Sehun
Fue una bellísima coincidencia que los dos viniéramos al mismo lugar.
Al cementerio.
Visito a mamá cada que puedo. Le cuento lo mal que lo he pasado sin ella, siento que ella me abraza. Siento que puedo respirar, aunque ella no esté.
El chico de los ojos tristes me reconoció. No habla mucho, en realidad, ninguno de los dos lo hizo.
–¿Es tu madre? – Asentí mirando al frente, donde una lápida con el nombre de mi madre estaba escrito. –¿Crees que se sentiría orgullosa de lo que haces? – Lo miré, un poco molesta por su pregunta. Me resultaba una ofensa que lo dijera de esa forma. Sobretodo por lo que hago, sabía que mi trabajo es indecente, sin embargo buscar una salida resultaba difícil. Demasiado.
–Ella lo entendería.
–¿No has tenido suficiente? ¿No puedes conseguir otro trabajo?
–Eso no es de tu incumbencia.
–Deja de hacerlo. – mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. Estaba harta de llorar, y estaba avergonzada de hacerlo frente a el.
–No es tan fácil. – ocupé las mangas de mi suéter para secar las inminentes lágrimas.
–Yo te ayudo. – pude ver en sus ojos un poco de empatía. No se podía confundir con lástima.
–¿Por qué quieres hacerlo?
–Quiero salvar mi alma. Me he portado mal. He hecho cosas en esta vida que no están bien. Y no quiero sufrir en la siguiente. Ayudame a ayudarme.
†
Normalmente en el trabajo nos dicen que debemos escuchar a nuestro cliente, cumplir con lo que nos piden. Ceder.
Y eso hice.
A pesar de pensar que el muchacho de los ojos tristes estaba loco, podía confiar en el. Simplemente no podía hacer lo contrario. Cualquier acto que el hiciera me lo demostraba.
-Puedes quedarte el tiempo que quieras. No tengo problema. - colocó las llaves en la mesa de cristal. Yo aún sostenía mi abrigo en la entrada. Ni siquiera me deshice de mis zapatos.
-Gracias. - fue lo único que pude pronunciar. Y de verdad lo sentía.
-No tienes que regresar a ese lugar. Promete que no lo harás. - asentí frenéticamente aunque en el fondo no estaba convencida. Aún así acepte estar allí. No tenía donde quedarme, solo en aquella casa en donde mis ilusiones fueron arrebatadas.
El se acercó a la cocina y comenzó a prepararse para usarla. Rápidamente le ofrecí mi ayuda, el la rechazo y me mandó a dormir.
-No quiero hacerlo, en verdad quiero ayudar. - susurré y el solo asintió cediendome el cuchillo.
-Wow, ¿De dónde aprendiste a cocinar de esa forma? - nos encontrábamos cenando en el comedor de cristal, tuve la total libertad de cocinar lo que yo quisiera y así lo hice.
-Mi madre me enseñó un poco, y como estaba sola en esa casa, aprendí rápido. - el dejó el tenedor cerca del plato y me miró con esos profundos ojos tan cautivadores.
-¿Que quieres hacer ahora?
-Bueno, creo que lavar los platos. - recogí los objetos donde anteriormente había comida, pero me detuvo.
-No me refiero a eso. - hizo que me sentará en el mismo sitio.
-Oh. - comprendí a lo que se refería, en verdad no lo sabía. En los últimos años ni siquiera podía soñar. -De pequeña quería ser doctora.
-¿Y ahora?
-No lo se.
†
-Puedes quedarte en mi habitación, yo me quedaré en la sala.
-Duerme conmigo. - Propuse. Desde que nos reencontramos quería probar de nuevo esos labios que me besaron salvajemente aquella noche, aquella noche que despertó sensaciones en mi que jamás había sentido.
-No podemos hacer eso. - Contestó, no hice mas que decepcionarme.
-No estoy enferma, en ese lugar...
-No es por eso.
-¿No te parezco bonita? - Lancé la pregunta, esperando una respuesta en negativa.
-Es por qué no podré resistir.
-No lo hagas. Tómame.
De nuevo todas esas sensaciones de placer y calor se apoderaron de mi cuerpo. Disfrute cada embestida, cada caricia, cada beso, me hacia temblar de éxtasis. El lo sabia, sabia que su calor y su cuerpo me encantaban. Todo el era una poesía, una poesía pagana. Me asegure de hacérselo saber con cada gemido que salia de mi boca. El sofocaba algunos con su lengua húmeda. Cada parte de mi cuerpo fue tocada.
No me sentía sucia. Me sentía liberada de una hibernación que parecía eterna y rodeada de oscuridad.
Mi cabello era sujetado suavemente por sus venosas y grandes manos, cada vez aumentaba mas la velocidad.
Lo sentía cada vez más cerca.
-Ah. - Gemidos se escucharon al unísono. Senti sus dedos entrelazarse entre mi cuero cabelludo y acercó mi cabeza a la suya para regalarme un beso húmedo mientras debajo de nosotros se sentían nuestros cuerpos contraídos.
†
Lo amo, lo amo. Pero está vez lo guardaré todo para mi.
La felicidad es un fruto del que no todos podemos disfrutar. O jamás dura para siempre. Es una bendición.
Es tan injusto ¿sabes? Algunas personas nacen con suerte, pero otras no. Me di cuenta que mi destino parecía estar marcado por la tragedia.
Mi destino fue siempre sufrir. Siempre me preguntaba por que yo.
Mi madre, mi amante. No pude mantenerlos junto a mi.
Dos meses después de abandonar mi trabajo, el jefe me encontró.
Derribaron todo, mis sueños, mi inocencia, mi felicidad. Absolutamente todo.
¿Por que yo? Dios, si en verdad existes, respondeme.
Esa noche totalmente oscura, perdí la vida.
Me pregunto si esa fue mi respuesta.
Me enamoré, jamás pude confesarlo, quería hacerlo, pero un arma me arrebató la vida.
Tenía sueños, y jamas podré cumplirlos.
Encontraron mi cuerpo en un callejón a dos edificios donde residía.
Sehun lloró en mi funeral. Jamás ha vuelto a sonreír desde entonces. Poco a poco fue conociendo mi historia a través de otras personas que me conocieron muy poco.
Ojalá yo se la hubiera contado.
Mi asesino jamás fue descubierto. Espero y pronto lo hagan pagar.
Me despido de la única persona con la que tuve un apego emocional, un contacto tan único que jamas podré olvidar. Aquel que me hacia crear poesías cada vez que lo veía sonreir.
Oh Sehun, adiós. †
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