Dulce 5

-¡¿Barry?! –Hal demandó absorto, casi asustado, como si un fantasma tuviera frente a sí-.

Pues al encontrar aquella figura atravesando la puerta, ciertamente su temple se desmoronó mientras era atraído a una imagen que ni él mismo podía creer.

-¡¿Hal?! –Le contestó el rubio palideciendo, concentrando toda su atención en la voz que le pareció familiar-.

-¡¿Qué... haces aquí?! –Ambos se inquirieron paralizándose instantáneamente-.

El rubio interrogó con miedo, nervios y ansiedad en su voz; el otro, con cierta emoción e incredulidad. A ciencia cierta ninguno de los dos supo en esos instantes cómo reaccionar adecuadamente a la imagen y esencia del contrario. Hacía algunos años que cada uno había agresivamente salido de la vida del otro, aparentemente con intenciones de jamás volver a verse otra vez, sin embargo, a lo largo de esos minutos, el corazón de ambos se aceleraba de sobremanera por ese encuentro tan bendito para Hal y mal afortunado para Barry, quien apretó sus labios desviando su mirada, percibiendo su pecho afligirse mientras recordaba algo que no quería.

-N-no, no puedo creerlo... ¡D-de-de verdad eres tú! –Expresó el castaño dando un pequeño paso hacia el frente-. ¡Barry! –Habló elevando su mano para posarla en el brazo del ajeno-.

Pero el muchacho retrocedió agachando su rostro en cuanto vio sus intenciones.

-¿Ba-Barry? –Hal inquirió extrañado, absorto en algunos recuerdos que lo perseguían y que aún no encontraba una explicación proporcionada y precisa-.

Un pesado silenció los sofocó casi de inmediato. Miles de ideas circundaban sus agitadas cabezas. Hal realmente no podía concentrar su temple para retomar una conversación sana y no hallaba la pregunta indicada para comenzar a aliviar su creciente ansiedad, cuya causa se entremezclaba en la emoción, la expectación, el escepticismo y el miedo por arruinarlo todo y terminar alejando a aquel chico de ojos azules frente a él. Caso bochornosa y avergonzadamente contrario a Barry, mismo que retorcía su boca aprensivamente buscando desaparecer en ese instante.

-Ba...

-Lárgate... -Contra toda apuesta, el muchacho interrumpió decidida y groseramente-.

-¿Qu-qué...? –Hal pensó no haber escuchado del todo correctamente-.

-Dije que te largaras, aquí no eres bienvenido... -Le respondió quitándole cualquier oportunidad de hablarle o explicarse-.

-¡¿Qué?! –Expresó receloso y desconfiado a esa reacción tan impropia del que creía conocer-.

-¡¿Eres sordo?! -Completó amargamente, cruzándose de brazos-. ¡Dije que te fueras!

-¿Hablas en serio? –Preguntó todavía esperanzado, en un arraigado estado de confusión-.

-No quiero ni tengo intenciones de pasar por esto..., así que vete... -Le reclamó girando sus hombros para darse la vuelta-.

-¡¿Esto es en serio, Barry?! ¡¿Así me recibes después de ni siquiera haberme dicho adiós cuando te esfumaste de mi vida?!

El nombrado chasqueó la lengua tomando el pomo de la puerta.

-Solo vete y olvida que me viste... -Ordenó abriendo su puerta-.

-¡¿Qué?! ¡Nunca! ¡Barry! –Llamó atajándolo por el brazo-. ¡Oye, ¿qué rayos sucede contigo?! ¡¿Eso es lo primero que me dices luego de abandonarme y desaparecer como si te hubiera tragado la tierra?! ¡¿No crees que merezco una explicación?! ¡¿Dónde demonios estabas, dónde te metiste todos estos años?!

-¡¿Qué haces?! ¡Suéltame! –Exigió el ojiazul manoteando para deshacer el agarre, ganándose el descontento del castaño-.

-¡¿Que qué hago?! ¡Te pido una explicación! ¡¿Por qué rayos desapareciste sin decirme nada?! –Exigió avanzando un paso, acorralando al otro muchacho, quien frunció el ceño tensando su quijada-.

Selló lo necesario sus labios antes de continuar con ese drama inútil. Sacudió su cabeza repudiando esos segundos. Ya nada detenía su malestar y mejor optó por liberarse de aquel nudo en la garganta que se había formado desagradablemente en cuanto vio a Hal parado en su pórtico. Habló osado y confiado.

-¡No te atrevas a tocarme otra vez y ya lárgate!

-¿¡¿Qué?! –Sus palabras lo recorrieron volviéndolo el escéptico más necio del mundo-. ¡¿Es una maldita broma?! ¡No puedes ir en serio con esto!

-¿Quieres que llame a la policía? ¡Estás invadiendo propiedad privada!

-¡¿Eso es todo lo que tienes para decirme?! –Interrogó estrechando inconscientemente la distancia entre los dos-. ¡Merezco una explicación! ¡Y en todo caso, ¿qué estás haciendo en Gótica?! ¡¿Por qué así tan de repente reapareces?!

La pregunta molestó a Barry ofendiéndolo. Él no tenía ningún derecho a reclamarle nada ni pedirle razones. Dentro de su comprensión, no había lazo alguno que lo obligara a responderle cualquiera de sus requerimientos. Rechinó sus dientes distrayéndose de la ira que nacía y se volvía exponencialmente enorme. Bufó hastiado, renuente a la compañía de aquel sujeto que no soportaba. Mejor giró y se retiró a la entrada de su casa tan silente como su indiferencia que deseaba mostrar.

-¡No, dije que debíamos hablar! –Volvió a insistir tomando su mano nuevamente, esta vez apretando fuerte y duramente-.

-¡No te importa! ¡Y suéltame, ¿qué te pasa?! –Regañó mientras intentaba inútilmente de recupera su mano-.

-¡No me ignores! ¡Dime por qué te apareces justo aquí, justo ahora! ¡¿Qué es todo esto?!

-¡Suéltame! ¡Y si estoy aquí no tiene nada que ver contigo! ¡En mi vida querría volver a verte! ¡Así que ya déjame y lárgate!

-¡No! ¡Ni loco me iré luego de saber que finalmente apareciste! ¡¿Acaso no pensaste en lo que sentía?! ¡Merezco, te pido, te exijo que me digas que demonios pasaba por tu cabeza cuando me dejaste, cuando te esfumaste sin tomar en cuenta mis sentimientos, cuando egoístamente creíste que yo no iba a sentir nada por tu ausencia! ¡Explícame!

-¡Cállate! ¡Yo no tengo por qué darte explicaciones!

-¡Sí, sí tienes! ¡Eras mi novio, el amor de mi vida y sólo te fuiste, te largaste, decidiste salir de mi vida como cualquier desconocido que te cruzas en el supermercado! ¡¿En qué rayos pensabas?! ¡Y ahora estás aquí, frente a mí, como si nada! ¡¿Qué estás tramado?!

-¡Esto no está relacionado contigo!

-¡Sí lo está porque tú estás aquí!

-¡Claro que no! ¡Yo no tenía ni la más remota idea de que estabas en la ciudad! ¡Y de haberlo sabido, ni muerto me paro por estos parajes!

-¡¿Crees que me voy a tragar esa historia?!

-¡Cree lo que quieras y suéltame de una vez! –Pidió jalando su mano-.

-¡No, no te dejaré hasta que hablemos como se debe!

-¡No hay nada de qué hablar o que yo te pueda decir! ¡Así que ya suéltame!

-¡NO! ¡Tengo muchas preguntas y sólo tú las puedes resolver! ¡Quiero saber! ¡Quiero saber por qué me dejaste!

Esa insistencia casi neurótica removió las entrañas de Barry. Tragó saliva rememorando esa última noche que vivieron juntos y no le resultó nada alentador. Al contrario, sólo la ira y la decepción lo invadieron cegándolo a cualquier pauta para ceder. Apretó sus puños respirando profundamente.

-Entiende... Si me fui es porque no quería verte más y definitivamente, no quiero verte ahora... –Le respondió insensible, estoico, amargado, pues si se atrevía a mostrar su enfado, Hal sabría que él aún guardaba puntos débiles y no podía permitirse el evidenciarse así de patético-.

Empujó al intruso con todas sus fuerzas y le arrebató su extremidad. Aprovechó el impulso y se giró sobre sus talones retirándose estrepitosamente a la casa.

Esa fría declaración obligó violentamente a Hal a rememorar todas aquellas emociones acumuladas durante los últimos años. No pudo evitar oprimir su corazón con todos aquellos momentos en los que lloró por Barry, en los que se preguntaba hasta caer dormido qué había sido de él, en los que oraba por su bienestar, por volver a verlo sano y salvo, en los que casi enloquecía incluso convenciéndose de que aquel dulce chico de cabello dorado y ojos de cielo no había sido un sueño y que todo había sido tan real y tangible como ahora lo veía y lo sentía frente a él.

-N-no... No lo harás otra vez... -Se murmuró reintegrándose a la realidad, recuperando su inspiración, su desquite por todas esas noches de angustia, de tristeza, de preguntas sin respuesta-.

Barry entró sin pensar en consecuencias, ni siquiera dirigió su mirada para cerrar la puerta una vez adentro.

-¡NO! ¡No dejaré que te vayas otra vez! ¡No te perderé de nuevo! –Expresó el castaño golpeando la puerta antes de verla sellada, evitando que el cerrojo fuera echado-.

Barry se alarmó verificando que había sido seguido. Luchó empujando la puerta para expulsar al intruso. Forcejeó atrancando la entrada con su cuerpo, jadeando para evitar que aquel terrible ser se deslizara al interior de su hogar.

-¡¿Qué haces?! –Expresó el rubio gruñendo, batallando por cerrar la puerta-. ¡Vete!

-¡¿Estás loco?! ¡¿Por qué lo haría?! ¡Lo que quiero son respuestas! ¡Y no voy a irme hasta que las obtenga, hasta que me digas dónde carajos estabas, a dónde te fuiste que no pude encontrarte! ¡Y más importante aún; ¿por qué?, ¿por qué lo hiciste?!

-¡Lárgate, no quiero tener nada que tenga que ver contigo!

-¡Barry!

-¡Vete!

-¡NO! –Exclamó arremetiendo encendidamente contra la puerta, lanzando al piso a quien trataba prohibirle la entrada-.

Barry cayó amortiguando el golpe con sus asentaderas. Hal atravesó el marco azotando la puerta a sus espaldas.

-¡¿Qué haces?! ¡No dije que pudieras entrar! ¡Lárgate!

-¡Ni de broma! ¡No voy a desperdiciar esta jugada del destino! ¡¿Crees que voy a desaprovechar esto?! ¡Desapareciste sin dejar rastro, sin avisarle a nadie, sin contactarte conmigo! ¡¿Cómo crees que me sentí?! ¡¿Cómo crees que me siento ahora que te encontré por pura casualidad?!

-¡No me importa! ¡Sólo vete o llamo a la policía!

-¡Pues a mí sí! ¡Sólo quiero saber qué rayos pasó contigo! ¡¿Dónde estabas?! ¡¿Por qué me dejaste?!

-¡Hal, lárgate!

-¡NO!

-¡Vete!

-¡Dime por qué te fuiste!

-¡Fuera de mi casa! –Gritó levantándose, virando a todos lados, buscando su teléfono, hallándolo pero no alcanzándolo, pues Hal llegó primero afianzándolo entre sus dedos y guardándolo en sus propios bolsillos-.

-¡¿Qué te ocurre?! ¡Devuélvemelo!

-¡Hablemos!

-¡No hay nada de qué hablar! ¡No quiero lidiar contigo! ¡Por eso me fui!

-¡Barry, no has contestado mi pregunta!

-¡Vete! –Ordenó atrapando en su mirada el teléfono fijo que reposaba en la mesita de la esquina-.

Se abalanzó sobre el sofá intentando sortearlo para llegar rápidamente a la línea. Su agilidad le permitió satisfactoriamente hacerse con el aparato, sin embargo, su mano fue sujetada obligándolo a soltar la bocina. El rubio se pasmó no sólo sintiendo ese atrevimiento, sino también aquel abrazo a su cintura que lo cargó arrastrándolo lejos de las ventanas y sometiéndolo sobre el sofá.

-¡No me iré hasta que hablemos! –Amenazó Hal colocándose encima, atrapando las muñecas de Barry y hundiéndolas en la suavidad de los cojines-.

-¡¿Qué crees que haces, torpe?! ¡Suéltame!

-¡Sólo respóndeme! ¡¿Por qué desapareciste?! ¡¿Por qué te alejaste de mí?!

-¡Hal, ya basta! ¡Suéltame y lárgate de mi casa!

-¡No lo haré! ¡Contesta!

-¡Déjame!

-¡¿Qué sucedió?! ¡Te busqué por todas partes! ¡Le pregunté al mundo entero! ¡Ni siquiera tu familia supo dónde estabas! ¡Barry, no tienes idea de lo que causaste en mí cuando te fuiste!

-¡¿Qué?! ¡¿¿Qué estupideces te atreves a decir?! –Habló peleando, retorciéndose para hacerse liberar-. ¡A ti te importaba un bledo! ¡Nunca me tomaste en serio!

-¡¿Qué?! ¡Claro que no! ¡Siempre fuiste mi única prioridad! ¡No había un motivo para que te fueras!

-¡Muérete! ¡No eres más que un cínico!

-¡¿Cínico?! ¡¿Por qué?!

-¡¿Te parece poco lo que me hiciste?! ¡¿Crees que iba a quedarme a ver cómo seguías humillándome?!

-¡¿De qué hablas?!

-¡No seas hipócrita!

-¡No entiendo, Barry, por eso quiero que hablemos!

-¡No me importa! ¡Ya suéltame! –Pidió forcejeando de forma más agresiva-.

-¡Ahora tengo más preguntas!

-¡Basta!

-¡No! ¡No me iré y no te soltaré hasta que resuelvas cada una de mis dudas!

-¡No molestes! ¡Esto no debería estar pasando! ¡Ya suéltame! –Pidió todavía luchando para apartar aquel cuerpo de encima-.

-¡Barry, por favor!

-¡Dije que no! ¡NO! –Habló pateando, pujando, maldiciendo-.

Hecho que acabó con la poca paciencia del castaño revelando las gigantescas ansias que nunca aprendió a dejar fluir. En menos de un segundó trajo a su memoria todos y cada uno de los instantes que pasó junto a Barry, todas las horas que compartieron sonrisas, abrazos, caricias, anécdotas, y sobre todo, toda aquella felicidad y ternura que nacieron dulce y mágicamente entre ellos. Sin embargo, también fueron arrastradas a su temple y tranquilidad toda la pesadumbre que la partida de su primer amor le dejó luego de desaparecer y la aflicción que afloró en su corazón al darse cuenta que había sido abandonado.

Las razones eran importantes, pero más importantes aún lo eran las consecuencias; Barry se había evaporado espontáneamente de la faz de la Tierra, incluso se pensó en algún final trágico y cruel para aquel jovencito que bien pudo haber sido secuestrado y asesinado, teoría que a Hal torturó hasta no tener una noche tranquila después de verlo una última vez.

Paulatinamente, a sospechas de que la familia del rubio pudiera haberle estado mintiendo sobre su localización, se hizo a la idea de que Barry simplemente no lo amaba. Idea que culminó con sus esperanzas y anhelos a lo largo del primer año de su separación. Luego, rindiéndose a la golpiza que la verdad ante sus ojos le daba, se permitió "seguir" con su vida. Y ahora, cuando se había conseguido una de ésas, cuando finalmente pensaba en Barry como una lejana silueta en sus recuerdos, un tesoro que resguardaba y que ya no le causaba tanto dolor, éste regresaba a su existencia con semejante actitud altanera y despreciativa, cosa que si reflexionaba mejor, lo enervaba hasta casi gritar y desear castigarlo.

-¡Tú eres el cínico! –Hal le reprochó serio, atónito, hundido en la martirio que su huida le había sembrado-.

Barry lo escuchó atento, deteniendo su ardor, presintiendo que aquel hombre sobre sí, cuyos ojos verdes ahora reflejaban aprensión y pesimismo, lo advertían de una hazaña que sólo alguien sin nada que perder se atrevería a cometer.

El castaño se inclinó todavía manteniendo la sujeción sobre las manos de Barry, quien se paralizó mirando en cámara lenta cómo la persona que más odiaba en el mundo se acercaba para besarlo.

Barry advirtió una punzada en la boca del estómago. Aquel acto próximo a consumirse lo aterró de momento. Se congeló convenciéndose que Hal no sería capaz, pero avergonzadamente se equivocó al distinguir sus labios húmedos y desesperados. El muchacho apretó sus ojos en un burdo intento por soportar la sensación de impotencia, pues aunque concentró todas sus fuerzas en romper esa trampa, permaneció atado al remolino de buenas y malas emociones que explotaban rápidas, certeras y descontroladas.

Asunto que no desvalorizó las intenciones sinceras de Hal que se sostenían en un pilar fracturado por la nostalgia, pero sorpresivamente enterrado en toneladas de venganza espontánea y súbita que le concedían buenos cimientos y propósitos malvados surgidos de heridas injustificadas.

Volviéndose posesivo casi inmediatamente, Hal desobedeció todas las cortesías y se esmeró en sujetar a Barry como si se tratara de una amenaza, de un ultimátum para que no escapara en el futuro, para que quedara claro que, a pesar de todo lo provocado, de toda la insensibilidad con la que fue tratado y de la inmensa rabia que se tragaba preguntándose la verdadera razón de no significar nada para Barry de la noche a la mañana, el castaño no había sido capaz de olvidarlo, de sacarlo de su alma y de su corazón, aunque lo correcto dictara que no merecía ni siquiera piedad.

Lo golpeteó un par de veces con sus labios para obligarlo a abrir la boca y meter su lengua indiscriminadamente. Cuando lo tuvo a su disposición, se perdió en la ardiente ansiedad por ir más allá. De un momento a otro, dejó de pensar con sólo recoger en sus poros todo aquel calor que Barry expiraba. Hal rivalizó consigo mismo para intentar detenerse, pero las ganas de recobrar lo que se había hundido en el pasado le argumentaron a favor de su avance. Incluso, el vengarse desalmadamente no sonó tan mal.

Continuará...

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