes toda la razón – Hermione le sonrió y soltó una risa, un poco temblorosa, pero una risa al fin y al cabo.
Satisfecha, Luna se levantó y se sentó frente a Hermione.
- ¿Te sientes mejor ahora que lo has dejado salir un poco? - Preguntó.
- Si, la verdad es que si – Sonrió – Harry tiene suerte de tenerte.
- ¿Tu crees? - Preguntó Luna, sonrojada.
- Desde luego.
En ese momento tocaron a la puerta, cuando Hermione dio permiso para entrar, Draco asomó la cabeza.
- Hey, ¿Interrumpo algo? - Dijo suavemente, y Luna negó con la cabeza.
- Para nada – Dijo – Yo ya me iba, he quedado con Harry. Hasta luego – Se despidió con un gesto amistoso y salio brincando alegremente por la puerta.
- Chica especial ¿Eh? - Se rió Draco, entrando y cerrando la puerta detrás de él antes de sentarse frente a su novia.
- No tienes ni idea de cuanto – Sonrió Hermione, ahora sintiéndose más liviana.
- Se que debería haber hecho esto antes pero...¿Estas bien? ¿Necesitas hablar? ¿Un abrazo? - Preguntó Draco, la preocupación y el amor creando un brillo extraño en sus ojos acerados.
- Estoy...bien, creo. Luna a hablado conmigo, pero...nunca le diría que no a uno de tus abrazos – Le sonrió tímidamente.
Draco se acostó y abrió los brazos en una clara invitación que Hermione no tardo en aceptar, acostándose y refugiándose en sus brazos, escondiendo su rostro en su cuello.
- Sabes que pase lo que pase, siempre estaré ahí para ti ¿Verdad? - Le susurró Draco – Incluso si a mitad de la coronación decides huir, seré yo quien te espere preparado para correr – Podía sentirla sonreír y suspirar contra su cuello, esto le envió una corriente eléctrica por su columna y se estremeció al sentir el aliento y los labios de Hermione rozar su cuello, pero se contuvo y se concentró en frotarle la espalda.
- Me gusta el sonido de tu voz – Murmuró Hermione, acorrucándose más cerca de él.
- Y tú estas agotada – Sonrió Draco.
El estrés, la ansiedad y el cansancio de los últimos días la había alcanzado de golpe después de haber conseguido relajarse un poco, y que mejor lugar para descansar que los brazos de tu pareja ¿No?
En menos de unos minutos en los que Draco la arrullaba, explicándole en murmullos como había ido su día, Hermione se durmió pacíficamente en una siesta muy necesaria. Draco se contentó con observarla dormir hasta que lentamente se durmió también.
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Y efectivamente hoy era el día, el día que Hermione había intentado inútilmente de evitar.
Todos habían sido llevados a un castillo. Y si...era el castillo donde habían vivido sus padres biológicos antes de morir. Lo habían restaurado tal y como era antes del ataque y, después de que la coronación terminara o cuando encontrara un rato, Hermione se aseguraría de explorar cada piedra del lugar. Pero por ahora, tenía que prepararse.
Estaba sentada delante de un tocador con un espejo lo suficientemente grande como para intimidarla, pero intento que la inquietud no se mostrara en su cara o su mirada. No funcionó, sobretodo porque sintió como alguien le colocaba una mano suave en el hombro y le daba un apretón reconfortante. Dándose la vuelta para ver quien era, vio a Narcissa dándole una sonrisa comprensiva y maternal.
- ¿Estas bien, cariño? - Le preguntó. Hermione respiró hondo, tratando de calmarse y asintió.
- Si, estoy bien, solo...algo nerviosa, eso es todo – Le sonrió todo lo firmemente que pudo.
- Es normal – Narcissa vio a través de la mentira, pero entendía que ese no era el momento de ahondar más en el tema, por lo que se contento con acariciar el pelo de la más joven y volver con los preparativos.
Hermione se giró en la silla y miró a su alrededor. La habitación era preciosa, parecía salida de un libro de fantasía, la típica habitación de princesa, y lo habría disfrutado, incluso lo habría tomado de referencia para dibujarlo en algún momento, de no ser por los nervios que la carcomían, claro.
Narcissa, Tonks y Minerva estaban con ella, ayudándola a prepararla, o ha: "Ponerte espectacularmente preciosa, divina, fantástica y hermosa" En palabras de Tonks.
Molly había intentado colarse en la habitación con el resto, pero de alguna manera habían logrado mantenerla afuera. De todos modos iba tocando a la puerta y asomándose cada pocos minutos para dar sus consejos y opiniones (completamente innecesarios), según ella, era porque "Sabía como hacer las cosas adecuadamente".
Hermione decidió que no le importaba y que seguiría haciendo las cosas a su manera, y a quien no le gustara que se jodiera.
- Sabes, aún podría disfrazarme de ti y distraer al resto mientras escapas – Ofreció Tonks, con una sonrisa astuta y un brillo peligroso en los ojos. Hermione se rió algo más calmada.
- Aunque sería divertido de ver y desde luego me evitaría dolores de cabeza en el corto plazo, no creo que a largo plazo me sea de mucha ayuda – Se lamentó Hermione – Pero gracias por la oferta. Una parte de mi todavía baraja con la idea de simplemente salir volando de aquí.
- ¿Salir volando? Que tonterías dices, pero si debes estar emocionadisima. Pero no te culpo, con ese vestido... - Molly hizo un gesto de desagrado al ver el vestido colocado elegantemente en su percha esperando ser usado – Por suerte te he traído este mucho mas bonito ¿Ves? Es un vestido que a estado desde hace años en mi familia.
Hermione gruñó y se frotó el área entre los ojos con cansancio. Habían estado tan pendientes de preparar todo que habían dejado la puerta olvidada y Molly había aprovechado su oportunidad para colarse.
- Molly, por favor. Hermione eligió ese vestido, vio muchas sugerencias y se probó muchos vestidos, pero ese es el que le ha gustado – Suspiró Minerva. Y si, ya habían tenido esta conversación.
- Oh, vamos. No hay punto de comparación, miralos – Bufó Molly – Esta preciosidad al lado de ese trapo viejo.
- Ese trapo viejo era de mi abuela – Dijo Hermione, mortalmente seria. Ante la confusión en los ojos de Molly siguió, rodando los ojos al cielo, pidiendo fuerzas – Mi abuela adoptiva.
Hermione no pudo evitar hacer la misma comparación de Molly con los vestidos, pero su opinión era completamente opuesto.
El vestido de su abuela era de un tono azul profundo que se iba aclarando gradualmente hasta un azul turquesa, largo hasta los tobillos, escote en V y con varias decoraciones en dorado, en conjunto con el vestido también tenia un par de brazaletes, unos pendientes y unas botas a juego, eso junto al colgante de amatista que Draco le regalo y el hermoso peinado que Narcissa se había ofrecido a hacer, Hermione estaba segura de que se vería absolutamente preciosa, o al menos, así es como comenzaba a sentirse.
El vestido de Molly, en cambio, era de dos tonos, rosa pastel y amarillo pastel. No os hagáis una idea equivocada, los colores pastel son preciosos, y puedes hacer absolutas maravillas si sabes usarlos...pero quien sea que hizo ese vestido no sabía usarlos. A esto añadimos que, al contrario del vestido de su abuela, que le quedaba como un guante, el vestido de Molly le iría demasiado grande, lo que haría que lo arrastrara constantemente y acabara por ensuciarlo. El vestido también era ceñido al cuello, lo que solo haría que se sintiera más agobiada de lo que ya se sentía, eso y que no le gustaba para nada. Simplemente no era un vestido que le pareciera bonito.
Prefería el de su abuela, no solo porque le gustaba muchísimo más, sino por el valor sentimental que representaba. Su abuela se lo regalo diciendo que lo usara para algo especial y para sentirse bonita y poderosa, y eso es precisamente lo que buscaba ahora.
- Agradezco la oferta, Señora Weasley – Suspiró Hermione, decidiendo que sería mejor cortar esto por lo sano – Pero realmente quiero usar ese vestido. Es importante para mi.
- Lo entiendo completamente querida – El tono y la expresión de Molly seguían siendo maternalmente dulces, pero Hermione podía sentir que la mujer mayor no estaba contenta con que rechazara la oferta de su vestido, ni con haberse quedado afuera tanto tiempo – Pero creo que sería mucho más simbólico que usaras un vestido que lleva tantas generaciones en el mundo mágico ¿No crees?
Hermione gimió internamente mientras se daba la vuelta para volver a mirarse en el espejo y apoyar la cabeza en las manos.
- Sacadla de aquí, por favor. Os lo suplico – Susurró.
- Señora Weasley, por favor... - Comenzó Narcissa, sintiéndose mal por el obvio malestar de Hermione al tener a la mujer pelirroja complicando las cosas todavía más, pero dicha mujer la interrumpió con el ceño fruncido.
- Y todavía no entiendo que hace ella aquí – Gruñó.
Tonks se cruzó de brazos y apoyó su peso en una pierna, mirando el desarrollo con cierta diversión pero obvio fastidio. Minerva ya había tenido suficiente.
- ¡Ya está bien! - Exclamó – Narcissa esta aquí porque Hermione así lo quiere. Y se te ha pedido innumerables veces que no entres en la habitación, que lo tenemos todo controlado y no necesitamos ayuda. Ahora, por favor, sal de la habitación y ve a asegurarte de que tu familia se este preparando para la coronación, nos estamos quedando sin tiempo.
Ante esto, la matriarca de los Weasley no encontró más escusas para quedarse, así que salió de la habitación bufando y apretando su horroroso vestido contra si misma.
- Gracias – Dijo Hermione, completamente aliviada después de escuchar la puerta cerrarse.
- De nada – Sonrió Minerva.
- ¿Terminamos tu peinado? - Preguntó Narcissa, sonriendo suavemente.
Hermione asintió, volviendo a fijar la mirada en si misma, que le daba una mirada determinada, pero podía observar su propio temblor en el reflejo. Suspiró en busca de calma y dejó que Narcissa siguiera haciendo su magia...figurativamente, claro.
O no tan claro...Hermione disfrutaba que le acariciaran el pelo, la gran mayoría de personas simplemente enredaban sus dedos y acababan tirándole del pelo, pero Narcissa, al igual que Draco, de alguna manera lograba hacerlo sin hacerle daño y dejar solo una sensación agradable y reconfortante. Cuando quiso darse cuenta, su peinado estaba terminado y realmente podría creer que había sido hecho con magia. Era precioso.
No era un moño apretado y regio como como habían sugerido los ancianos, todo lo contrario. Había trenzado algunos mechones de delante y los decoró con hilos de plata para que resaltaran, los había llevado hacia atrás para unirlos en una fina cola y el resto de su pelo caía en suaves rizos en su espalda y hombros. Era sencillo y a la vez majestuoso.
- Es precioso – Hermione le sonrió, agradecida – Me encanta.
En poco tiempo, también estaba vestida con el hermoso vestido de su abuela, con sus joyas, botas y el colgante del dragón de amatista, una vez lista, dio una respiración honda y se miró al espejo de cuerpo completo.
- Vaya... - Se quedó sin aliento durante unos segundos antes de lograr soltar una risa un poco ahogada – Yo...no se que decir...me veo...
- Preciosa – Dijo Narcissa – Te ves preciosa. Claro que no necesitas nada de esto para ser preciosa, pero estoy segura de que dejaras a todos con la boca abierta.
- Anda, ves con tu hermano y los chicos, ya deben haber acabado y así podemos arreglarnos nosotras en un momento – Dijo Minerva.
- Si, claro – Hermione asintió, todavía un poco sorprendida – Muchas gracias.
- De nada, querida.
Mientras Hermione salía, asomándose primero para asegurarse de que Molly no rondaba por allí, no pudo evitar sentir mariposas en el estomago. No era una emoción del todo desconocida, la había sentido antes, en el Baile de Navidad del año pasado.
La emoción de verse delante del espejo, elegantemente vestida y peinada y preparándose para algo que cambiaría su vida y dejaría una huella importante en su memoria. Era un sentimiento similar a ese, solo que multiplicado por mil.
Cuando llegó, tocó a la puerta y se anunció.
- Entra, Hermione, estamos listos – Escuchó a su hermano.
Entró y les sonrió tímidamente cuando vio como sus ojos se abrieron con asombro.
- Vaya... - Dijo Harry.
- Estas... - Siguió Derek.
- Preciosa – Terminó Draco, acercándose a ella, con Llama eterna invocada y atada cuidadosamente en su cintura..
- Eso me han dicho – Sonrió Hermione, riendo cuando Draco le dio un beso en la mejilla.
- ¡Pareces una Princesa de cuento! - Dijo Luna con ojos brillantes.
- Estas hermosa – Convino Alek.
- Gracias – Sonrió - ¿Como es que has invocado a Llama Eterna? - Preguntó curiosa.
- El Líder de los ancianos, quien realizara la Coronación, quiere usarla para ello. Cree que así será más "Oficial" - Explicó Derek, a Hermione no le hacía mucha gracia, y a Derek tampoco a juzgar por su tono, pero parecía más fácil acabar con esto todo lo rápido que pudieran.
En ese momento tocaron a la puerta, y cuando Derek dio permiso para entrar uno de los ancianos se asomó.
- Majestades, es la hora.
- ¿Lista? - Preguntó Derek.
Hermione no contestó. Sabía que le fallaría la voz, pero asintió con firmeza.
Fueron guiados hasta unas puertas enormes. Podían escuchar a las personas del otro lado, esperando que hicieran su entrada.
El Líder de los ancianos apareció y Draco le entregó a Llama Eterna después de que prometió devolverla después, a regañadientes, pero no tenía mucho que decir a ello. Al Consejo no le gustaba que alguien que no era parte de la familia real tuviera una reliquia de la familia, pero Hermione decidió que Draco era un excelente portador, y su decisión tenía muchísimo más peso que la de todo el consejo junto.
Con un suspiro, guió al resto para esperar a la "Gran entrada" de Derek y Hermione.
- Todo ira bien, ya lo veras – Le murmuró Draco, dándole un rápido beso en los labios antes de seguir al anciano.
- Te amo – Dijo Alek, besando a Derek antes de seguir al resto.
Hermione respiró temblorosamente, sacudiéndose. Y solo entonces se permitió fijarse en como iba vestido su hermano.
Estaba elegantemente vestido y peinado, pero era más que obvio que estaba incomodo en esa ropa. Él prefería ropa más cómoda y que le permitiera moverse libremente. Con la ropa que levaba apenas podía moverse a menos que fuera de forma rígida, y esto solo hacía que se moviera incómodamente.
Y entonces lo escucharon, como les daban el pistoletazo de salida.
- ¡Con todos ustedes: Lord Derek Firebreather y Lady Hermione Firebreather, Herederos del Mundo Mágico!
Las puertas se abrieron de golpe con un movimiento dramático, y Derek y Hermione se colocaron rectos antes de comenzar su camino sobre una alfombra roja hasta el final de la habitación, donde descansaban cuatro tronos dorados hermosamente ornamentados en diferentes joyas y cristales.
Según lo que le habían explicado, los dos tronos más grandes y lujosos, en medio de los dos más pequeños, eran lógicamente los de sus padres, el Rey y la Reina, el trono al lado del Rey era el de su hermano mayor, puesto que el heredero al trono era el que se sentaba al lado del Rey, y el otro, el que estaba al lado del de la Reina era el trono de Derek. Como ella era apenas un bebé, si hubieran estado todos sentados en el trono, lo más probable es que hubiera estado descansando en los brazos de su madre o sentada en el regazo de su padre, era muy pequeña para un trono en ese entonces.
Pero no pudo evitar tratar de imaginar precisamente esa imagen, la de toda la familia sentada en los tronos. Era una imagen que realmente le gustaría ver, y eso le ayudaba a intentar ignorar los gritos y murmullos de las personas que iban pasando.
A un lado, alejado de los tronos, pero en una posición claramente privilegiada, estaban Alek y Draco, y un poco más atrás, estaban Harry y Luna. Sonreían suavemente, mirando a sus amigos con orgullo y a la vez tratando de infundirles valor y dar apoyo.
Una vez de pie, frente a toda la gente y de espaldas a los tronos, esperaron a que el Líder del Consejo empezara con su discurso.
No estaba escuchando, lo habían ensayado tantas veces que se lo sabía de memoria de todos modos. Que era un gran día, bla bla bla, que Derek se coronaba Rey y ella Princesa Heredera, bla bla bla, que llegado el momento ella se coronaria Reina, bla bla bla...
Todo el royo que ya nos sabemos pero que a los ancianos les encantaba repetir una y otra vez. Hermione no era capaz de encontrar la satisfacción de repetirse tanto.
Solo prestó algo más de atención al discurso de Derek y el suyo propio, pero de nuevo, lo habían ensayado tantas veces que simplemente lo recitaba por inercia. Pero nadie pareció darse cuenta, y se preguntó si era una buena actriz o simplemente el resto de personan no eran para nada observadoras. Puede que ambos.
Finalmente tuvieron que arrodillarse. El anciano apoyo la hoja de la espada en los hombros de ambos hermanos con reverencia y solemnidad, para acto seguido, sentir el peso de una corona en sus cabezas.
- ¡Alzaos, Rey y Princesa Heredera!
Obedecieron y volvieron a enfrentarse a la multitud que vitoreaba antes de sentarse en sus tronos.
- ¡Larga vida a sus Majestades! - Exclamó el anciano, y no tardo en ser seguido por el resto.
- ¡Larga vida a sus Majestades!
Derek y Hermione se miraron después de sonreírle a la multitud. Larga vida a sus Majestades, si, eso esperaban...
Con el peso de la corona ahora sobre su cabeza, Hermione solo podía desear que el nuevo curso en Hogwarts fuera un poco más tranquilo ¡Merlín sabía que necesitaba unas vacaciones de verdad!
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