Deseos de Navidad

La navidad estaba próxima a Hogwarts y Hermione había estado en un conflicto interno porque quería quedarse en Hogwarts, pero también quería volver a casa con sus padres.

- Si tanto te confunde puedes quedarte esta navidad aquí y el año que viene volver a casa con tus padres – Le sugirió Draco mientras ellos y Harry paseaban por los jardines cubiertos de nieve del castillo.

- Definitivamente yo me voy a quedar aquí, no me apetece nada volver con los Dursley – Comento Harry mientras seguían andando a buen ritmo para mantener el calor.

- Ya...lo único malo es que enserio me gustaría quedarme, el castillo esta precioso siempre había soñado en pasar las fiestas en un castillo mágico lleno de sorpresas...pero siempre había soñado pasar las fiestas en un castillo mágico con mis padres... - se lamentó Hermione, pisando la nieve para poder caminar más cómodamente.

- Oye...sé que es muy poco probable y que en teoría los Muggles no pueden llegar al castillo pero...¿Y si le pedimos a Dumbledore que deje a tus padres venir la noche de navidad al banquete? Así podrías pasar la navidad aquí y a la vez cenar con tus padres el día de navidad – Dijo Draco, sonriendo por su ocurrencia.

- ¡Draco! ¡Eres brillante! – Exclamó Hermione saltando a abrazar a su amigo.

- ¿Pues a que esperamos? – Pregunto Harry - ¡Vamos a avisar a Dumbledore!

Y así, ni cortos ni perezosos los tres amigos corrieron hacia el despacho de Dumbledore, el único problema es que una vez estuvieron delante de la gárgola que custodiaba el despacho del director se dieron cuenta de que ninguno tenía idea de la contraseña.

- ¿Y ahora qué? – Pregunto Harry, mirando la gárgola por si había algún botón o mecanismo para entrar.

- Pues en realidad no lo sé... - Dijo Draco.

- ¿Que hacéis aquí parados chicos? ¿Ya os habéis metido en algún lio? – Pregunto Derek que se acercaba con su ya habituada alegría y energía inagotables.

- No es eso, es que queríamos pedirle algo al director, pero no conocemos la contraseña – Explico Hermione.

- Ya veo, bueno en ese caso...¡Sorbete de Limón! –Exclamo Derek a la gárgola, que al decir las palabras correctas se movió dejando al joven y a los tres niños entrar al despacho.

- ¡Buenos días jóvenes! – Saludo Dumbledore.

- ¡Buenos das director! – Los cuatro saludaron al unísono.

- ¿En qué puedo ayudarlos? – Pregunto, después de haberles ofrecido unos caramelos de limón, por supuesto.

- Vera señor, me preguntaba si habría una manera de que mis padres pudieran venir durante el banquete de navidad aquí en Hogwarts – Dijo Hermione, mirando a Dumbledore con ojos de cachorrito abandonado bajo la lluvia.

- No se... - Dijo Dumbledore, acariciándose la barba mientras consideraba las palabras de la pequeña.

- Awww, vamos Albus, la niña se merece pasar las vacaciones en este hermoso castillo y además poder ver a sus padres el día de navidad – Dijo Derek, imitando la mirada de súplica que la pequeña.

- Bueno, bueno, supongo que no pasaría nada...está bien, Señorita Granger porque no va a escribirle una carta a sus padres invitándoles a cenar con nosotros –Dijo Dumbledore, mientras Hermione dibujaba una amplia sonrisa y corría a abrazar a Derek.

- ¡Gracias! – Dijo, agradeciéndole el haberse aliado con ella para convencer a Dumbledore.

- No hay de que, ahora corre a escribir esa carta – Dijo Derek, después de estrecharla fuertemente entre sus brazos.

Hermione asintió con energía y corrió fuera del despacho con Draco y Harry corriendo detrás de ella.

Mientras en el despacho de Albus, Derek suspiraba con melancolía y algo de tristeza.

- ¿Cuándo le dirás Derek? – Pregunto Albus, colocando una mano compresiva en el hombro del muchacho

- De momento le iré dejando pistas, no es momento, no todavía – Y después de esta corta y extraña conversación Derek sacudió la cabeza y sonrió en dirección a Albus y salió del despacho hacia el bosque prohibido.

Y es que solo Albus sabía que Derek vivía en una mansión en el bosque prohibido que él mismo se había construido.

Después de esto Hermione releía la carta que había escrito para sus padres

Queridos mamá y papá,

Ya sabéis que me encantaría quedarme en el castillo para navidad pero que también me gustaría pasar la navidad con vosotros, después de pensarlo un amigo me sugirió que le pidiera al director que os dejara venir para celebrar la navidad con nosotros y ha aceptado, le he pedido a la lechuza que se quede en casa hasta que le deis una respuesta para saber si podéis venir o no.

Os amo, Hermione Granger.

Hermione acaricio a la lechuza parda que reposaba en su brazo derecho a la espera de partir hacia su destino.

- Y recuerda esperar a que te den la respuesta – Dijo mientras le daba la carta, el ave la agarro con el pico y asintió en su dirección para inmediatamente después emprender el vuelo - ¡Gracias y buen vuelo! – Despidió la castaña mientras la lechuza se perdía por el horizonte.

Los días pasaron y el banquete de navidad paso sin mayores contratiempos, fue una navidad mágica literalmente hablando.

John y Jane lo pasaron espectacularmente bien, Hermione se encargó de enseñarles toda la escuela y de contarles sobre todas las aventuras que había pasado con sus amigos y sus padres la llenaron de besos y abrazos como siempre que estaban juntos.

Lo único que lamentaba Hermione es que sus padres se fueran a casa después del banquete de navidad y que Draco no estuviera en el castillo con ellos.

Lamentablemente todo lo bueno termina y los padres de Hermione se despidieron de todos.

- Nos veremos en verano amor – Dijo Jane abrazando a su única hija con un amor y ternura que solo una madre puede profesar.

- Esperamos que te guste nuestro regalo y escríbenos con más frecuencia – Pidió John uniéndose al abrazo.

- Y ten cuidado – Añadió Jane con una sonrisa.

- Lo prometo, tendré cuidado, me portare bien y no daré problemas...a menos que sea necesario claro – Dijo Hermione con un brillo travieso en sus ojos.

- Jejeje esa es mi hija – Dijo John mientras Jane rodaba os ojos, pero la sonrisa en su rostro la delataba.

Después de la despedida y de agradecer una vez más al director el matrimonio Granger desapareció entre las llamas verdes de la chimenea del director y Hermione se dirigió a la sala común de Gryffindor donde paso un buen rato al lado de Harry y de Ron, para que cuando el sueño comenzaba a hacerse presente los jóvenes se fueron a dormir.

A la mañana siguiente Hermione se estiro con una gran paz y observo a su alrededor algo desorientada aun, hasta que pudo divisar una pequeña montaña de regalos a los pies de su cama.

Con una brillante sonrisa se deslizo hasta los regalos y comenzó a abrirlos:

Comenzó con el de sus padres que era un sobre en el que habían 100 galeones junto a una nota que decía que habían cambiado dinero Muggle por galeones para que pudiera comprarse lo que necesitara o para poder darse algún capricho que tuviera.

Después siguió con el regalo de Harry, que era una edición ampliada de "Hogwarts: una historia", lo abrazo y lo dejo cuidadosamente en la cómoda al lado de la cama.

El siguiente era el de Ron que le enviaba una caja de diferentes dulces mágicos, los dejo también en la cómoda y cogió el siguiente.

Hermione sintió su corazón acelerarse al ver la tarjeta "De: Draco M/ Para: Hermione G", lo abrió rápidamente y encontró una hermosa pulserita de plata y cristalitos azul claro y azul oscuro con una nota que decía:

La encontré por casualidad en mi casa y cuando le pregunte a mi madre si era suya me dijo que, si pero que ya no se la ponía, le dije si me la podía dar porque nada más verla sabía que quedaría perfecta en tu muñeca, le dije que te la quería regalar y mi madre accedió casi de inmediato

D M

Hermione sonrío tontamente y se la coloco en su mano derecha y pasó unos minutos admirando los finos trazos de la pulsera, sin duda había sido hecho por un joyero profesional.

Después de esto se dirigió al último regalo y lo observo con curiosidad que paso a sorpresa cuando descubrió el nombre del remitente: Derek Firebreather.

Era una cajita roja con un lazo dorado y cuando la cogió pensó que sería una pulsera también o un colgante, y efectivamente, cuando lo abrió descubrió un colgante, era un cristal violeta sujeto a una cuerda negra por un fino hilo de plata, definitivamente era una joya hermosa.

Hermione se giró y cogió la nota que le había escrito Derek y la leyó con rapidez.

Feliz navidad pequeña,

Esto es, por herencia, tuyo. Sé que ahora mismo no lo entenderás, pero te prometo que con el tiempo todo será resuelto.

Este colgante en realidad es una espada, y no una espada cualquiera, su nombre es: Llama eterna, y estoy seguro que te será de gran utilidad, también sé que eres muy inteligente y que ya sabrás de esta espada y de donde proviene, también sé que no tendrás problemas en aprender a dominarla, es algo que llevas en la sangre, aunque no lo sepas aún.

Para invocarla y que pase de colgante a espada solo debes coger el cristal y decir: Llama eterna, y el cristal se transformará en la espada y para volverla de nuevo en cristal no te preocupes, la espada sabrá en que momento debe volver a ser un inofensivo cristal, llévalo siempre contigo, sé que te protegerá.

Derek. F

Ni corta ni perezosa Hermione se colgó el colgante del cuello y el cristal descasaba sobre su pecho, podía sentir la magia fluir del precioso objeto, no vacilo más y dijo sin titubear:

- ¡Llama eterna! – Al instante una hermosa espada que parecía hecha del mismo cristal violeta que el colgante apareció en sus manos, cualquiera hubiera dicho que era una espada inservible que se rompería al mínimo contacto, pero Hermione sabía que no era así, que era posiblemente más resistente y poderosa que la propia espada de Gryffindor

Derek le había dicho que estaba seguro de que ella conocía el objeto...¡Claro que lo conocía!

¡Hermione podía ser de las únicas que se molestaban en investigar con profundidad! ¡Y por ende de las únicas que sabían por mano propia y no por nadie más que Merlín...MERLÍN tenía una hermana dos años menor!

Así es, el poderoso mago había tenido una hermana dos años menor y según todas las fuentes de información que consiguió de ella (Que eran más bien pocas) decían que ella era igual o más poderosa que su hermano.

A Merlín le llamaban "El señor de los dragones" pero en realidad era su hermana: Thalía, la que tenía control total sobre estas enormes criaturas hasta el punto de que la apodaron "La diosa de los dragones" o "La entrenadora de dragones" debido a que parecía que tenía el control total sobre ellos, incluso parecía que podía hablar con ellos y las malas lenguas aseguraban que Thalía podía transformarse en dichas criaturas.

Y Thalía, que temía que en algún momento pudiera aparecer alguna criatura o ser maligno más poderoso de lo que eran su hermano y ella decidió crear una espada todo lo poderosa que pudiera a partir de un cristal de protección y la llama de un dragón.

Y ahora...esa poderosa y mítica espada estaba en sus manos...

Hermione se volvió a fijar en la nota de Derek y vio lo que parecía ser una fotografía.

Y eso era, en la fotografía podía verse a una joven de no más de 17 años arrodillada en un jardín, con un pequeño dragón marrón rojizo mientas parecían estar tomándose de la mano y hablar de algo.

En la parte final de la imagen se podía leer:

Thalía – 1547 d.C.

Totalmente sorprendida Hermione decidió ir a ver a Harry, pensando que distraerse un rato le serviría para poder pensar un poco mejor sobre el importante regalo que le había echo Derek.

- ¡Feliz navidad Harry! – Exclamo Hermione bajando las escaleras enérgicamente.

- ¡Feliz navidad Hermione! Mira, me han regalado algo raro, no sé quién me lo envía, pero dice que era de mi padre y que ahora es mía – Dijo el moreno pasándole la capa invisible, antes posesión de James Potter.

- Una capa invisible...son muy raras – Murmuro Hermione, pasando las manos por la suave y fina tela de la capa, observándola fijamente – Al menos sé que no he sido la única que ha recibido un regalo extraño – Rio, acariciando el colgante.

- ¿Qué quieres decir? ¿También te han regalado algo raro?

- Si, observa...

Hermione se alegó un par de pasos y se llevó una mano al colgante, lo desengancho de la cuerda en un rápido movimiento e invoco a Llama eterna, los ojos de Harry se agrandaron cuando vieron que donde antes había un cristal ahora había una espada.

- ¡Hermione! ¡Es impresionante, una pasada! ¡¿Quién te la ha regalado?! – Exclamo Harry acercándose para ver de más cerca la espada.

- Derek – Respondió con simpleza

- ¿Derek? Que suerte, a mí me ha regalado un gran estuche para el mantenimiento de la escoba – Declaro Harry, señalándole el objeto.

- Aun no lo entiendes, ¿Verdad? – Pregunto la castaña mientras la espada volvía a su forma original y Hermione se la volvía a colocar a forma de colgante, al ver la cara confundida de Harry suspiro y procedió a explicarse - ¡Harry! ¡Esta espada le perteneció a Thalía, la hermana menor de Merlín! ¡Tengo en mis manos la espada de la diosa de los dragones! – Lo dijo muy rápido, casi sin respirar.

- ¡¿Que?! ¡¿Merlín tenía una hermana?! – Exclamo Harry.

- ¡Argh! ¡Si! – Dijo Hermione, perdiendo la paciencia rápidamente.

- Vale, vale... - Dijo Harry, levantando las manos para que su amiga se calmara - ¿Y dices que Derek te la ha regalado? – inquirió.

- Así es, lo que no me explico es cómo es posible que Derek tuviera esta espada, se la creía perdida hace muchos años, eso y por qué ha decidido dármela a mí, yo no he empuñado nunca una espada – Comento la castaña, metida en sus cavilaciones.

- Pues no lo sé...pero tu dijiste que teníamos que colarnos en la sección prohibida para buscar información sobre Nicolas Flamel...y ahora tenemos una capa que nos hace invisibles así que...¿Por qué no investigamos un poco sobre la hermana de Merlín? – Sugirió Harry, levantando la capa con una mano.

- ¡Eso es! ¡Así también podemos asegurarnos de que Filch no nos ve!

Durante el resto de la mañana ambos jóvenes se la pasaron planeando su escapada nocturna a la biblioteca, creando estrategias por si algo no iba bien y finalmente, después de haber estado en sus planes durante unas horas bajaron al gran comedor para comer.

Hermione miraba hacia la mesa de profesores, esperando encontrar a Derek, pero no tuvo suerte porque el joven no apareció en toda la comida, Hermione soltó un suspiro, decepcionada de no haber podido hablar con él.

- ¿Qué pasa? – Pregunto Harry al ver el desánimo en su amiga mientras caminaban de vuelta a la sala común.

- Es que esperaba poder hablar con Derek y no ha aparecido, además como está lloviendo a cantaros tampoco podemos salir a pasear afuera... - Se quejó Hermione, mientras pateaba una piedrecita del suelo.

- A lo mejor pasa como Hagrid que vive en su cabaña, tal vez él vive en una casa en Hogsmeade o se ha hecho una cabaña cerca de la de Hagrid, y debido a la fuerte lluvia no ha venido al gran comedor a comer y ha preferido quedarse en casa – Argumento el de gafas con simpleza.

- Si, puede ser...es que en serio quiero que me explique porque me ha dado a Llama eterna, no encuentro sentido para que me la de...no me siento...digna de empuñarla...y a la vez siento que soy yo quien debe empuñarla, sé que es extraño pero es que no puedo explicar esta sensación, y en la carta no ponía mucho que revelara sus motivos para dármela...solo daba a entender que "todo a su tiempo", lo que todos los adultos nos dicen a los niños vamos – Hermione no sabía que pensar y decidió que era mejor esperar a encontrar a Derek y preguntárselo a él directamente.

- Deja de darle vueltas ¿Vale? Ya verás como todo tiene una explicación y estoy seguro que cuando le pidas a Derek que te dé una explicación te la dará – Dijo Harry acariciándole la espalda a su amiga.

- Si, tienes razón...

- Bueno, ¿Te apetece volver a la sala común hasta que se haga de noche y podamos empezar con el plan? – Dijo el chico.

- ¿Tenemos opción? – Rio Hermione.

- No – Admitió – pero sonaba mejor si lo preguntaba como si pudiéramos hacer otra cosa aparte de sentarnos y esperar.

Ambos rieron de buena gana y se dedicaron a esperar la ansiada hora de su plan.

Y esa hora no tardó en llegar, cuando Harry y Hermione se aseguraron de que todos dormían se colocaron la capa invisible, agarraron un foco y abrieron el retrato de la dama gorda.

- ¿¡Quien está ahí!? – Exclamo el retrato, pero al no ver a nadie se encogió de hombros – Estos niños, mira que dejase las ventanas abiertas con la tormenta que está cayendo – suspiro la dama.

Ambos amigos recorrieron los pasillos desiertos de Hogwarts mirando a todos lados, está bien que se supone que eran valientes Gryffindor's, pero se dieron cuenta que los pasillos, de noche, sin nadie y con tormenta daba escalofríos hasta al más valiente león.

Se abrazaron y comenzaron a caminar más rápido aun, al llegar a la biblioteca abrieron y cerraron a puerta lo más silenciosamente posible mientras soltaban un profundo suspiro de alivio y notaban como sus corazones se calmaban.

Se miraron y soltaron a reír en susurros al comprender que se habían asustado por nada.

Buscaron información sobre Nicolas y sobre Thalía, rebuscaron en todo libro posible, de la sección prohibida incluidos, pero no había suerte.

- ¿Has encontrado algo sobre Nicolas Flamel, Herms? – Pregunto el de gafas.

- No – Suspiro – He imagino que tú tampoco ¿Verdad?

- Para nada...¿Tampoco has encontrado algo sobre esa tal Thalía?

- Nada que no supiera ya, aunque no estoy sorprendida, muchas personas la miraban mal porque se decía que podía transformarse en dragón – Explico Hermione, cerrando perezosamente un libro.

Harry se acercó a ella y se sentó a su lado, repentinamente interesado.

- ¿Y eso era malo?

- Bueno, los dragones son criaturas hermosas e inteligentes en mi opinión, pero la mayoría de personas creen que son peligrosos, unos monstruos y si a eso le sumamos que la figura del dragón estaba ligada al mal...algunos pensaban que Thalía utilizaba magia negra y aunque ella y su hermano se encargaban de mantener a salvo el reino donde ambos vivían a Thalía siempre se le trato de manera muy diferente a su hermano por este hecho, es por eso que muchas personas ni siquiera saben de ella y ay tan poca información – Argumento la castaña.

Harry iba a contestar cuando una voz les alerto.

- ¿Que pasa querida? ¿Ay algún alumno gamberro ahí? – Pregunto la voz de Filch que fue respuesta por un maullido de su gata.

Harry y Hermione se miraron durante un momento sin saber cómo reaccionar, por suerte Hermione parecía ser capaz de crear planes aún bajo presión, por lo que tomo la capa, tiro de Harry hasta dejarlo a su lado y los cubrió con la capa.

- Aquí no hay nadie, ¿Seguro que has oído algo? – Preguntaba el conserje mirando por todos los rincones.

La señora Norris se paró delante de los dos jóvenes que aguantaban la respiración, Hermione pensó que a lo mejor la gata pudo oírlos u olerlos, al fin y al cabo, sus sentidos eran mejores que los de una persona, pero desde luego no iban a quedarse a averiguarlo.

Harry y Hermione salieron casi de puntillas de la biblioteca mientras Norris les seguía maullando.

- Vamos señora Norris, aquí no ay nadie, seguro te lo has imaginado, vámonos a dormir – Ante la llamada de su dueño Norris dejo en paz a los Gryffindor's y troto hacia él.

Los dos corrieron hasta donde pudieron y, aunque lo mejor hubiera sido volver a la torre de Gryffindor, decidieron entrar en, lo que parecía ser, un aula vacía.

Pero al entrar se dieron cuenta de que definitivamente no era un aula, sino que más bien parecía ser una sala bastante grande y que solo era iluminada por un enorme espejo que parecía brillar.

Movidos por la curiosidad se acercaron al espejo, aunque Hermione iba un poco recelosa y decidió que sería más prudente estar alegada del objeto, por lo que se quedó detrás de Harry que al mirarse reflejado en el hermoso espejo soltó una exclamación que sobresalto a Hermione.

- ¿¡Que!? ¿¡Que pasa!? – Pregunto ella, asustada de que el espejo tuviera una especie de maldición algo parecido.

- ¿¡Es que no los ves!? ¡Son mis padres! ¡Y mucha más gente, mi familia! – Exclamo, totalmente extasiado con la idea, a Hermione no le sorprendía, pues comprendía que lo que más pudiese querer su amigo fuese reencontrarse con sus padres y su familia, después de todo sus tíos y primo no eran precisamente lo equitativo a una familia amorosa.

Espera...¿Cómo es posible que ese espejo reflejara tal cosa?

Hermione asomo la cabeza por encima del hombro del moreno, pero no vio absolutamente nada.

- ¿De qué hablas? Yo no veo nada raro – Murmuro entrecerrando los ojos.

- Espera, mira ponte donde estoy yo ¿Ves? – Dijo Harry, moviéndola y colocándola donde hace apenas un segundo atrás había estado él.

Hermione se dejó hacer y cuando estuvo bien posicionada volvió a mirar al espejo, esta vez fue ella la que soltó una exclamación.

En el espejo se veía a ella y a Harry, pero además podía ver a Draco que sonreía y la abrazaba por la cintura, detrás de ellos estaban sus padres, John y Jane sonreían y ocasionalmente se daban un amoroso beso, al otro lado pudo ver a Derek que parecía estar contándole algo muy divertido a Draco ya que ambos soltaban carcajadas a cada tanto y Dumbledore comía apaciblemente un caramelo de limón al lado de Harry.

Hermione iba a decir algo, pero una conocida voz a sus espaldas los asusto.

- Veo que habéis encontrado el espejo de Oesed – Dumbledore se dejó ver y se acercó a los dos Gryffindor's con la sonrisa afable que adornaba siempre el rostro del anciano.

- Esto...nosotros no...es que... - Al darse cuenta de que no encontraban escusas simplemente bajaron la cabeza, avergonzados de haber sido descubiertos.

- No pasa nada, no sois los primeros que se encuentran con este fascinante y peligroso espejo – Dijo acariciándose la larga y blanca barba.

- ¿Peligroso? Señor, ¿Cuál es la función de este espejo? – Pregunto Hermione con curiosidad.

- Veras Hermione, este espejo te refleja tus más profundos deseos – Dijo mirando al espejo con expresión melancólica y Harry y Hermione no pudieron evitar pensar que es lo que Dumbledore podría haber visto – Decidme ¿Qué habéis visto vosotros?

- Yo he visto a mis padres... - Murmuro Harry.

- Yo os he visto a vosotros, y a mis padres, a Derek y a Draco, parecíamos felices... - Dijo pensativa.

- Como he dicho este espejo nos muestra ni más ni menos nuestro más profundo y desesperado deseo, para ti Harry que nunca conociste a tus padres deseas poder encontrarte con ellos y poder disfrutar de una familia de verdad y tu Hermione, con un corazón tan puro como el que posees tu más profundo deseo es poder estar con tus seres queridos sin preocupaciones y ser felices todos juntos, imaginad por ejemplo que si un hombre que ya tiene todo lo que quiere solo se vería a si mismo sin ningún cambio, pero debo advertiros de que este espejo no concede deseos, solo los muestra y que definitivamente no nos dará conocimiento, muchos magos y brujas se han consumido ante esto, fascinados por lo que han visto, o enloquecido tratando de averiguar si lo que veían era real.

Dumbledore dejo unos segundos para que sus alumnos absorbieran la información y volvió a hablar:

- Este espejo será trasladado a una nueva casa mañana y debo pediros que no tratéis de buscarlo, no es bueno dejarse llevar por los sueños y olvidarse de vivir, por ahora porque no volvéis a colocaros esa magnífica capa que tenéis y volvéis a la cama para descansar un poco – Pidió el anciano con una pícara sonrisa.

- Señor...profesor Dumbledore...¿Puedo hacerle una pregunta? – Dijo Harry sujetando la capa de su padre.

- Es evidente que ya lo has hecho – Sonrió Dumbledore – Sin embargo, puedes hacerme otra.

- ¿Que ve usted en el espejo, señor?

- ¿Yo? Me veo sosteniendo un par de gruesos calcetines de lana – Dijo ante los asombrados jóvenes – Uno nunca tiene suficientes calcetines, ha pasado otra navidad y no me han regalado ni un par, la gente sigue insistiendo en regalarme libros.

Una vez Hermione de nuevo en su cama se le ocurrió que Dumbledore claramente no había sido sincero, pero no pudo culparle, al fin y al cabo, fue una pregunta muy personal, pero eso sí, con la imagen que le dio el espejo se durmió con una sonrisa en la cara junto a la promesa de que haría lo posible para que su deseo se cumpliera.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top