Capítulo 4

Cerca de la media noche, Jaime se levantó a comer algo. No abandonó la habitación hasta asegurarse de que el muchacho dormía en completa paz. Llegó bostezando hasta la cocina. Abrió el refrigerador sacando un trozo de pizza. Dio un mordisco, luego otro. Estaba dando el tercero cuando el rabillo del ojo miró a Khaji recargado en el marco de la puerta. Jaime se asustó creyendo ver un fantasma. Tosió atragantándose, escupiendo el bocado.

-Ten cuidado, no te vayas a ahogar. –Khaji sugirió entrando a la cocina-.

-¡¿En serio?! ¡Gracias por la advertencia! –Expresó sarcástico-.

-¿Cómo siguió el chico?

-¿Ahora te importa?

-Me importa porque a ti te importa.

Jaime se sonrojó con aquella respuesta franca y sin tapujos.

-No, no lo digas de ese modo. Suena raro.

-¿Qué cosa?

-Es que lo dices como si estuviera interesado en ese muchacho.

-¿Y no lo estás?

-Sí. Bueno, no... Bueno sí, pero no de ese modo.

-¿Cuál modo? –Khaji demandó sirviéndose un poco de café-.

La piel bronceada de Jaime se ruborizó todavía más.

-Sólo... no digas nada...

Jaime sacó más pizza del refrigerador y se sentó a la mesa.

-Jaime... -Khaji llamó también sentándose-.

-¿Qué quieres? Si vas a disculparte por maltratarlo, te estás dirigiendo a la persona equivocada...

-Es sobre "Prime".

El menor detuvo su charla. Abrió los ojos expresando su interés. Con la mirada le indicó a Khaji que continuara.

-Creo tener una idea de qué van las palabras de tu amigo.

-¿Por qué lo dices?

-Hice algunas llamadas. Y hay un sujeto llamado Prime Rogues que fue atendido hace dos días por un médico particular.

-Y esta información es relevante porqueeeeee...

-A ese tipo lo atendieron de emergencia porque recibió un disparo.

Jaime levantó las cejas señalando su incomprensión.

-Tu amigo mencionó su nombre. Y recuerda que él es sospechoso de haber disparado un arma.

-¡¿Qué?! ¿Sigues con eso? ¡A él lo asaltaron! ¡Y no hay evidencia de lo que dices! ¡No hay conexión!

-¿Y si la hubiera?

-¡No la hay!

-¿Y si sí?

-¡No la hay!

-Pero, ¿en dado caso de que la hubiera?

-Pu-pu-pues no es asunto nuestro. Él nos pidió ayuda y se la vamos a dar... ¡No somos quiénes para juzgarlo! ¡Además, ¿cómo sabes que él mencionó a ese "Prime" exclusivamente?! ¡Debe haber miles viviendo en esta ciudad! ¡Y otra cosa, él no estaba muy lúcido que digamos! ¡Pudo haberse tratado de alguna remanencia de sus pesadillas! ¡De cualquier cosa!

-Jaime...

-¡¿Qué?!

-Estás levantando la voz otra vez...

El aludido tragó aire para evitar seguir hablando. Se sonrojó en consecuencia.

-Só... sólo, dejémoslo tranquilo, ¿sí? Por favor, Khaji.

El mayor suspiró bebiendo de su café.

-Como gustes, Jaime. Sólo ten cuidado. –Dijo antes de levantarse-. Por cierto, debo salir, estaré ausente dos días.

-¿Qué? ¿Vas a salir? Pero necesito de tu ayuda... No podemos dejar solo al muchacho...

-Si termino antes el trabajo, volveré rápido...

-¿Es en serio? ¿Por qué ahora?

-Michael puede ayudarte... De hecho, ya le dije... Y mañana vendrá a cubrirte...

-¿Qué? ¿Y cuándo pensabas decírmelo?

-Te lo estoy diciendo ahora...

-Pe-pero...

-El chico estará bien... Sólo asegúrate que sepa que estás ahí...

-¿Qué? ¿Por qué? ¿Te dijo algo?

-Sólo haz lo que te digo...

-Pe-pero...

-Hay comida hecha en el refrigerador, sólo debes calentar...

-Pe-pero...

-Me voy a dormir... -Khaji mencionó al salir de la cocina y desaparecer de la vista-.

Jaime permaneció con sus palabras atoradas en la boca. Mejor se resignó y terminó de comer no muy conforme con aquella plática tan fugaz. Regresó a su habitación cabizbajo, pensativo. Se quitó la playera y se dedicó a buscar una para dormir. Descartó un par y encontrando la indicada, escuchó un fino susurró proveniente de su cama.

-Jaime... -El pelirrojo pronunciaba suavemente, apenas de forma audible-.

El ojicafé se mantuvo alejado. Quiso confirmar lo que escuchó, por lo que no movió un solo músculo. Ni siquiera se atrevió a respirar, pues lo intrigaba confirmar lo que creyó oír.

-Jaime... -Volvió a decir-.

Esta vez se acercó lentamente a un lado de la cama. Encendió la lámpara en su camino. Llegó justamente a tiempo para ver la mirada ámbar del muchacho abrirse. En un inicio, sus ojos buscaron como si hubiera perdido algo en alguno de sus sueños. Luego, se enfocaron en el vacío recordando lo último que vieron. Se levantó tercamente intentando salir de la cama y huir de aquel policía. Aunque cabe mencionar que su consciencia espacial y temporal no se hallaban del todo presentes, ya que había rastros molestos del medicamento en su ser. Su acción movilizó a Jaime velozmente, pues subió a la cama atrapando las manos de Bart contra las mantas. El chico se asustó, pero permaneció quieto hasta saber qué lo había detenido. Enfocó su vista en un rostro medio iluminado por una luz tenue. Esa fisonomía fue reconocida casi al instante. Se pensó todavía en el sueño.

-No huyas, por favor... -Jaime susurró nervioso-.

Lo que menos quería era estremecer al ocupante de su cama

Bart miró a profundidad los brillantes ojos cafés de Jaime. Su voz, en cambio, la reconoció instantáneamente.

-Eres tú... –Preguntó como si adivinara-.

-Sí, soy yo... Supongo...-El mencionado contestó sonriendo-.

Soltó sus manos consecuentemente, pero no se bajó del lecho, permaneció sentado justo a un lado.

-Perdón, no quise asustarte. Pero no quiero que trates de huir y te vuelvas a lastimar... Khaji me contó lo que pasó hoy. Supongo que no fue muy agradable.

Bart hacía un esfuerzo por dilucidar la escena. Intentó sentarse y fue el propio Jaime quien lo empujó apaciblemente para evitar que se levantara.

-No te esfuerces... Trata de descansar... Por favor, no temas. Juro que nadie aquí te hará daño. Puedes confiar en nosotros. Confía en mí...

Bart obedeció abiertamente. No sabría distinguir su actitud tan dócil. No sabía si era la suave voz de quien lo invitaba a descansar o los medicamentos que lo obligaron a dormir lo que lo calmaba tan fácilmente.

-¿Dó-dónde...? –Bart inquirió frotándose los ojos-.

-¿Dónde estás? Estás en mi apartamento. Bueno, es de mis padres, pero yo vivo aquí.

Bart sonrió a medias, ciertamente estaba bastante débil y abatido como para comprender completamente.

-Ja-jaime... ¿cierto? –Preguntó fatigado y suspirando-.

-Sí. Ése soy yo... Me alegra que lo recuerdes...

Bart volvió a mostrar sus ojos dorados en un gesto que demostraba su insistencia para enmarcar el rostro contrario. Jaime se sonrojó al mirarlos tan de cerca.

-Me siento... extraño... -Bart declaró mirando su mano vendada-.

-Te dieron un analgésico y un tranquilizante. Uno que no te causaría daño. Supongo que debes tener aún sus efectos.

Bart desvió la mirada. Movió su pie, arrepintiéndose enseguida.

-No lo muevas. Sé que podrá ser un poco molesto, pero necesitarás dos semanas al menos para poder apoyarlo nuevamente...

Un puchero se dibujó en el rostro del pelirrojo. Ocultó su rostro bajo su brazo.

-No, no llores... -Jaime habló acercando su mano a la cabeza de Bart-.

Frotó tiernamente sus cabellos.

-Estarás bien... Aquí estás a salvo, aquí nadie te hará daño, lo prometo.

Bart liberó más su llanto. Jaime empatizó con su gesto. Tanto que no hesitó al acostarse junto a él para abrazarlo. Pasó uno de sus brazos bajó su cabeza y el otro por encima de su pecho. Lo rodeó recargando su cabeza sobre la suya, invitándolo a ocultarse en su cuello. Y contra toda apuesta, Bart se arrimó a Jaime refugiándose. Su llanto disminuyó paulatinamente. Mansamente, percibió cierto calor rodeando su cuerpo. Apreció su cuerpo protegido y sin ansias de huir. Respiró un aroma particular, inhaló cuanto pudo y quiso, sintiéndose en calma y seguro. Bajó su mirada enterrando su rostro en el calor del cuerpo ajeno. Jaime le correspondió conscientemente, abrazándolo un poco más fuerte.

-No temas... -Jaime murmuró apenas audiblemente-.

No sólo fue su voz resonando en su cabello, sino también sus manos sobre su espalda las que lo convencieron de las intenciones sinceras de ese muchacho. Percibía el toque tan reconfortante y calentito, que se rindió abochornado.

Aspiró el aroma que Jaime desprendía y fue al hacerlo que recordó nubosamente cómo se encontraron aquella noche en el callejón, así también, aquella esencia que lo envolvió en la madrugada. Percibirlo tan cerca lo hizo pensar en las otras veces que lo había visto entre esas siestas nefastas. Definitivamente era el mismo. El mismo que lo había ayudado esa noche, el mismo que se había presentado originalmente al despertar la primera vez, el mismo que sostuvo su mano en más de una ocasión.

El consuelo que Jaime le regaló lo distrajo de todo lo que lo aplastaba. Y por primera vez, desde hacía días, podía destensar sus hombros y dormir tranquilo, sin miedo, sin estar en guardia. Lentamente, sucumbió a ese gesto, descansando en la quietud de la noche y en los brazos de aquel muchacho. Fue tanto su alivio que se volvió a quedar dormido casi inmediatamente.

La alarma de Jaime volvió a sonar, pero fue Khaji quien silenció el ruido. Imaginaba que su amigo se habría quedado dormido, pero no bajo esas circunstancias. Levantó ambas cejas cuando lo miró sin camisa, abrazando al muchacho herido. Dudó seriamente si debía despertarlo o dejarlo continuar. Sin embargo, también sabía que era su deber procurar que no faltara a clases, así que le golpeó la frente para hacerlo despertar. Luego de verlo reaccionar, salió de la habitación convencidamente. Jaime se levantó somnoliento en cuanto sintió la molestia en su cara. Se puso de pie buscando algo de ropa para alistarse. En su frenesí, se detuvo unos instantes para observar la respiración del pelirrojo; el muchacho se acomodaba despreocupadamente en el hueco que Jaime había dejado. El anfitrión se sonrojó inesperadamente. Se sintió extraño al respecto; sacudió su cabeza y mejor se acercó para quitarle el cabello de la cara y arroparlo silenciosamente.

De su escritorio tomó una hoja y escribió un mensaje. Terminó de alistarse y partió dudoso a la escuela.

Nuevamente, el sol ceñía el medio día. Ese pequeño rayo de luz golpeó su cara, obligándolo a despertar. Bart abrió sus ojos encuadrando el lugar desarreglado donde había despertado.

No se tomó ni un solo segundo para levantarse serenamente, se irguió enseguida, alterado por esos últimos acontecimientos. No obstante, precavido de no lastimar su pie y provocarse un malestar innecesario, se protegió del dolor ya por demás experimentado, disipándose así, las ansias de moverse demasiado.

Más cauteloso que una pluma descendiendo en el vacío, se acomodó sobre la cama esculcando cuidadosamente la habitación con la mirada. Hallándose solo se agitó un poco. Inercialmente, se preguntó por aquel muchacho que conoció entre sus momentos de semi lucidez.

-¿Jaime? Dijo llamarse Jaime, ¿cierto? –Bart se preguntó esforzándose en recordar-. ¿Qué es este lugar? ¿Dijo que era su casa?

Bart suspiró malhumorado. Intentó bajar del lecho, pero mirar su pie como el objeto inservible que era y su mano vendada tan inútil, le aconsejó mejor quedarse entre las sábanas. Recargó su espalda en el muro y se cobijó resguardando su temperatura. Su memoria comenzó a viajar entre los canales de su situación. Para él, le fue imposible no volver a llorar. Se cuestionó sobre el futuro que ya no veía tan claro. ¿Qué iba a hacer ahora? No tenía lugar a dónde ir, ni tenía en quién confiar. No sabía si ese disparó siquiera hirió a Prime. ¿Y si sí? ¿Y si no? ¿Y si lo mató? ¿Qué pasaría ahora con su vida? No llevaba nada consigo y no podía disponer de su dinero. De haber sobrevivido, el malnacido de Prime lo buscaría hasta el lugar más alejado de la Tierra. ¿Cuánto tiempo podría esconderse? ¿Y dónde? Y entre tantas maldiciones, ahora también lo amenazaba la incertidumbre, el miedo, la muerte y la sofocante soledad. Soledad que siempre sintió, que siempre ignoró, que siempre lo asedió, y que sin embargo, nunca percibió tan profunda y tangible como en esos momentos. Pues ahora, literalmente, nadie se encontraba junto a él.

Sin familia, sin amigos y ahora, aparentemente, sin siquiera su libertad; sólo unos demonios que harían cualquier cosa para quedarse con lo que le pertenecía. El hecho de recordar esos rostros, lo enfureció hasta la locura. Se sentía estúpido por haber caído en sus engaños, por haber confiado, por haberse entregado a esas ilusiones, a ese mundo que le vendieron; a ese mundo que parecía brillante, en el cual creyó encontrar algo que lo salvaría de todo lo que lo hería, No obstante, en ningún instante logró siquiera imaginar que todo terminaría así. Así de peligroso, así de violento, así de incierto.

En esos instantes se sentía como una gota en el océano; insignificante, invisible y perdido. Se recostó de nuevo dándole la espalda a la ventana, se cubrió la cabeza con las mantas buscando un poco de obscuridad. Respiró hondamente hasta encontrar un punto que calmara sus nervios.

-¿Quién será...? –Bart se demandó ilustrando su memoria con la imagen de "Jaime"-.

Comenzó a relajarse pensando en ese muchacho.

-¿Por qué me ayuda...? ¿Qué quiere de mí...? –Continuó interrogándose mientras cerraba sus ojos-.

No pasaron muchas frases en su cabeza antes de rendirse al sueño nuevamente. No supo precisamente si había pasado mucho tiempo, y realmente no le importaba, Bart sólo quería desconectarse del mundo y no saber nada de él. O eso trató, pues un delicado sonido metálico lo alertó de la compañía que se había deslizado a la habitación. "¡Jaime!" Pensó inconscientemente. Se levantó percibiendo una especie de ansiedad, incluso emoción. Preparó sus labios para saludar, pero se detuvo en seco al observar a aquel policía rubio. Las manos de Bart cogieron las mantas tan fuertemente que la cama rechinó con su movimiento.

-¡No, no, no, no, no! ¡No te asustes! –Michael pidió colocando una charola sobre el librero de la cabecera en cuanto vio la reacción del pelirrojo-. No voy a hacerte daño... Sólo vine a ver si necesitabas algo y te traje un poco de comida... -Aclaró recogiendo el cubierto caído y levantando las manos en señal de rendición-. ¡Por favor, no te alteres! ¡Juro que no soy tu enemigo y no voy a lastimarte! ¡Y que quede claro, fue idea de Khaji el inyectarte eso, no mía!

La expresión en la cara de Bart demostraba toda su perplejidad. ¿Era el mismo policía que vio ayer? Se preguntaba sorprendido por las efusivas explicaciones.

-Khaji mencionó lo de tu posible fobia a los policías, así que, ¡mira!, no traigo el uniforme; por lo que ya no debes preocuparte... Soy Michael, soy amigo de Khaji y de Jaime... -El rubio declaró mientras servía un poco de agua-. Nos conocemos desde hace poco más de un año.

Le extendió el vaso a Bart, pero el pelirrojo observó con desconfianza el recipiente. Michael alejó el vaso en cuanto la expresión de rechazo se presentó en el rostro ajeno.

-Bueno... si necesitas algo, estaré aquí... Come si quieres... y si no, pues sólo descansa... -Michael dijo retrocediendo y sonriendo hasta llegar a la puerta-. ¡Por cierto, Jaime me dijo que te diera esto! –Expresó extendiéndole a Bart una pequeña nota-.

El rubio se encogió de hombros al ser ignorado, así que mejor asintió con la cabeza y dejó la nota junto a la charola. Salió lentamente de la habitación y cerró la puerta tras de sí, dejando a Bart solo de nueva cuenta.

-¿Fobia? –Bart se inquirió absorto dentro de la escena que acababa de pasar-.

Se quedó como estatua hasta asegurarse que aquel sujeto no volvería. Acercó su mano lentamente hasta la nota y en cuanto la asió, la leyó encandilado.

"¿Cómo te sientes? Espero que mejor. Tuve que salir a la escuela, pero volveré lo más pronto posible. Siéntete como en tu casa. Michael te llevará algo de comer. Le pedí que te entregara esta nota; no debes preocuparte por nada, puedes confiar en nosotros. Khaji no se encuentra, así que no habrá más inyecciones. Descansa todo lo que quieras, te veo más tarde. Atentamente: Jaime." Leyó antes de estirar su boca disimulando una franca sonrisa. Pestañeó cayendo en cuenta de su reacción, abandonando el gesto en seguida. Dobló el papel y quiso guardarlo en sus bolsillos, pero sus dedos se fueron de largo al no hallarse vestido como recordaba. Un pijama se desplegaba en su lugar. Se sonrojó reflexionando las circunstancias bajo las cuales su ropa fue cambiada. Volvió a sonreír inesperadamente, recostándose y cubriéndose la cabeza con las mantas.

Otro par de horas pasaron, Bart no gastó sus energías en forzarse para dormir. Se halló tan a gusto en aquel lecho, en aquel alivio, en aquellas calentitas sábanas que no se percató prontamente de las manos que sujetaron su pie herido y lo colocaron sobre una toalla. Caso contario fue al sentir algo gélido sobre su tobillo. La impresión lo despertó inminentemente. Pretendió mover su pie para liberarse de la sensación molesta, pero la mano que lo sostenía se lo impidió en cada tentativa. Levantó su cara enfocando la raíz del problema. Abrió sus ojos cual si fueran espejos. Se sonrojó al mirar a Jaime resguardando su pie entre sus manos.

-Perdón... Te desperté... -Jaime se disculpó quitando la bolsa con hielos que había colocado sobre el tobillo herido-.

Bart negó con la cabeza.

-Volviste... -Bart murmuró levantándose y sentándose-. No, no es necesario que hagas eso... Sólo me duele cuando lo muevo, así que procuraré no hacerlo... y...

-Desinflamarlo es importante... Y puedo ver que ya estás mejor... -Jaime dijo recolocando la bolsa de hielo-.

-No creo que sirva de algo luego de tantos días... -Bart habló tímidamente-.

-¿De qué hablas? –Jaime inquirió riendo-. Si he estado haciendo esto todos los días desde que llegaste...

Bart se sonrojó agachando su rostro. No pudo volver a dormir, aunque quisiera y no quería. La comisura de la boca se hundió un poco en lo que pudo parecer otra sonrisa. Fue apenas una ligera y para nada prominente, pero se presentó lo suficientemente fuerte para hacerle ver al pelirrojo que había pasado mucho tiempo desde la última vez que sonreía despreocupado. Sobre todo delante de alguien, en especial y coincidentemente, frente a ese muchacho.

-¿Cómo te sientes? ¿Ya mejor? –Jaime demandó como si ellos se conocieran desde hacía mucho tiempo-.

Bart quiso responder, pero repensó una respuesta correcta o normal. Algo que no convirtiera el ambiente en un foco de tensión insufrible. El mayor cayó en cuenta de la incomodidad que, al parecer, su invitado sentía.

-¿No te sientes bien? ¿Quieres agua o algo? –Le preguntó internándose en ese círculo de indisposición-. Veo que no has comido. ¿No te gustó lo que Khaji te preparó? ¿Quieres algo en especial?

Bart dudó en cada una de sus palabras. Sumido en un silencio sepulcral, se talló los ojos para despejar su cabeza. Tomó las sábanas y se cubrió nuevamente.

-Si no quieres algo casero, podemos pedir algo... -Jaime mencionó suspirando mortificadamente-.

El cuarto devino extrañamente incómodo. Bart levantó sus ojos tentando terreno. Miró fijamente a Jaime. Lo observó llevarse una mano a la cabeza y rascarla. No vislumbró en su semblante nada en particular. Era alto, delgado, pero con hombros anchos. Su piel canela le daba un aire exótico, pero dentro de lo común. Ciertamente, nunca lo había visto, y de haberlo hecho, no le habría prestado atención. Se preguntó profundamente por qué lo ayudaba, por qué alguien tan usual se tomó las molestias para acogerlo en su casa. ¿Quién era? O peor aún, ¿qué quería?

-¿Ja... Jaime...? –Bart musitó tímidamente -.

-Dime... -El cobrizo contestó atento, como un cachorro ante un nuevo suceso-.

-¿Por-por qué estás... estás ayudándome? –Bart preguntó temerosamente-.

Jaime sonrió al descubrir que su acompañante tenía curiosidad. No hubiese podido encontrar un medio mejor para oírlo hablar.

-Porque...

-¿Qué... quieres de mí? –Bart interrumpió bajando su rostro, pero manteniendo su mirada concentrada-.

-¿Yo? Yo nada.

-¿Entonces por qué me trajiste aquí?

-Te-te traje aquí porque no sé dónde vives y no tengo otro lugar disponible... Espero no te moleste..., pero si tú quieres que te lleve a otro lado, sólo dímelo...

Bart bajó su vista abrazando las mantas.

-No... No tengo a dónde ir... -El pelirrojo expresó entre dientes-.

Jaime encogió sus labios y no se permitió hablar condescendientemente.

-Pues... puedes quedarte aquí todo el tiempo que quieras... Si quieres...

Bart devolvió sus orbes sobre el muchacho frente a sí. Volvió a preguntarse sobre sus intenciones.

-No entiendo... No lo entiendo...

-¿Qué cosa? –Jaime inquirió abandonando la orilla de la cama y acercándose a Bart-.

-¿Por qué me ayudas? No me conoces ni yo a ti tampoco... ¿Qué esperas conseguir con esto?

-Si... si quieres una respuesta más concreta... Pues lo hago porque quiero... Y si buscas una razón más lógica, lo hago porque mis padres siempre me dijeron que ayudar a otros es cultivar luz propia. Además, tú pediste ayuda y no podía negarme...

-¿Aunque no me conozcas?

-Aunque nos odiáramos... -Jaime respondió mostrando su blanca sonrisa y provocando el sonrojo de su acompañante-. Confía en mí, no te haré daño... -El ojicafé aclaró llevando su mano al cabello de Bart-.

El muchacho retrocedió un poco y cerró sus ojos esperando un contacto agresivo. No obstante, el toque suave de su mano, bajando hasta su mejilla, lo invitó a levantar sus pestañas. Se vio reflejado en la mirada castaña del contrario. Y Jaime se miró en la mirada dorada del menor. Sus rostros se acercaron un poco. Ninguno cedió su mirada. Los dos se enfrascaron en el silencio mágicamente atenuante. Luego Jaime parpadeó y bajó su mirada sonrojado. Levantó su mano acabando con la caricia y dejando a un muchacho ruborizado y un poco escéptico. 

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