La Orden del Fénix

El verano debería ser un tiempo de calma y diversión para prepararse para el siguiente curso ¿Verdad?

Si, debería, pero para las personas del mundo mágico no fue así...

Todos tenían la esperanza de que Voldemort no volviera nunca, muchos se forzaron a creerlo y, incluso ahora, después de lo visto al final del Torneo de los Tres Magos, la mayoría se esforzaba por tratar de no dejarse dominar por el terror y la paranoia y los demás trataron de hacerse creer que fue solo una pesadilla y no era real.

El Ministerio de Magia no podía negar nada, lo habían visto todo. Voldemort había vuelto. Les gustara o no, no podían encubrir algo que ya habían visto miles de personas. Pero eso no significaba que no intentarían mantener las cosas a su favor tanto tiempo como pudieran.

Harry y Sirius hicieron lo posible por asegurar Grimmauld Place. Harry vio como varias personas entraban en la casa y tenían largas reuniones en las que normalmente estaban involucradas las mismas personas, las que él reconocía eran Severus, Dumbledore, Minerva, Ojo Loco Moddy, Remus, Sirius, el matrimonio Weasley y unos pocos más que había visto alguna que otra vez. Pero cuando preguntó que era lo que pasaba exactamente, no quisieron responder diciendo que todavía no era el momento.

- ¡Vamos, Sirius! - Se quejó – ¡Ambos sabemos que esto se trata de la Orden del Fénix, tengo derecho a saber!

- Entiendo tu frustración y es justificada, cachorro – Dijo Sirius, sonriendole con comprensión – Pero por favor, ten un poco más de paciencia, estoy seguro que cuando lleguen Draco y Hermione lograreis saber más, Derek convencerá a Dumbledore al igual que lo convenció para que pudieras quedarte conmigo.

En cierto momento, Dumbledore se había opuesto a que Harry se quedara con Sirius, argumentando que con su Tía, por ser de la misma sangre que Lily, estaba protegido y Voldemort no podría llegar a él, normalmente solo diría: "Harry estaría más seguro en Privet Drive", pero Derek logró convencerlo de que estaría igual de protegido con Sirius porque Harry trataba de estar lo menos posible en la casa de sus tíos, de todos modos, Sirius tenia ahora la tutela legal de Harry, por lo que no podía hacer nada.

- Pero Sirius, si es de alguna ayuda para detener a Voldemort yo... - Y aquí era cuando una Molly Weasley salvaje aparece y interrumpe al chico de ojos verdes.

- Harry querido, eres demasiado joven, eres solo un niño, deja que los adultos se encarguen de esto – Sonrió maternalmente - ¿Porque no mejor traigo a Ron, Ginny y los gemelos para que te hagan compañía? Aquí hay muchas habitaciones.

- Ya lo hemos hablado Molly, trae a los chicos cuando lleguen Hermione y Derek que es cuando llegara Draco también, mientras tanto tratemos de dejar todo lo que podamos atado para cuando traten de espiarnos – Sirius lo dijo con una sonrisa juvenil, pero Molly solo segó suavemente con la cabeza y desapareció en la cocina murmurando algo sobre que los Malfoy no deberían estar allí con ellos.

- Ah, pero no era tan joven para enfrentarme a Voldemort en el cementerio ¿Verdad? - Bufó Harry, finalmente suspiró tratando de calmarse un poco - ¿Cuando llegarán Hermione y Draco?

- En unos días, Harry. Se paciente, en este momento...Derek y Hermione tienen otros asuntos de los que preocuparse...

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Hermione y Derek estaban sentados frente al Consejo una vez más, por lo que parecía la centésima vez aquel verano.

Todo lo que Hermione quería era salir de allí, reunirse con Harry y Draco y descansar un poco, no era mucho pedir, solo pasar un rato con sus amigos en un día de verano, ya sabes, eso que hace cualquier persona normal.

Suspiró internamente y fingió prestar atención, normalmente habría estado escuchando atentamente, pero ya habían pasado por esto muchas veces antes y comenzaba a aburrirse de escuchar la misma información con diferentes palabras...y aveces con las mismas.

A su lado, Derek le dio una mirada de disculpa, la verdad es que a él también le gustaría simplemente levantarse y salir por la puerta, probablemente dando un portazo por la frustración que lo carcomía. Lo que daría por ir a la playa con Alek, solo ellos dos, pasando un buen rato juntos, o salir a cenar, o a bailar...o pasar una noche romántica, con velas y pétalos de rosa en la cama que rápidamente serían olvidadas en actividades mucho más intensas y divertidas.

Pero no...aquí estaban, escuchando a un puñado de ancianos con aires de grandeza.

- Por lo tanto podemos concluir con que es necesario una coronación, eso podría calmar a la gente. Puesto que las...elecciones de pareja de Su Majestad no son las más adecuadas, la joven Princesa debería coronarse como regente en cuanto llegue a la mayoría de edad y... – Dijo uno de los ancianos, pero frunció el ceño al ver las miradas distantes en Derek y Hermione – ¿Majestades...estaban escuchando?

- En su mayor parte – Suspiró Derek, dándole una mala mirada por su comentario sobre él y Alek, pero sabía que no valía la pena tratar de razonar con esos viejos carcamales – Hace días que hemos llegado a la conclusión de que la coronación era un buen método para calmar a la gente y darle entender a Voldemort que...¡Oh, por favor, es solo un nombre! - Exclamó cuando vio a los ancianos encogerse, sacudió la cabeza y continuó – El caso, que me coronaré Rey y Hermione se coronará como Heredera, cuando Hermione lo considere oportuno, después de terminar Hogwarts, se le coronará como Reina.

- Pero, Majestad...

- ¡Nada de "Majestad"! - Gritó Derek, la paciencia finalmente llegando a su fin – No somos pequeñas marionetas que podéis manejar a vuestro antojo, si eso es lo que buscáis jugad una partida de ajedrez, no somos peones. Estamos de acuerdo con que la coronación es necesaria pero no obligareis a mi hermana a convertirse en Reina hasta que esté lista y, más que obvio, que elegirá a su pareja ella misma y dará un heredero cuando ella quiera y, lo que es más importante, si quiere.

- Pero la llama de la magia...

- De eso ya nos encargaremos nosotros, no tenéis de que preocuparos, la coronación será dos semanas antes de comenzar el curso escolar – Gruñó – A quedado claro que no somos marionetas ¿Verdad?

- Por supuesto, Su Majestad.

- Bien. Vamos Hermione, voy a llevarte de excursión antes de ir con Harry y el resto.

Hermione no necesito que se lo dijeran dos veces, se levanto y corrió detrás de su hermano que, efectivamente, dio un portazo.

Salieron del Ministerio todo lo rápido que pudieron y evitando toparse con nadie, o al menos lo intentaron. Estaban muy cansados y solo querían salir de allí.

¿Quien dijo que ser Reyes era fácil?

No tenían ni idea de si alguien había dicho semejante estupidez, pero ahora mismo les encantaría encontrarlo y enseñarle lo fácil que era y grabárselo a fuego.

Derek miró a la joven a su lado pensativamente. Su hermana pequeña, que alegría le dio cuando finalmente pudo volver a verla tan de cerca, no solo vigilar que los Granger la trataran bien o que su magia no se saliera de control, si no que realmente podía ejercer su rol como hermano mayor. Eso no era todo, Hermione también era uno de los pocos lazos que le quedaban con su familia biológica, y eso era algo tan invaluable y precioso que no encontraba palabras para describirlo.

Hermione y Alek.

Esas eran las personas por las que Derek daría la vida sin pensárselo dos veces. Podía parecer cliché que dijera que daría la vida por su pareja, pero realmente lo haría. Alek fue un apoyo incondicional desde que se conocieron, fue alguien que no juzgaba, y que entregaba su corazón en todo lo que hacia. Derek podía parecer el fuerte de la relación, porque era más grande y fuerte, porque a pesar de ser gentil y cariñoso con sus seres queridos también tenia un fuerte carácter cuando se le enfadaba, porque era un Rey y un dragón ¡Un maldito dragón!

Pero la verdad es que Alek era la roca en su relación, era él el que sostenía a Derek cuando la situación lo superaba y todo lo que quería era acostarse en la cama en una bola y no salir en años, y por cosas como estas, Derek lo amaba tan profundamente.

No iba a dejar que un puñado de ancianos decrépitos se metieran con su relación y mucho menos que trataran de manipular a su hermana pequeña para conseguir la imagen que deseaban para la Realeza del Mundo Mágico ¡Por encima de su maldito cadáver!

Con un suspiro, volvió a concentrarse en Hermione.

- Oye, ¿Estas bien? - Le inquietaba que Hermione estuviera tan callada, normalmente era más animada y estaría quejándose sobre lo aburridas que eran estas reuniones, y razón no le faltaba.

- Si, solo... - Hermione tragó saliva, eligiendo cuidadosamente sus palabras – No somos más que sus muñequitos ¿Verdad? Solo nos quieren para dar buena imagen, en realidad no somos importantes a parte de asegurarnos que la magia se mantenga viva.

- Mira...no escuches el montón de basura que quieren meterte a la cabeza ¿Vale? Son solo un montón de viejos que todavía viven atrapados en el pasado y se creen con mucho poder, pero en realidad no tienen nada, ellos solo deben dar su consejo, pero no pueden decidir nada ni dar nada por hecho – Murmuró, mirando a su hermana con una sonrisa confiada – La ultima palabra siempre la hemos tenido, la tenemos y la tendremos nosotros ¿Okey?

Hermione miró hacia adelante, dejando que las palabras de su hermano se asentaran lentamente antes de mirarlo con una sonrisa y ese brillo en sus ojos que tenía normalmente.

- ¡Esa reunión a sido un tostón! - Soltó descaradamente, a lo que Derek dejó escapar una carcajada.

- ¡Y que lo digas! - Se rió.

- Entonces... - Comenzó Hermione – Realmente vas a llevarme de excursión o era solo una escusa.

- No era mi plan de acción – Admitió – Pero podría ser una buena idea.

No dijo nada más, dejando el resto del misterio en el aire a lo que Hermione resopló y Derek sonrió.

Derek la guió hasta un callejón donde nadie podría verlos, perfecto para aparecerse sin alertar a nadie. El mayor rodeó a su hermana pequeña con un brazo sobre los hombros y Hermione se abrazó a él adivinando su próximo movimiento.

- No te asustes cuando lleguemos, puede ser un poco...chocante, la primera vez – Advirtió antes de aparecerse.

Hermione sintió esa sensación desagradable que venia con aparecerse cuando uno no estaba acostumbrado, pero esta vez fue diferente, a parte de la sensación desagradable también sintió una especie de dolor en todo su cuerpo que fue aplacado por un calor reconfortante. Cuando quiso darse cuenta, estaban en la cima de un acantilado sobre suave y esponjosa hierba verde, con los cielos azules más bonitos que había visto nunca y, sorpresivamente, estaba completamente transformada en dragón.

- ¿Pero que...? - Saltó ligeramente, agitando la cola.

- No te preocupes – Se rió Derek, obviamente también transformado – Aquí no pueden pasar los humanos, por lo que nuestras formas de dragón pasan al frente. Ven, sígueme.

Derek saltó del acantilado y abrió as alas para encontrar las corrientes de aire que lo ayudaron a elevarse sin esfuerzo, detrás de él, Hermione hizo lo mismo, siguiendo al dragón de escamas oscuras hasta llegar a su lado.

El dragón más pequeño y joven estaba fascinada por las vistas que tenia delante, estaba tan cautivada que necesitó que su hermano se riera fuertemente desde lo profundo de su pecho para devolverla al presente.

- Es hermoso ¿Verdad?

- Precioso – Estuvo de acuerdo - ¿Donde estamos exactamente?

- No estoy muy seguro de como lo llamaba Papá, o si realmente tiene un nombre como tal – Dijo Derek, planeando sobre un lago de aguas cristalinas – Pero en este mismo momento, se podría decir que ya no estamos en Kansas. Estamos en una dimensión diferente, escondida detrás del velo para impedir a los humanos acceder a ella, como ya te he dicho, solo los dragones pueden llegar hasta aquí, algunos vienen y van y otros simplemente viven aquí sin importarles la existencia humana – Derek señaló con la cabeza a una pequeña manada de dragones que descansaban apaciblemente a orillas del lago que estaban sobrevolando en estos instantes.

Hermione dio un par de giros para observar a la manada, un macho adulto le daba sombra con una de sus alas a una hembra adulta que estaba cómodamente acurrucada en su costado, cerca de la pareja, jugaban tres crías de dragón que corrían y aleteaban felizmente bajo la atenta mirada de su padre.

- Puesto que los humanos no pueden alcanzar este lugar los dragones viven tranquilos – Siguió explicando – Y también, es donde se esconde la famosa Llama de la Magia. Voy a enseñarte donde esta, y vamos a darle fuerza – Finalizó ante la mirada sorprendida del dragón de ojos azules a su lado.

No tardaron más de 15 minutos en llegar a una cueva, aterrizaron y Hermione se dejó guiar por su hermano, observó las paredes de piedra con interés durante los primeros cinco minutos antes de que volviera a fijar su mirada hacia delante, justo cuando se topó con su hermano que se había detenido de repente.

- Hemos llegado – Le sonrió, y dio un paso atrás para permitir que Hermione mirara la llama ante ella.

- Wow...

Eso es todo lo que pudo decir, no habían palabras para describir la belleza que tenia delante de ella, tal vez "Mágico" sería una palabra que se acercaba, pero no le llegaba ni a la suela de los zapatos.

La llama bailaba sobre un altar, no era de un tono en concreto, sino que, depende de como y de que ángulo la mirabas era de un color o de otro, todos mezclándose y brillando, estaba rodeada de varias estatuas de cristal de dragones, todos de diferentes cristales y piedras preciosas, imponente, sobre la llama, había una estatua que se destacaba por ser la más grande y, aparentemente, la más antigua, tallada en la misma amatista con la que estaba hecha Llama Eterna.

- Ella...ella es...? - No le salían las palabras.

- Si – Sonrió Derek – Thalía, la hermana de Merlín.

Hermione sacudió la cabeza para volver a centrarse.

- ¿Querías darle fuerza? - Ante el asentimiento de su hermano continuó - ¿Como? ¿Hay un hechizo o un ritual o algo así?

- Que va – Se rió él – En realidad es mucho más sencillo que eso. Simplemente lanzamos una llamarada hacia la...bueno, hacia la llama y ya esta.

- ¿Y ya esta? ¿En serio? - Hermione parpadeó.

- Oye, no todo a de ser de forma extraña, intrincada y complicada. En ocasiones lo fácil funciona.

Ambos tomaron aliento y, a la cuenta de tres, escupieron una poderosa llamarada.

- Bien – Murmuró Derek, al ver el brillo ahora más poderoso de la llama – Vamos a necesitar todo el poder que puedas darnos...

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- Finalmente hemos llegado – Suspiró Hermione, emocionada.

- Por fin – Convino Derek.

Entraron a la casa y Derek se aseguró de cerrar la puerta todo lo silenciosamente que pudo, y Hermione le hizo una pregunta silenciosa, levantando una ceja ante las acciones de su hermano.

- En el pasillo de entrada tenemos que ser muy silenciosos – Susurró - ¿Ves esas cortinas? Esconden el retrato de la madre de Sirius y...digamos que no es la alegría de la huerta.

Hermione le dio a las cortinas una mirada confusa, esperando no tener que encontrarse con el retrato y le asintió a su hermano para hacerle saber que lo había entendido.

- Vamos, creo que cierto alguien de pelo rubio ya a llegado y esta esperándote – Derek se rió silenciosamente de la emoción que brillo en los ojos de su hermana y coloco una mano en su espalda para guiarla hacia dentro de la casa.

En efecto, cuando llegaron a lo que presumiblemente era el comedor / cocina, fue rápidamente abordada por un joven de pelo rubio, abrazándola y haciéndola reír.

- ¡Bienvenida, Princesa! - Exclamó Draco - ¡Te he echado mucho de menos!

- ¡Yo también te he echado mucho de menos! - Chilló Hermione, echándole los brazos al cuello.

- Ah, el amor joven – Sonrió Narcissa, en parte para burlarse cariñosamente de ellos.

La pareja se separó lentamente, sonrojados por la vergüenza, la emoción los había superado y no habían sabido controlarla.

- Oye, se que es probable que en comparación no te haga tanta ilusión pero...¿No me saludas a mi también? - Sonrió Harry, acercándose tranquilamente hacia sus dos amigos.

- Me alegro mucho de verte, Harry – Sonrió Hermione, dándole un abrazo.

Cuando se separaron, el trío se sonrió, felices de volver a estar los tres juntos.

- No os hacéis a la idea de lo aburrido que ha sido mi verano hasta ahora, escuchar a los ancianos es una absoluta tortura, tengo tantas cosas que contaros – Suspiró Hermione.

- Ya somos dos – Dijo Harry.

- Tres – Corrigió Draco.

- ¿Tu verano a sido emocionante? - Preguntó Ron, que se había movido para estar al frente del grupo de amigos.

- Para nada – Resopló Hermione – Solo aburridas reuniones.

Para cualquier persona, el tono repentinamente irritado y cansado de Hermione le habría hecho entender que o bien no estaba de humor para hablar del tema o simplemente no quería hablar con esa persona, pero como siempre, parece que Ron no estaba muy al día con las indirectas, porque tampoco notó la mueca de Harry, que no quería una pelea en ese momento, solo quería sentarse con sus amigos a charlar, y como Draco fulminó al pelirrojo con su mirada de acero y abrazó a Hermione por los hombros.

Por suerte, justo en ese momento los gemelos Weasley aparecieron a cada lado de su hermano pequeño haciendo saltar al grupo.

- ¡La madre que os pario! - Chilló Hermione - ¡Casi nos matáis del susto! - Les golpeó en el brazo cuando estos comenzaron a reírse.

- Solo queríamos daros las gracias ¿Verdad Fred?

- Desde luego, George – Dijo su gemelo, mirando con su habitual sonrisa burlona – Vuestro generoso regalo nos esta permitiendo hacer ciertos planes para nuestro negocio.

- Claro que no le hemos contado nada a mamá – Continuó el otro gemelo.

- Si, eso la haría enloquecer y no queremos eso ¿Verdad? - Sonrieron como el gato de Cheshire.

- Me alegro de que os haya ido bien – Sonrió Harry.

- Vosotros le daríais un mejor uso de lo que haríamos nosotros – Hermione estuvo de acuerdo.

Con una graciosa y exagerada reverencia, los gemelos desaparecieron de nuevo, presumiblemente junto a su madre por el chillido que escucharon a continuación.

- ¡Fred! ¡George! ¡Que ahora podáis hacer magia fuera de Hogwarts no significa que podáis usarla en todo momento!

El trío solo se rió.

- ¿A que se refieren? ¿Que regalo? - Preguntó Ron, cierta indignación y celos se filtraron a través de la confusión, no contento con la idea de quedarse fuera y que le hubieran regalado algo a sus hermanos mayores pero no a él.

- No es nada, no te preocupes – Hermione despidió el tema con un gesto de la mano.

Notando la frustración de su hermana, Derek, que no había tardado ni medio segundo en correr al lado de Alek y abrazarlo con un beso acalorado, interrumpió las siguientes palabras de Ron antes incluso de que pudiera abrir la boca.

- Harry, Draco ¿Porque no le enseñáis a Hermione su habitación? Se quedara con Ginny, todavía quedan varias habitaciones por limpiar – Dijo Derek – Ah, Ron. Creo que tu madre te llama – Dijo, como si fuera una ocurrencia tardía.

Ron murmuró enfurruñado, pero fue a la cocina para ver que era lo que necesitaba su madre. Derek les guiñó un ojo al trío y este le levantaron el pulgar antes de correr por las escaleras. Por suerte Ginny no estaba en la habitación, por lo que tenían un rato solo para ellos.

- Ahora si, ¿Como os a ido el verano? – Preguntó Harry.

- Largo y aburrido – Murmuró Hermione, estirándose en una de las camas.

Draco suspiró asintiendo, acostándose al lado de su novia y Harry se sentó en la cama de al lado.

- ¿Tan malo a sido? - Le preguntó Draco.

- Muchísimo... - Gimió Hermione – Los ancianos del consejo son un puñado de amargados que lo único que quieren es dar una buena imagen del mundo mágico, específicamente ante el resto de comunidades mágicas. Las reuniones son una tortura y al final Derek se ha enfadado porque todavía viven en el paleolítico y se estaban metiendo con su relación con Alek, y también porque querían presionarme para que cumpliera sus estúpidos estándares. Derek a puesto un alto pero al final no hay mucho que hacer y hemos estado de acuerdo con que la coronación era necesaria.

- ¿De verdad? - Harry exhaló sorprendido.

Tanto Harry como Draco sabían que a Hermione no le hacia mucha ilusión eso de coronarse, no le interesaba y solo atraería más atención sobre ella, y con Voldemort ahora suelto la atención era algo que no quería.

Hermione asintió con cierto pesar.

- ¿Cuando será la coronación? - Preguntó Draco.

- Un par de semanas antes de volver a Hogwarts, por supuesto estáis invitados. Vendréis ¿No? Me vendría bien apoyo moral.

- Dalo por hecho, Princesa.

- ¿Y vosotros, como ha ido vuestro verano?

- Generalmente tranquilo pero con sus altibajos – Comentó Draco – El divorció de mis padres a estado en boca de todos durante unos días pero parece que ahora ya han pasado pagina. A mi padre le ha jodido muchísimo que mamá consiguiera mi custodia total, en parte también porque yo pedí quedarme con ella en todo momento y encima tendrá que pasarnos una pensión cada mes, a mi hasta que cumpla los diecisiete y a mi madre para siempre o hasta que se vuelva a casar. Y parece que mamá y Severus podrían formalizar su relación en poco tiempo.

- Me alegro por ellos – Dijo Harry, genuinamente feliz.

- Si, merecen ser felices – Sonrió Draco - ¿Y tú, Harry? Aún faltas tú.

- Bueno, a sido generalmente calmado, hemos seguido limpiando la casa pero todavía queda mucho por limpiar, he querido saber de que hablan en las reuniones de la Orden pero por supuesto no me han dicho nada. La Señora Weasley insistía en traer a los chicos para que "Me hicieran compañía", pero Sirius la convenció de que se esperara hasta que vosotros llegarais, no es que sirviera de mucho porque hace dos días los trajo a todos y se instalaron aquí.

- Que guay... - Dijo Draco, el sarcasmo goteando de sus palabras.

- Los gemelos y Ginny no están mal, es divertido charlar con ellos, pero Ron es muy pesado, no me ha dejado en paz, no paraba de perseguirme diciendo que como eramos amigos teníamos que pasar el tiempo juntos, quiero decir...vale, lo entiendo, los amigos, que no lo somos exactamente, pasan tiempo juntos, ¡Pero vamos, hombre! ¡Dame un poco de espacio! De vez en cuando me gusta estar un rato solo ¿Sabes?

- Vamos, no todo a sido malo – Sonrió Draco, con una sonrisa maliciosa que hizo a Harry sudar y confundió a Hermione.

- ¿De que me he perdido? - Hermione levantó una ceja y la sonrisa de Draco solo creció aún más.

- Bueno...

- ¡Draco, calla! - Gruñó Harry, en un intento de ser serio e intimidante, pero salió más como un chillido avergonzado.

- ¡Vamos! ¡No me dejéis fuera! ¡Quiero saber! - Remoloneó Hermione, girándose para estirarse encima de Draco, que se rió abrazándola. Le besó en la cabeza mientras ella jugueteaba con Llama Eterna, que brillaba a la luz que entraba por la ventana en el pecho del rubio.

- Digamos que aquí, nuestro Romeo San Potter ha estado teniendo una correspondencia animada con la dulce y soñadora Luna Lovegood – Draco se rió cuando Harry le tiró una almohada que los golpeó en la cabeza.

- ¡No te metas conmigo! - Exigió Harry, completamente sonrojado, como un pequeño tomatito.

- ¡Pero es que es tan fácil! - Canturreó Draco. Y otra almohada los golpeó.

Hermione devolvió el golpe, uno para Harry y otro para Draco, ambos chicos estuvieron aturdidos unos segundos antes de recuperar sus municiones y prepararse contra la chica que chilló al verse en desventaja, pero la inminente y épica pelea de almohadas se vio interrumpida cuando tocaron a la puerta.

- Hey, la cena esta servida – Oyeron la voz de Ron desde el otro lado de la puerta.

Solo pudieron gemir su decepción, pero una mirada compartida dejaba en claro que esa batalla se llevaría a cabo en cuanto tuvieran oportunidad, y ninguno daría su brazo a torcer.

Esto era la guerra.

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