Capítulo 18
El estruendo de un relámpago hizo retumbar el lugar. Bart escuchó la conmoción despertando irremediablemente. Levantó sus pestañas topándose con un gigantesco ventanal que cubría la totalidad de una enorme pared. Las cortinas yacían corridas mostrando el imperioso paisaje lluvioso y su aterrador trasfondo. El agua de la tormenta escurría a través de los vidrios reflejando las centenas de luces urbanas, indicando las altas horas de la madrugada.
Con la habitación a obscuras, Bart enfocó sus ojos en los truenos que centelleaban iluminando el cielo por escasos segundos. Dicho espectáculo lo distrajo algunos momentos en lo que su cerebro comprendía y dilucidaba el escenario frente a él.
Viró su cara buscando información, encontrándose con una cama exageradamente grande, mantas azules y sumamente suaves, rodeado de una habitación minimalista, pero bastante fastuosa. Bart se sintió incómodo, una sensación familiar lo inundó con recuerdos que irónicamente quería olvidar.
Giró sus ojos guiándose por una luz diminuta, pero abrigadora, expedida por una lámpara alumbrando un sofá. Al detener su vista, su mirada se posó en el mueble que estaba ocupado por un hombre dormido. El pelirrojo se sobresaltó pensando en las terribles condiciones que lo circundaban. A su mente llegaron repentinamente las últimas imágenes que vivió antes de perder el conocimiento. La escena viva de un médico sujetándolo e inyectándolo le revolvió los sentidos provocándole angustia y miedo. "Duerme. Duerme mi pequeño de un cuarto de millón." Recordó sus palabras cínicas que estremecieron su respiración agitándolo desesperadamente.
"¡No! ¡¿Por qué?!" Exclamó Bart para sus interiores cerrando sus ojos y esforzándose dolorosamente para salir de la cama. "¡No, Dios! ¡Todo menos Prime!" Se dijo sentándose, aun contra el paralizante dolor en su costado. Se quitó agarrotadamente las mantas de encima, dejándose caer a un lado de la cama. Apretó los dientes percibiendo las decenas de calambres en sus piernas, brazos, abdomen. Las laceraciones que obtuvo con ese cruel encuentro le estaban pasando factura. El golpe seco no sólo produjo ciscos en su cabeza y un quejumbroso mareo, sino que despertó al hombre que cuidaba el cuarto.
Bart no miró atrás, comenzó a arrastrarse hacia una de las paredes para poder apoyarse y huir hacia alguna de las puertas cercanas. Ni siquiera gastó energías en resolver el asunto de su completa desnudez. Lo que priorizaba en su temple era no desperdiciar los segundos que tenía en preocuparse por ser atrapado, mejor optó por sólo correr. Bart ya había decidido luchar hasta lo último para conservar su vida. "¡No me tendrás, lo juro!" Habló para sí mismo posando su mano en el muro. Sin embargo, apenas quiso levantarse y sus piernas le fallaron ignorándolo. Se sintió frustrado por su cuerpo tan débil y lacerado. Subestimó la golpiza que había recibido, así como las drogas que posiblemente traía encima. Volvió a intentar levantarse, pero obtuvo el mismo resultado.
-¿Bart? –El pelirrojo escuchó una voz-. ¿Qué haces? –La voz le inquirió tomándolo del brazo-.
-¡Noooooo! ¡No me toques! –Gritó Bart como respuesta al roce-.
Manoteó haciéndose soltar, pero perdiendo el equilibrio, estrellándose contra el suelo.
-¡Bart! –Exclamó el individuo sujetándolo de nuevo-. ¡¿Estás bien?! ¡Deja de hacer cosas raras! ¡El médico dijo que debías permanecer en cama al menos otro par de días! –Comentó tomando en brazos al pelirrojo-.
-¡Nooooo! ¡Suéltame! ¡Auxilio! ¡Nooooo! ¡No, no, no! –Gritaba retorciéndose, haciendo la labor de Kyle mucho más difícil-.
-¡Bart, cálmate! ¡Soy yo! ¡¿No me recuerdas?! –Preguntó el ojiverde posándolo en la cama-. ¡Relájate, no te haré daño! ¡Aquí estás a salvo!
-¡SUÉLTAME! –Insistió el menor levantándose, queriendo abandonar nuevamente el lecho-.
No obstante, Kyle, actuando instintivamente, lo atajó por la cintura y lo devolvió al centro de la cama. Bart chilló al sentir el punzante dolor en su herida. Rechinó los dientes evitando llorar. El ojiverde se disculpó brevemente, pero no desistió en su acometido; se colocó encima y sin pensarlo dos veces, le sujetó las muñecas enterrándolas entre las sábanas.
-¡NOOOOO! ¡AYUDAAAAA! ¡SUÉLTAMEEEEE! ¡DÉJAME! –Imploró Bart gritando-.
-¡Bart, mírame! ¡Soy yo! ¡Dije que te ayudaría y aquí estamos! ¡No te voy a hacer daño! ¡Aquí no está Prime!
Pero el muchacho no escuchaba, se mostraba enajenado en su ataque de pánico. Kyle se estremeció observando su semblante tan frágil que no merecía ser tratado así, pero no se le ocurría otra forma de controlarlo, pues era su cuarto intento por querer salir de aquella habitación comportándose tan irracional y tan desesperado.
A lo largo de esa madrugada, desde que despertó la primera vez, Bart no lo había hecho tranquilamente. Parecía estar trágicamente envuelto en un círculo de delirio provocado por pesadillas, las cuales lo asaltaban induciéndolo en una fosa de dolor: lo que de verdad estrujaba el corazón de Kyle. Además, cada vez que trataba de regresarlo a la cama, el ojiámbar era lastimado por sí mismo o por los agarres del ojiverde. Acción relevante que lo inquietaba debido al cuerpo hecho trizas del pelirrojo.
En cuanto lo llevó a su apartamento, hizo que un médico lo revisara dejando claro que el muchacho todavía se encontraba en estado delicado, por lo que el reposo absoluto era imperativo, cosa que Bart no estaba cumpliendo del todo. Concluyentemente, Kyle pensó que nada estaba yendo como hubiese imaginado. Jamás pensó que aquel encuentro se complicaría tanto. Aunque debía reconocer que su vida se había tornado más interesante y en su opinión, Bart parecía no ser alguien común, al contrario, verlo en semejantes condiciones despertaba increíblemente su curiosidad.
El pelirrojo seguía luchando y a Kyle se le estaban acabando las opciones. Incluso pensó burdamente en atarlo, pero ultimó que quizás eso lo empeoraría todo. Mejor respiró desviando su atención, decidiéndose por sólo ocupar su voz y suplicarle al invitado que se tranquilizara y atendiera sus propuestas. Lo intentó con un par de palabras susurradas con candor y amabilidad, pero no obtuvo otra cosa que observar al chico ceder ante la consternación y liberar su frustración a través de pesadas lágrimas. Kyle se mordió los labios lamentándose, también contagiándose de ese enardecimiento nacido por las sacudidas de Bart. Comenzó tristemente a creer que inmovilizar sus manos y sus pies no era tan mala idea.
Resignándose y a punto de soltarlo para ir a buscar algunas corbatas que le sirvieran de cuerdas, se detuvo en el instante de oír a Bart hablar.
-Jaime... -Musitó el joven pelirrojo entre dientes-.
Kyle no comprendió hasta escuchar una segunda o una tercera vez como Bart pronunciaba aquel nombre. Pensó que finalmente habría recobrado un poco de consciencia, pero al mirar sus tiernos ojos dorados entrecerrados y llorosos, entendió que su muchacho rescatado seguía enfrascado en alguna de sus pesadillas.
-Jaime... Ven... -Murmuró Bart enfatizando su llanto-. Jaime... -Volvió a llamar causando escalofríos en Kyle-.
Sensación que derivó en un apretón de sus entrañas que fácilmente podrían confundirse con celos infantiles.
-Ja-Jaime... -Repitió Bart todavía luchando para liberarse del agarre-. ¡JAIME, AYÚDAME! –Gritó abiertamente-.
Para Kyle, ese nuevo sentimiento en su interior lo confundió un poco, aunque también se tradujo en un impulso que lo molestó de cierta manera.
-Ja... i... me... -Llamó insistiendo para soltarse, lográndolo gracias a la distracción de Kyle-.
Bart liberó su brazo manoteando, arremetiendo contra la quijada del ojiverde, quien regresó de su viaje emocional a causa del golpe, frunciendo el ceño mientras sujetaba nuevamente al ojiámbar.
-¡No, suéltame! ¡Jaime! ¡Jaimeeeeee! –Gritó en tanto pataleaba moviendo la cama y exasperando al salvador-.
-¡¿Jaime?! ¡¿Es en serio?! –Inquirió enojado, finalmente cediendo a ese empuje pueril arraigado en la boca de su estómago-. ¿Por qué lo llamas a él? ¡Fui yo quien te salvó...!
-¡JAIME! ¡Jaime, Jaime, Jaime!
-¡Ya basta! ¿Quién es él? ¡No lo llames! –Exclamó Kyle apretando sus labios-.
-¡Jaime! –Suplicó por última vez antes de ser sujetado más fuerte e impetuoso-.
Bart gruñó adolorido sollozando abrumadoramente, mostrando un gesto que Kyle encontró deleitable y bastante dulce. Ver al muchacho bajo de sí suplicante de protección lo sorprendió y lo cautivó hasta hacerlo pensar en algo que no se creería ser capaz de cometer. Aunque también debió reconocer que racionalmente, no le agradaba mucho observar esa faceta en Bart, quien seguía apelando aquel nombre, tiñendo sus mejillas de rosa mientras sus ojos mostraban su ruego. Ruego que lo estremeció dándole argumentos para su decisión final.
-¡Jaime! –Llamó Bart doblando sus esfuerzos para hacerse liberar-.
El mayor lo enfocó en su mirada y tragó saliva dudando de su próximo movimiento, pero de ningún modo deteniéndose. Se acercó sigilosamente al pelirrojo mientras extraía inmutablemente su aliento.
-¿Dónde estás, Jaime? –Susurró Bart quedándose quieto, apretando los ojos sulfuradamente ante la impotencia-.
Mueca que Kyle aprovechó para terminar de inclinarse y posar sus labios sobre aquellos de Bart. La acción pasmó al ojiámbar que inmediatamente abandonó su lucha y destensó sus hombros.
El ojiverde se impregnó de la esencia del menor. Comenzó suave, inspirado, tierno, pero al sentir el cese de movimiento de Bart, su atrevimiento se volvió imprudente, insolente y un poco violento. Le mordió el labio obligando al muchacho a abrir la boca, introduciendo su lengua después, agasajándose cuanto pudo.
-Bart... -Habló Kyle en cuanto se separó después de varios minutos-. No lo necesitas... Yo te cuidaré...
Aquella tórrida e innoble acción hundió a Bart en un hermoso recuerdo. Uno en el que Jaime aparecía mientras mostraba sus cálidos y brillantes ojos cafés. Uno en el que el pelirrojo despertó en la casa de Jaime, donde el amable anfitrión le ofreció tranquilidad, ternura y cuidado. Uno en el que Jaime lo hacía sentir mejor sólo con su voz, con su presencia, con su calor. Uno en el que Jaime trató de detenerlo también en la cama para que no huyera, usando esa cutre técnica, sujetando sus muñecas, la misma que ese tipo frente a él utilizaba y que indiscutiblemente le resultaba dolorosa, no como Jaime, quien buscaba detenerlo, comprenderlo y cuidarlo, no someterlo.
-N-no... Tú... tú no eres Jaime... -Susurró Bart antes de respirar una última vez y tratar de visualizar entre la obscuridad a quien lo lastimaba-.
-¿Qu-qué? –Expresó Kyle absorto en esas sutiles palabras-.
-Yo sólo quiero a Jaime...
-Bart... Yo... -Farfulló cayendo en cuenta de lo que había hecho-.
-Quiero verlo... -Dijo débilmente antes de desmayarse-.
-¡Dios mío! ¡¿Qué hice?! –Habló Kyle con tenues rastros de culpabilidad en su voz-.
El ojiverde se estremeció con esa última frase. Se asustó en un primer momento al remarcar la inconsciencia del menor, pero luego casi pierde la cabeza al percatarse de su osadía. Lo soltó apartándose inmediatamente, bajando de la cama, inhalando tan profundo que por poco se ahoga. Sacudió sus sentidos y salió de la habitación.
-¡¿Qué demonios pasó?! ¡¿Qué fue lo que le hice?! –Se dijo paseándose a lo largo de su apartamento-. ¡No, no, no, no, no! ¡Ni siquiera lo conozco! ¡No sé quién es! ¡Además lo traje aquí porque quería ayudarlo, no perjudicarlo! ¡¿Qué hice?! ¡Cuando despierte va a estar muy molesto! ¡No, esa no era mi intención! ¡Aunque... aunque...! ¿No lo era? –Se preguntó deteniendo su andar-.
"Es que... No pude detenerme... ¿No pude? ¿De verdad no pude?" Pensó Kyle aumentando el carmesí en su rostro.
-¡Rayos! ¡¿Qué me sucede?! –Exclamó mientras se encaminaba a la pequeña cava que se presentaba en el lujoso bar arrinconado de su casa-. Esto no está bien... ¡Sí, lo reconozco, él me da curiosidad, pero de ningún modo está bien! –Expresó sirviéndose un trago-. Yo no lo traje para esto. Sólo quiero ayudarlo. ¡Sólo eso! –Comentó bebiendo su copa en un solo movimiento-. Pero... ¿Por qué tiene que mencionar a ese sujeto? ¡¿Quién es de todos modos?! Me-me... me pregunto qué tipo de relación tiene con él... ¡Rayos! –Expresó sirviéndose otra copa-. ¡No, ese no es el problema! ¡¿Qué me sucedió?! ¡¿Por qué rayos lo besé?! ¡DIOS! –Dijo de último antes de beberse su nuevo trago-.
Se devolvió a la habitación haciendo silencio luego de medio terminar una botella. Se colocó junto a la cama observando el semblante del menor mientras éste dormía. Se pasó los dedos sobre los labios trayendo a su memoria lo que hizo minutos atrás. Miró desvergonzadamente su cuerpo expuesto sin un ápice de recato. Lo cubrió chapuceramente protegiendo provisionalmente su intimidad. Luego desvió su mirada suspirando un poco molesto. Se frotó la cara mientras respiraba contrariado. Negó con un gesto dirigiéndose a su armario. De uno de los cajones sacó un par de corbatas, después regresó junto a Bart tomando una de sus manos. Alrededor de su muñeca enrolló la corbata atándola al enrejado de madera decorativa de la cama. Hizo lo mismo con la otra extremidad. En cuanto terminó, se dio cuenta de una prominente cicatriz en la palma de su mano. No pudo evitar preguntarse cómo se la había hecho.
En el pecho de Kyle nació un sentimiento de culpa, pero ya no fue capaz de encontrar algo más viable para ayudarlo. El muchacho ya estaba mal y su cuerpo no iba a resistir más embistes, pero era mejor restringirlo un poco antes de que se lastimara más. Suspiró tallándose la cara, resignándose a esa opción, pues no iba a concebir su extraña conducta para que sus reacciones lo acorralaran y se repitiera aquel acercamiento íntimo que tuvo con Bart. Por lo que sólo se acomidió a arroparlo lo mejor que pudo y se retiró al sofá.
Retomó su asiento cobijándose sin quitarle la vista al pelirrojo. Se acomodó fijando su concentración en él. Por su cabeza pasaron cientos de ideas relativas a su invitado que desembocaban en las razones por las cuales huía de ese tal "Prime". También se cuestionó sobre la vida que llevaba el pelirrojo antes de encontrarlo en ese parque; ¿por qué le pasó lo que le había pasado? o ¿qué pasaría después de verlo recuperado?; pero sobre todo, ya no dejó de pensar en el tipo de relación que llevaba con el tan solicitado "Jaime".
-¿Quién se supone que es ese tipo? ¿Tu amigo? ¿Tu padre? ¿Tu novio? –Se preguntó frunciendo inconscientemente el ceño-. ¿Y por qué tanta urgencia de verlo? –Habló suspirando-. ¡No, rayos! –Exclamó súbitamente notando su malestar-. ¡No, esto no está bien! ¡¿Qué rayos me pasa?! –Se reclamó levantándose y yendo a su cava nuevamente-.
Así permaneció el resto de la madrugada mientras la mañana arribaba. Con el Sol ya asomado en el oriente, Kyle salía de la ducha y comenzaba a prepararse para asistir a su trabajo. Hace algunos días debió haberse presentado, pero por evidentes causas, se excusó dando pretextos. Se ajustaba la chaqueta cuando escuchó algunos ruidos de la recámara. Entró corriendo verificando que Bart se encontrara bien y casi se tropieza al ver que estaba despertando.
Bart quería acomodarse, pero la restricción en sus brazos llamó su atención. Sólo hasta girar el rostro y ver la causa de su limitación, fue que comenzó a despabilarse.
-¿Qu-qué... qué es esto? –Murmuró Bart forcejeando un poco-.
Mirarlo luchar para liberarse, paralizó y enmudeció a Kyle, quien retrocedió rodeando el lecho lentamente hasta colocarse frente al pelirrojo. Lo miró un par de minutos mientras Bart intentaba soltarse de sus amarres. Antes de hacer algún movimiento, el mayor quiso asegurarse de que su invitado no estaba sufriendo otro episodio delirante.
-¡¿Qué pasa?! –Exclamó Bart refunfuñando-. ¿Acaso...? ¿Acaso...?
-Ho-hola... -Saludó Kyle a la distancia, interrumpiendo para que la escena no se citara a malos entendidos-.
Bart pausó su tentativa notando a la otra presencia en el cuarto. Entrecerró los ojos debido a la radiante luz que empezaba a filtrarse a través del enorme cristal. No veía precisamente el rostro, pues el cuerpo yacía a contra luz.
-¿Quién eres? –Preguntó tratando de acomodarse en la cama advirtiendo la dolencia en su costado y el cuerpo rígido-. ¿Dónde estoy? –Inquirió temeroso de la respuesta-.
-Prime no está aquí... -Contestó Kyle acercándose un poco-. Aquí estás a salvo...
La pronunciación de ese nombre paralizó al menor. Se afligió matando cualquier iniciativa por moverse. Tragó saliva sintiendo cómo su corazón se aceleraba. Temió lo peor e iba a comenzar a gritar por ayuda, pero al ver que la persona que lo acompañaba se aproximaba mostrando su cara, contuvo su respiración destensando sus hombros.
-¿Có-cómo te sientes? –Interrogó Kyle dando un paso, casi llegando junto a Bart-.
-Tú... -Habló el ojiámbar un tanto confundido-.
-¡No tengas miedo! ¡No sucede nada malo! ¡Soy Kyle Rayner! ¡Fui yo quien te ayudó con esos delincuentes y te llevó al hospital! ¡Y fui yo quien te dijo que te iba a ayudar a escapar, ¿lo olvidas?! –Comentó sentándose en la orilla de la cama, provocando cierta preocupación en el menor, la cual evidenció con su rostro desconsolado-. ¡No, no te inquietes, te digo la verdad! ¡Soy yo! ¡Soy tu amigo! ¡No te haré daño! –Confesó llevando sus manos a los amarres de Bart-.
El ojiámbar se estremeció en cuanto observó al sujeto acercarse tanto, pero también la poca distancia le permitió recuperar la sensatez de sus memorias. Recordó de pronto aquel primer encuentro en el parque mientras era salvado, también esa vez en el cuarto de hospital y muy vagamente, los momentos entre sus minutos de lucidez antes de que aquel médico lo inyectara. "¡Cierto! ¡Él estaba ahí!" Concluyó Bart pensando y desviando su mirada.
-Tuve que atarte porque no dejabas de hacerte daño mientras dormías y fue un poco difícil hacerme cargo... -Dijo deshaciendo el primer nudo-.
Esa confesión llamó la atención de Bart, cuyo temple se arraigó en las imágenes de la noche anterior, pues aunque arribaron a su cabeza confusamente y éstas se produjeron cuando no estaba muy en sus cinco sentidos, se esforzó vivazmente en diferenciar sus recuerdos tangibles de los sueños.
-¿Sí te acuerdas? –Preguntó Kyle desatando la otra mano, preparándose para detener a Bart si es que intentaba huir otra vez-. Estabas atado a la camilla y yo te liberé... Y...
-Sí... -Interrumpió Bart suspirando-.
-Debes creerme, yo no quiero hacerte da... ¿Qué? –Exclamó sorprendido por la accesibilidad del pelirrojo-.
-Dije que sí. –Reiteró Bart devolviendo su mirada sobre el ojiverde, quien se alejó sentándose junto a las piernas del convaleciente-. Sí me acuerdo. No estoy muy seguro, pero si me acuerdo de quién eres... -Completó acomodándose, frunciendo el entrecejo debido al dolor masivo en su cuerpo-.
-¡¿De verdad?! –Preguntó Kyle todavía con la guardia en alto-.
-Sí. Y lamento haberte puesto en esa situación.
-¡¿Qué?!
-Gracias por sacarme de ese hospital. Ahora, te debo mi vida. Gracias. –Habló Bart cabizbajo-.
-Va-vaya... Eso sí que no me lo esperaba.
-De verdad te lo agradezco... -Correspondió el pelirrojo intentando levantarse-. Y también quiero disculparme... No me comporté muy bien contigo, fui un malagradecido, pero no me sentía muy bien y estaba muy asustado; sólo quería salir de ahí...
-N-no... no te preocupes. Puedo entender por lo que estabas pasando. –Respondió Kyle acercándose tímidamente al muchacho, quien no abandonaba su intento por levantarse-.
-Lo sé, pero... -Anunció apoyando los codos-.
-No te levantes... -Kyle pidió lanzándose estrepitosamente tomándole la mano al menor-. Aún estás recuperándote. Lo que te pasó fue un poco grave; no te sobre esfuerces... -Le dijo casi entrometiéndose en su círculo personal-.
-Estoy bien... Y ya debo irme... -Indicó Bart tratando de recuperar su mano-. Te he causado muchos problemas y no quiero involucrarte más en esto y...
-¡Por favor no te vayas! ¡Aún no estás bien! ¡El médico dijo que debías reposar al menos tres días!
-¿Mé-médico? –Inquirió Bart inquieto-.
-No, no te preocupes, fue uno particular y le di mucho dinero para que no hiciera preguntas. –Añadió Kyle infiriendo la reacción del menor-.
-Gra-gracias, pero yo...
-¿Es por Jaime? –Preguntó súbito, sin miramientos u otras intenciones-.
-¿Qué?
-¿Es por ese muchacho? ¿Por eso quieres irte ya?
-Bu-bueno... Yo... -Dudó sonrojándose, pues se sintió avergonzado de lo que hubiese podido dar a entender con sus peticiones-.
Ver ese lindo gesto en Bart, de alguna manera lo enojó. Kyle apretó los labios desviando su mirada.
-Bart... Dame algo de crédito... -Murmuró el ojiverde usando un tono ronco en su voz-.
-¿Qué? ¿Crédito? ¿De qué hablas? –Preguntó remarcando el cambio-.
-Fui yo quien te salvó y no quiero que te tomes a la ligera tu recuperación...
-N-no... No es eso. Es só...
-No dejaré que te vayas hasta que estés mejor... -Interrumpió levantándose, tomando la muñeca de Bart y atándola nuevamente a la cama-.
-¡¿Qué?! ¡¿Qué haces?! ¡Suéltame! –Exclamó el pelirrojo queriendo recuperar su mano, retrayéndose debido a las heridas a lo largo de su cuerpo-.
Pero fue más su energía desperdiciada que los segundos que tardó Kyle en sujetarlo.
-¡No! ¡Oye, ¿qué se supone que estás haciendo?! –Interrogó rechinando los dientes, pues el dolor en el costado lo limitaba de sobremanera-.
-¡Te desataré cuando te hayas recuperado, hasta entonces, te quedarás aquí! –Reveló el mayor amarrando la otra mano-.
-¡No! ¡Oye! ¡No puedo estar aquí! ¡Tengo que volver! –Pidió Bart quejándose por la dolencia-.
Se retorció gimoteando, implorando, jalando sus muñecas lastimándose en el proceso.
-No, por favor. ¡De verdad tengo que irme! –Alegó el muchacho forcejeando-.
-¿Por qué? –Demandó Kyle estoico-. Estás herido, ni siquiera puedes tenerte en pie. ¿Cuál es la urgencia?
-¡Hay alguien que me espera y que no sabe lo que me ocurrió...! ¡Por favor!
-No me digas, ¿es por Jaime?
-S...
Y justo antes de contestar, el ojiverde metió una corbata estrujada a la boca del pelirrojo impidiéndole hablar, afianzando la mordaza con otra prenda que le tapó los labios.
Continuará...
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