Dulce
— ¡Andando Len!
— Tsk, Ya voy ¿Podrías ser menos ruidosa? — respondió un chico con un dulce en la boca. Uno de sus favoritos.
— Pero ya va a empezar
— ¿Sabes que falta media hora para que empiecen las funciones verdad?
—...—
Esa era la plática de dos jóvenes que "caminaban" rumbo al cine. "Caminaban" porque cierta chica de un inusual cabello largo color aguamarino daba pequeños brincos al andar, así como tropezones y choques con las personas que encontraban. Podría ser confundida con una niña en su actitud pero su cuerpo demostraba ya la de una adolescente.
A su lado caminaba tranquilamente un joven rubio de ojos azules que podría considerarse el cerebro de la chica. O al menos el que controlaba sus ataques de infantilismo con un pequeño paquete de golosinas picantes, su adicción.
— ¿Podrías caminar más rápido Len? — preguntó la chica con un tono infantil.
—...—
— Quiero llegar a tiempo. Además está comenzando a llover— dijo Miku sintiendo las gotas mojar su rostro y luego echando a correr. Pero como sí su impaciencia no fuera poco se topó con una pareja que se trataban melosamente bajo su paraguas, además que caminaban en el centro sin permitir el paso — Tsk— murmuró la chica al verlos y se detuvo un poco, dejando que aquella pareja se adelantara.
Len la alcanzó y al ver su rostro supo que algo andaba mal.
Recordó que la última "pareja" de Miku fue un chico muy similar al que se encontraba frente a ellos y que sólo había salido con ella por una apuesta, terminado "su noviazgo" en menos de una semana. Y es que ese era tal vez un defecto de la chica. Ilusionarse rápidamente con un chico que le terminaba rompiendo el corazón de una u otra manera. Afortunadamente él (Len), estaba allí para ella evitando que cometiera alguna locura y ayudándola siempre. Aunque éste siempre negara su actitud protectora hacia ella.
— Toma mi mano para parecernos a ellos— Habló de pronto el rubio.
— ¿Qué? — la chica se encontraba confusa.
— Que me agarres la mano para parecernos a ellos, tonta— a pesar de su tono él deseaba muy en el fondo de su corazón que la aguamarina le hiciera caso.
— Últimamente estas actuando raro ¿lo sabias? Creo que tienes demasiada azúcar en tu sistema— Miku solo se burló y tomándolo del brazo, el rubio y la aguamarina adelantaron a la pareja para por fin llegar al cine, donde ambos soltaron su agarre de manos.
Ya en el lugar la chica se demoró por escoger entre dos de las películas que ansiaba ver. El rubio solo la miraba con su actitud neutra y comenzaron a discutir sobre los temas relacionados en las diferentes películas. Al final terminaron eligieron la de suspenso/terror/ficción.
Len se dirigió al baño por un momento mientras Miku se encaminó a comprar los dulces favoritos del rubio y otras golosinas. El rubio salió rápidamente y se dirigió a la fila mientras esperaba a la aguamarina. Cuando Miku por fin regresó donde Len después de una larga fila pudo escuchar una débil conversación.
— ¿La chica con la que vienes es tu novia? — preguntó una chica peliroja que estaba junto a Len.
— ¿Eh? No...— contestó con su típico tono de aburrido.
— ¿Enserio? — interrumpió la chica que al parecer le importaba mucho.
— Sólo la estoy cuidando— la chica le sonrió y se fue junto a un chico. Len había notado que desde que llegaron aquel chico miraba mucho a Miku. Sin embargo trató de no darle mucha importancia... hasta que lo vio formarse en la misma fila que ellos.
Ya formados para entrar a la sala la chica parecía estar diferente, callada y pensativa. Era extraño, pero el oír la respuesta de Len sintió que estaba siendo muy caprichosa respecto a él.
— ¿Estas bien? — Preguntó el rubio.
— ¿Tu...te diviertes...saliendo conmigo? — Miku solo miraba el suelo jugando con la punta de sus pies.
— Por qué lo...
— ¡Mira, ya vamos a entrar! — interrumpió la aguamarina. El chico no entendía su actitud.
Dentro de la función la chica se olvidó de todo mientras disfrutaba de la película vigilada por el rubio a su lado, que disfrutaba unas deliciosas golosinas picantes.
En una parte de la película ocurrió una escena de terror. Len esperaba que Miku se lanzará a sus brazos como cualquier chica asustadiza, porque Miku era una chica muy asustadiza; pero ella sólo se sobresaltó y continuó comiendo palomitas mientras murmuraba algo. Len sabía que Miku no era fan del género del terror pero a pesar de eso había aceptado ver esta película, pues la trama era muy interesante.
Luego de aquella escena Miku se acomodó bien en su lugar. Len continuaba viéndola y notó que comenzó a ver que Miku observaba a algunas parejas dentro de la sala y soltó un gran suspiro mientras se abrazaba a sí misma.
Len comenzó a razonar en su mente.
Miku era una amiga de hace tiempo. La había conocido de niña y siempre había sido alegre. Además que su apariencia había cambiado al de una joven muy hermosa. Su largo cabello era de un color muy extraño: aguamarino. A pesar de eso le parecía un color cautivante. Sus ojos eran grandes y expresivos, decorados con largas pestañas del mismo color; aquel que comenzaba a ser su favorito. Y ella no era plana, Len lo había notado por experiencia propia cuando una tarde por accidente tocó en "ese lugar". La chica se había puesto de mil colores mientras el rubio con su rostro neutral aunque murmuró "Suave..." Como consecuencia recibió un buen golpe que lo dejó noqueado y la "ley del hielo" aplicada por una semana.
Pero eso era lo de menos, Len había comenzado a sentir "algo" por aquella chica junto a él. Y aunque no lo quisiera reconocer, comenzaba a encantarle pasar el rato con ella. Por eso él le había propuesto el que tomara su mano cuando se dirigían al cine.
Mientras Miku estaba embobada con la película, Len la seguía observando atentamente. Y a pesar de la poca luz que había, podía ver claramente como ella jugaba con la pajilla de su soda. La forma en que sus labios tocaban y jugueteaban con la pajilla hicieron que Len se preguntase a que sabrían sus labios y como se sentiría al besarlos, o incluso morderlos. Probablemente no sería el único lugar que pensaría morder; su blanco cuello pedía a gritos que Len explorara esa parte y más allá...
El sonido de la soda de Miku terminarse devolvió a Len a la realidad. ¿En qué estaba pensando?
Pero al parecer no era el único que pensaba en la aguamarina pues el mismo chico se encontraba una fila abajo que la miraba a cada rato desde que habían llegado.
En un momento la chica se sobresaltó y luego murmuró un "awwwww, lamentablemente va a morir", Len comprendió que era por la escena que mostraba a un chico besando a una chica bajo la lluvia antes de desaparecer en un portal. ¿Cuándo la película había cambiado la trama?
Pensaba decirle que eso era algo bobo cuando vio al mismo chico mirar a Miku; Len por un instinto y más por su deseo, tomó la barbilla de Miku girándola hacia él y con una mano en su hombro: la besó. La aguamarina se sorprendió y trató de separarse pero la mano de Len ahora en su cuello lo impedía.
Los labios de Len sobre la chica eran suaves, tranquilos pero posesivos a la vez, como si quisiera guardar el recuerdo de aquel beso. Inclinando más su rostro lamió los labios de la chica y degusto el sabor de las golosinas dulces en contraste con las suyas, estando así por un muy-buen-rato.
Al momento de separarse y aún con la poca luz, el rubio divisó el gran rubor que cubría el rostro de la chica que solamente parpadeaba tratando de asimilar lo ocurrido. Si eso no era demasiado Len se relamió los labios como si aún conservara ese sabor dulce.
El resto de la película Miku evitó hacer contacto visual y comió sus dulces en silencio sin ningún comentario más hacia la película.
Al término Len salió como si nada hubiera pasado mientras Miku era un desastre en su mente, junto con el clima había hecho que comenzara a llover.
— Creo que tendremos que esperar a que pase la lluvia— dijo Len con las manos en los bolsillos de su pantalón.
— P-pero... e-estaríamos a-aquí un largo rato y...— Len entendió que aquel beso había hecho que su cercanía le incomodara.
— Te vas a empapar y luego obtendrás un resfriado— le contestó mientras veía a la chica mirar la calle adivinando su pensamiento de correr.
Miku sabía que la casa del chico se encontraba a 10 minutos de allí. Tiempo insuficiente para evitar no empaparse.
— ¡KYAAAAA! — el chico pudo ver como la aguamarina corría hacia la lluvia. Suspiró hondamente y sonrió, tendría que seguirla.
Pero eso no era lo de menos, había probado un "dulce" muy distinto pero sumamente adictivo, el cual no pensaba en dejar escapar tan fácilmente.
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