Capítulo 20
Diana
Un nuevo mensaje.
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Jace Se agotan los minutos, honey (12:16)
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- Tengo que ir. –Le digo a Carlos.– Quieras tú o no. No pienso arriesgarme a que os haga daño
- Ni yo pienso permitir que te haga daño a ti.
- Ven conmigo. Si crees que no estoy segura con él, protégeme tú.
Empiezo a vestirme con un vestido corto con vuelo. Carlos se va de la habitación y a los poco minutos vuelve ya vestido. Le abrazo escondiéndome en su pecho.
- Te amo. –Susurro en voz baja.– No he dejado de hacerlo desde que me fui. Pase lo que pase, no me olvides.
- No te podría olvidar ni aunque quisiera.
Le oigo sollozar. Yo también soy un mar de lágrimas. No quiero separarme de él.
- Ten claro que pase lo que pase siempre estaré pensando en ti.
- Venga, ya es hora de irse.
Cojo aíre y lo suelto.
- Lo sé.
Nos montamos los dos en su coche. Por el camino, grabo una nota de audio explicando todo lo que ha pasado y se la mando a Miguel. Si nos pasara algo a los dos, que alguien sepa por qué ha sido.
Llegamos a dos calles de la puerta del hotel. Suspiro y aprieto la mano antes de bajarme del coche. Ando hasta llegar a la puerta. Entro y pregunto por Jace en recepción. Me indican que espera mi visita y que está en una de las salas de reuniones del hotel.
Subo en el ascensor y cuando llego, no me sorprende nada ver a Hari en la puerta de la sala. A diferencia de la foto que me paso Miguel, hoy si lleva sus gafas de pasta.
Mando un mensaje a Carlos avisando que no estoy sola. Haridian me mira de arriba abajo y me deja pasar. En su mirada veo algo que no logró entender. ¿Compasión, tal vez?
Abro con miedo la puerta de la sala de reuniones y está ahi Jace. Me mira muy serio.
- ¿Ya vas a parar de hacer chiquilladas?
- En ningún momento he estado haciendo chiquilladas.
- ¿Qué no? Sólo te has dedicado a jugar con el rubio ese.
- Ese rubio tiene nombre y me ha tratado mejor en dos semanas que tú desde que nos conocemos. –Le replico.
Jace me da una bofetada y aun así le mantengo la mirada. No pienso permitir que me arrebate mi felicidad con Carlos.
- Pues que lastima, –Me dice sacando algo del bolsillo de su chaqueta.– porque no le vas a volver a ver. –Saca del bolsillo una pistola y me apunta directamente con ella.
Dani
Miro de reojo a Sara y sonrío. El moreno que ha cogido en Hawái le sienta francamente bien. Bueno, ¿qué le sienta mal a ella?
Está nerviosa. Lo sé por la forma en la que se apoya en el cristal sin dejar de mirarme. Dice que le tranquiliza mirarme. Que le hago sentir en casa. Vuelvo a sonreír. Cojo su mano y dejo un beso en los nudillos.
- Todo va a ir bien, princesa.
- Es que, jolín, ¿cómo se lo decimos a nuestras familias?
- Diciéndoselo. Iba a ocurrir tarde o temprano, puede que no esperáramos que fuera ya. Pero me hace la misma ilusión.
- ¿Pero que pasa con mis estudios? Todo es mi culpa, se me olvidó la maldita pastilla.
- Tengo tanta culpa como tú. Además, creo que, pensándolo bien, es el mejor momento. Tengo un año y medio sin concierto para mimarte, para mimaros a los tres.
Sara se dedica a mirar la ecografía que nos han dado. Sólo se ven dos puntitos pequeños. Nuestros doa bebés. No nos han dicho si son mellizos o gemelos ya que Sara está solo de una semana y son todavía muy pequeños.
Llegamos a casa. Por suerte, hay un sitio libre en la misma puerta. Aparco y nos bajamos los dos. Nos montamos en el ascensor en el más absoluto de los silencios.
- Si no quieres, podemos no tenerlos. –Le digo en voz baja.
- ¿Tú que quieres? –Por primera vez desde que salimos de la consulta, Sara me mira a los ojos.
- Lo único que quiero es que seas feliz... Tú tienes diecinueve y yo, veinticuatro, somos todavía jóvenes. Ya tendremos tiempo para ser padres
Se queda mirando la ecografía. Entrelazo mi mano con la de ella.
- Hagas lo que hagas, será la decisión correcta. –Le digo en voz baja.
Beso su frente. Sus ojos color avellana, ahora rojos del llanto, me miran fijamente. Ella acaricia mi mejilla con la ternura que me encanta de ella. Sería una buena madre. Se acerca más a mí y me besa en los labios. Al separarnos susurra:
- Si uno de los dos es niño, quiero que se llame Daniel.
Sonríe y yo le devuelvo la sonrisa.
- No sabes la ilusión que me hace oír eso.
- ¿Sí? ¿Y que nombre te gusta a ti? –Me pregunta.
- La verdad es que no lo he pensado.
- Si yo decido el nombre de Daniel, tú eliges el otro nombre.
- ¿Y si son dos niñas?
- Pues Daniela. –Ríe un poco.
- Me parece bien. –Abro la puerta de nuetro piso y le dejo pasar primero.
- ¿Me cantas algo? –Me pregunta haciendo pucheros.
- Claro.
Voy a por mi guitarra y me siento en el suelo al ver que Sara se ha tumbado en el sofá. Afino las cuerdas y empiezo a tocar una de sus canciobes favoritas. Tenerife sea de Ed Sheeran.
Carlos
Diana está tardando mucho. Me dijo que iba a estar solo un ratito y ya ha pasado más de media hora. Miro la puerta del hotel. Me da un escalofrío sólo de pensar que ella está allí sola con Jace.
Miro la hora en el coche. 13:06. Si a la y cuarto no ha salido, entro a por ella. Los minutos pasan y Diana no viene. A las y diez, decido llamarla al móvil. Me sale que su teléfono está apagado. Pasan otros cinco minutos.
Salgo de coche y me encamino a la puerta del lujoso hotel para buscar a Diana. Estoy empezando a preocuparme.
Recorro todos los pasillos de todas las plantas sin ninguna pista de ella hasta que llego a la planta nueve. Allí, apostada en la puerta de una sala de juntas, veo a Haridian. La hermana del Hobbit. Me intento esconder detrás de una esquina.
Examino a la chica morena. Lleva gafas de pasta, pantalones cortos sueltos y una sudadera. La observo y no tiene demasiado parecido con su hermano.
Haridian deja de apoyarse en la puerta y veo que anda, con paso tranquilo, en dirección al pasillo donde yo estoy. Me doy media vuelta y corro tan rápido como puedo. Miro hacia atras sin detenerme. Haridian corre en dirección a mí con la mano en el bolsillo.
Entro en una habitación que tiene la puerta abierta. Las limpiadoras se sobresaltan de verme, pero se sobresaltan aun más cuando mi perseguidora entra con una pistola en la mano.
- Salgan ahora mismo de aquí. –Les ordena con un marcado acento inglés.– Tú te quedas aqui. –Me dice con lágrimas en los ojos.– ¿Eres Carlos?
Asiento asustado. Como cualquier persona a la que le apuntan con una pistola.
- Ven conmigo. No me hagas hacerte daño.
- Hari, te llamas Hari, ¿verdad? Vamos a tranquilizarnos. Suelta la pistola. –Ella niega con lágrimas en los ojos.
- Por favor, sólo colabora. –Dice en inglés. Se acerca a mí y coge mis manos por detrás de tu espalda.
- Volvamos a la habitación de Jace.
Andamos despacio. Noto la pistola entre los omóplatos.
- Más rápido.
Acelero el paso. Hari me hace entrar en la sala de juntas donde están Diana y el Hobbit. Él tiene una pistola sobre la sien de mi lunita.
- No hagas ninguna tontería o disparo, rubio.
Asiento despacio.
- ¿Ahora ya aceptas venirte o no, honey?
- Déjale, Jace, él no tiene culpa de nada.
- No, no la tiene. Pero no me importaría que quitármelo del medio. –Jace deja de aputar a Diana y ahora me apunta a mí.– Está en tu mano, honey, o te vienes conmigo o te quedas sin él.
Mira a Diana a los ojos y niego. No puede dejarse llevar por las amenazas de Jace. Diana intenta libersarse de su agarre y veo que tiene las manos esposadas.
- Un paso en falso, honey, y disparo.
Diana agacha la cabeza. No, no puede irse con él.
- Me iré contigo, Jace, pero déjale.
Jace asiente.
- Como digas una sola palabra de esto, rubio, lo sabré y no te gustará para nada mi reacción.
Diana pasa por mi lado al irse y susurra:
- La luna siempre será Malfoy, no lo olvides.
La luna siempre será Malfoy. Ella siempre será mía.
Acaricio su brazo y dejo que se vaya con Hari mientras Jace sigue apuntándome.
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Jace se ha llevado a Diana. Creo que Diarlos se va a acabar...
Pd: Tenerife Sea en multimedia
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