Capítulo 04.
IRINA.
Observo la orden de tacos en el plato de cartón, parpadeo un par de veces, luego elevo mi mirada hacia aquellos ojos cafés, este come de su pedazo de pizza y me mira elevando su ceja, luego hace una seña con su mano animándome a probar uno de esos tacos.
Doy una sonrisa sin humor y miro el local, era un puesto de la feria, unas cuantas mesas con sillas y una carpa que la protegía de leve lluvia, podía observar desde aquí a las personas que tomaban las ordenes, las preparaban y servían ellos mismos, parecía un trabajo cansado.
—¿No vas a comer?— Pregunta limpiando sus labios con una servilleta.
Luego sirve un poco de lo que parece una bebida alcohólica en un pequeño vaso de vidrio y lo pone frente a mi, luego se sirve otro y esa ves es para él. Voy a tomar el shot de la bebida alcohólica pero este detiene mi mano, lo miro elevando mi ceja.
—Debes comer algo primero, no quiero llevarte enferma devuelta a la mansión— Avisa elevando sus cejas, muerdo el interior de mi mejilla y cruzo mis brazos soltando un suspiro. —¿Quieres volver ya?—
—¿Crees que quiero volver a ese infierno?— Pregunto mirándolo.
—Entonces acábate esos tacos y luego nos vamos—
Me animo a tomar uno de los tacos, lo miro unos segundos, le doy una mordida y saboreo, siento mis mejillas tomar un poco de color y si pudiera ver mi rostro juraría que mis ojos estaban brillando ante este nuevo descubrimiento.
Le doy otra mordida y como con rapidez sin dejar de saborear ese exquisito manjar. Escucho una risa ronca y me atrevo a mirar al dueño de esa risa, Anton me mira sonriendo con diversión, tomo mi compostura y trago con dificultad.
—¿Nunca habías probado esta comida?— Pregunta sin dejar de sonreír, me perdí un momento en esa sonrisa, era bonita.
Niego con mi cabeza y sigo comiendo con fascinación, escucho como Anton llama al señor del puesto y le pide otra orden, no lo detengo, quiero seguir comiendo.
Anton se sirve otro trago y lo bebe de golpe, me mira unos segundos, parece pensar algo, luego se sirve otro trago.
—¿Amas a Pietrov?—
Su pregunto me hace detener, termino de mascar y trago con dificultad, luego tomo el shot que me había servido y lo bebo de golpe, hago un gesto sintiendo aquella sensación quemar en mi garganta.
—¿Eres la misma persona que ha visto como me golpea?— Pregunto bajo, su expresión se ensombrece recordando las escenas montadas por Pietrov. —¿Crees que podría amar a ese monstruo?—
—¿Porqué sigues ahí?—
Observo como el dueño del puesto coloca el plato con la nueva orden de tacos, la emoción ya no es la misma al recordar el enorme hueco en el que estoy metida, dirijo mi mirada al exterior, observo como las gotas de lluvia se deslizan por la carpa.
—Es imposible salir de una organización como la nuestra, Pietrov es uno de los más poderosos de este país, la única manera sería muerta— Comento con amargura.
Anton llena de nuevo el pequeño bajo, lo tomo y lo bebo sintiendo de nuevo esa sensación.
—Podría haber una forma, tu padre debe saber como es Pietrov—
Su mano se coloca sobre la mía, suelto una sonrisa llena de amargura.
—Mi padre me preparó para esta vida— Le digo, hay una conexión con él que me hace hablar con sinceridad —Solo soy una moneda de cambio—
Anton va a decir algo pero su móvil lo interrumpe, este contesta, su expresión se vuelve seria.
—Hay que volver— Avisa luego de terminar la llamada.
....
Bajo al salón principal vistiendo ropa de deporte, entro al comedor y mi cuerpo se tensa un poco al ver a Pietrov sentado en la mesa mirando algo en su móvil, había bajado porque pensaba que ya se había ido pero me equivoqué.
—¿A donde vas?— Pregunta mirándome de reojo.
Camino hasta llegar al refrigerador, la abro y saco mi botella de agua, siento como toman mi brazo y me hacen girar de golpe, miro a Pietrov con seriedad.
—Responde cuando te pregunto algo— Gruñe apretando más su agarre.
—Voy a correr— Digo soltándome de su agarra y retrocediendo unos pasos.
—¿Eres estúpida?, no puedes salir de esta casa, tienes prohibido poner un píe afuera— Dice elevando su ceja, aprieto mis labios.
—Acostumbro a correr por la mañana— Murmuro apretando la botella de agua en mi mano.
El me ignora revisando algo en su móvil, escucho como maldice bajo y se gira.
—Ve al gimnasio de esta casa, no pague millones por nada— Dice agitando su mano restándole importancia, para después salir.
Ruedo mis ojos, al menos ya no lo vería hasta el anochecer.
....
Empujo las puertas de vidrio y miro el interior, era un gimnasio completo, me acerco a una de las corredoras, dejo mi botella de agua.
Dos golpes en la puerta llaman mi atención, elevo mi ceja al ver a Anton, este entra y se sienta en una de las sillas.
—¿No tienes trabajo que hacer?— Pregunto acercándome.
—Lo estoy haciendo, se me encargó vigilar cada uno de tus movimientos—
Muerdo el interior de mi mejilla, y observo como él se comunica con alguien más por su auricular.
—¿No solías correr por las mañanas?— Pregunta una vez que deja de comunicarse.
—De ahora en adelante tengo prohibido salir— Murmuro aburrida.
—Lo único que sé es que al parecer otra organización quiere la cabeza de pietrov, así que supongo que es una forma de protegerte—
—¿Pietrov tratando de protegerme?, eso es una mierda—
—De alguna forma si algo te sucede, no solo la otra mafia querrá su cabeza, sino al parecer también tu padre— Explica mirándome con seriedad.
—Perdería su moneda de cambio, supongo— Murmuro bajo.
—¿Haz escuchado sobre Sergei Romanov?— Su pregunta me hace fruncir el ceño.
No sabía nada de esa persona, pero si sabía que mi padre tenía muchos problemas con el líder de esa organización, le temía, y eso ya era bastante jodido, que mi padre temiera a otro mafioso era porque tenía mucho poder, más del que imaginábamos.
—Sé que mi padre le temía— Murmuro —Nunca pudo deshacerse de él porque tiene mucho poder—
—Al parecer es ese hombre quien quiere la cabeza de Pietrov, él tocó algo muy importante para él y estoy seguro de que lo hará pagar—
Lo analizo unos segundos, mi cuerpo se tensa al ver sus ojos, no mostraban nada, esos ojos sin vida los había visto muchas veces, a mi misma reflejada en el espejo, él había sufrido mucho.
—¿Puedes mostrarme tu espalda?— Me atrevo a preguntar, si mis sospechas eran ciertas.
Anton sería un infiltrado.
....
Instagram: Keithkatt96
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