Dulce 9

Un fino rayo de Sol filtrado a través de una diminuta ranura de las cortinas fue una muy sorpresiva tortura para Clark, cuyos ojos celestes sintieron la ira de la mañana, siendo sus frágiles pestañas las que sucumbieran en cuanto las levantó para responderse a la típica pregunta de una resaca.

-¿Dónde estoy? –Se inquirió el granjero sentando su débil cuerpo-. ¿Qué pasó? –Continuó indagado mientras apretaba los ojos en un vago y primerizo intento por detener el dolor de cabeza-. ¿Qué...? –Interrumpió su murmullo al sentir que la cama donde yacía se movía levemente-.

Viró su rostro buscando la fuente del ajetreo y lo único que pudo hacer fue saltar literalmente de la cama al descubrir a Bruce a su lado, cosa que no lo hubiera mortificado tanto si no fuera por el cuerpo del anfitrión que reposaba mostrando su completa desnudez. Clark cayó al suelo sintiendo los estragos de la resaca. Desde el piso empezó a balbucear, pero el terco dolor de cabeza le estaba causando problemas, sin mencionar las náuseas que ya las tenía en el gañote.

-¿Ke-Kent? –Expresó Bruce abriendo los ojos, percatándose del hueco junto a él-. ¿Kent? ¿Qué haces ahí? –Se preguntó dándose cuenta de lo ocurrido a su invitado-. Kent, regresa a la cama... Aún es muy temprano...

-¡¿Qué?! ¡¿Qué demonios pasó?! –Exclamó aturdido-.

-Que qué pasó... ¡¿Es en serio, Kent?! ¿No te acuerdas? Después de todo lo que hicimos. ¡Es el colmo! –Respondió burlona y maliciosamente-.

-¡¿Qué?! ¿Cómo que después de lo que hicimos? ¡¿De qué hablas?! ¡Y-yo... yo no me acuerdo...! Es-estábamos en la terraza y... estábamos be-be-bebiendo... Y...

-Luego te pusiste cariñoso y vinimos a mi habitación, el resto fue un sueño erótico, bastante censurable si quieres contarle a alguien... -Comentó Bruce abandonando la cama, mostrando su intimidad mientras caminaba acercándose a Clark para ayudar a levantarlo-.

-¿Qué? ¿Tú y yo...? –Inquirió el menor sonrojándose, sintiéndose intimidado, bastante confundido y avergonzado-.

-¿De verdad no te acuerdas? –Musitó Bruce poniéndose en frente, agachándose y ofreciendo una mano al muchacho-.

Clark no quiso levantar la cara. De verdad advertía un malestar físico y moral que sobrepasaban cualquier otra experiencia en su vida.

-N-no... yo no pude... Yo... ¡Mientes! –Expresó con su voz quebrada a punto de soltar en llanto-.

-¿Kent? –Bruce lo miró preocupado, cambiando su pícara sonrisa por un ceño inquieto y arrepentido-.

-¡No, yo no pude! ¡Yo no soy así! ¡No pude! –Habló mirando su propio cuerpo, cuya vestimenta se limitaba a sólo una camisa a medio abotonar, de talla significativamente más grande y nada más-.

El granjero se asustó de pronto recogiendo sus piernas. Apretó los labios mientras deslizaba sus dedos por debajo de la prenda. El mundo se le vino encima al sentir su cadera sin prenda alguna. Sus ojos se llenaron de agua al caer en cuenta de lo lejos que había llegado con ese hombre.

-Oye, Kent, ¿estás bien? –Preguntó posando su mano sobre la rodilla del invitado-.

-¡¿Cómo pudiste?! –Le interrogó a Bruce golpeando su mano-. ¡Estaba ebrio! ¡No debiste continuar si no sabía lo que hacía! ¡¿Cómo pudiste?! ¡¿CÓMO PUDISTE HACERME ESTO?! –Gritó enfadado, avergonzado, sintiéndose humillado-.

Se levantó tambaleándose, haciendo un esfuerzo para correr hacía lo que él supuso era el baño, sin embargo, sólo halló un armario gigantesco, al cual entró sin importarle realmente el sitio en cuestión.

-¡Kent! ¡Un momento, espera! –Pidió Bruce yendo tras él-. ¡Kent, no es lo que crees! –Añadió persiguiéndolo hasta el armario, pero llegando tarde, pues el muchacho había cerrado por dentro obstruyendo el paso-. ¡Kent! ¡Abre! ¡No es lo que piensas!

-¡Te odio! ¡Te odio mucho! –Contestó Clark desde el interior-.

-¡No, escucha, es un malentendido! ¡Perdón por tratar de bromear contigo!

-¡Déjame solo!

-¡Kent, no pasó nada de lo que seguramente te estás imaginando! ¡Fue una broma!

-¡Lárgate!

-¡Kent, no puedo, aquí vivo! ¡Por favor, sal!

-¡Sólo vete!

-Kent, escúchame, no tengas ideas raras. Perdona si te hice pensar otra cosa, pero entre tú y yo no pasó nada de eso.

-¡Ya no hables y vete!

-Kent, tú yo no tuvimos relaciones. No te toqué de ese modo.

-¡Cállate!

-¡Te lo juro por mi vida!

-¡No quiero saber de ti! –Respondió liberando todo su llanto-.

-¡Kent, eso es ilógico! ¡Nunca me aprovecharía de ti estando en ese estado! ¡Entre tú y yo no sucedió nada! ¡Vamos, abre la puerta! ¡Kent!

-Dé... déjame...

-¡No pasó nada! Pero si abres la puerta, te explicaré lo que realmente ocurrió.

-¡VETE! –Gritó dando a conocer su destrozado estado-.

-¡Kent, relájate y déjame explicarte! ¡Abre la puerta o tendré que derribarla! ¡Kent, hablo en serio!

Pero ya no escuchó más réplicas, sólo sus pequeños sollozos se oían a través de la madera. Bruce suspiró contrariado. Se frotó la cara y bufó decidido.

-Kent, espero que no estés cerca de la puerta o voy a lastimarte... -Habló retrocediendo un poco-.

Se colocó en guardia y soltó una patada estridente a la cerradura de la puerta. Ésta salió disparada al momento de permitir la entrada. Entró y lo primero que halló fue a Clark abrazándose a sí mismo en un rincón bajo las camisas colgadas en el armario. La cara del granjero yacía atónita y aterrada. Bruce se sonrojó un poco al enmarcar en su vista los ojos abiertos y cristalinos de Clark. Tragó saliva antes de sacudirse mentalmente y acercarse al huésped.

-¡¿Qué haces?! ¡Vete! –Ordenó Clark hundiendo su cara en sus rodillas-.

-Kent, ven, salgamos de aquí... -Le dijo tomando su mano-.

-¡No, no me toques!

-No hagas dramas. Ven. No voy a lastimarte. –Le indicó forcejeando un poco, atrayéndolo súbitamente hacia él, levantándolo en un solo movimiento-.

Se agachó para echarse a Clark al hombro. El menor no dejó ni un solo instante de patalear, aunque realmente no pudo luchar en serio, pues con su brazo herido, el malestar general o los músculos adoloridos la situación sólo estaba empeorando.

-¡Suéltame! ¡Ya has hecho suficiente! ¡Te odio, te odio, te odio!

-Kent, tranquilízate. Ya te dije que no es lo que piensas. Hay una explicación. –Habló llevando al muchacho de regreso a la cama-.

Una vez ahí, lo bajo suavemente hasta sentarlo entre las sábanas, tomó las mantas y con ellas cubrió a Clark. Se aseguró que nada de su piel estuviera expuesta a la vista, incluso pasó la tela por encima de la cabeza dejando sólo su cara libre.

-¿Quieres agua? –Bruce le ofreció alejándose a una pequeña mesa de la habitación-.

-¡Eres horrible, Bruce Wayne! ¡No quiero saber de ti! –Expresó sin detener su llanto-.

-Kent, estás confundiendo las cosas. No te toqué. No tuvimos relaciones. –Aclaró sirviendo un poco del líquido en un vaso-.

-¡¿Y por qué estas desnudo y yo no tengo ropa interior?! –Inquirió ruborizado en extremo manteniendo su rostro agachado-.

-Bueno, eso... -Bruce murmuró advirtiendo su desnudez-. Ten, bebe algo... -Le indicó dándole el vaso mientras jalaba una de las sábanas y con ella rodeaba su cintura cubriendo su entrepierna-. Lamento eso, pero me estaba muriendo de sueño, sólo me quité la ropa sucia y ya no quise vestirme...

-¡¿Qué?! –Exclamó Clark bebiendo el agua, casi ahogándose porque no dejaba de aspirar-.

-Sí, mira... -Suspiró Bruce arrodillándose frente al menor-. Anoche estabas tan ebrio que te desmayaste así sin más. Luego te traje a mi habitación, te acosté, te quité los zapatos y te arropé. ¡Eso fue todo!

-¡Mentiroso!

-¡Espera, espera, espera! Aún no termino. Caíste como tronco, ya no oíste nada. Traté de despertarte, pero ya no se pudo. Me cambié de ropa y me acosté junto a ti y eso fue todo. ¡No te toqué y mucho menos hice algo para forzarte!

-¡¿Y entonces?! ¡¿Dónde está mi ropa?! ¡¿Y por qué tú...!?

Pero Bruce le puso delicadamente un par de dedos sobre la boca impidiéndole hablar.

-La noche avanzó. Ambos dormíamos, pero de repente, te levantaste y vomitaste toda la cama. El ruido me despertó, pero ya era muy tarde. –Confesó el dueño de la mansión tallándose la cara-. Arrojaste todo. Lo mojaste todo.

-¡¿Qué?!

-¡Así es! Luego volviste a dormirte. Dime, ¿qué querías que hiciera? Y si sigues sin creerme, pregúntale a Alfred, él me ayudó a cambiarte de ropa y a cambiar las sábanas. Y como ya dije, ya era muy tarde y me dio flojera ponerme ropa limpia, así que me acosté así sin más. Y perdona si no te puse algo más cómodo, pero es siempre más fácil desnudar a alguien que vestirlo, así que sólo te puse esa camisa. Pero no te preocupes, a estas horas ya debe estar limpia y seca tu ropa.

Esa declaración pasmó a Clark. Si Bruce mencionaba a Alfred, era de suponerse que decía la verdad, pues no se arriesgaría a que alguien lo encubriera con algo tan delicado. Y en lo que a la experiencia personal correspondía, Clark no tenía ni la más mínima en su cuerpo para asegurar que Bruce y él habían tenido relaciones. Por lo tanto, aunque le avergonzara y lo hiciera sentir realmente estúpido, Clark tenía que reconocer que sí, sí había unas enormes posibilidades de haber devuelto lo consumido.

El muchacho detuvo su llanto instantáneamente. Agachó su cara revoloteando en un candor carmesí en sus mejillas. Bruce miró su expresión sonriéndole. Retiró sus manos y se puso de pie.

-Bueno, si ya quedó todo aclarado, vamos a almorzar, muero de hambre. ¿Hay algo que quieras en especial para el almuerzo? –Demandó Bruce entrando al armario-. Alfred debe estar preparándolo en este momento. –Habló escogiendo algo de ropa-. Esto es para ti, póntelo. –Indicó regresando junto al invitado, extendiéndole un par de prendas, colocándolas a un lado en la cama-. Te prepararé el baño, ¿está bien? –Anunció dejando solo al chico-.

Clark permaneció atónito ante la nueva revelación y las palabras de Bruce. No halló ciertamente una excusa para hablar nuevamente, todo había sucedido tan rápido. Supuso que ahora debía disculparse, pero no sabía exactamente cómo. Miró a Bruce entrar al baño y abrir los grifos. Luego salió tomando unas toallas de los estantes. Se aproximó a Clark posando los blancos en el mismo lugar que la ropa.

-Tómate tu tiempo, yo iré a bañarme a la habitación de junto. Vengo por ti cuando termines. –Anunció Bruce dedicando una sonrisa al invitado y abandonando la habitación-.

Lo vio salir, todavía dudando en cómo debía redimirse por sus acciones y sus juicios equivocados. Clark ahora sentía la carga moral más pesada. Mejor respiró para apaciguar sus nervios y aceptar las recomendaciones de Bruce. El granjero retomó sus capacidades lentamente. No sólo bebió el agua del vaso, sino que terminó aquella de la jarra. Una vez que se aseguró de estar solo y en completas funciones para no sucumbir ante el mareo, se dirigió al baño. Se quitó las mantas y se sumergió cuidadosamente en la bañera que seguía llenándose, tuvo demasiadas atenciones con las lesiones que aún tenía y la fractura en su brazo, por lo que entró casi a centímetro por hora.

La cabeza seguía doliéndole, sin olvidar el malestar general y la vergüenza crónica en su ser. Clark se hundió en el agua jabonosa permitiéndose relajarse un poco. Todavía sus reflexiones estaban atoradas en lo sucedido en la velada anterior. Repasó la conversación desde la cena hasta el punto que se traducía en un escenario completamente a obscuras.

-¡Por Dios, ¿cómo pude sobrepasarme así?! –Exclamó Clark sonrojándose-. ¡Yo jamás he bebido de ese modo, no, yo nunca he bebido! ¡¿Cómo dejé que eso pasara?! ¡Y luego vomité en la cama! ¡Esto no puede ser más humillante! –Se dijo lamentándose, golpeando el agua, sintiéndose pésimo por lo sucedido-. ¡Él me invitó a su casa, fue amable y yo hago algo así, soy un grosero y...! ¡No, espera! ¿A qué vine aquí? ¡Cierto! ¡Él dijo que veníamos a hablar, pero no hablamos, bueno sí, pero él me dijo que... que... que...! ¡Por Dios! ¡Es cierto! –Recordó súbitamente entre algunas imágenes en su memoria-.

"Hablo de que me des una noche a tu lado y toda tu deuda estará saldada..." Esas palabras llegaron a su consciente, provocándole una intensa impresión. Se enfadó recuperando algo de confianza en sí mismo.

-¡Es cierto! ¡¿Cómo pude olvidar algo así?! –Exclamó sintiendo su ira apoderándose de él-. ¡Tengo que salir de aquí! –Se dijo mientras se impulsaba para abandonar rápidamente-. Pero antes me va a escuchar... -Murmuró buscando una toalla con la mirada-. ¡Demonios, lo que faltaba! –Expresó frunciendo el ceño-.

Al no hallar alguna a la mano, se lamentó dándose cuenta de que las había dejado afuera.

-¡Rayos! ¡Esto no deja de empeorar! –Habló negando con la cabeza-. ¡Todo es su culpa! ¡Sólo hace que cometa errores! ¡¿Cómo se atreve?! ¡Ése tipo malintencionado! ¡Maldito pervertido! –Enunció furioso, decidiéndose por salir del baño y llegar rápidamente a las toallas-. ¡Y también se atrevió a besarme! ¡¿Qué rayos le sucede?! ¡Ése mentiroso, hablador! –Exclamó dejando de lado la resaca-. ¡Pervertido! –Repitió abriendo la puerta y saliendo-.

Hecho que se vio interrumpido por la silueta del mismísimo Bruce ya aseado y vestido, quien al ver que Clark había olvidado las toallas, amablemente iba llevárselas cuando la puerta se abrió y ambos colisionaron provocando que el menor se llevara la peor parte, pues se topó con una pared en su camino ocasionándole un golpe maltrecho y la posterior caída. Los reflejos de Bruce actuaron en consecuencia sosteniendo al muchacho por la cintura y yendo con él al suelo para disminuirle lo violento de la sacudida.

Bruce quedó arriba del joven, todavía abrazándolo para evitarle el golpe.

-¿Qué fue eso? ¿Estás bien? –Demandó Bruce un poco curioso-.

Al escuchar su voz, Clark abrió los ojos preguntándose lo que había pasado, pero topándose de frente con la mirada zafiro de Bruce casi rozándole la suya, inmediatamente se quedó sin aire y quiso salir corriendo, sin embargo, la postura, sus movimientos erráticos, su brazo lastimado y lo embarazoso del encuentro lo aturdieron hasta entorpecer su levantamiento.

-¡¿Qué haces?! ¡No me toques! –Gritó Clark avergonzado, también un poco asustado-.

-Tranquilo, yo no... -Bruce quiso explicarse, pero una presencia repentina en la habitación extrajo a ambos del momento-.

-¡¿CREES QUE TE PUEDES OCULTAR DE MÍ, BRUCE?! ¡¿POR QUÉ DEMONIOS NO CONTESTAS EL MALDITO TELÉFONO?! ¡HE TRATADO DE LOCALIZARTE DESDE AYER Y TÚ...! ¡Y tú...! –Exclamó Hal entrando estrepitosamente al cuarto manoteando mientras buscaba al patrón-.

Sin embargo, él y Alfred, quien seguía al invasor y trataba de disculparse con los presentes debido a la interrupción, quedaron atónitos con la escena desarrollada, pues no concibieron en un primer momento que el primer invitado yacía desnudo y luchando por quitarse a Bruce de encima.

-¡¿Qué carajos...?! ¡¿QUÉ RAYOS CREES QUE LE ESTÁS HACIENDO A CLARK, TÚ, MALDITO DEPRAVADO!? –Exclamó Hal corriendo hacia la pareja-. ¡QUÍTALE LAS MANOS DE ENCIMA! –Le ordenó llegando a su lado, preparando una patada para lanzarle al dueño de la casa-.

No obstante, en cuanto se dio cuenta de las circunstancias, de las posibles malas interpretaciones y de las intenciones de Hal, Bruce se puso de pie inmediatamente dejando a Clark en el piso. El joven amo se alejó paulatinamente mientras Hal lo seguía amenazadoramente.

-¡¿Por eso lo secuestraste?! ¡Bruce, tú no tienes vergüenza! –Le dijo persiguiéndolo a lo largo de la habitación-.

-¡Jordan, ¿tú qué haces aquí?! ¿Cómo rayos entraste? ¡Alfred no te pudo haber dejado pasar! ¡Lo amenazaste, ¿cierto?! –Habló Bruce subiéndose a la cama-.

-¡Entré porque he estado buscando a Clark urgentemente! ¡Y ya que tú fuiste la última persona en verlo y no contestas el teléfono, sólo supuse que estaría aquí en tu casa, porque no vi a ninguno de los dos en la universidad! ¡Y al parecer, no me equivoqué, él se convirtió en tu prisionero! ¡Dime por qué rayos te lo llevaste y no lo dejas ir!

-¡¿Qué?! ¡¿De qué hablas, Jordan?! ¡Nadie aquí retiene a nadie! ¡Clark es mi invitado!

-¡Pues no se ve muy contento! –Contestó Hal también subiéndose a la cama y pateando las almohadas para que se proyectaran a la cara de Bruce-.

-¡No es lo que parece! –Exclamó el heredero esquivando los suaves proyectiles-.

-¡En este instante, me llevaré a Clark y te prohíbo volver a verlo, ¿oíste?!

-¡¿Qué?! Tú no eres nadie para prohibirme nada. ¡Y lárgate de mi casa!

-¡Soy el tutor de Clark, y su amigo, y no me iré de aquí sin él!

-No me hagas enojar, Jordan. Es mejor que te retires.

Mientras los dos susodichos peleaban infantilmente, Alfred se percató de la figura expuesta de Clark, así que se acercó proporcionándole algunas toallas sacadas del estante.

-¿Se encuentra bien, joven Kent? –Le preguntó cubriendo sus hombros-.

-S-sí, es que...

-Venga, lo llevaré a otra habitación. –Mencionó el educado hombre ayudándolo a levantarse y a cubrirse-. Es mejor que el amo Bruce y su acompañante se arreglen a solas. ¿Tiene hambre? –Preguntó mientras lo sacaba de aquella pieza-.

-¿Ha-hambre? Pues no, no mucha... Pero ¿tendrá algo para el dolor de cabeza? –Inquirió Clark acompañando al mayor-.

-Por supuesto, pero es mejor si come algo primero. Ya pasa del medio día y considero que debe llevarse algo al estómago antes de tomar cualquier medicamento.

-¡¿Más del medio día?!

-Así es.

-¡No fui a la escuela, rayos, debería irme ya!

-Después del almuerzo, yo mismo lo llevaré si quiere.

-¿De verdad?

-Sería un placer.

-¡Espera, no te vayas! ¡Kent! ¡Kent, espera! –Ordenó Bruce queriendo seguir al muchacho que abandonaba la pieza-.

-¡Ni se te ocurra! –Exclamó Hal lanzándosele encima, derribándolo de la cama y comenzando una trifulca que se escuchaba desde el pasillo que Alfred y Clark atravesaban-.

Continuará...

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