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Una reacción boba quedó plasmada en mi rostro. En unos segundos terminó sentado en mi misma mesa, así que en un acto verdaderamente bobo moví ambas manos para dar el saludo más incomodo que había dado en mi vida, pero él, a pesar de unas risas de las mesas traseras me siguió el juego dandome un suave apretón de manos. No lo creería si me lo hubieran contado, ¿él haciendo algo así? era el más correcto de la clase, y el más serio, parecía nunca estar para seguir las boberias de sus compañeros.

Empezamos una conversación sin buen inicio, preguntó sobre mi como si en verdad yo le importara, con él pasar de los minutos, aquella conversación parecía nunca tener final establecido. Pero ver su sonrisa mezclada entre el denso olor del chocolate de esa cómoda cafetería hizo de ese encuentro uno verdaderamente agradable.


Terminamos por pasar a una escena donde ambos tomamos incontables tazas de chocolate caliente, mientras nuestros tibios labios empezaban a moverse prácticamente solos formando sonrisas y sacando a flote
conversaciones agradables y pasajeras; Era ya medio día cuando el antiguo reloj del lugar empezó a sonar a la par de mis rápidos movimientos para recoger mis cosas y emprender viaje hacía donde esperaba hospedar.

Unos suaves pasos me hicieron darme cuenta que no haría sola ese pequeño viaje después de todo. Su expresión era tranquila, sin embargo no me esperaba que me arrebatara suavemente los dos bolsos que tanto costaban llevar en los hombros.

Terminé por dejar que me acompañará, aunque que si esto hubiera pasado hace varios años le pediría que por favor no lo hiciera. No es que me diera miedo, si no que, en esos años pareciera que te miraba con odio, algo que nunca iba para nadie que no fuera su estricto padre, pero a pesar de saber aquel dato, para una chica que apenas entraba en secundaria y que llevaba consigo una tendencia horrible a ponerse nerviosa era una sensación horrible; Subimos juntos a un tren entre la energética gente, ambos logramos sentarnos juntos teniendo minutos después de vista de las refrescantes costas de los muelles.



Observar su robusta figura fue algo de lo que solo tuve valor de hacer durante el tiempo en que él miraba absorto el paisaje. Ver ese cuerpo era fruto del exhaustivo esfuerzo que tuvo todos los días de secundaria, y ahora, esa fuerte figura estaba cargando con la mayoría de cosas que yo debería traer entre los brazos en ese mismo momento, ¿vergüenza? no sabría cómo definir lo que sentía en ese momento.

—Tranquila, no es nada. —Mencionó suavemente, mientras se acomodaba para mirar directamente a la que con vergüenza alejaba la mirada mientras se disculpaba— Debes estar agotada, ¿no? además, es bueno ver un rostro conocido después de todo.

Era como si supiera lo que pensaba, sabía como me sentía. Tenía razón, mi cuerpo era ya uno muy descuidado, uno que madruga todos los días para estudiar arduamente para por fin salir con un título el cual no lograba satisfacer un quebrado corazón; Con el cuerpo intenté acomodarme para al menos descansar. Si hubiera sabido que acabaría apoyándo mi cabeza en sus helados hombros lo hubiera pensando varias veces; Finalmente anunciaron mi parada, ambos bajamos y nos dirigimos hacía un departamento, lo miré y parecía que no soltaria lo que llevaba con tanta facilidad en mano. No tenía remedio, me seguiría hasta que llegará a mí habitación.

Subimos con dificultad por las largas escaleras. Llegar a mi habitación fue como si me hubieran traído un cielo, me acomodé rápidamente y guardé la mayoría de cosas para terminar con el cuerpo pegado en un sofá. Todoroki me veía con detenimiento, era una de las cosas que más nerviosa me han puesto en mundo. Además, no había tenido un ánimo totalmente decente para al menos hablarle durante esos minutos donde él sólo me ayudaba.
Le miré, estaba acomodando ordenamente las vacías maletas.

—Bien, creo que eso es todo. —Dijo luego de unos minutos de silencio, en los cuales sólo se dispuso a dejar el lugar ordenado sin que se le pidiera.— Espero no haberte incomodado, nunca tuvimos una relación cercana y meterme así cuando llegaste, sinceramente lo siento, pero no quise dejarte con tanto trabajo.

—¡No me incomodaste, para nada! Pero podía haberlo hecho sola. —Dije nerviosa, mientras me levantaba del sofá y me acercaba a él. —El mismo Todoroki de siempre, ¡vamos! tranquilo.

—Tranquila, dudo que sea el mismo. Bueno, adiós. —tocó mi cabellera, y con suave tacto lo revolvió para luego abrir la puerta.— Bien, espero que nos veamos mañana, ¿puedes? a los demás les encantaría, en la academia, allí trabajan Mina y el pequeño de Mineta. Nos vemos.

Luego de asentir y esperar a que se fuera me quedé como una piedra por segundos, no esperaba aquel toque con mi cabello. Me acordé cuando él tocaba el largo cabello de la presidenta de la clase mientras conversaban sobre cosas tan simples como evaluaciones de clases. Terminé por verle desde la ventana del edificio, caminó tan normalmente que empezé a creer que aquello no tuvo más significado que una forma de despedirse fuera de lo común; ¿Verdad, Todoroki?





que bonita noche, ¿no?
perdón, se me había olvidado
puto hataraku saibou¿
véanlo, es hermoso, ah.

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