Capítulo 23

Despertó de un sobresalto. Aun podía escuchar la tórrida y exigente voz de aquel hombre que les abrió la puerta. Con sólo recordarlo, Jaime gruñó enfurecido. Se molestó tanto que gritó enardecido sobre el lecho. De un arrebato, se levantó enredándose entre las sábanas, cayendo sin remedio en aquel suelo alfombrado.

-¡Maldita sea! -Exclamó agachándose, retorciéndose en el piso mientras se frotaba suavemente la cabeza-. ¡¿Qué demonios pasó?!

-Te golpeó con un jarrón. -Respondió Khaji estoicamente-.

Jaime se estremeció con la voz. Levantó su mirada observando a su amigo parado en la puerta con una bolsa de papel en la diestra y un par de cafés en la izquierda.

-¿Qué...? ¿Cu-cuándo...? ¿Dón... de...? -Se preguntó mientras su cerebro se reiniciaba en ese instante y en ese lugar-. ¿Khaji?

-Sí, dime. -Habló el mayor entrando a la pieza, depositando su cargamento sobre la mesita de centro-.

-¿Y... y Bart...? -Preguntó esforzándose por que el nudo en su garganta no le ganara impidiéndole hablar-.

-Ven, comamos algo. -Musitó Khaji ofreciéndole uno de los vasos-.

-¿Fui mi culpa, cierto? -Demandó Jaime presintiendo el amargo final de aquel asalto-.

Khaji lo miró también ofreciéndole una mano para levantarse. Suspiró desviando su mirada. Con ello, quiso apaciguar el ambiente que seguramente devendría más dramático.

Aprovechando el tiempo, Khaji revisaba la herida de Jaime en tanto le explicaba cómo había resultado todo. Le contó sobre lo descubierto en las habitaciones, el arma, y aquel comentario inescrupuloso que Kyle le mencionó. Entre los dos analizaron lo que aquellas palabras pudieron significar, así también el rumbo que aquel hombre pudo tomar, pues mientras Jaime todavía se reposaba, Khaji regresó al edificio comprobando su escalofriante teoría.

-¿Entonces? ¿Sólo se fue? -Expresó Jaime angustiado, todavía con sus ojos hinchados de tanto llorar-.

-Pues sí. Era lógico. Fue descubierto y ahora se vio obligado a huir. -Respondió al tiempo de recolocarle el vendaje al más joven-.

-¿Pero estás seguro?

-Sí. Las cámaras del estacionamiento lo vieron alrededor de las dos de la mañana mientras abandonaba el edificio en su auto.

-¿Con... con...?

-Con Bart en brazos. -Completó Khaji sin un ápice de sutileza-.

-¡Por Dios! -Exclamó Jaime cubriéndose el rostro con ambas manos-.

-Es evidente la falta de voluntad en Bart. No creo que haya estado muy consciente del inicio de ese viaje. -Comentó el mayor terminando la faena de la curación-.

-¡¿Cómo se atreve ese maldito a decir que Bart es feliz?! -Expresó Jaime sollozando más fuerte-. ¡Ese tipo tiene un problema!

-Al menos, la teoría de que Bart te abandonó ya no tiene tantas posibilidades a su favor.

-¡¿Posibilidades a su favor"?! ¡¿Aún no lo crees después de toda la evidencia?! ¡Ese infeliz secuestró a Bart! ¡Él no me dejó! -Explicó Jaime reventando en su pesar, hablando con la nariz escurrida-.

-Hasta que no lo oiga de su propia boca, no lo creeré.

-¡No digas eso! ¡Lo único que ahora debemos hacer es ir a buscarlo! ¡Bart nos necesita, está en una situación peligrosa y ahora lo alejaron todavía más de mí! ¡Ese desgraciado se lo llevó y lo peor es que no sé a dónde! -Enunció acostándose en la cama, hundiendo su rostro sobre la almohada mientras Khaji suspiraba condescendientemente-.

-Cálmate. -Pidió el mayor sorbiendo de su café-.

-¡Sé que no te importa, pero al menos finge un poco de comprensión! -Exclamó Jaime retomando su escena lacrimosa-.

-Jaime, ya te dije que no todo está perdido, sólo debo confirmar algo antes de irnos.

-¡¿Y cuánto tiempo va a tardar eso?! ¡Bart está sufriendo en estos momentos, no podemos perder más tiempo!

-Relájate. Ya te dije que no podemos movernos hasta que no reciba la información. -Habló sentándose sobre la única silla-. Mejor come algo o no estarás al cien por ciento de tus capacidades.

-¡No quiero nada! ¡Sólo quiero ver a Bart! -Reiteró acomodándose en la cama, atrapando una almohada entre los brazos mientras la estrujaba y se limpiaba las lágrimas con ella-.

Khaji suspiró volteando los ojos. Optó mejor por ignorarlo y sacar su teléfono para esperar la dichosa información. Lo colocó en la mesa en tanto se ocupaba de encender un cigarrillo. En esos instantes, nada le pareció más adecuado que dejar que su amigo se desahogara a voluntad. Después de todo, la culpa que sentía por lo último vivido le resultaba muy pesada como para mantenerse en pie. Sólo llorando, sus hombros se destensaban un poco.

-Bart... -Murmuró Jaime todavía lloriqueando-.

"Estuvimos tan cerca." Se dijo aferrándose a la almohada. "Lo lamento mucho. Lo siento. Pero no te preocupes, juro por mi vida que te encontraré y te traeré de vuelta. ¡Lo juro!

-Voy a encontrarte... -Musitó entre sollozos-.

"Por favor, Diosito, que Bart esté bien, que no le pase nada... ¡Por favor!" Rezó Jaime pasando saliva para desatorar el nudo en su garganta.

-Resiste, espérame... Bart...

Escuchaba su nombre ser pronunciado, pero entre sus sueños, maldecía por la voz que lo llamaba. "Tú no eres Jaime." Bart se decía en cuanto lo oía llamarlo. Sentir repulsión era todo lo que podía hacer. Nada más le permitiría su adormilado cuerpo y nada más podría sentir en el instante de advertir aquellas repugnantes manos sobre su rostro y su piel expuesta. Por menos, sentía náuseas y odio. La sensación por ser tocado de esa forma lo estaba asfixiando, pero ciertamente nada se lo impediría a Kyle o nada le daría fuerzas a Bart para resistirse.

El ojiverde se había asegurado de dotarlo con gramos y gramos de sedantes y analgésicos. Desde la noche anterior, no había despertado ni una sola vez. No lo hizo al ser cambiado de ropa o al ser llevado al auto, ni al ser depositado en esa habitación de aquella desconocida casa y afortunadamente, tampoco lo hizo cuando Kyle quiso abordarlo esa mañana. Sin embargo, esa suerte parecía acabarse conforme las horas pasaban. Entre todas sus opciones crueles que tenía, era mejor permanecer inconsciente ante la situación, así al menos, Bart podría sólo concentrarse en Jaime y en su recuerdo. Eso lo agradecía sobremanera. Ahora permanecía inerte a expensas de su captor, pero bajo un influjo que le bloqueaba la interacción.

De ese modo, el mediodía había quedado atrás. Los efectos de los medicamentos paulatinamente iban desapareciendo. Bart comenzaba a prestar atención a los ruidos que lo rodeaban. Antes de despertar, escuchó a Kyle hablar con alguien en el pasillo, luego oyó camiones llegar y golpeteos a lo lejos. Aun así, no prestó mucho cuidado a lo que lo circundaba. Ni siquiera pensó en pedir ayuda, pues aunque quisiera, no se hallaba lo suficientemente consciente como para ponerse de pie y demandarla.

Reflexionaba en ello cuando sin querer acomodó su cabeza al atender algunos pasos en la habitación. Con el tenue y repentino movimiento, Bart entreabrió sus ojos que sentía sumamente pesados. Aquel gesto fue la señal idónea para indicarle a Kyle que ya podría entrometerse nuevamente. El mayor se acercó a la cama llamando por centésima vez al pelirrojo, quien empezaba a reaccionar, pero no era todavía capaz de usar sus músculos a voluntad.

-Bart... -Pronunció Kyle en un vago intento por hacerlo responder-.

Hecho que sólo le alcanzó para ver a un Bart que apenas tenía la fuerza para levantar sus pestañas y mantener sus ojos semi abiertos, no así para posibilitarle el habla o alguna contestación natural.

-¿Cómo te sientes...? -Le inquirió mientras se subía al lecho y se encimaba sobre Bart-. ¿Bart? -Repitió mirando las condiciones reales del muchacho-. Vaya, creo que fueron muchas pastillas para dormir. -Dijo cayendo en cuenta del letargo que su acompañante mostraba-. Bueno, por lo menos descansaste. Supongo que te hizo bien dormir tanto. -Señaló mientras delicadamente llevaba su mano a la mejilla de Bart y lo obligaba a mirarlo-. Eso me alegra, aunque he estado un poco solo... No he podido ver tus hermosos ojos desde anoche... -Musitó acercando peligrosamente ambos rostros-. Eso es muy cruel de tu parte... -Le susurró antes de plantarle un beso del que Bart no pudo huir, pero sí sintió hasta hacerlo morir de impotencia, tanto que sus ojos sin pestañear, comenzaron a llorar-.

Con esa primera caricia impuesta, Kyle prosiguió su intrusión. Se sentó encima de la cadera de Bart, acomodándose para poder desabotonarle la camisa al menor, cuya respiración se agitaba al comprender lo que ese sujeto planeaba a continuación.

-Tranquilo... Aquí nadie nos molestará. -Anunció terminando su infame cometido, descubriendo finalmente el pecho frágil de Bart-. Todo el mundo está ocupado en preparar la fiesta para esta noche, así que puedes despreocuparte... Además, mis padres llegarán más tarde... No hay nadie que pueda interrumpirnos... -Anunció mientras se acomodaba para acercar su boca al cuello del ojiámbar-. Pero no será por mucho... -Hablaba entreteniéndose con su desleal acercamiento-. Así que no debemos desaprovechar el tiempo que tenemos... -Musitó incrementando la frecuencia de sus marcas y sugilaciones-.

Bart se estremecía, pero no podía expresarlo con movimientos claros. Le costaba cada onza de sus fuerzas el siquiera gruñir para mostrar su desaprobación, aún más el mover los dedos o intentar levantar sus brazos. Los medicamentos todavía permanecían en su sangre causándole un horrible inconveniente.

"¡Maldición...! ¿Por qué a mí...?" Pensaba el pelirrojo advirtiendo sus lágrimas caer por sus mejillas. "¿Qué demonios fue lo que me dio...? Ni siquiera puedo pelear... No puede terminar así... ¡No puede!"

-Más tarde te presentaré a mis padres... -Comentó Kyle en tanto cambiaba el cuello y recorría los hombros con sus labios-. Te amarán... -Añadió dirigiendo su boca hacia el pecho e irremediablemente a los botones sensibles del muchacho-.

Ahí se entretuvo cuanto quiso sin importarle los escalofríos que Bart proyectaba con sonidos ahogados desde su garganta. Kyle no mesuraba su insistencia, se saciaba cuanto podía y quería. Se mantuvo en esa letanía el tiempo necesario hasta que volvió a la boca de Bart. Ahí se enajenó mientras la adrenalina en el cuerpo del menor aumentaba y lentamente lo sacaba del pozo de la parálisis. Con cada instante escurrido, el muchacho comenzaba a sentirse más despierto. Los quejidos en su voz muy pronto se transformaron en silabas, así también, sus brazos le respondían un poco mejor.

-No tienes idea de lo impaciente que estaba por verte despertar... -Habló Kyle introduciendo salvajemente su lengua en la boca temblorosa de Bart-.

Con ello, Kyle dio pauta para transgredir finalmente el límite. Se despegó del rostro emprendiendo un camino que lo llevara desde la boca hasta el bajo vientre, pasando por la garganta, el pecho, el estómago y el ombligo, llegando inevitablemente a un punto sin retorno. Uno que fue allanado sin remordimiento en cuanto Kyle se deslizó para desabrochar el pantalón.

-N-no... -Bart musitó apenas audiblemente, con mucho esfuerzo y nada en tonos severos-.

-No te preocupes... Te trataré bien... -Habló escuchando la reacción en el pelirrojo-.

-Por... po-por favor... n-no... -Pidió sintiendo cómo su prenda iba siendo retirada, dejándolo expuesto a la mirada de Kyle-.

-Tranquilo... -Mencionó el mayor acariciando el cuerpo, frotándolo, recorriendo con sus dedos cada espacio desnudo de Bart, arribando a la zona entre las piernas, atreviéndose a entrometerse más allá del pudor del muchacho-.

Bart se agitó y se asustó en cuanto percibió el toque en su intimidad. Cerró los ojos fuertemente y levantó agotadoramente sus brazos, descargándolos en los hombros de Kyle, empujándolo con sus ridículas fuerzas.

-N-no... N-no... De-de... deten... te... -Tartamudeó Bart demostrando el temblor en su voz y el miedo en su temple-. Por... fa... vor...

-Calma... No voy a lastimarte... -Murmuró Kyle a punto de llevar el miembro de Bart a su boca-.

El pelirrojo continuó llorando y suplicando, pero aquella descabellada afrenta parecía ser inevitable. Ya estaba preparado y resignado, rezando para que todo terminara pronto. Ya sentía aquel aberrante roce cuando unos toquidos detuvieron el tiempo y congelaron la inspiración de Kyle. Bart ya se había hecho a la idea de ser asaltado, pero se desahogó con un suspiro al enterarse que ni siquiera hubo un comienzo. El menor resintió aquel sonido en lo más profundo de un respiro. Sólo así su corazón se calmó unos instantes.

-¡Dije que no quería que me molestaran! -Gritó Kyle asustando a Bart con lo repentino de su voz-.

Pero volvieron a llamar a la puerta. A Kyle no le quedó otra salida que bufar y parar su brío irremediablemente. Se levantó gruñendo y maldiciendo. Al estar de pie, tomó una de las mantas y cubrió suavemente a Bart. Miró desdeñosamente a la puerta y antes de ir a atenderla, se inclinó para besar a Bart.

-Espera un segundo... -Le dijo al chico alejándose a la entrada-. ¡¿Qué demonios quieres?! ¡Dije que se encargaran de todo y que no me molestaran! -Reclamó en cuanto abrió la puerta-.

-Lo sé, señor Rayner, pero... -Habló un hombre desde el pasillo-.

-¡¿"Pero"?! -Repitió Kyle furioso-. ¡¿Acaso no pueden encargarse solos del evento?! ¡Tengo compañía, ¿sabes?! ¡Y no porque no puedan solucionar ustedes mismos los problemas, voy a dejar de atenderlo!

-Lo sé, pero...

-¡¿Pero qué?! -Exclamó alterado-.

-El joven West acaba de llegar... -Respondió el hombre lo más amable que pudo-.

Las ansias en Kyle desaparecieron inmediatamente al escuchar aquel nombre. Agachó su mirada calmando sus ánimos. Respiró un poco mientras se pasaba los dedos por el cabello.

-¿Wally? -Le inquirió al hombre-.

-Sí, señor. Está en la estancia.

-Pero... Pero se supone que llegaría con mis padres... -Murmuró preguntándose mil cosas-.

-¿Qué le digo, señor Rayner? -Preguntó el hombre-.

-Na-na... nada... Voy enseguida... -Respondió Kyle regresando su vista hacia Bart-.

Suspiró negando alguna idea que llevaba en la cabeza. Luego salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí. Echó llave a la cerradura y lanzó una mirada amenazante al empleado.

-Que nadie se acerque a esta habitación, mucho menos que entren, ¿está claro? -Habló Kyle serio y cortante-.

-Sí, señor. -Respondió el hombre-.

Kyle asintió justo antes de ponerse en marcha. Mientras caminaba, su corazón y su respiración parecían cobrar vida con su aceleración. Su cabeza entonces se dividió en dos rostros; el de su visitante y el de Bart, a quien sin remedio, había abandonado en aquel cuarto sellado, acostado y sin alguna oportunidad de escapar.

Por su cuenta, Bart recuperaba algo de aliento. No dejaba de llorar, pero el temblor en su cuerpo se disipaba en tanto se daba cuenta que Kyle lo había dejado solo. Se dio unos segundos antes de virar su cabeza y revisar el cuarto. Giró sobre sí mismo gastando toda su fuerza. Apuntó hacia la ventana observando toda la luz que entraba. Un balcón se erigía del otro lado. Comprendió entonces que se encontraba en un primer o segundo piso, pues el cielo despejado se dejaba ver a través del vidrio, por lo que escapar de ese lugar no iba a ser tan fácil.

-Jaime... -Llamó hipando, sollozando mientras estrujaba las sábanas que lo cubrían-. ¿Dónde estás...? -Murmuró cerrando sus ojos, hundiéndose en su pesar en tanto imploraba que el adormecimiento en su cuerpo se dispersara-.

Su llanto y sus súplicas fueron lo único que se atendía en esa gigantesca y fastuosa habitación. No deseó contenerse, aquel gimoteo era por mucho su última opción para rebelarse, pues en sus restrictivas condiciones, no podía resistirse a cualquier capricho que en Kyle naciera. Y eso de verdad estaba haciéndole mucho daño. Si los efectos de esas medicinas no se iban cuanto antes, Bart ya podría imaginarse en que terminaría todo aquel drama. De sólo pensar en ello, el terror lo invadía hasta hacerlo perder sus prioridades en su angustia. Las cuales se resumían en salir lo más pronto posible de aquel desconocido lugar y correr lo más rápido y lejos que sus mermadas fuerzas le otorgaran. De lo contrario, se arriesgaba a sufrir los embates que Kyle dispusiera para él.

Esa misma preocupación prevalecía en la mente de Jaime, aunque traducida en otras palabras y en otras imágenes, pero al final, con el mismo miedo que sintetizaba su preocupación por el bienestar de Bart. No podía pensar en otra cosa que no fuera en marchase de una vez y cazar al infeliz que se lo había llevado, sin embargo, muy a pesar de la primacía que invadía su temple y no lo dejaba estar tranquilo, Khaji parecía no tenerle mucha consideración, pues el mayor no adivinó que las buenas nuevas que acababa de darle al ojicafé, no iban a ser muy bien recibidas.

Jaime se cruzó de brazos frunciendo el ceño. La estrategia de Khaji sólo logró empeorar su mal humor y más cuando ante su vista, la compañía alrededor no era muy de su agrado.

-Cuando dijiste que esperabas la información, no hablaste de involucrar a Michael... -Murmuró Jaime entre dientes mientras esperaba que el rubio saliera de su auto-.

-No le pedí que viniera, sólo le pedí un favor. No pensé que la trajera en persona. -Aclaró Khaji dando una bocanada a su cigarro-.

-¿Y qué demonios le contaste como para que viniera hasta acá? -Preguntó Jaime fingiendo una sonrisa en cuanto vio al policía dirigirle una mirada-.

-Le conté la verdad a medias. -Musitó Khaji retrayéndose para evitar hablar del tema-.

-¿Cuál verdad? -Preguntó Jaime bastante molesto-.

-Le dije que tu prometido Bart había sido secuestrado por su exnovio. Sólo eso.

-¡¿Qué?! -Exclamó levantando su voz-.

-Pensé que si le agregaba algo de drama romántico, Michael nos ayudaría más fácilmente.

-¡Pero él es policía! ¡¿No crees que esto va a empeorar la situación?!

-Relájate. Y no alces la voz.

-¡Pero...!

-Le dije que esto debía mantenerse en secreto debido a lo delicado de su relación. Por eso acudíamos a él, porque es nuestro "amigo" y él sabría mantener la boca cerrada.

-¡Pero...!

-Ya no digas más. Ya está aquí y no podemos evitarlo. Y que quede claro, yo no le dije que viniera. -Susurró Khaji apresurando sus palabras, pues Michael ya había terminado de descargar sus maletas y se preparaba para encontrarlos-.

-Pero él... -Jaime apagó su próximo enunciado en cuanto vio al rubio rodear el auto-.

No obstante, la escena cambió al ver que Michael no se dirigía a la entrada del hotel, sino a la puerta del copiloto. Ahí se detuvo para abrirla y extender su mano para ayudar a salir a su acompañante.

-¡¿Qué rayos?! -Exclamó Jaime al ver a quien bajaba del vehículo-.

-Creo que no mantuvo su boca tan cerrada... -Comentó Khaji socarronamente-.

-¡¿Por qué rayos trajo a Ted con él?! -Inquirió Jaime quedándose tieso sin exagerar su asombro y su molestia-.

-Sus razones debió tener. -Opinó Khaji arrojando la colilla de su cigarro-.

-¡Demonios, lo que me faltaba! ¡Ese tipo me odia!

-Y no lo culpo. No le diste una muy buena primera impresión.

-Cállate...

-¿Quién se embriaga de ese modo en una cena formal? -Inquirió Khaji irónico y burlón-.

-¡Fue tu culpa! -Reclamó Jaime frotándose el puente de la nariz-.

-Cómo sea... Ya están aquí...

-Pero...

-Ya no hables... -Concluyó Khaji antes de ir al encuentro de su amigable vecino-.

El menor se lamentó todo lo que pudo mientras fingía la sonrisa más grande en su rostro. Suspiró siguiendo a su amigo. Ambos los recibieron agradeciendo su ayuda, aun si no explicaron los detalles precisos.

-Es bueno verlos rebosantes de salud... -Ted dijo expidiendo su claro fastidio-. Y pienso que asegurarme de ello valió las horas de camino que hicimos para llegar hasta aquí... -Completó sarcásticamente, saludando con un leve golpecito en el hombro de Jaime-.

-También me da gusto verlos. -Respondió el aludido con sumo cuidado de no mostrar su incomodidad-.

-Es mejor si ya nos vamos... -Intervino Khaji tomando las maletas que Michael cargaba-.

-¡¿Qué?! ¡¿Ellos van a venir?! -Inquirió Jaime reaccionando inercialmente-.

-¡¿Qué?! ¡¿Vamos a ir con ellos?! -Preguntó Ted casi al unísono-.

-Sí, prometí ayudarlos... -Michael interfirió contestando-.

-Es cierto, así que ya no perdamos más el tiempo... -Aclaró Khaji dando media vuelta-.

-Pero no nos hemos registrado todavía. -Acotó el rubio un tanto sorprendido por el gesto de su amigo serio-.

-Ya me encargué de eso. -Señaló Khaji regresando rápidamente al hotel-. ¡Ustedes suban a mi auto! -Añadió gritando desde las escaleras, dejando al trío expuesto a las críticas y a la mezquindad de Ted-.

-Definitivamente ese recibimiento valió todo el viaje hasta aquí... -Musitó irónico el muchacho de piel blanca y atuendo pretencioso-.

Michael sonrió forzadamente por ese comentario. Se rascó la cabeza colocando su mano sobre el hombro de Ted. Con su mirada pidió algo de empatía para el castaño. Jaime miró el gesto y agradeció con una leve sonrisa.

-Kha... Khaji tiene razón, es mejor si ya nos vamos... -Habló Jaime cambiando el tema, adelantando un paso para invitar a los otros dos a seguirlo-.

-Jaime... -Llamó Michael parándose frente al muchacho-.

-Di-di... dime... -Dijo el ojicafé sorprendido por lo repentino del movimiento-.

-Lamento lo de Bart. -Anunció abrazando al más joven-. Lo vamos a encontrar. No te preocupes. ¡Ese demente exnovio no se saldrá con la suya! -Exclamó estrujando al menor-.

Jaime se sobrecogió con aquel gesto, pero muy pronto se acopló al acercamiento. Pues después de todo, hayan sido atraídos con mentiras o no, ellos se habían tomado la molestia para ir a ayudarlos, muy a pesar de los inconvenientes que pudieran estarles causando.

-Gra-gracias... -Expresó Jaime correspondiendo el abrazo-.

-¡Sí, sí, sí! ¡Ya entendimos lo mal que la estás pasando, pero ¿no tenías prisa por irnos?! -Preguntó Ted tomando el brazo del rubio para separarlo de Jaime-. ¡Así que ya vámonos!

-Sólo estaba dándole ánimos... -Explicó Michael atendiendo la orden de Ted-.

-¡Yo no he dicho otra cosa! -Musitó el castaño mayor ahora tomando la mano del policía-.

Jaime sonrió al presenciar aquella tierna escena. Se conmovió con los sentimientos que aquellos dos se profesaban. Ted parecía ser un tipo serio y muy recatado, pero ni él podía ocultar sus mejillas sonrojadas cuando miraba a Michael. Sus reacciones tan sinceras turbaron un poco el corazón de Jaime, quien por breves instantes se sintió celoso por no estar junto a Bart para mostrarse así de cariñoso.

Mientras pensaba en ello, le fue imposible no caer en un pensamiento pesimista que involucraba la posibilidad de jamás volver a ver al pelirrojo. Entre más veía el actuar de los mayores, más inquieto se advertía en su alma, pues un mal presentimiento comenzaba a tragarse su tranquilidad.

Continuará...

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